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Portada de la novela Casada por venganza

Casada por venganza

Para evitar la caída financiera de su hermano, una joven acepta casarse con un poderoso multimillonario. Ella cree que este vínculo es la salvación de su hogar, pero ignora que ha caído en una red de engaños. Su marido, impulsado por un odio antiguo, busca destruir a su familia mediante una venganza fría y calculada. Atrapada en un matrimonio basado en el rencor, ella deberá luchar contra un destino oscuro y los secretos de un pasado ajeno.
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Capítulo 3

La sala de reuniones en el lujoso penthouse de Felipe Navarro era imponente. Las paredes de cristal ofrecían una vista panorámica de la ciudad, el sol comenzando a esconderse detrás de los rascacielos. La luz dorada bañaba la habitación, pero no ofrecía calidez. El aire estaba cargado de tensión, de un entendimiento no verbalizado entre los dos. Era el comienzo de un pacto que ninguno de los dos podía dar marcha atrás, pero ninguno de los dos también podía dejar de cuestionarse lo que significaba realmente.

Martina entró en la sala, la puerta se cerró suavemente detrás de ella, y en el instante en que sus ojos se encontraron con los de Felipe, algo indescriptible pasó en su interior. No era ni miedo ni esperanza, era algo más profundo, más inquietante. ¿Cómo podía una mujer casarse con un hombre que ni siquiera conocía, solo porque su familia estaba en peligro?

Felipe estaba sentado en una mesa grande, rodeado de papeles y documentos. Todo en su postura, en su actitud, emanaba autoridad, control. Pero había algo más, algo que Martina aún no comprendía del todo. Estaba claro que había más en él de lo que mostraba a simple vista. Lo había visto varias veces en reuniones públicas y sociales, pero esa versión de Felipe no se parecía en nada al hombre que estaba frente a ella ahora.

-Martina. -Su voz, suave pero firme, la hizo reaccionar. Estaba parado, ofreciéndole un asiento. -Toma asiento. Tenemos mucho de qué hablar.

Martina no dudó, y aunque su corazón latía con fuerza en su pecho, se acercó y se sentó en la silla opuesta. Sin embargo, no pudo evitar la sensación de que todo esto estaba fuera de su control. Estaba en la misma sala que el hombre que, por alguna razón que aún no comprendía del todo, podía decidir el futuro de su familia.

Felipe deslizó algunos papeles hacia ella, como si fueran simples documentos legales, pero la verdad era que no había nada simple en esta reunión.

-Esto es solo el principio. -Felipe comenzó, observándola de manera calculadora. -Lo que firmemos hoy será solo el acuerdo preliminar. El matrimonio será solo una formalidad. Pero es necesario para llegar a lo que realmente busco: venganza.

Martina no pudo evitar tensarse. La palabra "venganza" la golpeó como un balazo, y su mente se llenó de preguntas, de incertidumbres. ¿Por qué de repente hablaba de venganza? ¿Qué tenía que ver ella con todo eso?

-¿Venganza? -Martina repitió, su voz apenas un susurro. -¿Venganza contra quién?

Felipe la miró con calma, como si no hubiera nada que temer, como si estuviera completamente en control. Sus ojos oscuros brillaban con una intensidad que desbordaba frialdad, y en su rostro no había rastro de duda.

-Venganza contra tu familia, Martina. -Felipe finalmente lo dijo, y sus palabras sonaron como una sentencia. -Tu familia ha sido la responsable de una de las mayores traiciones que he sufrido. Y esta es la forma de equilibrar la balanza.

Martina se quedó quieta, procesando sus palabras. Su mente se llenó de confusión. ¿Qué quería decir con "tu familia"? ¿Qué había sucedido? No podía comprender cómo su familia, a la que había defendido con uñas y dientes, podría ser el origen de la motivación de un hombre tan implacable.

-Mi familia no ha hecho nada... -murmuró, aunque sabía que no podía defender lo indefendible sin comprender la historia completa.

Felipe inclinó la cabeza ligeramente, como si hubiera esperado esa respuesta. No era sorpresa lo que le causaba, sino más bien una certeza de que Martina aún no sabía todo lo que necesitaba saber.

-¿No lo sabes? -Su tono era calmado, pero también despectivo. -Tu padre, Antonio Rodríguez, fue responsable de arruinar mi vida, Martina. Y tu hermano... tú no tienes idea de lo que han hecho.

El nombre de su padre resonó en la habitación como un eco, y Martina sintió un nudo en el estómago. Antonio Rodríguez. Su padre, un hombre de negocios respetado, que siempre había sido el centro de su mundo. Siempre había creído que era un hombre íntegro, un pilar de la sociedad. Pero ahora, escuchando esas palabras, se dio cuenta de que su realidad estaba a punto de derrumbarse.

-Mi padre... ¿qué hizo? -preguntó, el miedo comenzando a colarse en su voz.

Felipe, por primera vez, dejó de observarla con esa fría indiferencia. En su mirada había una sombra de resentimiento, de rabia contenida.

-Tu padre destruyó mi familia, Martina. Lo arruinó todo. -Dijo, sus palabras saliendo con dureza. -Y no solo me arruinó a mí, sino a mi empresa, a mi legado, a mi futuro. ¿Sabías que tu padre fue responsable de la quiebra de mi empresa cuando era un joven empresario? Lo hizo sin piedad, sin remordimientos. Hizo que mi familia perdiera todo lo que había trabajado durante generaciones.

Martina lo miraba, incapaz de procesar lo que escuchaba. Cada palabra que salía de Felipe le daba una nueva capa de entendimiento, pero a la vez la llenaba de más preguntas. ¿Cómo podía ser esto cierto? ¿Por qué su padre nunca le había dicho nada? ¿Por qué no le había hablado de un rival tan implacable?

Felipe se inclinó hacia adelante, sus manos entrelazadas sobre la mesa, sus ojos fijos en los de ella.

-Tu familia, Martina, me ha dejado una cicatriz. Y ahora, tú vas a ser mi venganza. -El tono de su voz se había vuelto bajo, pero peligroso. -Te vas a casar conmigo. Vas a ser mi esposa, y lo harás porque no tienes otra opción. Y cuando todo esté dicho y hecho, verás lo que significa enfrentarse a Felipe Navarro.

Martina se sintió asfixiada. Todo el aire de la habitación parecía haberse esfumado. Su corazón latía tan fuerte que apenas podía escuchar sus propios pensamientos. La venganza de Felipe no solo afectaría a su padre y a su hermano. Afectaría su vida, su futuro, su libertad.

Pero había algo más que la desconcertaba: la extraña sensación de que Felipe no solo quería venganza. Había algo en su mirada, algo que no podía identificar, pero que sabía que no estaba dispuesto a revelarle todo de inmediato.

-Y si me niego... ¿qué pasará? -preguntó, la voz temblando.

Felipe la miró fijamente, una sonrisa oscura curvando sus labios.

-No tienes elección, Martina. Ya lo has hecho. -Su tono era de absoluta certeza. -Tu hermano sigue vivo por mi decisión, y si no sigues mis reglas, él será quien pague las consecuencias. Así que... bienvenidos al juego.

Martina tragó saliva, sintiendo que el peso de su decisión se volvía aún más insoportable. La realidad de lo que acababa de aceptar la golpeó como una ola, pero ya no había vuelta atrás.

Felipe había ganado el primer round. Y ahora, la guerra había comenzado.

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