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Portada de la novela Cataleya

Cataleya

La vida de Cataleya ha estado marcada por la tragedia desde que perdió a su hermana, forjando en ella una voluntad inquebrantable para proteger a su madre e hija. Ante la enfermedad de su progenitora, se ve obligada a pactar con Dylan, un arrogante millonario que necesita un matrimonio de conveniencia. A pesar de sus diferencias y los constantes roces iniciales, este acuerdo forzado entre dos mundos opuestos acabará transformándose en un amor real e inesperado.
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Capítulo 2

Faddei salió del laboratorio sudoroso y muy serio, Francela se le acerco golpeó su pecho llorando sin parar.

—¡¿Que le hiciste a mi hija?!

Ella grito con lágrimas en sus ojos se adentró y vio a su pequeña recostada boca abajo y la espalda toda roja e inflamada, acercándose a la nena, le hablo.

—Mi bebé ¿Estas bien bebé? Dime algo amor ¿Estas bien? Claro que no lo estás, ven vamos.

Ella cargo a su pequeña en brazos y salió de ahí no sin antes maldecir a su esposo. Recostó a Catalina boca abajo y le susurraba palabras tranquilizadoras a su pequeña. La otra niña se les acercó y se puso a llorar al ver a su hermana de esa manera, ella no sabía lo que era pero al ver a su mama llorando y a Catalina quejándose se sintió muy triste.

Siete años después.

Han pasado siete años desde que Faddei le hizo es mapa tan grande a la pequeña Catalina. Las chicas de 14 años eran cada día más bonitas y parecidas al Ruso.

Cataleya salió de la cueva y empezó a buscar a su hermana  la llamaba varias veces.

—Cati, Cati ¿Dónde estás?

—¿Que deseas Cataleya—inquirió sería.

—Vamos a jugar, estoy aburrida quiero que juegues conmigo, papa no está tu sabes que últimamente toma mucho y se pelea con mamá.

—Si lo sé y no quiero jugar. Dime, una ciega como yo no puede jugar, correr y luego tropezarme. Lo único que puedo hacer es vestirme comer y dormir nada más ni si quiera puedo verte, ni ver a mi madre

—No digas esas cosas, tú no tienes la culpa de haber nacido de esa manera, así sucedió.

Cataleya abrazo a su hermana mientras  se echo a llorar, ella se siento muy triste al escuchar las palabra que decía su hermanita. Catalina le acarició la espalda y le dijo.

—No llores, no estés triste hermanita te quiero mucho.

Ambas se amaban.

Llegó la noche y las dos se fueron a acostar Francela se les acercó y le dio un beso a cada una, ella amaba con locura a sus dos pequeñas, tenía miedo de perderlas a como fue con su otra hija.

—Buenas noche mami— dijeron las dos al unísono. Dicho eso Francela sale de la pequeña habitación, dejando a las jovencitas dormir.

—Hermana, ¿Tú crees que algún día saldremos de este lugar? Casi no conocemos a nadie solo unos señores que vienes a ver a papa y hablan de ese tal polvo blanco.

—No lo sé Cataleya. Sabes, realmente no me interesa porque en mi caso no podre ver jamás lo que hay allá afuera.

Cataleya se le acercó y le dio un beso y un fuerte abrazo a su hermana, ella se sorprendió.

—¿Qué haces y el abrazo junto al beso?

—Te quiero mucho Catalina.

—Lo sé hermanita.

—Ha pues te lo quise dar, acaso hice algo malo.

—No, hermanita, solo que fue raro.

—Sabes, me hubiese gustado estar en tu lugar, si yo pudiese te daría mis ojos para que me vieras y ver cómo somos iguales como dos gotas de agua, cuando papá te hizo ese mapa en la espalda yo sentí que me ardía todo el cuerpo incluso el alma, creo que cada vez que te golpea yo lo siento también, sabes  no entiendo su actitud, más contigo me gustaría que un día escapemos de este infierno en que vivimos las tres.

—Igual me pasa a mi Cataleya, me gustaría poder hacer algo para que todo esto acabe.

Se abrazaron y quedaron dormidas. Al amanecer  despertó y escuchó como su padre golpeaba y maltrataba a su madre nuevamente decidió meterse

—Faddei deja de golpear a mi madre, cada vez que bebes te desquitas con nosotras, porque putas no vas a hacerlo con otras personas.

—Tu Cállate, eres una buena para nada— Susurro Faddei, cada día era peor, no percataba que estaba destruyendo a su familia.

—Deja de insultarla— Francela  grito entre lágrimas.

—¿Que pasa por que pelean tanto papá? ¿Porque maltratas tanto mami?

Cataleya empezó a llorar al ver como su padre peleaba con su madre. Faddei se le acerco y quiso golpear a Cataleya, nuevamente se metió Catalina quién si se dejaba que su papá la golpearla.

—Todas ustedes me tienen cansado— una y otra vez empezó a golpearla a como si de un animal se tratara.

—Suéltala papá, no la trates así.

—¡Cállense!!—gritó desesperado.

Sujeto a su otra hija y la tiro contra la pared, luego hizo lo mismo con su esposa había perdido el control. —Me largo— dicho eso se va molesto.

Francela se acercó a Catalina y la abrazo con toda sus fuerzas.

—Perdóname hija, por mi culpa todo esto te pasa— Expreso tristemente por sus niña.

Ni siquiera derramó una sola lágrima, después de recibir tantos golpes prefirió sólo sonreír cosa que casi no hacía, ella era muy callada sería, fría por todas las cosas que ha pasado.

El día paso rápido después de alimentarse Francela fue a comprar víveres y comida para la semana a un mercado cerca de esa pequeña ciudad desierta. Era de noche cuando llego Faddei,  con un hombre desconocido.

—Ven pasa adelante —le  dice Faddei al desconocido.

—¿Este es el lugar donde te escondes?—pregunta el hombre, parecía curioso.

—Sí, aquí.

—Y no tienes miedo que te descubran, y el polvo blanco?

—Eso jamás pasará, ese polvo esta muy bien escondido.

—No éste muy seguro y dime cuantos personas son los que están detrás de ti.

—Son dos grupos.

—¿Que, es enserio?

El amigo de Faddei se notaba algo lascivo al parecer tenía una mala intención aparte su mirada estaba en toda la casa. El papá de las chicas  se levantó de su silla y llamo a su esposa, le dijo que sirviera la cena, sus hija salieron de la pequeña habitación mientras su madre servía la cena, El hombre que estaba hablando con su padre quedó viendo a las pequeñas con malas intenciones.

—Tienes unas hijas muy lindas—lo decía sin quitar su vista de Cataleya.

—Gracias, aunque una de ellas nació con una enfermedad en los ojos.

Francela veía al hombre con desconfianza, realmente no le caía nada bien.

—Amor, deberíamos de ir a dormir, ya es muy tarde, tu amigo puede venir otro día.

—Amor que pasa, ahora que hice mal.

—Amigo, tu esposa tiene razón, me voy luego platicamos.

—Bueno, seguiremos en contacto.

Sin más que hacer el hombre sospechoso se fue. El ruso llamo a las niñas, saca unas bolsas que se encontraban en una caja, era obsequios.

—Hijas vengan, les traje una cámara, es para que se tomen fotografías. Amor toma esto que te traje a ti, es una cadena con Diamantes.

—¿Cómo conseguiste esto?— pregunto Francela toda desconcertada.

—Sólo agradece, sí.

Las niñas le agradecen a su papá ambas se toman de la mano y se adentran a la habitación. Mientras que la mujer se preguntaba en qué manejo sucio se encontraba su esposo.

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