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Portada de la novela Corazón Prohibido

Corazón Prohibido

La vida de Anne, una secretaria de gran determinación, da un giro radical tras conocer al magnate Aden. Una noche de máscaras cargada de pasión desata entre ambos un juego arriesgado de deseos ocultos y verdades silenciadas. Sus encuentros clandestinos desafían las reglas del entorno profesional, convirtiendo la chispa inicial en un romance voraz. Este vínculo prohibido obligará a ambos a enfrentar secretos que transformarán sus destinos para siempre.
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Capítulo 2

Estoy segura de que debe ser un hombre de mantenimiento o ejecutivo de ventas, no importa. 

—Al parecer tienes mucho humor y no hay problema, si no lo has probado, deberías de hacerlo —mi tono de voz y la relajación en mis músculos hacen que él no sospeche de lo que provoca en mí. 

Considero que es raro porque durante meses no ha existido un hombre que me llame la atención. 

—No es siempre y te lo puedo jurar —contestó tras darle un pequeño movimiento a sus labios—, espero no molestarte si le doy un pequeño sorbo a tu whisky—de dos pasos hacia delante llega hasta mí, su voz varonil hace que mi cuerpo se descontrole. 

No sé quién es este hombre, pero una cosa diré es que no lo conozco y esa voz… Ah, espero que no haya tomado nada para entrar a conquistar a la primera necesitada que se le presenta ante él. 

—Tanto te urge —dejo salir un suspiro tras escuchar su voz—, está bien, puedes tomarte mi bebida, yo puedo esperar la otra. 

—No, yo no quiero que esperes, deseo que tomes de la misma copa en la que mis labios tocarán —y su insinuación me deja con la boca seca—, te puedo jurar que soy una persona sana, solo cúlpame de que me haya desviado del camino—susurra mientras pasea su boca por mi oreja—, también podemos culpar a mis ojos. 

Me quedo boquiabierta, pasmada, alucinada. Sin dejar de provocarme, saca su lengua húmeda, la pasa por el lóbulo de mi oreja y, finalmente, me da un leve dulce mordisco… 

No me muevo. ¡No puedo respirar! Al ver que mi respiración se agita, vuelve a sacar la lengua.  

Deseo gritar… 

No puedo más... No puedo más, ¡me he venido! 

—¡Listo! —al escuchar al bar tender me alejo del desconocido. 

—Muchas gracias —agarro el coctel, “piña colada”, para luego extender la copa de whisky a él—. Puedes tomarla, no hay ningún problema, luego vendré por otra—él acepta la copa y de un solo trago se lo termina.

—No, espera —me detiene, capturando mi mano—, ¿puedes ser mi pareja esta noche? 

¿Pareja? 

—Eh. 

—Te puedo esperar, no creo quién sea que te espere, se moleste a que tengas un acompañante —dice tras esbozar una sonrisa, dejando ver sus profundos hoyuelos en sus mejillas. 

Waooo, es tan sexi. 

Él me observa detenidamente, camina hacia mí. Soy consciente de lo atractivo que es el hombre. Sin decir ni una sola palabra, él se abalanzó a mis labios. Saboreo y disfruto aquellos tentadores labios, sonrío al escuchar como nuestros dientes chocan y la intensidad del beso incrementa. 

Y como si el universo estuviese a nuestro favor, las luces de nuestro alrededor se apagaron para luego ser la bola de disco, ser la única que se encargará de dar la poca iluminación que necesitamos. La música se hace presente y en milisegundos todo se descontrola entre el desconocido y mi persona. 

Estiro mi cuello, dejándome llevar del momento, sus labios recorren como un camino de besos, toma las riendas de la pasión.  

Sus besos ardientes, sus caricias apasionadas me están volviendo completamente loca. Mi vestido es lo que estorba para que él prosiga con lo que quiero. Gimo, lo que le permite aprovechar la ocasión en meter su lengua y recorrerme la boca con experta habilidad.  

Me hacía falta.  

Mi lengua invade nuevos horizontes, uniendo una con la otra, rozando, provocando miles de sensaciones de placer.  

Sus manos recorren mis muslos posesivamente y con desespero. Mi respiración se acelera, mi cuerpo se enciende y, cuando siento como esas manos se desplazan hacia la cara interna de mis piernas, cierro los ojos y jadeó como una loca. 

