Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Cita a ciegas con un CEO

Cita a ciegas con un CEO

Tras un encuentro inesperado en una cita a ciegas, Chelsea termina compartiendo una noche de pasión con un imponente desconocido. Su sorpresa es total cuando descubre que ese hombre es Steve Bullock, el influyente CEO que ahora es su jefe directo. Atrapada entre el deber profesional y la intensa atracción que siente por él, Chelsea deberá navegar por un entorno laboral complejo mientras intenta proteger su corazón de un amor tan inevitable como prohibido.
Capítulos
Compartir

Capítulo 6

Mientras más conocía sobre ese hombre arrogante, más le costaba a Chelsea creer que era todo real. Le resultaba imposible que alguien pudiera ser tan arrogante y tan cretino, ella acababa de decirle que le haría su vida insoportable, lo amenazó con demandarlo de forma legal y tal parece que nada de eso parecía perocuparle. Al final había terminado Steve amenazándola a ella con su puesto de trabajo, dándole a entender que, si se atrevía decir algo, su empleo estaría en peligro, sin mencionar que le dejó claro que él era el jefe y ella la asistente ¿En qué mundo de locos estaba viviendo?

Por mucho odio que estuviera sintiendo, después de pensarlo un poco más con la cabeza en frío, decidió enfocarse en lo que mejor sabía hacer, trabajar. Tenía decidido que no iba a darle el gusto de llamar su atención o de expulsarla, si lo hacía todo de forma impecable, Steve no tendría más remedio que verla todos los días, si ella lo tendría que soportar, pues él a ella también.

Algo que todavía no podía entender era por qué cuando lo tuvo cerca todo en ella cambió, desde sus pensamientos hasta la complexión de su cuerpo. En el mismo momento en que sucedió no se dio cuenta, pero, ahora que había repasado cada detalle en su cabeza supo que su respiración se había agitado considerablemente, su boca se había secado por completo y sus rodillas se apretaron la una con la otra con mucha fuerza debajo de su escritorio, solo le hubiera faltado ponerse a tartamudear para parecer una completa tonta; esa era la forma en la que ella se estaba planteando su reacción. Lo que sí la dejaba completamente Sin una explicación lógica era el hecho de los celos que experimentó o, mejor dicho, los que estaba experimentando todavía por solo pensar en lo que pudieran estar haciendo Steve y Larissa en la oficina de él, ella no sabía que pronto sabría detalles sobre ello.

Steve salió de la oficina de Chelsea con una sonrisa dibujada en el rostro, era más que consciente de lo mucho que sus últimas palabras la habían molestado y, curiosamente, eso le daba una satisfacción increíble, acababa de descubrir que le gustaba cómo se veía el rostro de ella cuando estaba enfadada y la forma en la que intentaba ser una chica ruda también, aunque no le saliera en lo absoluto.

Su oficina estaba justo al lado de la de Chelsea, solo una puerta las separaba en el mismo medio de ambas, pero ella no lo sabía aún y él quería ser el primero en hacerlo así que, entró y cerró puertas y ventanas, por supuesto que Larissa se encontraba sentada en el centro de su escritorio ya con todos los botones de su blusa desabrochados dejando sus pechos al aire libre y con sus piernas abiertas de par en par sujetando con su mano sus bragas mientras jugueteaba con ellas.

Steve estaba dispuesto a terminar su relación con ella ese mismo día, por eso la había mandado a que lo esperara ahí, pero, algo en su interior le decía que molestara a Chelsea. Él era completamente consciente de que lo que estaba a punto de hacerla molestar, eso era lo que estaba buscando, había visto la influencia que tenía sobre su cuerpo al acercarse tanto a ella hacía solo unos minutos y, obviamente, todavía tenía que estar pensando en la noche que acababan de tener.

—Tú sí que sabes darme lo que me gusta cuando te conviene —le dijo a Larissa una vez le puso el seguro a la puerta— ¿no podías cerrar al menos las ventanas?

—No, no me importa que me vean, es más, me gusta, así tus trabajadores saben que soy una mujer capaz de darte lo que necesitas —dijo ella abriendo sus piernas aún más y pasando sus dedos por su sexo.

