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Portada de la novela Conociendo el paraíso

Conociendo el paraíso

Rosario es una docente de los suburbios que lidia con la precariedad y la ambición de quienes la rodean. Su monótona existencia se transforma tras reencontrarse con Abel, un antiguo amigo que enciende en ella una pasión inédita. En medio de circunstancias críticas, él se vuelve su pilar fundamental y la motiva a replantearse su realidad. Ambos se sumergen en un viaje de introspección y deseo que forzará a Rosario a elegir el rumbo definitivo de su vida.
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Capítulo 2

Abel y yo nos conocíamos desde muy pequeños, para ser más exactos desde los diez años, él era un niño con abundante cabello castaño y brilloso, jocoso y tierno, nos conocimos en una fiesta que daba la Iglesia para los niños, de tantos chiquillos me llamó la atención él, no porque sea lindo (que de hecho lo era y lo sigue siendo), sino porque no lo había visto nunca en esas reuniones, y todos los chicos del lugar más o menos nos conocíamos. Recuerdo que intentaron hacerle bullying, pero él era tan mandón que se hizo respetar y era el más mimado por el cura. Entablamos una charla sobre por qué mi cabello tenía un extraño peinado con cintas, le pareció bonito pero se interesó en él. Desde ese momento lo veía cada sábado en la plaza que quedaba al frente de la parroquia, íbamos a misa con la excusa de vernos, él solo, lo cuál era muy extraño, y yo con mi mamá.

Así fuimos creciendo juntos, con el pasar del tiempo nos veíamos una vez al mes, empezamos a gustarnos, pero ninguno de los dos se atrevía a declarar sus sentimientos, sin embargo nuestras acciones nos delataban… en ese momento no lo notaba, tendrían que pasar varios años para que me diera cuenta de que él sentía lo mismo que yo.

A los 16 años fue la última vez que lo vi, me esperó afuera de mi escuela y pidió que fuéramos a un circo que había llegado en ese tiempo. Cuando fuimos nos sorprendimos por lo tan inmenso que era, o al menos yo lo veía así. El show era realmente increíble, en medio del espectáculo me susurró al oído para decirme que lo acompañe a orinar, lo acompañé mientras sostenía la bolsa de palomitas que me había comprado. Él ingresó a una carpa a parte que se encontraba lejos de la principal, esperé afuera unos minutos hasta que él tironeó de mi brazo e hizo que entrara, no entendía lo que pasaba, pensé que nos habíamos metido en problemas y empecé a mirar por todos lados. Pero de pronto… me besó, quedé con los ojos abiertos, veía los suyos que estaban cerrados. Estupefacta, sin movimientos, totalmente petrificada… no sé qué más sinónimos podría usar para describir como me estaba. Sus labios se despegan de los míos, y se aleja lentamente de mí.

—Me gustás un montón, Rosario, estoy completamente enamorado de vos.

Mi boca quedó un poco abierta, no sabía qué decirle, hasta ese momento solo nos tratábamos como amigos, solo nos dábamos pequeños abrazos y algunos tirones de cabello, pero jamás un beso.

¿Qué se hace después de que un amigo te diga que está enamorado de vos?

—Tengo hambre —fue lo que le dije.

—¿Qué? ¿No me vas a decir nada con respecto a lo que te dije?

—¿Qué te parece que siento, Abel? Obviamente que confusión.

—No te gusto.

Era momento de mi declaración. Que suenen las trompetas y preparen los micrófonos.

—Me gustabas cuando éramos niños, cuando me di cuenta que no mostrabas interés en mí, dejé de sentirlo.

—Siempre me gustaste.

—¡Y por qué no me lo dijiste!

—Los nenes no dicen eso comúnmente, por ejemplo vos no me dijiste nada.

Quedamos en silencio, al parecer él estaba decepcionado que no habían resultado las cosas como las había planeado. Creo que antes de darse un beso se debe demostrar algún coqueteo… con ese chico jugábamos a las luchas, y nos decíamos malas palabras.

—¿Me estás pidiendo que sea tu novia?

—No, solo quería que lo supieras, y quería saber si también sentías lo mismo que yo.

—Es que no sé qué más decirte, Abel.

—Solo lo dejemos acá —se alejó de mí y fue a sentarse en una caja de madera que se encontraba en el lugar—, lo hablaremos otro día.

—¿Hablarlo otro día?

—Sí, Rosario. Hablarlo otro día.

No hubo otro día, hasta hoy. Así es, desapareció 10 años, y hoy nuestras miradas se encontraron. Realmente tenía que explicarme muchas cosas, Además ni siquiera sabía dónde estudiaba, o si lo hacía, ni de su familia, ni su apellido. Solo sé que es Abel.

