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Portada de la novela Casada por obligación 1865

Casada por obligación 1865

En la inflexible sociedad de 1865, las tres hijas de Lord William Cárdigan viven bajo un mandato implacable. Desde pequeñas, su futuro ha sido sellado mediante matrimonios pactados que ellas desconocen. Sin voz ni voto, estas jóvenes enfrentan una realidad donde la obediencia es ley y el afecto personal un sueño inalcanzable. Su única posibilidad de paz reside en la fortuna de encontrar esposos compasivos que permitan, al menos, un vínculo de amistad.
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Capítulo 3

Llevamos una semana de viaje y tan solo hemos parado lo justo y necesario, me duele todo el cuerpo de estar tantos días metida en esta caja de madera. No creo que mi esposo y su primo estén mucho mejor ya que ellos duermen durante el día y a la intemperie. Unas horas y seguimos el camino.

La señora no se ha quejado ni una sola vez, aunque he podido percibir que sufre dolores de cabeza. Estos días han sido los más aburridos de mi vida, nadie de los presentes me ha dirigido la palabra. Si tan solo hubiese cogido mi libro, pero no! Tuve que dejarlo con el equipaje.

- Niña despierta ya estamos entrando en nuestras tierras- dice la señora con orgullo.

Abro los ojos y me asomo por la ventana, no puedo negar que nos encontramos en un lugar bonito, el verdor de la tierra y los frondosos bosques hacen de este un lugar de cuento de hadas.

Un rato después llegamos hasta un complejo de casas, en el centro hay una gran edificación y alrededor pequeñas casas flanqueando el edificio principal.

El carruaje para en la entrada de la casa, la señora es la primera en bajar, yo la sigo a una distancia prudencial.

- Bienvenida señora, no las esperábamos tan pronto- dice una señora educadamente.

Pasa al interior de la casa y yo me quedo tras de ella.

Ella ordena a los sirvientes en un idioma que no conozco, pero deduzco que está organizando el equipaje.

- Isabel, verdad?-

- Si, señora-

- A partir de hoy debes saber cuáles son tus obligaciones, lo primero será aprender el idioma. Aquí la mayoría habla gaélico, solo los nobles y algún criado hablan inglés, segundo espero no seas remilgada aquí todos trabajamos para ganarnos el sustento, hoy descansaremos pero mañana te pondré al día-

Asiento con la cabeza, bueno será la primera vez que tenga que trabajar pero si ella lo hace, seguro que yo también puedo.

- Señora me gustaría lavarme y si es posible descansar un rato en mi dormitorio-

- Pediré que te acompañen a tu dormitorio y que preparen un baño, recuerda que se cena a las seis, no llegues tarde-

Creo que eso último lo ha dicho con segundas, me parece que no va a olvidar que llegue tarde a cenar mientras estuvieron en casa de mi padre.

Subo hasta mi dormitorio, este es algo oscuro pero es amplio y tiene una gran chimenea en el centro. También hay un ventanal con un balcón. Me asomo por la ventana y me pierdo en el horizonte.

Al menos las vistas son agradables.

Me desvisto y me meto en la bañera, lo hago desnuda mi camisola está sucia y debe de oler mal después de tantos días puesta.

Paso la pastilla de jabón por mis brazos, los tallo varias veces y comienzo con mis piernas. Tarareo una canción en español, mi madre siempre nos cantaba a la hora del baño.

Miró hacia la puerta y lo veo ahí parado, tapo mi desnudez con mis brazos.

- Por qué no ha llamado no ve que no estoy visible, además que hace en mi dormitorio y sin avisar-

Veo como esboza una pequeña sonrisa, es la primera vez que lo hace. Sigue parado en la misma posición.

- Le informo que este también es mi cuarto, por lo que no veo necesario llamar o avisar de mi llegada. Y ahora si ha terminado con el baño, puede salir que yo también necesito lavarme...-

- No puedo salir estoy desnuda-

Escucho un gruñido, coge una toalla y una bata y me la lanza. De mala gana se da la vuelta.

Soy todo lo rápida que puedo me seco y pongo mi bata.

- Ya puede voltearse- digo saliendo del baño.

Veo como comienza a quitarse la ropa y se dirige a la bañera.

- Al menos puede esperar a que me vaya para desnudarse! Y no pensara lavarse con ese agua-

- Estoy en mi casa, en mi dormitorio y si a mí no me importa estar desnudo a ti tampoco debería hacerlo, además no me gusta que la gente trabaje mas de lo necesario. -

No sé que decir, salgo del baño y al cerrar la puerta veo su espalda y su trasero. Hay dios que vergüenza.

Me he puesto un vestido más cómodo y he dado un paseo por la casa, quería dormir un rato pero con el allí, no me siento comoda.

Ahora comprendo porque se ha bañado con mi agua, aquí la gente ya tiene bastante trabajo. Aunque no me parece lo adecuado entiendo su posición, vaciar la bañera, bajar con los cubos y tirar el agua sucia. Calentar agua de nuevo y volverla a subir.

Nunca me había parado a pensar en ello, me siento una idiota superficial.

Soy la primera en llegar al comedor, espero de pie hasta que se me indique el lugar que debo tomar.

La cena la paso en silencio, ellos hablan animadamente en ese idioma que yo desconozco, pero no es eso lo que más extraña. Allí cenan todos juntos, no solo están los señores sino que también está el servicio.

Cuando todos han terminado me levanto y pido permiso a la señora para volver al dormitorio, igual se lo tendría que haber pedido a mi esposo pero él ha sido el primero en marcharse de la mesa.

- No te acuestes aún, tengo que hablar contigo-

Asiento con la cabeza y subo al dormitorio, busco entre mi equipaje y saco un camisón, me lo pongo y cepillo mi cabello, me acerco hasta la chimenea y leo un poco. Es extraño que no se me haya asignado ninguna dama de compañía pero quizás aquí las cosas son diferentes.

La puerta se abre y veo que la señora entra en el dormitorio, que manía tiene aquí todo el mundo de no avisar de su llegada. Me levanto en señal de respeto.

- Siéntate Isabel-

Me siento y ella hace lo mismo.

- Soy una persona muy rígida como habrás comprobado, nunca me gustaron los matrimonios concertados, ya que el mío fue igual. Pero poco pude hacer por evitar el de mi hijo... Si sigues mis consejos pronto te adaptarás a esta vida...-

- Gracias señora-

- Hay algo más, pude observar que tu madre ha fallecido. Por lo que nadie te ha dado la charla. Siento tu perdida...-

- Gracias, a que charla se refiere señora-

- No has tenido una noche de bodas como tal, por lo que debes estar preparada, hay ciertos deberes que debes acatar como esposa...-

Noche de bodas! Hay dios había olvidado esa parte, no se muy bien lo que va a pasar pero tiene que ver con qué los dos estemos solos en la cama. Y yo que creía que iba a tener mi propia habitación.

- Cuando tu esposo llegue al dormitorio lo debes estar esperando, no te duermas y haz lo que él te pida. Creo que mi hijo será amable contigo, solo debes obedecerle-

La señora se levanta y sale del dormitorio, me ha dejado con más dudas de las que ya tenía. Mis padres nunca compartieron dormitorio, cada uno tenía el suyo. Y yo pensaba que aquí sería igual.

Cierro mi libro y noto como el cansancio se apodera de mi, pero recuerdo que no me puedo dormir, abro la ventana y dejó que el frío de la noche escocesa despierte mi cuerpo.

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