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Portada de la novela Cita inesperada

Cita inesperada

Valeria Torres, una exitosa CEO de vida solitaria, decide asistir a una cita a ciegas para escapar de sus problemas. Allí se topa con Marco, un antiguo amor que le propone un matrimonio de mutuo interés. Él busca cumplir el testamento de su abuelo, mientras ella intenta salvar su compañía de las ambiciones de su padre. Aunque el pacto es puramente estratégico, la convivencia forzada despertará una pasión olvidada que desafiará su frialdad profesional.
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Capítulo 3

Valeria miraba fijamente su teléfono, observando el mensaje de texto que había recibido hacía unos minutos. El nombre en la pantalla era familiar, una amiga de la universidad, Clara, con quien había compartido innumerables momentos de risas y confidencias. Pero, a pesar de la cercanía de los años, en los últimos tiempos sus vidas se habían distanciado. Valeria había optado por encerrarse en su mundo, siempre rodeada de trabajo, reuniones, decisiones empresariales y una rutina implacable que no dejaba espacio para mucho más.

La notificación seguía allí, esperando ser leída.

"¿Cuándo te vas a dar un respiro, Val? Te he propuesto mil veces salir a despejarte y tú siempre lo evitas. Mira, te he conseguido una cita. Una cita a ciega. Sólo para distraerte un poco. Quiero verte sonreír, por favor."

Valeria suspiró. Clara, como siempre, insistente. Las palabras de su amiga la hicieron sonreír, pero también la llenaron de incomodidad. Sabía que lo hacía por su bien, por el bien de la Valeria que había dejado de lado todo lo que no fuera su empresa. "Quizá sea hora de desconectar un poco," pensó, pero esa idea le sonaba tan ajena. En su vida no había espacio para las distracciones, o al menos, no las había dejado entrar.

Al principio pensó ignorar el mensaje, como siempre lo hacía cuando Clara le proponía una actividad que involucraba salir de su zona de confort. Pero, mientras la luz del sol se desvanecía a través de la ventana de su oficina, un pequeño impulso la movió a escribir.

"Está bien, Clara. Una cita a ciega. Pero no te hagas ilusiones. No voy a encontrar al amor de mi vida."

No fue un "sí" rotundo, pero era un compromiso. Algo que Valeria sabía que había estado evitando durante mucho tiempo. A veces, las presiones externas, las expectativas de su familia y su propia determinación por mantener su independencia la habían llevado a apartar cualquier forma de conexión emocional genuina. Pero Clara no era el tipo de amiga que la dejaba escapar tan fácilmente.

Poco después, Valeria llegó al restaurante, un elegante bistró en el centro de la ciudad, con un ambiente cálido y sofisticado. Las mesas estaban decoradas con flores frescas, y la suave música de piano llenaba el aire, creando una atmósfera relajada. Cuando entró, Clara ya estaba allí, sentada en una mesa junto a la ventana. Su amiga la saludó con entusiasmo, levantándose para darle un abrazo.

-¡Por fin, Val! -exclamó Clara con una sonrisa amplia-. Sé que estaba siendo un poco insistente, pero ya era hora de que salieras de tu burbuja. Te lo mereces.

Valeria sonrió con algo de reservas. Clara siempre había sido el alma de la fiesta, una mujer extrovertida y espontánea, mientras que ella, en comparación, había asumido el papel de la mujer seria y centrada, casi inaccesible.

-¿Cómo estás? -le preguntó Valeria, tomando asiento. A pesar de la incomodidad inicial, disfrutaba de la presencia de Clara. Era la única persona que la conocía lo suficiente como para desafiarla sin que se sintiera invadida.

-Bien, bien. Pero lo mejor de todo es que hoy, por fin, te sacaré de tu rutina -dijo Clara, guiñándole un ojo con picardía. Valeria levantó una ceja.

-Lo dudo. No sé cómo logras hacerme esto, pero te advierto que no estoy buscando nada serio. Ya lo dije en el mensaje.

Clara sonrió con complicidad, como si ya hubiera anticipado la respuesta de Valeria.

-No te preocupes, lo sé. La idea no es que te enamores, sino que te diviertas. ¡Lo que sea que eso signifique para ti! -dijo Clara mientras hojeaba el menú.

Valeria suspiró, pero no pudo evitar soltar una ligera risa. La verdad era que hacía meses que no salía con Clara, ni siquiera para hacer cosas sencillas como ir a tomar un café o disfrutar de una cena casual. Siempre tenía algo que hacer, siempre una tarea pendiente, siempre una decisión que tomar. Había perdido el hábito de desconectar de todo, de disfrutar el presente sin estar preocupada por el futuro.