Cuando las clases finalizaron y charlé un rato con una alumna que estaba teniendo malas calificaciones en mi materia últimamente, fui a las oficinas del director para charlar por ese motivo. Me dijo que hay que ser más comprensivos, y que pronto llamará a sus tutores para poder comunicarles lo que estaba pasando. Julieta era muy buena alumna, es raro que le esté pasando estas cosas, ni siquiera participa de mis clases, escucho muy poco su voz.

Solo quedaban algunos profesores en el establecimiento, la mayoría se iba retirando, eran casi las 1 de la tarde y él no aparecía. Creo que lo veré nuevamente cuando deje a su sobrina nuevamente y lo ignore completamente.

Hice el mismo recorrido para llegar a casa. Mamá estaba preparando la comida cuando llegué.

—Hola, má.

Saludé desde lejos.

—Hija, hola. En un rato sale el almuerzo, preparé un arroz con pollo. Ah… antes que me olvide, porque voy a salir, iré a la casa de tu tía Sandra y llegaré en la noche, Mariano me dijo que vendrá a las 8.

—¿No lo invitaste a comer?

—Sí, pero lo llamaron para hacer un trabajito, salió volando con su bicicleta.

Mariano no tenía trabajo fijo, a él lo llamaban en cualquier momento para cualquier tipo de trabajo, atender una verdulería o ser ayudante en una construcción eran los trabajos que más le llegaban, imagino que hoy será uno de esos ¿Cómo se mantiene? Haciendo esos oficios.

A él también lo conozco desde muy chica, crecí con él, pero era un muchachito que pasaba mucho en la calle y haciendo recados a los vecinos, no le importaba el estudio. Desde pequeño que dice que voy a ser su esposa, yo solo lo veía como amigo porque estaba enamorada de Abel, hasta pasar los 13 años que solo me gustaron mis compañeros de escuela, y luego después de los 20 empecé a interesarme por Mariano. Todos los días me regalaba flores y siempre me proponía que sea su novia, así estuvo durante un año entero, lo malo de él era que me dijera que abandone el estudio porque decía que yo era “una bella flor” que necesitaba que la mantengan y la cuiden… Todavía sigo pensando en esas frases, mi papá (que en paz descanse) y mi mamá me decían que debía progresar, seguro mi padre me estamparía una almohada en la cara por el novio que tengo, él falleció en un accidente de trabajo de construcción cuando yo tenía 12.

Mariano vino por mí como dio aviso mi mamá. Se notó que tomó un baño, y se perfumó de pies a cabeza, su aroma era muy fuerte que hacía que mis fosas nasales se irritaran un poco. Me invitó a tomar un jugo y unas tostadas en una tienda que queda cerca de una parque que está por el centro, el lugar era muy bonito cuando anochecía, las luces blancas con los banderines de colores hacían juego con las paredes y las sillas negras del lugar, él sabe que es uno de mis lugares favoritos.

—¿Está muy bueno, mi amor? —habló con la boca llena.

—Sí, Marian —así le decía yo de cariño—, solo son unas simples tostadas, están muy ricas…

—Perdona por no invitarte a un lugar más acogedor.

Rodeé los ojos.

—¿Ya vas a empezar?

—Solo te pregunté si estaban ricas, no que me echaras en cara lo tan baratas que están…

—Mariano, yo no dije eso —acerqué un poco más mi cuerpo hacia él, intenté hablar bajo pero claro para que él me escuche—. Están ricas ¿Contento?

Se quedó en silencio un rato mientras me miraba.

—Sí, perdón. Es solo que tuve un mal día y el Señor Ramírez no me pagó lo que me debía.

—Bueno no te preocupes, yo puedo pagar mi parte…

—No, Rosi, yo te invito y yo voy a pagar. Aunque me cueste mucho tener mi dinero, voy a complacerte con lo más sencillo y bello. No tengo nada de lujos para ofrecerte pero amor no te va a faltar… Por eso te digo siempre que no veo la hora de que vivamos juntos y seamos marido y mujer, o mujer y marido.

—Pero Marian, ya te dije que me gustan tus detalles, y que cuando no puedas pagar yo puedo hacerlo, sabés que yo también tengo mi plata, todavía no me dan mi sueldo en la escuela pero tengo cuando trabajo para la Señora Thomsen. Y ya hablamos sobre ser marido y mujer, de amor no se vive Mariano —lo miré fijamente.

—Pero el amor es esencial para todos, Rosario, de qué sirve tener todo el dinero del mundo si estás solo y seco por dentro. Rosi, no seas ambiciosa con una vida de lujos, Paola y vos siempre pensando en grande, menos mal que no son tan amigas ahora.

Me quedé callada, porque no quería discutir en público, aunque sí o sí quería decirle que de amor no se come, y yo no estoy para comer arroz con pollo todos los días.

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