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Portada de la novela Casarme con un magnate fantasma

Casarme con un magnate fantasma

Tras años de entrega ignorada, Amelia rompe su compromiso con Jaxton al ser humillada públicamente por él. Dispuesta a cambiar su destino, impacta a todos al contraer matrimonio con un enigmático y poderoso magnate, un giro que sacude las redes sociales. Pese a que su ex intenta tildar la boda de despecho, su nuevo esposo emerge como un protector implacable, decidido a resguardarla y desafiar a quienes intenten menospreciar su unión.
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Capítulo 1

En la sala VIP del Hospital Municipal de Kretol, Amelia Flynn yacía sobre las sábanas blancas, con la mirada fija en el video de su tableta, y el sarcasmo era evidente en sus ojos.

Una fiebre alta la había llevado al hospital, pero su prometido, Jaxton Morrison, en lugar de acompañarla, pasaba el tiempo con otra mujer en un hotel de lujo.

La grabación mostraba imágenes borrosas del pasillo de un hotel, pero la mujer que acompañaba al hombre era inconfundible: Dayna Flynn, su media hermana.

Amelia apartó la tableta y se volvió hacia la persona que estaba frente a ella, con una mirada helada. "¿Y si me niego a hacerme el tatuaje?", preguntó.

A Clayton Dobson, el asistente de Jaxton, no le sorprendió su reacción. Si estuviera en su lugar, también le costaría aceptar la situación.

¿Qué clase de hombre pasaba la noche con otra mujer y luego le exigía a su prometida que lo encubriera?

El Grupo Morrison atravesaba un momento crítico, y el escándalo que involucraba a su heredero, Jaxton, ya había afectado el precio de las acciones.

Por el bien de la familia, una declaración pública de su prometida, parecía ser la única manera de mitigar los daños.

Aunque el rostro de Dayna se veía borroso en el video, el tatuaje en su cintura con las iniciales de Jaxton era perfectamente nítido.

Por orden expresa de su jefe, Clayton estaba allí para persuadir a Amelia de que se hiciera un tatuaje idéntico al de su hermana.

De esa forma, podrían controlar la narrativa en línea y sofocar el incipiente escándalo.

"Señorita Flynn, esto es lo que el señor Morrison desea", dijo Clayton en voz baja, con una mirada que mezclaba compasión y resignación. "Si no coopera, podría haber complicaciones con el tratamiento de la señora Davis la próxima semana…".

Dejó la frase en suspenso, pero Amelia entendió perfectamente. Era una amenaza directa de Jaxton.

Él estaba usando a su abuela, Michelle Davis, para chantajearla.

La anciana necesitaba un tratamiento especial semanal que, en todo Kretol, solo podía administrar el renombrado doctor Marc Chapman.

Amelia no sabía cómo Jaxton había convencido al doctor Chapman de tratar a su abuela, pero al usarla como palanca, no le dejaba más opción que ceder.

Pasaron varios minutos en silencio. Finalmente, Amelia se dio la vuelta y se acostó boca abajo.

A su lado, el tatuador preparaba su equipo con silenciosa eficiencia.

Debido a una condición médica particular, la anestesia no le hacía efecto a Amelia.

Cuando el tatuador terminó, la joven estaba empapada en sudor, que calaba la fina bata del hospital, y tenía el rostro pálido.

"Lamento que tuviera que pasar por esto, señorita Flynn", dijo Clayton mientras se acercaba para fotografiar el tatuaje recién hecho en su cintura. De inmediato, le envió la foto a Jaxton.

El asistente finalmente respiró aliviado al recibir la respuesta de su jefe.

Le hizo una seña al tatuador, quien salió rápidamente de la habitación en silencio.

"Intente descansar, señorita Flynn. Vendré a buscarla por la noche", le dijo Clayton. Sin esperar respuesta, se marchó.

Solo entonces Amelia se atrevió a abrir los ojos.

Sentía un dolor sordo en la espalda baja mientras se levantaba con esfuerzo para ir al baño. Al ver en el espejo el tatuaje nuevo, idéntico al de Dayna, su mirada se endureció y le oprimía el pecho.

Las horas pasaron. Cerca de las siete de la noche, Clayton escoltó a Amelia a la conferencia de prensa del Grupo Morrison.

Jaxton ya estaba allí cuando ella llegó.

Los reflectores acentuaban sus rasgos llamativos, su postura impecable y el traje hecho a medida que vestía.

Cuando Amelia posó su mirada sobre ese atuendo, una sombra de tristeza nubló sus ojos.

Le había tomado un mes de trabajo confeccionar esa prenda para él. Dos años atrás, ella misma había dado forma y cosido a mano cada detalle, poniendo el corazón en cada puntada.

Aún recordaba la alegría de Jaxton cuando lo recibió.

Pero en solo dos años, el traje seguía siendo el mismo, mientras que Jaxton era un hombre diferente.

"Señorita Flynn, como prometida del señor Morrison, ¿cuál es su postura ante el reciente escándalo? ¿Tiene algo que declarar? Usted…".

La conmoción silenció al reportero en medio de una pregunta, con la mirada fija en la escena que se desarrollaba ante él.

Sin previo aviso, Jaxton atrajo a Amelia hacia él y le levantó la blusa, apenas lo suficiente para revelar el nuevo tatuaje, idéntico al del escandaloso video, mientras los flashes de las cámaras estallaban.

Su contacto le provocó una profunda repulsión a la joven. Al levantar la vista, distinguió un chupetón en el cuello de Jaxton.

Un escalofrío de asco la recorrió. Apretó los labios con fuerza para que no se notara.

"Amelia, ¿por qué no les cuentas a todos lo que ocurrió anoche?", dijo Jaxton.

Su tono era amable, pero su mirada estaba llena de burla.

La frustración hervía dentro de Amelia, pero se contuvo al pensar en su abuela.

"Todo fue un malentendido. La mujer en el video era yo", declaró, forzando una sonrisa cortés.

Uno de los reporteros comentó: "¡Ah, así que era eso! Su relación parece muy estable. ¿Habrá boda pronto?".

Al oír eso, Jaxton atrajo a Amelia a un abrazo, sus ojos brillando con una ternura fingida para las cámaras.

Poco después, sonó su teléfono. El nombre "Dayna" brillaba en la pantalla. Al verlo, él la soltó de inmediato.

Por suerte, los reporteros ya comenzaban a dispersarse; de lo contrario, la escena habría levantado sospechas.

Incluso a la distancia, Amelia pudo distinguir la voz suave y agraviada de Dayna, y las palabras con las que Jaxton intentaba tranquilizarla.

Rechazó la oferta de Clayton de llevarla, se fue del evento y se dirigió sola a su apartamento.

La noche cayó sobre la ciudad. Amelia permaneció sentada, sola, junto a la ventana. Después de un rato, tomó su teléfono y marcó un número. Sonó tres veces antes de que alguien respondiera. Al principio, solo se escuchó silencio al otro lado de la línea.

De no ser por el sonido casi imperceptible de una respiración, Amelia habría pensado que no había nadie.

Tras un momento, inspiró de forma temblorosa y finalmente logró hablar: "¿La promesa que me hiciste… sigue en pie?".

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