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Portada de la novela Corazón Prohibido

Corazón Prohibido

La vida de Anne, una secretaria de gran determinación, da un giro radical tras conocer al magnate Aden. Una noche de máscaras cargada de pasión desata entre ambos un juego arriesgado de deseos ocultos y verdades silenciadas. Sus encuentros clandestinos desafían las reglas del entorno profesional, convirtiendo la chispa inicial en un romance voraz. Este vínculo prohibido obligará a ambos a enfrentar secretos que transformarán sus destinos para siempre.
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Capítulo 3

Toma de mi mano y como toda una tonta sigo sus pasos. ¿Me estoy arriesgando mucho? Sí, es demasiado, pero no creo que sea un asesino.

Con mucho cuidado y sigilo nos alejamos de la pista y terminamos entrando al ascensor.

—Eres una diosa —susurra, y las vibraciones de su voz provocan una oleada de placer por todo mi cuerpo. 

Sin despegarnos, él toca un botón del tablero del ascensor y en par de segundos las puertas se cierran. 

Toda su parte delantera de su cuerpo aprisiona contra el mío mientras su boca se abre junto a mi oído 

—¿En el ascensor?

—¿Quieres otro lugar especial? —ronronea mientras me roza la oreja con sus labios. 

Oh, mierda, siento su erección palpitante contra mi sexo, hasta mis bragas se humedecen y mi parte palpita descontroladamente. 

Este hombre debe tener mucha práctica; debe de haber pulido el don de la seducción hasta convertirlo en un arte. Hmmm… me encantan los hombres con mucha experiencia. Las mujeres deben caer rendidas a sus pies. Tiene mucha experiencia y eso me gusta. 

Siento que su dedo índice comienza a ascender lentamente desde el final de mi vestido hasta el centro de mi columna. Se aleja un poco para posarse detrás de mí. Cuando alcanza la parte superior de mi vestido, coge la cremallera. Cierro mis ojos con fuerza. Me baja la cremallera del vestido con lentitud y oigo cómo suspira al ver mi piel desnuda.  

Doy un fuerte suspiro al notar que sus dos manos se deslizan bajo la tela de mi vestido hasta detenerse sobre mis hombros descubiertos. Flexiona los dedos y me aparta el vestido por delante antes de arrastrarlo muy despacio por mi cuerpo hasta dejarlo caer al suelo. 

Él se queda sin aliento y yo sonrío. Estoy de pie con sujetador, bragas y tacones. 

Me agarra de la cintura, me levanta para sacarme del vestido arrugado y me da la vuelta para quedar frente a él. Con solo levantar ligeramente la vista me encuentro con sus preciosos labios carnosos y deseo que los pegue a los míos. Estoy perdiendo mi capacidad de autocontrol. Estoy excitada, y con este hombre no es de extrañar. Acerca una mano a mi pecho y, con el pulgar, me dibuja círculos en el pezón por encima del sujetador. Mantiene la mirada fija en sus movimientos. Se me erizan los pezones con el contacto, y se endurecen bajo la tela de la prenda interior. Una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios. 

No sé en qué momento dejé que el deseo me dejara guiar y mi juicio por un camino del olvido. Observo que eleva la otra mano hasta cubrir el otro pecho. Levantó los brazos y apoyó las palmas sobre su tórax. Es tan cálido, y firme que me quedo sin aliento. 

Ay, si me dieran a elegir, obvio que no dudaría en escogerlo a él, aunque no tenga un interés amoroso más que sexual. 

En un instante, experimento una sensación de sorpresa al desabrochar el sujetador y desplazar las manos debajo de los tirantes. Los desliza por mis brazos y deja caer la prenda al suelo, luego empieza a amasarlos de manera deliberada, sin dejar de exhalar su respiración caliente e intensa. 

Después me pegó los labios contra mí y me dejó sin aliento. Me roza el labio inferior con la lengua y busca con ella una entrada que no le niego. Lo acepto en mi boca y nuestras lenguas se debaten en un duelo. Tienen la boca caliente. 

