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Portada de la novela Condena

Condena

Juliana vive atrapada en una espiral autodestructiva de fiestas y excesos, ignorando las consecuencias de sus actos. Tras rozar la muerte en un incidente límite, su familia decide enviarla lejos para salvarla. Queda bajo la custodia de Leonardo, un hombre disciplinado que asume la misión de reformar su conducta rebelde. No obstante, lo que empieza como un intento de salvación pronto transforma la vida de Leonardo en un tormento de pasión y caos emocional.
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Capítulo 2

Ese sábado desperté al medio día. No había rastro de Alejo por ninguna parte, lo que me hizo recordar que debía estar entrenando. Mi madre tampoco se encontraba en casa, ya que los sábados abría el negocio y, como la mujer responsable que era, iba a trabajar con todo y guayabo.

Sonreí al saber que me encontraba sola en la casa, pero la felicidad me duró muy poco cuando fui a bañarme y me encontré con Marcos que salía del baño.

-Buenas tardes -sonrió.

Me sentí bastante intimidada e incómoda al estar solo en toalla frente a un hombre que iba igual que yo, pero ignoré ese hecho y me encerré en el baño sin darle una mirada o devolverle el saludo. Ese hombre no me cuadra ni un poco, su mirada tiene mucho de lo que he visto en la calle y la malicia no me pasa desapercibida.

Cuando salí del baño todo parecía en silencio y pensé que ya se había marchado, pero me sorprendió verlo en mi cuarto, solo vistiendo una bermuda.

-¿Qué hace aquí?

-Buscaba el CD de fútbol. Alejo me dijo que podía jugar un rato mientras él llegaba.

-Fuera de mi cuarto.

Me miró por encima de su hombro porque estaba de espaldas a mí y se giró por completo, dándome una mirada que activó cada una de mis alarmas.

-¡Largo!

-Perdón -salió del cuarto con el CD que había mencionado antes y suspiré de alivio.

Marcos es un hombre de veintisiete años, piel trigueña y ojos marrones. Es muy atractivo, eso no se puede negar, pero no me da buena espina y mi madre está demasiado tragada de él. Su sonrisa y su mirada es bien descarada y maliciosa.

Me puse un jean blanco y un top negro y le respondí el mensaje a Andrés, mi novio. Ayer no salí porque Alejo me lo pidió, pero hoy no pienso quedarme en la casa a ver a mi madre y ese hombre juntos.

Salí tiempo después y lo vi en la sala jugando en el play. ¿Será que en su casa no lo quieren? ¿Por qué sigue aquí si mi madre llega hasta las seis? No puedo creer que, un año después de la separación de mis padres, mi madre ya haya metido a su nuevo amor a la casa y lo peor del caso es que le permita quedarse aquí.

-Te dejé el desayuno hecho encima de la estufa.

-Yo puedo hacerme sola de comer.

-Lo sé, solo quería ayudar en algo.

-Ayuda más si se larga de una puta vez.

¿Qué hay de mal con ese tipo? ¿Por qué sonríe de esa manera?

Me hice unos huevos revueltos con café y regresé a mi cuarto sin reparar en la existencia de ese sujeto. Lo menos que quiero es verle la cara a ese pedazo de mierda a cada instante del día y en mi casa ya no puedo estar tranquila.

Puse música en mi bocina y me quedé acostada en la cama hasta que la ansiedad de nuevo me gobernó. Mi padre siempre ha sido muy bueno, cariñoso y sobreprotector, pero hace meses que se marchó de la ciudad y no he sabido nada de él. No tengo ni la menor idea cuándo volverá y mi madre no me da razones de él. Lo extraño mucho, quiero un fuerte abrazo de su parte y sentirme segura en el.

Busqué la marihuana en el gavete y saqué todo lo necesario para armar el cigarrillo. Una vez quedó listo, lo llevé a mis labios y lo encendí, aspirando profundamente hasta llenar mis pulmones y quemando mi garganta en el proceso. Lo fumé sin preocupación alguna, sabiendo que Alejo tardaría en llegar y todavia tenía tiempo suficiente para que el olor a hierba se fuera del cuarto para cuando el volviera de su entrenamiento.

La puerta de mi cuarto se abrió, dejando a la vista a ese sujeto y le sostuve la mirada mientras fumaba frente suyo.

-¿Por qué razón te arruinas la vida con eso, Juliana?

-No se meta en mi vida.

-La marihuana te hará sentir bien por un rato, te hará olvidar por un momento de los problemas, pero no soluciona nada. Lo único que consigues es arruinarte la vida.

-Su mierda barata para otra. Déjeme en paz y váyase de mi cuarto.

-¿Por qué siempre estás a la defensiva conmigo? Yo solo busco llevar la fiesta en paz contigo, pero eres imposible. 

-Ya ni trabarme puedo hacerlo en paz.

Se acercó a la cama y me arrebató el cigarrillo de la boca, con el ceño fruncido y una mirada severa.

-No sabes lo que estás haciendo con tu vida al meterte esta mierda. Es normal querer experimentar, llevarle la contraria a los padres y ser rebelde, pero las drogas solo arruinan la vida, Juliana.

-No sea sapo. Usted no es nadie en mi vida. Que se revuelque con mi mamá no le da derecho a nada.

-Ten más respeto con tu madre.

-Entonces que se respete ella primero -zanjé, levantándome de la cama e intentando quitarle mi cigarrillo.

-No te lo voy a dar. Mira tremendo cigarrillo para ti sola. No abuses, Juliana, porque no tienes ni la menor idea del poder que tienen los vicios.

No le puse cuidado a sus palabras y me acerqué más a él, pero llevó el brazo hacia atrás y quedamos muy cerca. Podía sentir el aroma de su perfume y él el mío. Levanté la mirada y la suya se desvió a mis labios y más por debajo de mi cuello.

-Aun eres joven y demasiado bonita para que te metas esto.

-No se azare, me he metido cosas mucho mejores que esto -me aparté de él y solté una carcajada-. Puede meterselo culo arriba si es lo que quiere.

Busqué mis zapatillas y me las puse. Agarré mi teléfono y lo metí en la pretina de mi pantalón. Quedé en encontrarme con Andrés en la mariposa y el centro me quedaba un poco retirado, por lo que debía apurarme.

-¿A dónde vas? -me tomó del brazo y resoplé-. No voy a permitir que salgas así. Estás muy drogada.

-Estoy perfectamente...

Mi espalda chocó contra la pared con fuerza y me impidió moverme, sujetando mis manos con las suyas y cerrando toda ruta de escape con su cuerpo. Su rostro, principalmente sus labios quedaron a centímetros de los míos.

-La calle no está hecha para cualquiera, mamacita. Se te olvida que eres muy bonita y una presa fácil para todo aquel que quiera llegar a su cometido -separó mis piernas con las suyas y posó su mano en mi vientre, provocándome escalofríos ante el tacto de nuestras pieles-. Mira lo indefensa que estás. Drogada, sin poder moverte y teniéndome entre tus piernas, ¿dime cómo piensas defenderte? -aproximó su nariz a mi cuello y contuve el aliento, quedando totalmente paralizada-. Hueles deliciosa y estás bien rica, Juli. No te imaginas lo mucho que quisiera hacerte ahora mismo.

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