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Portada de la novela Cautiva de tu amor

Cautiva de tu amor

Victoria Zabet, una joven bondadosa que perdió la vista en un accidente, vive recluida en su hogar hasta que su destino se cruza con Alessandro Santoro. Este sádico líder de la mafia siciliana, conocido como La Sombra, reclama a Victoria como moneda de cambio tras un error del hermano de ella. Entre la luz de la joven y la oscuridad del criminal surge un conflicto de lealtad y poder. ¿Podrá el amor redimirlos o terminarán destruyéndose en un infierno de pasión y maldad?
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Capítulo 8

Victoria se dejó guiar y es que estuvo pensando todo el camino, sabía que estaba en otro país, el viaje en avión y las horas de vuelo lo dejaba en claro, estaba casi segura que era Italia, por el idioma, pero también podría ser que estuvieran en cualquier país europeo, desde un principio y gracias a Rosita supo que se trataba de un secuestro, decidió salvar a su hermana a como diera lugar, no solo por la deuda que su familia tenía con Miguel, también era el hecho que solo ella estaría segura, era ciega, los secuestradores no temerían a mostrar su rostro, ella jamás los podría reconocer y si cooperaba en pocos días estaría de nuevo en su mansión.

Alessandro Santoro le pidió el número para comunicarse con su hermano y ella se lo dio. No antes de decirle lo que tenía que pedir al mayor de los Zabet.

— Diga. — La voz de su hermano sonaba estresada y angustiada y sin poder evitarlo unas lágrimas cayeron de sus hermosos ojos. No por ella, sino por él.

— Eros. — dijo en un susurro, de pronto su garganta se sentía seca.

— ¡VICTORIA! ¿Dónde estás? ¿Quién te llevo?

— Sabes que esas son cosas que no sé, pero no te preocupes, por ahora estoy bien, él dice que en cuanto liberes a Fabrizzio, su jefe, me dejara ir. — Alessandro le hizo creer a la joven que él era solo la mano derecha de Fabrizzio, nadie debía saber que él era la Sombra.

— En ese caso estas en Europa, no te preocupes te encontraremos…

— Eros, solo libera a ese hombre.

— Eso no depende de mí, solo lo entregamos él está en espera de un juicio.

— Hermano… — la voz de Victoria tembló al sentir la mano de Alessandro sobre su muslo, acariciándola.

— No temas Vicky…

— Él dijo que, si no liberas a su jefe, deseare morir mucho antes que mi hora llegue… Eros siento como me observa y no me gusta. — antes que la joven pudiera decir algo más, Alessandro le quito el móvil y termino la llamada.

— Asique ¿sientes cómo te observo? — la burla bailaba en cada palabra mientras el hombre tomaba un mechón de cabello dorado y lo colocaba detrás de su oreja.

— Solo lo dije para que libere a su jefe, y deje de tocarme por favor, no me gusta. — Victoria movió su mano sin temor alguno ya que el hombre aun tocaba su cabello sabía perfectamente a donde dirigir su mano para alejarlo.

— Bien, ya que no quieres que te toquen, te entregares esto y te llevare a que conozcas tu nuevo hogar, sé que le llevara un tiempo a tu hermano planear la fuga de Fabrizzio y mientras tanto tú serás el juguete de mi hija. — Alessandro se levantó al tiempo que dejaba el basto blanco en las manos de la joven, tomándola por sorpresa y aturdiéndola por un momento.

— Entiendo tu confusión, me olvide de decirte ese detalle, serás el juguete de mi hija, su muñeca personal, y si en algún momento mencionas cosas como, secuestro mafia, muerte o cualquier otra cosa, te entregare a mis hombres y luego te regalare al peor prostíbulo que exista, donde lo más probable es que mueras en los primeros días. — Alessandro se perdió en un monologo demostrando el poder que tenía, creyendo que el malestar de la joven se trataba por el detalle de ser el juguete de su hija, sin saber que Victoria se estaba enfrentando a un demonio mayor que él, Victoria se enfrentaba a ella misma.

