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Portada de la novela Chica De Cuatro Alfas

Chica De Cuatro Alfas

La vida de Luna queda entrelazada con cuatro alfas dominantes cuya fijación definirá su futuro. Mientras conviven, ella desentraña la cara oculta de estos líderes al tiempo que custodia un secreto vital. El grupo debe esforzarse por restaurar la confianza y los antiguos afectos que los conectaban. En esta intensa travesía emocional, Luna aguarda la oportunidad perfecta para confesar su verdad más profunda y sanar las heridas del pasado.
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Capítulo 2

.Luna.

Corrí con la adrenalina aun fluyendo, dirigiéndome al gran campo de fútbol que se extiende en el exterior del instituto. Mi corazón seguía un ritmo acelerado, mis mejillas debían estar encendidas y mi cuerpo vibraba con la resaca nerviosa del encuentro con Liam.

Vi al grupo de estudiantes realizando los ejercicios de calentamiento. El Profesor Eric, con su imponente presencia, les daba la espalda. No obstante, en cuanto mis amigas se detuvieron al verme, él volteó, fijando sus ojos intensos directamente en mí.

Levanté una mano y le dediqué una sonrisa que me salió más nerviosa que coqueta. —Voy a cambiarme —Dije en voz alta para que la distancia no silenciara mis palabras.

La mirada de Eric era un desafío constante. Sus ojos azules, tan penetrantes, siempre tenían el efecto de hacerme sentir torpe; cada vez que me miraba, parecía que iba a tropezar con mis propios pies. Le encantaba ponerme nerviosa y avergonzarme sutilmente delante de todos; es un malvado encantador, y esa característica me atrae profundamente.

Caminé hacia los vestidores. Me encanta el uniforme escolar, pero cuando se trata de la clase de Deportes, me fascina aún más la libertad de elegir nuestra indumentaria. Me puse un conjunto de shorts muy cortos y un top deportivo, una elección cómoda para correr, pero también estratégicamente pensada para atraer la intensa mirada que caracteriza a Eric.

El Profesor Eric es la personificación de lo sensual: alto, musculoso, con piel clara y esos ojos azules brillantes que parecen analizar tu alma. Su físico es tan dominante que me siento pequeña cuando está cerca, por no mencionar su fuerte y potente aroma a pino y menta. Su personalidad es fascinante y compleja: es torturador, divertido y, sobre todo, agresivamente dominante. Adora retar y llevar al límite a los estudiantes alfas. Su sarcasmo es una herramienta constante, y su lengua es tan afilada como una espada cuando se trata de burlarse.

Niego varias veces para ahuyentar estos pensamientos demasiado ardientes y salgo del vestidor, solo para detenerme en seco. Alguien pronuncia mi nombre en un tono grave y resonante.

—Luna.

Me giro y lo veo. El Profesor Eric está justo al lado de la puerta, apoyado con una pose casual pero poderosa contra la pared. Me quedo inmóvil, como un conejillo hipnotizado.

—Profesor Eric.

—Tus amigas me informaron que el Profesor Liam te retuvo después de su clase para reprenderte. ¿Has causado problemas, Luna? —Se acerca lentamente, acortando la distancia de forma deliberada.

—He tenido algunos contratiempos en clase... Últimamente he estado muy distraída —Sonrío levemente, levantando la mirada para observar sus hermosos ojos azules, buscando alguna pista en ellos.

—Debes ser más cuidadosa. No me gustaría que tu falta de atención te enviara a la dirección —Acerca su mano con lentitud a mi mejilla y la acaricia. Su calor es impactante y su mano, gigantesca, envuelve mi rostro. —Ya que, incluso estando en mi clase, te distraes, y eso, Luna, no me agrada en absoluto —Su tono es una advertencia.

—Lo siento... Ya me disculpé con el Profesor Liam por mi comportamiento. Espero que me entienda —Bajo la mirada, sintiendo cómo mi faceta de omega más tierna e inocente se impone. Nunca soy tan sumisa, pero la autoridad de estos dos hombres saca a flote esta parte de mí. —No quiero decepcionarlo, ni a usted ni a los demás profesores —Una mentira piadosa; solo me importan ellos dos.

—Mmmh... Muy bien —Su pulgar roza mi labio inferior, enviándome un escalofrío—. Ve con tus compañeros y estira un poco. No quiero más distracciones hoy.

Me dedica una media sonrisa pícara y se dirige al almacén de equipamiento deportivo.

Estoy sorprendida. Eric ha sido extrañamente amable y atento conmigo, aunque con un trasfondo de amenaza. A diferencia de Liam, a él no le importa si hay gente alrededor; siempre me llama "Luna". Y cada vez que dice mi nombre con esa voz profunda, resulta tan excitante que tengo que esforzarme por no saltar sobre él.