Este juego es morboso, caliente y apasionado, puesto que estamos en un lugar del cual todos nos ven, pero no nos reconocen por el simple y sencillo hecho de que llevamos antifaces.

¡Para todos somos un par de pervertidos! 

Por falta de respiración nos separamos, y aprovechando de que su cuerpo colosal no está sobre el mío, desvío la mirada de un lado hacia el otro, buscando desesperadamente a mi amiga, esa mujer a la que le dije que me esperara.

A los pocos minutos de recuperar el aire a mis pulmones vuelvo a llevar la mirada hacia él para tomarme el valor de decirle que debo irme y que fue un placer conocerlo, pero no… La lengua se me ha atorado, no tengo palabras para decirle que no podemos llegar al otro nivel, aunque quisiese.

La música sigue resonando dentro de nuestros oídos e impulsándonos a que nuestros cuerpos reacciones, “alejándonos de todos”.

—Ella puede esperarme un poco más, no creo que se moleste —y mi lado ardiente sale relucir dejando a un lado la persona que en verdad me interesa, a pesar de que ella siempre me tendrá las veces que quiera—, voy a pedir otro trago, es que soy poca para estar compartiendo de la misma copa.

Me dirijo hacia la barra y en eso siento que él sigue cada movimiento que hago; se colocó detrás de mí al mismo tiempo, llevando su mano derecha hacia mi cadera con el objetivo de capturarme y atráeme más a su cuerpo

.

Esa acción me ha excitado, apuntando que estoy en una etapa en la que tengo muchas ganas y que la oportunidad que el destino me ha presentado no debería desaprovecharla. ¡Qué importa si aparento ser la chica fácil y urgida! Hoy tengo ganas y no pienso irme sin divertirme, quiero pepino y este hombre ha llenado todas mis expectativas.

—Ya no importa si mi juicio se ha ido al precipicio, pero te voy a decir que desde que te vi me has hipnotizado, no es que te pida matrimonio, quiero ser sincero y me atraes, todo fluirá siempre y cuando tú lo desees, no soy un abusador, violador, maltratador, na-ah, eso no está en mi hoja de vida, menos en mi diccionario —murmuró cerca de mi oreja, dejándome helada y paralizada. 

Cierro mis ojos, por unos segundos me dejo llevar, ya que mis intenciones no es hacerme la difícil, no cuando él me ha atraído.

—Eres un poco gracioso, tanto como tu orgullo y el mío se han perdido, porque no llevamos ni diez minutos y ya no estamos besando, eh, y sin contar que quieres llegar a ese nivel… No es que sea monja, menos que quiera serlo, solo que la vida me ha enseñado, que es mala idea entrar a caminos desconocidos.

—Acompáñame, no te preocupes, te juro que…

—Shhh —doy media vuelta y lo hago callar llevando mis labios directo a los suyos—, vamos antes de que me arrepienta.

Él asintió tras agarrarme de la mano y jalarme directo a la pista de baile.

¿Qué? Pensé que me llevaría al tocador, a una oficina o a una habitación.

—Podemos bailar y dejar que nuestros cuerpos fluyan, dejándose llevar del ambiente…

No sé si quejarme o esperar que la expectativa se vaya al diablo dándole un golpe bajo directo a la realidad.

Dejo que la bachata de Romeo Santos hiciera la magia de que la noche termine como debería. ¡Teniendo mi pepino!

—Ja, ja, ja, nuevamente me sorprendes, buena elección —sonrío, como toda una adolescente, no sé si todo lo que estoy sintiendo es efecto al alcohol o porque me gusta.

—Me encanta, tienes el toque que no cualquiera puede tener —susurró tan cerca que provocó que mis caderas se aflojaran más—, ¿quieres tomar otra cosa? Bueno, también podemos seguir tomando…

—Si sigo tomando te juro que preferiré el alcohol, que seguir bailando contigo —el sonido ensordecedor es el de nuestras respiraciones agitadas. Permanecemos así por unos minutos. Me estremezco al sentir que me recoge el cabello suelto y lo deja caer sobre mi rostro. 

La sensación es maravillosa. 

—¿Podemos ir a otro sitio? —la presión aumenta y me deleito en los deliciosos movimientos de sus manos al mismo tiempo que siento como su aliento fresco se aproxima a mi oído. Me estremezco al sentir como se acerca su rostro al mío. Ay, sé que me está provocando y eso me gusta.

—Acepto…

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