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Portada de la novela Cautiva de tu amor

Cautiva de tu amor

Victoria Zabet, una joven bondadosa que perdió la vista en un accidente, vive recluida en su hogar hasta que su destino se cruza con Alessandro Santoro. Este sádico líder de la mafia siciliana, conocido como La Sombra, reclama a Victoria como moneda de cambio tras un error del hermano de ella. Entre la luz de la joven y la oscuridad del criminal surge un conflicto de lealtad y poder. ¿Podrá el amor redimirlos o terminarán destruyéndose en un infierno de pasión y maldad?
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Capítulo 5

Los días que siguieron en la mansión Zabet se encargaron de despedirse de sus hermanos y darle consejos, los cuales deberían seguir al pie de la letra. La primera en salir con sus maletas fue Ámbar, su destino España.

— Ámbar, por lo que más quieras, recuerda que, si llevas un escote provocador, lo demás debe estar cubierto, no muestres de más o te verás vulgar.

— Vicky tu naciste con la decencia y yo con el descaro. — Ambas jóvenes rieron por sus comentarios.

— Solo no olvides de usar condón y si sucede algo, regresa a casa, no cometas los errores de Zafiro.

— No lo haría, yo jamás podría hacer eso.

— Deja de juzgarla, ella estaba asustada.

— ¿En verdad? Vamos, conoce a nuestra madre…

— Ella le temía a lo que Neizan pudiera pensar.

— Sabes que aún no lo termino de aceptar, en fin, yo no podría abortar.

— Deja de juzgarla, es fácil criticar el camino que uno no ha recorrido, mejor mira bien tu camino y trata de no tropezar con ninguna piedra, aunque si llegas a caer, solo llámame e iré a ayudarte.

— Tienes razón, y tú no hagas nada interesante en mi ausencia.

— ¿Qué podría hacer?

— Tú… eres la más astuta de todos y la más hermosa, por lo tanto, quiero que me prometas que te cuidaras, regresare pronto.

— Lo hare Ámbar, lo hare.

El día siguiente se fue Felipe.

— Por favor, no hagas nada imprudente, recuerda que vas a Canadá.

— ¿Yo? Sería incapaz.

— Por favor, Fely promételo.

— No te preocupes, el Felipe bromista se queda aquí a tu lado cuidándote, cuando regrese seré un hombre tan aburrido como papá.

Victoria extrañaría las historias de su hermano, a través de los años la joven había aprendido a ver el mundo a través de sus ojos, pero debían seguir adelante, mientras ella quedaba estancada allí, en su hogar, en su casa de cristal.

— Stefano Zabet, te prohíbo que pelees, me oyes, si me llego a enterar que te involucras en un solo pleito iré a Rusia y te traer de una oreja. — le advirtió mientras lo apuntaba con un dedo y su hermano se colocaba delante de ella, sin decirle que estaba apuntando al aire minutos antes.

—… — Stefano no pudo decir palabra alguna, solo la abrazo, tan fuerte, como queriendo dejar una parte de él en ella, un pedazo de su ser para proteger a su pequeña hermana.

— No me pasara nada, me quedo con papá y mamá, ellos me cuidaran. — se apresuró a decir, ella conocía a sus hermanos.

— De todos tu eres la más fuerte. — le susurro en el oído, para luego subir al vehículo que lo llevaría al aeropuerto.

Mateo estuvo escapando de ella toda la semana, y la joven sabía muy bien porque lo hacía. Por lo que uso uno de sus trucos, no le gustaba jugar sucio pero llegado el caso no tenía escrúpulos, camino decidida en dirección a la piscina, sabiendo que su hermano estaba en algún lugar del enorme jardín trasero.

Mateo escucho el chapoteo en el agua junto con el grito de Vicky, no lo pensó dos veces y salto a la piscina, llego a su lado en solo unos segundos, sabía que Victoria sabía nadar, pero desde su pérdida de visión a la joven no había poder humano que la haga entrar al agua, el hecho de quedar sumergida y privado del sentido del oído era más que suficiente para que se alterara y tuviera algún ataque de pánico.

— ¡Vicky! ¿Estás bien hermana?

