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Portada de la novela Colin (Bilogía King II)

Colin (Bilogía King II)

La vida de Colin se quiebra tras saber que su relación con Lili fue un engaño basado en intereses ajenos. Sumido en una crisis emocional, el joven intenta recuperar un amor inexistente mientras su orgullo se debilita frente a la frialdad de su pareja. En medio de este dolor, el acoso constante de una misteriosa admiradora enviando mensajes anónimos abre una nueva posibilidad. ¿Logrará superar la traición y sanar su alma para entregarse a alguien más?
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Capítulo 1

Siempre estuve seguro de lo que quería para mi vida, de todos esos sueños que con tanta ilusión iban creciendo en mi pecho con el pasar de lo años junto a la que creía yo era mi único y verdadero amor. No voy a echarme flores, porque sería ser hipócrita sabiendo que somos seres imperfectos, pero desde que Lili se adueñó de mi mente y de mi corazón, solo ha sido ella la única a la que he mirado y pensado como mi todo.

El amor no debe ser a fuerza una obligación, basta con que sea sincero, honesto, leal y, que, por más tentación que haya en medio del camino, sea lo suficientemente sabio para poner un alto y no caer ante los brazos de otro. El amor se construye entre dos personas, pero la confianza es algo que muy difícilmente se puede brindar al otro sin sentir temor a ser destrozada.

A Lili le entregué mi corazón y mi confianza una vez me di cuenta que ella era una mujer sincera y de buen corazón, más no sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones al acercarse a mí. Ella actuó tan bien frente a mí por tantos años; juró amarme, quererme por toda una vida. Prometió que sería el único hombre al que le entregaría lo mejor de sí. Aseguró que sin mí no podía vivir.

Su hipocresía y su falsedad merecen el primer premio del engaño. Por ocho años no me di cuenta de que ella amaba entre las sombras de mi corazón a mi propio hermano, con ese que comparto un vínculo muy fuerte. Realmente nadie de nosotros se dio cuenta del buen papel que estuvo haciendo.

A lo largo de estos meses que he estado lejos de todos y, principalmente de ella y sus recuerdos, me he dado de cuenta que no sirve de nada alejarme si mi corazón sigue estando enamorado de alguien que no siente ni va a sentir un poco de amor por mí o por lo que fuimos alguna vez.

He querido ir a buscarla como al principio, suplicarle una oportunidad y aceptar que su corazón no me pertenece; asegurarle que puedo luchar por ganarlo día a día si ella así me lo permite. Incluso estoy dispuesto a dejar mi orgullo por el suelo de ser necesario, mas sus últimas palabras me hacen entrar en razón y todo ese estúpido impulso se desvanece en el aire. No puedo seguir aferrado a un nada. Ella ya me aclaró lo poco que le importo de una forma en la que me tiene destruido y tendido a su desamor.

«Tal vez olvidarte no hace parte de nuestro destino; tal vez significa que aún tenemos camino por recorrer tomados de las manos», le escribí una vez más, tan sumido y entregado al alcohol, pero seguro de la estupidez tan grande que estoy haciendo al seguir insistiendo en una relación que siempre estuvo muerta.

Solté un suspiro, antes de llevarme la botella de cerveza a la boca y beber de un solo trago un poco más de la mitad de esta. En un principio era tan poco tolerante al alcohol, quizás porque nunca fui hombre de beber, pero ahora mi garganta y mi estómago se han vuelto grandes amigos con cualquier bebida alcohólica. Y ni qué decir de mi sistema; mi cuerpo se siente cálido con la amargura y el efecto que la cerveza causa en mí. Ahora es la única que me mantiene «vivo» para no morir en el intento de recoger los pedazos rotos de mi corazón.

Mi madre y mi hermano me han tratado de convencer para volver a casa, pero siendo honesto, no tengo nada qué hacer en ese lugar. Cada rincón de esa casa me recuerda lo mucho que entregué mi corazón; también me recuerda como fuego en la piel, lo mucho que me destrozaron el alma con unas escasas y simples palabras. Hubiera preferido seguir viviendo en la ignorancia, engañado y con un amor lejos y cercano a la vez, que enterarme de una verdad que acabó con todo lo que soy.

Mi teléfono sonó sobre la mesa, despertando la ilusión y acelerando la latidos de mi corazón, pero toda fantasía de que sea mi cosita preciosa murió al ver el nombre de mi hermano iluminar la pantalla.

-No tenemos nada de qué hablar, mi florecita - sonreí triste-. Sé feliz, es tu momento -desvié la llamada al buzón de mensajes y apagué el teléfono.

Me siento feliz por Harper, después de todo, merece todo lo bueno que le está pasando ahora en su vida. Tiene una linda mujer a su lado, haciéndole vivir todo eso que yo viví algún día en los brazos de Lili. No quiero que por mi culpa su momento de ser feliz se arruine. Además de que está a un solo paso de formar su familia y su propio camino. No puedo ser tan egoísta y arruinarle su felicidad con mis problemas. No es justo con todo lo que me costó sacarlo de una rutina monótona y amargada.

-Si sigues hablando solo, voy a llevarte al psiquiatra. A mí no me engañas, sobri, estás igual de loco a tu madre.

Me reí, limpiando mis lágrimas y recibiendo con los brazos abiertos a mi tío Francois.

-¿No deberías estar con tu esposa?

-Debería, pero no podía dejarte aquí solo. Además de que haría cualquier cosa por salir de casa y tener un respiro de esa mujer tan demandante y consumidora.

-Espero llegues de rodillas y suplicando por tu simple vida. Acabo de grabarte.

-Es que no me dejaste terminar de hablar, hombre - se acercó al teléfono, haciéndome sonreír y extrañar lo que era antes-. A mí no molesta que me consuma y me demande; todo lo contrario, como todo un perro fiel a su dueño, ahí estaré feliz y dichoso de recibir todo su tierno cariño.

Logró hacerme reír, él tiene el don de sacarte una sonrisa con sus ocurrencias.

-Dile a mi madre y a Harper que estoy bien. Cuando esté listo de volver, volveré a casa. Pero por ahora...

-Ellos no me enviaron.

-Estoy bien, Francois. No necesito niñera. Regresa a tu casa y trata de que tu mujer no deje de amarte. Cuando ya no sienta más este vacío en mi pecho, retomaré mi vida y mis obligaciones. Ahora, vete de aquí -seguí bebiendo con la mirada puesta en la playa, ignorando las palabras de mi tío y hundiéndome en la inmensidad del mar.

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