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Portada de la novela Cautiva de tu amor

Cautiva de tu amor

Victoria Zabet, una joven bondadosa que perdió la vista en un accidente, vive recluida en su hogar hasta que su destino se cruza con Alessandro Santoro. Este sádico líder de la mafia siciliana, conocido como La Sombra, reclama a Victoria como moneda de cambio tras un error del hermano de ella. Entre la luz de la joven y la oscuridad del criminal surge un conflicto de lealtad y poder. ¿Podrá el amor redimirlos o terminarán destruyéndose en un infierno de pasión y maldad?
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Capítulo 7

— No, eso es precisamente lo que vas a suceder, debes dejarme sola.

— ¿De qué hablas?

— Mira el mundo por mí. — Rosita miro asustada a su hermana, eso sonaba como una despedida y no le gustaba.

— Ustedes dos, silencio.

Victoria sabía que Rosita estaba del lado de la puerta, ella en el medio y un hombre a su lado, se suponía que una ciega no causaría problemas y se suponía que Rosita no intentaría nada al estar atada a una inútil ciega, pero Victoria no era inútil y más que ella importaba Rosita, por lo que en el momento que oyó la moto de su primo acercarse se disloco la unión del hueso del pulgar, mordiendo sus labios aguantando el dolor, saco la mano y en un movimiento rápido abrió la puerta del automóvil empujando a la vez a su hermana.

El automóvil recién comenzaba su marcha, y mientras el hombre que iba a su lado la tomaba del cabello evitando que Victoria también callera por la puerta, los primeros disparos se hicieron presentes.

— ¡HADES! — grito por solo fastidiar, sabía que su primo era tan conocido como su tío, como también sabía que Hades no dejaría tirada en aquella autopista a Rosita. El automóvil aumento la velocidad y la moto de su primo ya no se oía, estaba sola, por primera vez en la vida, estaba sola.

Pasaba del medio día en Sicilia, Alessandro había enviado a su hija de fin de semana a la casa de su hermano Luis, el joven tenía un departamento en la ciudad, necesitaba la finca libre de los ojos curiosos de su pequeña para darle la bienvenida a la ciega.

Alessandro ya había sido informado de la maniobra que la joven había realizado para ayudar a escapar a su hermana adoptiva, por lo que este hombre sabía que dentro de poco estaría frente a alguien con agallas, algo que lo excitaba de sobre manera, en ese momento creyó que las cámaras que coloco en la habitación de la joven fue una maravillosa idea, quería saber que tanto hacia y se comportaba una persona impedida visualmente, esa idea lo cautivaba, además que estaba fascinado con la supuesta capacidad para el dolor que la joven parecía poseer, ya que le dio la orden a sus hombres de no atender su dislocación, ella se la había producido, por lo tanto tendría que soportar las consecuencias, su curiosidad aumento aún más cuando fue informado que la joven no mostro dolencia alguna, aunque su mano se estaba poniendo roja y se estaba hinchando.

Al fin los automóviles se detuvieron en la entrada, y Alessandro salió de su oficina para dirigirse a la entrada, justo en ese momento sus empleados más capacitados hicieron su entrada, la luz del sol pasaba por la puerta dando la apariencia de un halo de luz, que fue dividido por la figura de un ángel, pues eso fue lo primero que pensó Santoro cuando vio el pequeño cuerpo enfundado en un vestido estilo griego color celeste, que lo único que provocaba era darle una imagen más celestial a la pequeña rubia, pero su cara era otra cosa, Alessandro Santoro perdió el habla cuando vio su rostro, su piel pálida, labios rosados y gruesos, una nariz perfectamente definida pero pequeña, su cara ovalada guardaba alguna clase de maravilla a la vista, que te obligaba a mirarla y eso eran sus ojos, un brillo único en ellos, de un color exótico, verdeazulado, no parecía ser ciega y a pesar de que tenía cierto parecido con sus hermanos y en especial con Ámbar, en las fotos que el mafioso observo, no vio reflejada tal belleza.

Pudo detallar que la joven dio tantos pasos como sus guardias lo hicieron, tenía buen oído.

— Victoria Zabet, bienvenida a tu infierno. — fue lo primero que dijo cuándo recordó cómo hablar.

— Diría que es un gusto estar aquí, pero me enseñaron a no mentir señor… — dejo la frase incompleta mientras levanto su mano a modo de saludo, hacia delante, donde había escuchado la voz profunda de aquel hombre misterioso.

— Alessandro, es todo lo que sabrás. — el hombre no tomo la mano que la joven le ofreció, en su lugar tomo la mano herida y de un rápido movimiento, coloco el hueso otra vez en su lugar.

—Mmm. — fue todo lo que se escuchó, Vicky apretó sus labios y no hubo forma de que el grito saliera de ellos, aunque si unas lágrimas resbalaron por su mejilla.

— Te expusiste a un gran dolor por una hermana adoptada, eres valiente o tonta. — La voz le dejo saber que el hombre sonreía.

— Adoptada o no, por ella cortaría mi mano de ser preciso. — El coraje se estaba filtrando de sus labios, ella era una Ángel después de todo, ellos eran fuerte.

— Espero que Eros sea tan filial como tú, de su cooperación dependerá tu regreso o tu muerte. — dijo de manera fría aun perdido en sus ojos.

— En ese caso no deberá preocuparse, mi hermano le dará lo que pida, si tan solo me permitirá hablar con él. — Alessandro se había movido a un lado mientras ella permanecía hablando al aire, donde se suponía que él se encontraba.

— En ese caso, lo llamare. — El rostro de Victoria giro de forma brusca, desorientada por no a ver sido capaz de escuchar los pasos del hombre cuando se cambió de lugar. Y Santoro sonrió ante aquel gesto. Le gustaba ver confusión en aquel rostro, lo cautivaba.

— Permíteme.

Alessandro les hizo señas a sus hombres y estos se retiraron, mientras él tomo del brazo con delicadeza a la joven y la guiaba a uno de los sillones de la sala, si, Santoro tenía experiencia en guiar a mujeres que no podía ver, claro que las que él conocía era porque vendaba sus ojos.

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