—¿Ah sí? —le preguntó él caminando lentamente hacia ella como si fuera un cazador y ella su presa— Anoche no me pareció eso, como nunca apareciste a nuestra cita —para cuando pronunció estas palabras, ya la había agarrado del pelo cerca de su nuca y había tirado de él con bastante fuerza hacia atrás dejando su cuello expuesto.

—Sabía que te molestarías, pero todo en esta vida tiene una razón de ser, además, por eso vine hasta aquí hoy.

—Pues más te vale que comiences a darme una excusa ahora mismo —dijo introduciendo de golpe dos de sus dedos en el sexo de ella logrando que un gran gemido se le escapara en ese momento, justo lo que quería.

No la estaba viendo, pero podía jurar que Chelsea estaría del otro lado pensando en diez mil maneras diferentes de llamarlo y ninguna de ellas era agradable. Por mucho que lo intentó no pudo contener su sonrisa, la estaba imaginando con sus mejillas sonrojadas al punto de prender fuego, sus labios gruesos arrugados de tanto contener la ira y la pequeña arruga entre sus dos cejas debido a la frustración de poder hacer nada. De un momento a otro, tuvo que sacudir su cabeza con disimulo para sacarse esos pensamientos ¿Qué le estaba sucediendo? Tenía a Larissa prácticamente desnuda enfrente de él y lo único que podía hacer era imaginarse a la chica con su ropa puesta que estaba en la habitación continua a la suya.

—Así, eso me gusta, si estos son los castigos que me esperan por hacer las cosas mal, tendré que continuar haciéndolas —dijo Larissa, mientras comenzaba a mover sus caderas hacia delante y hacia atrás a la misma vez que desabrochaba a tientas el cinturón y el pantalón de Steve. Moviéndose a toda prisa, introdujo su mano dentro de su pantalón hasta que encontró su miembro duro, lo que le hizo a él gemir de placer pensando que estaba así porque la deseaba, la pobre Larissa no tenía ni idea de que el único nombre que rondaba la cabeza de Steve era “Chelsea”. Comenzó a mover su mano alrededor de su miembro sintiendo los latidos del mismo en la palma— Entonces ¿debo seguir faltando a nuestras citas?

Del otro lado de la habitación se encontraba Chelsea, tal y como pensaba, esos dos seres despreciables estaban teniendo sexo sin que les importaba las éticas laborales en lo absoluto, eso era lo que se decía a ella misma para justificar el desagrado que estaba experimentando pero en verdad no era eso, eran celos, por más que se esforzara en esconderlos y en no aceptarlo, no había forma alguna de llamar aquello de otra forma.

En cuanto escuchó el gemido proveniente de él, no pudo más con la curiosidad, se acercó a la puerta que tenía a su derecha, hasta el momento no la había abierto, pensaba que se trataba de alguna especie de cuarto de desahogo para guardar más archivos pero, de ahí provenían los gemidos. Con mucho cuidado para no hacer ruido, giró el picaporte y, dejando solo una pequeña rendija, se asomó para encontrarse con una escena que le haría hervir la sangre.

No había pasado ni un minuto completo cuando la puerta hizo un chillido llamando la atención de Steve, la chica estaba demasiado concentrada en sus gritos como para escuchar nada más. A él no le hizo falta mucho más para saber que era Chelsea la que estaba espiando, así que, con una sonrisa maliciosa y un guiño de ojo, giró su cabeza hacia al frente y prosiguió en su tarea, lo que estaba haciendo había surtido el efecto que tanto estaba buscando.

—Si eso es lo que quieres… —dijo él dejando la frase a medias porque no hacía falta que la terminara, sus acciones hablaron por él, acto seguido, retiró sus dedos del interior de ella para penetrarla de un solo movimiento con su miembro consiguiendo que un grito se saliera de su boca. En ocasiones normales, le molestaba mucho esas exclamaciones de Larissa, le daban la impresión de que no eran reales, por eso siempre tapaba su boca pero, esta vez no lo hizo, quería que se escucharan los gritos a todas voces, esa era su misión principal. No dio tregua ninguna a la chica, comenzó a moverse muy deprisa y de forma fuerte, cada embestida era más enérgica que la segunda hasta que sintió que ella estaba cerca del climax, justo en ese momento se detuvo.