-Tienes razón -admitió Valeria, mirando a Clara con una ligera sonrisa-. Ha pasado mucho tiempo desde que no hacemos algo así. Está bien, acepto la cita, aunque sigo sin entender por qué me insistes tanto en esto. ¿Qué tienes en mente?

Clara se inclinó hacia adelante con una expresión traviesa.

-Bueno, te lo diré sin rodeos. El hombre con el que te vas a encontrar es... interesante, por decirlo de alguna manera. No te preocupes, no es el príncipe azul ni nada por el estilo. Es solo un chico normal, como tú y yo. Pero, como dije, te mereces un poco de diversión.

Valeria la miró con escepticismo.

-¿Cómo sabes que va a ser normal? ¿Y qué significa "interesante"? -preguntó, levantando una ceja, curiosa pero cautelosa.

Clara se encogió de hombros, una sonrisa juguetona en su rostro.

-Lo conocerás por ti misma. Confía en mí, Valeria. Sólo sal y disfruta de la compañía por una vez. Si no te gusta, te lo juro, te dejo en paz con este tema. Pero hoy es tu noche para desconectar de todo lo que no sea... bueno, divertirte.

Antes de que Valeria pudiera responder, el camarero llegó a la mesa y tomó la orden. Clara rápidamente se desvió de la conversación, pidiendo un vino blanco para acompañar la cena, mientras Valeria se limitaba a observarla, entretenida por su entusiasmo.

Minutos después, Valeria vio a un hombre entrar al restaurante, mirando a su alrededor como si estuviera buscando a alguien. Tenía una postura confiada y un aire relajado, pero también algo distraído, como si no estuviera completamente seguro de por qué estaba allí. Era algo peculiar, porque por lo general, los hombres que Clara le había presentado en el pasado eran todos demasiado seguros de sí mismos, un tipo de hombre que Valeria había aprendido a evitar.

Clara levantó la mano y el hombre se acercó rápidamente, saludando con una sonrisa genuina.

-Hola, ¿cómo estás? -dijo, extendiendo la mano. -Soy Marco.

Valeria lo observó por un momento antes de estrechar su mano. Era evidente que no era un hombre convencional, pero tampoco parecía fuera de lo común. Su rostro era agradable, sus ojos brillaban con una chispa de curiosidad, y su sonrisa era sincera. Algo en su mirada la hizo sentir, de alguna manera, que había algo más detrás de esa actitud relajada. Quizá simplemente estaba acostumbrada a tratar con personas más calculadoras, pero algo en Marco parecía... genuino.

-Hola, soy Valeria -respondió ella con una sonrisa educada, sin esperar mucho más de lo que ya había sucedido. La cita había comenzado, y mientras no fuera una completa catástrofe, la aceptaría con gracia.

-Un placer conocerte -dijo Marco mientras tomaba asiento, mirando a Clara con una expresión que reflejaba una mezcla de expectación y diversión.

Clara se sentó rápidamente y se inclinó hacia Valeria.

-Ves, ya te dije que era interesante -murmuró Clara con una sonrisa pícara, pero Valeria no respondió. Estaba demasiado concentrada en analizar a Marco.

La conversación siguió fluyendo sin dificultades, aunque Valeria no podía evitar sentirse un poco incómoda. Marco era simpático, pero no lograba conectar con él como esperaba. Era una cita a ciega, y Valeria no podía evitar notar cómo los recuerdos de su primer amor, Marco, el que se había ido de su vida años atrás, venían a su mente. ¿Por qué hoy? pensaba. ¿Por qué ahora?

Sin embargo, mientras la noche avanzaba y las copas de vino se iban vaciando lentamente, Valeria comenzó a relajarse un poco más. Marco resultó ser un hombre agradable, sin pretensiones, con un humor sencillo y una conversación ligera que la hacía olvidar, por momentos, la pesada carga que llevaba sobre sus hombros.

Pero aún en esos momentos de desconexión, Valeria no podía dejar de pensar que algo estaba cambiando. Algo en su interior se estaba moviendo, aunque ella aún no lograba identificar qué exactamente. A pesar de su naturaleza reservada, la velada estaba logrando algo en ella: la estaba sacando, aunque fuera por un breve rato, de su burbuja.

La noche seguía su curso, y Valeria comenzó a preguntarse si realmente había algo de valor en la idea de salir, de estar con alguien más, de sentir la ligereza de una conversación sin que todo estuviera ligado al trabajo o a las expectativas familiares. ¿Podría dejarse llevar, siquiera por una vez?

Clara tenía razón: quizás necesitaba, más que nada, simplemente olvidarse del mundo por un rato.

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