— Ya le dije señor que no causare problemas, no me importa ser una muñeca para su hija, solo… — Santoro la miro un minuto y la descubrió temblando.

— El bastón, no lo usare. — y mientas lo dijo lo dejo a un lado y se puso de pie.

— ¿Disculpa? ¿Cómo piensas moverte por la casa?

—…

El silencio reino en aquel lugar, Victoria había usado el bastón en pocas ocasiones, cuando recién había perdido la vista, solo fue un tiempo mientras memorizo su casa, pero ahora no estaba en su casa, esa era una de las razones por la que ella no salía de su mansión.

— Lo usare hasta que sepa cómo están ubicadas las cosas. — la carcajada de Alessandro fue como una bofetada para la joven.

— No te gusta mostrarte como la ciega que eres. — dijo divertido el hombre.

— No me gusta que me miren con lastima. — contradijo de inmediato con voz dura, Victoria tenía mucho de Candy, en realidad tenía mucho de la familia Ángel y eso también incluía el orgullo y frialdad de su tío Matt.

— Eres orgullosa.

— Soy Victoria Zabet- Ángel, este será su infierno, pero nadie conoce lo oscuridad como yo, ni siquiera usted, L’ombra.

Alessandro dejo de respirar por uno segundo, esta joven en cuestión de minutos lo había descubierto, solo el hecho de que era ciega la mantenía con vida de otra forma ya le hubiera disparado en medio de la cabeza, en un arrebato de ira la sujeto con fuerza del brazo y la zamarreo mientras gritaba.

— SI DICES ALGO ASI EN FRENTE DE MI HIJA…

Dejo la amenaza en el aire, cuando levanto su mano para golpear a Vicky vio su rostro y lo ajena que estaba a todo, ya que no veía como él estaba a punto de golpearla, el miedo a recibir un bofetón no se reflejaba en el rostro de la joven, solo las lágrimas que rodaban por su mejilla ante la presión que el hombre ejercía en su brazo, pero de su boca no salió queja alguna. La soltó con brusquedad haciéndola caer en el sofá.

— No debe preocuparse por nada, no podría torturar y mucho menos atormentar a una pequeña por lo que su padre hace, además usted no es el primer asesino que conozco, ni será el último.

El hombre comprendió por qué aquella joven no sentía miedo con su presencia, ella tenía de tío y primo a dos grandes asesinos, además que sabía muy bien de lo que era capaz de hacer la madre de la joven por defender a sus seres queridos, en ese momento supo que mantener cautiva a Victoria, podría costarle más a él que a ella.

— Espero que así sea, nunca olvides que te veo, mis ojos están en ti.

Victoria trato de mantener la calma todo lo que pudo, desde su niñez ella al igual que sus hermanos fueron adiestrados en qué hacer en caso de secuestros, el trabajo que un día fue de sus tíos sumado a el lugar que ocupaba su hermano Eros en la familia Bach y que Hades seguía con el legado familiar de los Ángel, y por supuesto como olvidar que su hermana se había casado con el sucesor de la mafia rusa, si ellos eran posible blancos para la venganza de cualquiera de la extensa lista de víctimas que sus familiares habían dejado a lo largo de la historia, debía estar a la altura de sus hermanos, debía demostrar que el hecho de que era ciega no la convertía en débil, pero cuando por fin Alessandro la dejo sola en aquella que sería su nueva habitación no pudo evitar dejar caerse sobre la cama, para llorar y gritar contra la almohada toda la frustración que sentía, mientras su mente gritaba todos los escenarios diferentes que hubiera ocurrido si ella pudiera ver, como Ámbar, su hermana practicaba tiro al blanco y era tan buena como Hades, pero ella no, ella seria siempre la pobre ciega, lo que no sabía Victoria que lo que más la limitaba a vivir era ella misma, y la lástima que creía recibir de su entorno, solo eran su propia lastima, si, ella sentía lastima de sí misma, dicen que no hay peor verdugo y juez en la vida que nosotros mismos y ella era un ejemplo de ello.

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