Waoo… Su erección es dura como el acero, y lucha por liberarse del encierro al que la someten los vaqueros que la cubren. Todas las partes de su cuerpo son perfectas. 

Se le escapa un leve gemido de entre los labios cuando me acaricia la espalda con las dos manos. Me agarra la nuca con los dedos y apoya las palmas sobre mis pómulos. 

Aspira mi columna hasta detenerse en la parte posterior de mi muslo. Con un leve tirón me levanta una pierna hasta su cadera y me agarra el trasero con la mano. Busca mi mirada con desesperación.

—No te detengas —suplico.

—No lo haré...

Me encuentro de pie sobre una pierna, medio enredada alrededor de su cintura, y estoy lista para lanzarme y rodearlo también con la otra pierna. Necesito sentirlo entero. 

Ah, me gusta, sí. Busca mis labios, pero esta vez lo hace de una manera más calmada y pausada. Presiona la pelvis contra mi cuerpo y al instante siento un importante aumento de presión en mi entrepierna. 

Soy incapaz de controlarlo, no quiero hacerlo. Mientras clava la cadera contra la mía, sigue poseyendo mi boca. Su beso se intensifica y la presión de su cadera aumenta. 

Él me besa con más intensidad, hasta hacer que me duelan los labios. Su lengua me invade la boca con necesidad. Sé que está intentando que vuelva al juego. Me suelta el muslo y me agarra la cadera para que no me mueva. Cree que podría arrepentirme y mandarlo al diablo. 

Él me agarra de la mandíbula, me levanta la cara y de un jalón me arrebata el antifaz, dejando mi rostro descubierto. 

Dios, no me arrepiento de estar con él, es un hombre que tiene lo suyo. ¡Me siento afortunada!

Me la sujeta con fuerza mientras clava su mirada en mí. Me observa con desesperación buscando algo en mi rostro. 

Su mirada es penetrante, tiene la boca entreabierta y percibo el subir y bajar de su increíble pecho. Así vestido me deja sin palabras, ahora verlo sin ropa me arrastrará al borde de un infarto. Respiro hondo. 

Bajo la mirada hasta ver un bulto a la altura de su entrepierna. Está completamente excitado, y a juzgar por la violenta sacudida de deseo que acabo de sentir en mi estómago. 

 —Hazme tuya —ordeno. 

Acto seguido me inclino en su erección, por encima de sus vaqueros, deleitándome con una oleada de satisfacción cuando él echa hacia atrás la cabeza y gime de placer. Le desabrocho los pantalones. Bajo la cremallera liberando ese enorme bulto; introduzco la mano en la bragueta y se la saco. 

¡Oh, mierda!, pero qué grande es, relamo mis labios tras luego morder mi labio inferior. Observo cada estructura de su pene, Hmmm… Trago grueso. Grande, así como me encanta a mí. Mierda lo tiene del tamaño de un potro, ay, eso me va a desbaratar por dentro. 

Me reincorporo alejándome de él, acto seguido me inclino hacia delante, le agarré su miembro con una mano mientras le lamo el glande. 

Él respiró profundo y sonreí por ello. Cada movimiento que hacía se iba poniendo más duro en mi boca. Podía escuchar que mis caricias lo hacían volar.

Gemí cuando sentí que se me deslizaba por la garganta. ¡Hmmm! Sus caderas empezaron a moverse rítmicamente, sin permitir que recupere el aliento. 

Por unos minutos continúo llenándonos de placer para luego retroceder un poco; sacándolo de la boca. Me tomo un pequeño respiro y vuelvo a continuar con el movimiento. Lo chupo más rápido. Él suelta un gemido al mismo tiempo estruja mi cabello.

Puedo sentir como se crece en mi boca. ¡Juro que disfrutaré este momento! Y por ahora quiero demostrarle el poder que tiene mi boca.

—Mmm… —jadeo, disfrutando del sabor único, él trató de frenar mis movimientos, pero no sirvió de nada—. Despacio nena—sisea. 

