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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 5

Chelsea no era la única sorprendida en esa oficina, los ojos de Steven se abrieron como platos cuando se dio cuenta de quién era ella. Por unos segundos, los dos se quedaron completamente en silencio, la única diferencia era que ella estaba ansiosa por decirle miles de improperios, no le importaba que fuera su jefe, tampoco que recién había comenzado a trabajar ahí; mientras que, él no sabía cómo actuar, obviamente no tenía pensado volverse a encontrar con esa chica, simplemente había sido su excusa perfecta para no perder la noche en ese restaurante.

¿Cuál era la probabilidad de volverse a topar con ella en esa gran ciudad? New York era una locura y las personas caminaban a toda prisa por sus calles, era algo casi imposible, pero había sucedido. Después de unos escasos segundos, por fin Steven consiguió articular las palabras.

—Stephanie, déjanos a solas, necesito conversar con la señorita Smith —la chica lo miró extrañada, pero acató su orden sin problemas, cuando por fin estuvieron a solas, él se acercó un poco más al escritorio— Chelsea, yo…

—¡No te atrevas! —dijo ella en voz baja, pero con gran ira en su tono de voz, no quería provocar una escena— No se te ocurra decir ni una sola palabra, eres un cretino ¿quién demonios te crees que eres para llevarme a tu habitación haciéndome creer que eres mi cita, con la que vengo hablando dos meses antes de concretar esa cita ¡no soy una cualquiera!

—Bueno, a decir verdad, el hecho de que ni siquiera conocieras a ese hombre con el que hablaste por dos meses, me da a entender todo lo contrario.

—¡Eres un imbécil! No tienes ni idea de nada, ni te tengo que dar explicaciones, al contrario de ti y, te aconsejo que comiences a darme explicaciones o mi primera acción será salir de aquí e ir en busca de mi abogado para acusarte, no me imagino la repercusión que un juicio por robo de identidad, violación y sabrá Dios cuántos cargos más, tendrán sobre ti.

—¿Violación? Estoy seguro que no debo recordártelo, pero tú estabas disfrutando mucho anoche —justo cuando Chelsea se disponía a darle riendas sueltas a su ira, la llegada de una chica alta y estilosa la interrumpió.

—Corazón, ¿me puedes explicar desde cuándo tengo que yo que pedir permiso para venir a verte?

Era una mujer tan alta y delgada que parecía ser una modelo, no se podía negar que tenía mucha clase para vestir pero, Chelsea jamás se llevaría de forma más íntima con alguien así, lo supo desde que la vio llegar con sus tacones enormes y su cartera sujetada del pliegue de su brazo. Todavía no sabía muy bien qué era, pero algo en ella no le gustaba en lo absoluto y, para colmo, la novia del cretino de su jefe.

—Desde nunca —responde él escuetamente después que ella lo besa de forma casi obligada.

—¿Y por qué la recepcionista no quería dejarme pasar? —insistió ella.

—Porque estoy trabajando Larissa ¿no te das cuenta?

—No, de hecho, no te veo trabajando, sino conversando —dijo mientras le lanzó una mirada amenazadora a Chelsea, no hacía falta conocer el contexto para saber que algo estaba sucediendo entre ella y Steve, la tensión casi se podía palpar en esa habitación— por cierto, ¿quién es ella?

—Larissa, no empieces, es la nueva trabajadora, mi padre la ha contratado esta mañana —contestó Steve retirando el brazo que ella había colocado alrededor de su cintura, después de su ausencia en la cita que se suponía tendrían la noche anterior, él tenía ahora la oportunidad perfecta para quitársela de encima, ya venía molestándolo desde hacía varios días, pero no había tenido una excusa para dejarla— espérame en mi oficina, tengo que hablar contigo.