—Pero ¿qué haces?

—Demostrándote que las malas elecciones no se pagan con placer ¿En serio te pensaste que después de que me dejaras tirado como un tonto en ese restaurante de lujo yo iba a quedarme como si nada? Habían personas importantes en ese lugar, personas que me conocían y quedé como el hazmerreír, el tipo al que su mujer lo deja plantado en una cita, definitivamente no ibas a conseguir placer después de eso, al menos no de mí. Espero que después de esto te quede bien claro quién manda aquí, yo soy Steve Bullock, un consagrado empresario, un directivo importante —giró su cabeza hacia la puerta, sabía que Chelsea todavía estaba ahí— Yo soy quien mando aquí —volvió a mirar a Larissa— Ahora iré al baño y espero que cuando regrese ya no estés aquí —y sin más se marchó de la habitación dejando a las dos chicas boquiabiertas.

También te puede gustar

Portada de la novela Antídoto
9.7
En su vida pasada, la protagonista de Antídoto fue obligada a ser el remedio de su amor secreto, dándole un hijo y sufriendo el abandono de un esposo que la acusó de planear su encuentro. Tras ser asesinada junto a su pequeño para fertilizar el jardín de la amante de él, ella despierta en el pasado, justo el día del envenenamiento por afrodisíaco. Para reescribir su trágico destino en esta novela moderna, decide no salvar al hijo, sino entregarse al padre y transformarse en su fría madrastra.
Portada de la novela Contrato de Matrimonio con un paralítico
8.4
La inocente Helen Fonseca se ve forzada a pactar una boda por conveniencia para costear el tratamiento médico de su progenitora. Su nuevo cónyuge es un influyente y prepotente magnate, un hombre de edad madura que permanece en silla de ruedas y posee una personalidad implacable. En este entorno de frialdad y transacciones financieras, ella intentará derretir la coraza del CEO, desafiando un destino que parece oponerse a su posible felicidad.
Portada de la novela Destino del mi CEO
7.9
Con doce años, ella fue rescatada por un joven tras la amarga traición de su progenitor. Él se convirtió en su héroe, pero el destino los separó al abandonar la ciudad. Una década después, un incidente en un club nocturno provoca su arresto y un inesperado reencuentro: el oficial a cargo es su antiguo salvador, aunque él no logra reconocerla. Entre la búsqueda de la verdad y el dolor del abandono, ella enfrentará un pasado que resurge con fuerza.
Portada de la novela El Alpha Millonario ©
8.4
Sara Poezyn destaca por su serenidad y por ignorar los juicios de los demás. Su vida da un giro drástico al cruzarse con Wade Dhall, el arrogante dueño de un imperio en California. Wade esconde una esencia sombría que lo hace sentirse un monstruo. Aunque él intenta ahuyentarla en un bar para protegerla de su secreto, Sara se niega a marcharse sin razones claras. Todo cambia cuando ella nota que las pupilas de Wade se tornan de un inquietante tono amarillo.
Portada de la novela Fingió amnesia para romper nuestros votos
8.1
Mientras organizaba su boda, Sofía descubrió la traición de Alejandro: él fingiría amnesia para retrasar el compromiso y unirse a su amante, Camila. Tras un accidente que él mismo provocó, la abandonó herida y sin nada. No obstante, Alejandro ignoraba el poder del «Canario». Sofía, dueña de sus secretos más turbios y de su diario privado, regresa para desmantelar su vida y destruir su imperio. Una venganza implacable está a punto de comenzar.
Portada de la novela La revancha definitiva de la esposa sacrificada
8.9
Conrado de la Torre resultó ser un verdugo que ocultaba su obsesión por Jimena, su hermana adoptiva. Cuando ella cometió un crimen, él intentó forzarme a confesar usando mi claustrofobia como arma. Tras descubrir que Jimena usurpó la herencia de mi hermana asesinada, logré huir. En su celebración más importante, hackeé la señal mundial para revelar sus pecados ante todos. Con una sonrisa, finalmente le entregué a Conrado la libertad que buscaba.