Salgo para nuevamente absorber todo el largo y duro pene, puesto que puedo sentir cada pulgada de ella. Me movía de un lado a otro; jugaba, besaba, hasta que sentí un líquido pegajoso que me llegaba a la garganta. Salgo de ese enorme pene, trago el líquido espeso. 

—Mmmm. Rico —jadeo.

—Levántate —ordena. 

Obedezco, y como toda una buena chica, espero a su merced. Él no tarda mucho en acercarse, se inclina hacia mí, recorriendo con ambas manos desde la cadera hasta el pecho. Me observa con expresión impenetrable y me rodea los pechos con las manos. Desplaza los dedos en mis senos. Inmediatamente, los pechos se me hinchan y los pezones se me endurecen bajo su insistente mirada. Me chupa suavemente un pezón, desliza una mano al otro pecho, y con el pulgar rodea muy despacio el otro pezón y tira de él. Gimo y siento que una dulce sensación me desciende hasta la ingle. 

Estoy muy húmeda. Sigue con su lenta y sensual incursión. Mis pezones sienten sus hábiles dedos y sus labios, que encienden mis terminaciones nerviosas hasta el nivel que todo mi cuerpo gime en una dulce agonía. Me aprieta un pezón con los dientes, con el pulgar y el índice tira fuerte del otro. Mi cuerpo se agita y estalla en mil pedazos. Me besa profundamente, metiéndome la lengua en la boca para absorber mis gritos. De repente siento una mano posándose en mi cuello, estrujándome hasta sacarme un gemido de dolor. Él se reincorpora y me jala hacia el rincón del ascensor.

De un jalón desesperado me quita mi diminuta braga de encaje. 

En un solo movimiento siento sus manos apretar mis nalgas, para luego azotarlas con la palma de su mano, una y otra vez. Grito. Siento el ardor en mis nalgas. Su dedo comenzó a frotar rítmicamente el lugar entre mis nalgas. Me quejé y eché la cabeza hacia atrás. Sus movimientos eran firmes, pero suaves, eran apasionados, codiciosos y tierno. Sin previo aviso mete la punta de su dedo en mi trasero. 

—Aaahh… —un fuerte gemido de placer salió de mi garganta y bloqueo mi lengua. 

Con una mano le di toda la atención a mi culo y con la otra bajó, y empezó a frotar mi clítoris, lo que fue como estallar una bomba nuclear en todo mi sistema. Su dedo, al penetrar en la entrada trasera, se deslizó más profundamente y comenzó un fuerte, fuerte ataque. 

—Nena, hueles rico. 

Él posa ambas manos en mis caderas. Coloca la punta de su pene erecto en mi casi virgen culo. Y me penetra lentamente hasta sentir el grosor de su pene, abrirse paso dentro la cavidad de mi culo. 

—¡Aaaay! —grito.

—Estás muy cerrada. 

Retrocede con exquisita lentitud. Cierro los ojos. 

—Aaay —grito por segunda vez al sentir su miembro penetrarme nuevamente. 

Vuelve a penetrarme y a detenerse, abriendo a la cavidad de mí. Gimo. Mi cuerpo lo acepta… Oh, quiero que siga. Él se mueve, sin detenerse esta vez. Al principio se mueve despacio, entra y sale de mi cuerpo. Y a medida que voy, acostumbrándome a la extraña sensación, pasando de dolor a placer. Empiezo a mover mis caderas hacia las suyas. Acelera. 

Me embiste con fuerza, cada vez más deprisa, sin piedad, a un ritmo impecable, y yo mantengo el ritmo de sus embestidas. Me agarra del cabello, estrujándolo y jalándolo hacia él. Voy poniéndome tensa a medida que me penetra una y otra vez. Me tiembla el cuerpo, me arqueo. 

Siento que me vengo, no puedo aguantar más…

—Te volveré a ver y juro que serás solamente mía —dijo entre jadeos cerca de mi oído.

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