A decir verdad, a Chelsea le estaba costando demasiado trabajo contenerse de hablar, lo que más estaba deseando era soltarle todo lo que estaba pasando. Como si no fuera poco haberla engañado y acostarse con ella, ahora, el hecho de que él estaba en una relación amorosa lo hacía todo peor. Ese hombre con el que había estado no tenía ni una sola gota de escrúpulos o educación en su cuerpo, podía asegurar que era uno de esos fuck boys que solo velaban por sí mismos e iban de noche en noche en busca de alguna chica.

La situación ya era lo suficientemente incómoda para ella como estaba, ahora lo era el doble por tener que fingir que no conocía a Steve de nada, lo único que le causaba un poco de satisfacción era saber que él, al igual que ella estaba ahora entre la espalda y la pared, lo tenía en la palma de su mano, si tan solo decía unas pocas palabras, lo tendría condenado y de buena manera.

—¿Demoras mucho? —insistió la exhuberante mujer.

—No, solo unos pocos minutos.

—Está bien, te estaré esperando con una pequeña sorpresa —le dijo y comenzó a caminar desabrochando los botones de la blusa que traía puesta asegurándose de que él la viera. Cuando por fin volvieron a estar solos, Steve habló.

—Mira, no te niego que no estuvo bien lo que hice, pero es evidente que no puedes ir por la vida teniendo citas con personas a las que no has visto ni una sola vez, cualquiera podría aprovecharse de ti —dijo con una sonrisa maliciosa y provocativa, estaba claro que quería molestarla.

—No puedes estar hablando serio, es imposible ¿cómo mierda te atreves a decir algo así? Para que lo sepas bien, por mucho que me lo quieras meter en la cabeza, yo no tuve la culpa de las acciones que tú hiciste, tomaste las decisiones por ti solo, yo no te obligué a hacerte pasar por mi cita, eres un depravado, un cínico y sucio cochino y te lo voy a dejar bien claro, tengo miles de maneras de convertir el resto de tu vida en un infierno y acusarte es solo una de esas maneras, creo que las demás serán mucho mejores. No tienes ni idea de la guerra que acabas de comenzar y, solo para que lo sepas, no te pienso dar tregua, cuando termine contigo me estarás suplicando piedad —a medida que ella iba hablando a toda velocidad, él se fue aproximando más a su escritorio y ya tenía su cara a pocos centímetros de la suya.

—¿Ah sí? ¿con que esas tenemos? La chica bella de la barra me ha salido con garras afiladas, eso querré verlo, así que me esforzaré por que lo cumplas.

Ella no sabe la razón pero, algo en el ambiente la ha hecho cambiar de humor. De repente tienen sus rostros tan cerca que ella puede sentir el aliento a menta de él, el mismo que la estuvo besando hacía solo unas pocas horas; el olor a madera seca que tenía su perfume tampoco estaba colaborando mucho, era como una droga para ella. Todos los detalles de los que se estaba dando cuenta ahora, la hacían recordar la noche de desenfreno que recién habían tenido y todo el placer que sintió, eso sin mencionar que no salía de su cabeza que esa chica alta lo estaba esperando en su oficina y probablemente tendrían sexo como mismo ella lo había hecho; para su sorpresa estaba experimentando algo de celos, no quería que él le hiciera las mismas cosas, que sus manos tocaran a Larissa de la misma forma en que la habían tocado a ella. Hace un esfuerzo sobrehumano y recuerda por qué él estaba ahí hablando con ella en primer lugar.

—Pues, en ese caso, te daré justo lo que pides, pero te advierto, no te parecerá tan divertido como lo está siendo ahora.

—Por mí perfecto —dijo y le pellizcó suavemente uno de sus mejillas para luego detenerse justo cuando ya estaba en el umbral de la puerta—¡Ah! Por cierto Chelsea, solo una cosa más, no te confundas, esta es mi empresa y aquí, tú eres mi trabajadora y yo tu jefe, no te conviene estar en malas, nada ha pasado entre nosotros, nuestra relación será estrictamente profesional, espero que te quede claro…

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