— Si, si no fue nada.

— ¿Pero qué rayos hacías?

— Llamaba tu atención. — respondió tiritando de frio y su hermano se apresuró a cubrirla con una toalla.

— ¡Estás loca!

— No, solo desesperada, ¿acaso te iras como ladrón en la noche? ¿No piensas despedirte de mí?

El silencio se hizo presente y la joven supo que su hermano estaba llorando en silencio, Mateo era el más serio de todos, pero si se trataba de Victoria él era el más sensible, al igual que Amir no soportaba ver a su hermana viviendo en la oscuridad.

— No voy a irme. — dijo finalmente con la voz rota.

— ¿De qué hablas? Debes ir a China, la universidad…

— Yo no te voy a dejarte, jure que sería tus ojos, y lo voy a cumplir.

— Bien porque si es así, debes ir a estudiar a China, yo te esperare aquí y tú me contaras como es todo, quiero que cundo vengan de visita me describan como es el mundo.

— Ven conmigo. — suplico como lo habían hecho cada uno de sus hermanos.

— No, este es mi lugar, aquí siempre estaré esperando a que regresen, mis hermanos, mis amigos, descubre el mundo por mí y luego ven a contarme como es.

Mateo obedeció a su hermana, cada uno de los cuatro salió de esa mansión dejando un pedazo de su alma en aquel lugar, era la primera vez en 18 años que los quintillizos se separaban, a cada uno le esperaba una aventura diferente, incluso a Victoria.

Cuatro meses habían pasado, todo estaba bien, como de costumbre, Candy solo tenía a Victoria en casa, ya que Rosita había comenzado a trabajar para Vincent Bach y tuvo que mudarse a la ciudad, la joven morena quería valerse por sí misma y Candy lo respetaba, pero para Amir era otro golpe, el patriarca de la familia era el más apegado a sus hijos, en especial a sus hijas, ya Eros se había casado unos años atrás, Zafiro también se había marchado con su Ruso mafioso y si bien Amir detestaba que su Zafiro estuviera lejos, se conformaba con tener nietos, y eso le encantaba, que lo llamaran abuelo Amir, el hombre se sentía caminar en las nubes cada vez que sus nietos lo iban a visitar, pero la mansión se sentía muy vacía y grande, en aquel lugar crecieron 10 niños que corrían, gritaba y jugaban por todas partes, ahora solo les quedaba su pequeña Victoria.

— Mamá, sabes que no me gusta salir de casa. — se quejó ante la insistencia de su madre.

— Hija, es la boda de las primas de Lucero.

— Es normal que Eros tenga que ir porque es primo político de Linda y Rene, pero yo no tengo nada que ver con los Bach.

— Lucero es tu cuñada.

— Sabes a lo que me refiero, no conozco a nadie.

— ¡Pero mira que caprichosa se ha vuelto! — el grito de Rosita la hizo girar con dirección a la puerta.

— Hermana. — respondió mientras abría los brazos y esperaba que Rosita llegara a ella. Luego de fundirse en un abrazo, tomaron asiento.

— Bien, como sé que Rosita te convencerá, yo saldré con Mel a comprar unos lindos vestidos para este fin de semana. — Candy dejo a sus hijas sola y Rosita aprovecho para poder hablar con su hermana.

— Necesito que estés en esa boda. — dijo la morena en tono preocupado.

— Rosita, sabes que no me gusta salir, sé que me ven con lastima y no me gusta.

— Hazlo por mí.

— Tú te divertirás más si yo no voy.

— Tengo una relación con Vincent Bach. — Termino confesando la mayor, mientras el silencio reino por unos segundos.

— ¿Estas bromeando?

— No.

— ¿Tu jefe?

— Si.

— ¿El primo de la madre de Lucero?

— Si.

— ¡El que te lleva más de 20 años!

— Deja de gritar. — Rosita miro a todos lados, hacia dos meses habían aumentado la seguridad en la mansión, Eros había ayudado en la captura de uno de los mafiosos más buscado y todos estaba en peligro.

— ¿Pero en que rayos estás pensando? La ciega y desesperada soy yo no tú.

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