Camino de regreso al grupo, dirigiéndome hacia mis amigas, que continúan estirando.

—¿Cómo te fue? —Emily interrumpe su estiramiento para enfocarme.

—¿El profesor te dio unas cuantas nalgadas? —Angela se ríe sin dejar de estirar las piernas.

—Uff —Doy un gran respiro, intentando calmar mi agitación—. Si me hubiera azotado, creo que ya no estaría viva. No se imaginan las cosas que me preguntó Liam —Empiezo a estirar con ellas.

—Debieron ser preguntas muy personales, por lo agitada y nerviosa que te ves —concluye Jessi, observando mi estado.

—Me preguntó si no me gustaba el arte o, directamente, si no le gustaba él —Observo la expresión de asombro de las chicas, cuyas bocas quedan abiertas. —Claramente le dije que me encanta el arte y que era un excelente profesor... pero me lo volvió a preguntar. Esa pregunta fue tan íntima que me sentí desnuda y salí corriendo del salón. Al final, no soy tan fuerte y mi lado omega se expresó de la peor manera.

—¿Tú, nerviosa? Vaya, eso no me lo esperaba —Emily ríe con incredulidad.

—Es que me sentó en sus piernas. Estaba nerviosa; mi corazón latía tan condenadamente fuerte que pensé que me daría un paro cardíaco.

—Vaya, vaya, así que el Profesor Liam ha notado tus miraditas y esas sonrisas bobas —Las chicas ríen ante el comentario de Angela, y yo me les uno; era obvio que mis expresiones eran demasiado evidentes. —Espero que el Profesor Eric también se dé cuenta de tu devoción.

—Su cara cambió cuando le dijimos que fuiste retenida por el Profesor Liam —me revela Emily, pensativa.

—Sí, pero no sabemos si fue una cara de sorpresa, de molestia o de celos —añade Jessi, con un tono de duda que siembra una nueva idea en nosotras.

—Estos dos hombres lograrán que me dé un ataque al corazón antes de terminar el año —Respiro hondo.

—¿Hablando de chicos en mi clase, Luna? —Una voz grave y peligrosa resuena justo detrás de mí. Eric se ha acercado sin que nos diéramos cuenta. —Ya veo por qué el Profesor Liam la castigó y la reprendió. Es mejor que se concentre en sus estudios y deje de distraerse por otros hombres —Su voz, inusualmente, suena molesta y posesiva.

Sentí un escalofrío electrizante. —Lo siento, profesor... No volverá a pasar.

—Bien. Ahora, ¡todos a sudar! —Ordena nuestro profesor, volviendo a su tono dominante habitual.

Todos aquí conocen mi reputación, mi popularidad y mis amoríos, tanto dentro como fuera del instituto. Es evidente que los profesores están al tanto. Es la consecuencia de ser la cabeza de las omegas más populares; todos hablan de mí.

Afortunadamente, nuestro mundo ha evolucionado. Mis travesuras y elecciones ya no son motivo de ostracismo, aunque sí de cotilleo. Los omegas ya no son menospreciados ni juzgados por vivir su sexualidad. Adoro vivir en esta época; de lo contrario, sería una decepción para la sociedad. En cualquier caso, amo ser yo misma y las travesuras que hago.

Las únicas opiniones que me importan, por el momento, son las de mis amigas y, mucho más, la de mi padre. Ser igual de libre que él me da la licencia de hacer lo que quiera, siempre y cuando mantenga buenas notas y me cuide.

Aunque... tal vez, muy en el fondo, también me importe la opinión de mis dos profesores favoritos.

Luego de las clases, fuimos al centro comercial para hacer algunas compras y tomar un helado. Mis amigas y yo robamos las miradas de todos al pasar; siempre causamos ese efecto. Muchos alfas se nos acercan, nos piden el número o nos compran lo que deseamos. Jessi y Angela son las que más disfrutan aprovecharse de esos pobres alfas; les gusta jugar con ellos. Al ser omegas, muchos asumen que somos fáciles, cuando en realidad conquistar nuestros corazones es una tarea titánica. Sabemos que algún día encontraremos a nuestras parejas destinadas. En mi caso, soy la más difícil: nunca he entregado mi corazón, a pesar de haber tenido varias parejas.

—A veces, odio mucho esta atención —comenta Emily, exasperada por los silbidos.

—Digo lo mismo —Dejo mi vaso de helado en la mesa. —Es la inevitable consecuencia de ser omegas hermosas.

Todas asentimos, de acuerdo. Es irritante a veces, pero es un precio que tenemos que tolerar.

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