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Portada de la novela Casada por venganza

Casada por venganza

Para evitar la caída financiera de su hermano, una joven acepta casarse con un poderoso multimillonario. Ella cree que este vínculo es la salvación de su hogar, pero ignora que ha caído en una red de engaños. Su marido, impulsado por un odio antiguo, busca destruir a su familia mediante una venganza fría y calculada. Atrapada en un matrimonio basado en el rencor, ella deberá luchar contra un destino oscuro y los secretos de un pasado ajeno.
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Capítulo 2

Martina cerró la puerta del apartamento con suavidad, el sonido del cerrojo resonando en la quietud del pasillo. A pesar de la calma aparente, su interior estaba hecho un torbellino. Había tomado una decisión irreversible, y ahora solo quedaba esperar las consecuencias.

Francisco se encontraba sentado en el sofá, absorto en su teléfono, ajeno al mar de pensamientos que inundaba la mente de su hermana. No sabía lo que acababa de hacer, y aunque las palabras de Martina se habían dicho en voz baja, la gravedad de la situación era imposible de ignorar.

He aceptado casarme con Felipe.

Esas palabras, que ahora retumbaban en su mente, le habían costado más de lo que podía explicar. ¿Cómo podía confundir el alivio que sentía con un profundo vacío? ¿Cómo podía respirar con la misma tranquilidad cuando sabía que su futuro estaba atado al de un hombre como Felipe Navarro?

Cuando entró en la pequeña cocina, encontró a su madre, Teresa, con el rostro marcado por la preocupación. La mujer, que siempre había sido el pilar de la familia, ahora parecía más frágil que nunca, con las manos temblorosas mientras preparaba un café. El aroma a café recién hecho llenaba la casa, pero no lograba disipar el aire tenso que los rodeaba.

-Martina, ¿lo has hecho? -preguntó Teresa, sin levantar la vista de la taza que estaba colocando sobre la mesa.

Martina no respondió de inmediato, no necesitaba hacerlo. La mirada de su madre lo decía todo. Teresa había esperado que su hija tomara la decisión más difícil de su vida, y lo había hecho. Pero la carga de esa elección pesaba como una losa sobre sus hombros.

-Sí, mamá. -Martina dejó escapar un suspiro, luego se acercó a la mesa y se sentó frente a su madre, mirándola a los ojos por primera vez en horas. -Felipe aceptó mi propuesta. Mañana nos reunimos para firmar todo.

La respuesta de Teresa fue un suspiro largo, lleno de algo que no era alivio, sino resignación. Su rostro, aunque marcado por la edad, reflejaba una belleza austera, pero había algo en sus ojos que mostraba la batalla interna que enfrentaba.

-Lo sabía. -Dijo Teresa finalmente, con una mezcla de tristeza y aceptación. -Sabía que llegaríamos a esto, pero... ¿cómo lo harás, Martina?

Martina miró a su madre y sintió un dolor punzante. ¿Cómo iba a hacerle frente a la realidad de vivir con un hombre al que no conocía? ¿Cómo iba a sumergirse en ese mundo sin perderse en el proceso?

Antes de que pudiera responder, un sonido la hizo girar. Francisco había entrado en la cocina y estaba observando a las dos con expresión seria. Su mirada se desvió hacia su hermana, pero no fue necesario hablar. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar, y que su hermana había hecho lo impensable para salvarlo.

-Martina... -su voz sonó baja, cargada de emociones contradictorias-. ¿Te das cuenta de lo que has hecho?

Las palabras de su hermano la golpearon como una bofetada. La pregunta no era tanto un reproche como una constatación. Francisco no le preguntaba si estaba segura, porque ya sabía la respuesta. Él solo necesitaba entender cómo podía ser posible que su hermana estuviera dispuesta a perderlo todo, a sacrificarse de esa manera por él.

-Lo sé. -La respuesta de Martina fue rápida, pero no se desvió de la mirada de su hermano. -Lo sé, pero... no puedo perderte.

La voz de Francisco se quebró mientras se acercaba a ella. Al ver la lucha interna de su hermana, se sintió culpable. Nunca había querido que ella tuviera que hacer esto, pero sabía que él no tenía otra opción. El peso de la deuda que tenía con Felipe Navarro era algo que él no podía soportar, algo que ni siquiera su hermana podría haber evitado.

-Martina... -Francisco se acercó, colocándose frente a ella, con el rostro lleno de confusión-. Sé que lo haces por mí, pero esto...

No pudo continuar. La frustración y el miedo llenaron la habitación, y en los ojos de ambos hermanos se reflejaba una mezcla de amor y desdén hacia la situación en la que se encontraban.

Teresa, al ver el dolor que los envolvía, decidió intervenir. Sabía que ninguno de ellos podía procesar lo que había sucedido en las últimas horas. Necesitaban tiempo, pero también necesitaban entender que, aunque la decisión ya estaba tomada, no podían rendirse en la batalla que se libraba en sus corazones.

-Martina tiene razón, Francisco. -La voz de Teresa sonó más firme ahora, aunque llena de una tristeza profunda. -Si esto es lo único que puede salvarte, tenemos que aceptarlo.

Francisco se dejó caer en la silla junto a su madre, cubriéndose la cara con las manos mientras un suspiro de desesperación escapaba de sus labios.

-No entiendo por qué no podemos encontrar otra solución... -murmuró, y sus palabras estaban llenas de dolor y desconsuelo.

Martina lo miró, con el corazón roto. Sabía lo que significaba esa pregunta. No podía explicar cómo había llegado a esta decisión, no podía decirle que, aunque el dinero y la influencia de Felipe eran la única salida visible, el costo era demasiado alto. Pero sabía que era lo correcto. Sabía que no había otra manera.

-Es lo único que nos queda, Francisco. -La respuesta salió con una firmeza que ni ella misma se esperaba. -Lo que hago lo hago por ti.

La habitación quedó en silencio, el sonido del reloj de pared marcando el paso del tiempo, cada tic como un recordatorio de que, aunque la decisión había sido tomada, aún quedaban muchas más por afrontar. Las miradas de los tres se cruzaron, pero nada fue dicho en ese momento. La familia estaba atrapada en la incertidumbre del futuro, y ninguno de ellos sabía con certeza lo que les depararía el destino.

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