
Contratada para romper un matrimonio
Capítulo 2
Clara había firmado el contrato sin pensarlo demasiado, impulsada más por la emoción del desafío que por la reflexión sobre lo que implicaba realmente. Durante la semana siguiente, no pudo dejar de pensar en las palabras de Carolina. Había algo seductor y peligroso en la propuesta, algo que no podía dejar de lado. Tal vez fuera el dinero, tal vez fuera el poder que podría ganar. Pero lo que más la atraía era la idea de manipular el destino, de controlar una situación en la que las reglas las pondría ella, y no los demás.
Esa mañana, mientras se preparaba para otra jornada de trabajo en Reyes Corp., el teléfono de Clara vibró en su escritorio. Un mensaje de texto de un número desconocido la hizo fruncir el ceño:
- El punto de encuentro es el 24 de la 6ta Av., en el salón privado. Hora: 6 p.m. Trae el contrato firmado. No lo olvides.
Era el segundo mensaje que recibía desde que aceptó el trato, y a pesar de que ya se había comprometido a seguir adelante, no podía evitar que la incertidumbre la invadiera. Se había involucrado en algo mucho más grande de lo que había imaginado, y, por un momento, pensó que tal vez no estaba preparada para lo que le esperaba.
La tarde pasó lentamente. Clara intentó concentrarse en su trabajo, pero sus pensamientos siempre volvían al contrato y a la propuesta de Carolina. Al final de la jornada, el reloj marcaba las 5:45 p.m. El tiempo había llegado, y Clara no podía retrasarlo más. Agarró su abrigo, metió la carpeta con los documentos firmados en su bolso y salió del edificio, sus pasos resonando en la quietud de la tarde neoyorquina.
El edificio en la 6ta Avenida era imponente, su fachada de vidrio reflejaba la luz del atardecer, dándole un aire aún más majestuoso. Clara entró al vestíbulo y fue recibida por una mujer elegante que no le dijo nada, solo la condujo hacia un ascensor privado. La tensión era palpable, y Clara podía sentir el peso de lo que estaba a punto de hacer. Su respiración era más rápida de lo habitual, y su pulso latía fuerte en sus muñecas.
Cuando el ascensor llegó a su destino, se encontró frente a una puerta de madera maciza, adornada con detalles dorados. La mujer que la había acompañado se adelantó, tocó la puerta y la abrió. Clara entró, y lo que vio la sorprendió.
El salón privado no era lo que había imaginado. No era un espacio frío y calculado, sino un lugar acogedor, lleno de una decoración clásica pero moderna. Luces cálidas iluminaban las paredes de ladrillo visto, y las grandes ventanas ofrecían una vista impresionante de la ciudad. Carolina estaba de pie junto a una mesa, como si la esperara, con una copa de vino en la mano.
- Te he estado esperando. - Carolina sonrió de forma enigmática mientras señalaba una silla frente a ella. - Siéntate, Clara.
Clara tomó asiento, su mirada fija en la mujer, aún tratando de entender qué tipo de juego estaba jugando.
- Supongo que tienes preguntas. - Dijo Carolina, sin esperar a que Clara hablara. - Lo que te ofrezco no es solo un trabajo común. Es un desafío, un juego en el que, si juegas bien tus cartas, puedes salir ganando mucho más de lo que imaginas.
Clara se acomodó en su silla, respirando profundamente antes de hablar.
- ¿Quién eres realmente? ¿Quién me contrató para hacer esto? - No pudo evitar que su curiosidad y su desconfianza salieran a la luz.
Carolina no respondió de inmediato. En lugar de eso, dio un pequeño sorbo a su copa de vino, disfrutando del momento. Finalmente, dejó la copa sobre la mesa y la miró directamente a los ojos de Clara.
- La persona que te contrató no está aquí. - Carolina se inclinó hacia ella, su voz bajando un tono. - Es alguien con mucho poder, alguien que mueve los hilos detrás de las grandes decisiones empresariales, alguien que tú no conoces, pero que seguramente sabrás identificar en el momento adecuado. Lo importante aquí, Clara, es que lo que hago es solo una pieza de un juego más grande. Y tú, ahora, eres una pieza clave.
Clara frunció el ceño, sin poder ocultar su sorpresa.
- ¿Y por qué yo? No soy exactamente una experta en separar matrimonios. - La incredulidad era evidente en su tono, pero algo dentro de ella sabía que las palabras de Carolina no eran vacías. Había algo en esa mujer que la hacía creer que, en realidad, todo estaba bajo control.
Carolina sonrió con tranquilidad, como si esperara esa pregunta.
- La gente como Antonio Alvarado no cae fácilmente. Pero hay algo en su vida que lo hace vulnerable, algo que puedes aprovechar. La clave no es simplemente seducirlo. Eso sería demasiado fácil. La clave es entrar en su vida sin que él lo note, hacerle pensar que eres lo que necesita, y al mismo tiempo, destruir todo lo que ha construido en su matrimonio. - Carolina hizo una pausa, dejando que esas palabras calaran hondo en Clara. - Valentina, su esposa, también tiene secretos que esconder. Yo solo te pido que los descubras.
Clara asintió lentamente, comenzando a comprender la magnitud de la misión. Lo que parecía ser una simple tarea de seducción se estaba convirtiendo en un juego mucho más oscuro, uno que implicaba no solo manipular a Antonio, sino también descubrir las vulnerabilidades de su esposa, Valentina.
- Y el dinero. ¿Qué pasa con el dinero? - Clara no pudo evitar preguntar, el interés financiero siendo una de las razones principales por las que aceptó el trato.
Carolina se reclinó en su silla, mirándola fijamente.
- El dinero es solo el principio. Te ofreceré una suma de cinco millones de dólares. Todo tuyo si logras lo que te pido. Pero eso no es todo. Si logras separarlos, las puertas se abrirán para ti. El poder, la influencia, el acceso a oportunidades que ni siquiera puedes imaginar. Tú serás la que estará controlando el juego, Clara, no al revés. El dinero es solo el primer paso hacia algo mucho más grande.
Clara tragó saliva, sintiendo el peso de la oferta. Cinco millones de dólares. Era más dinero del que jamás había imaginado ganar en toda su vida, pero la oferta de poder era aún más tentadora. Algo dentro de ella le decía que esta no era solo una oportunidad económica, sino una oportunidad de transformarse.
- Está bien. - Finalmente, dijo Clara, su voz firme. - Acepto.
Carolina levantó una ceja, sorprendida por la rapidez de la respuesta, pero no mostró ninguna señal de que lo hubiera esperado.
- Me alegra escuchar eso. - Sonrió levemente, antes de ponerse de pie. - Te llevaré a donde tienes que empezar. Esta noche, harás tu primer paso hacia la conquista de Antonio Alvarado. Y, por supuesto, te estaré observando de cerca.
Clara se levantó, sus piernas ligeramente temblorosas. Sabía que había tomado una decisión que cambiaría su vida para siempre, pero también sabía que en este tipo de juegos, la duda solo era un obstáculo. Tenía que actuar, y tenía que hacerlo rápido.
Carolina extendió la mano y Clara la estrechó con firmeza, como si sellara el destino de ambos.
- Bienvenida al juego, Clara. Y recuerda: el poder no se regala, se toma.
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