Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Casada con el enemigo.

Casada con el enemigo.

Los eternos rivales Alexa Kingsley y Henry Carrington pactan un matrimonio por interés para salvar sus empresas de la quiebra. Lo que comienza como una alianza estratégica marcada por el rencor da un giro tras un primer beso que revela una atracción incontrolable. En medio de presiones sociales y una difícil integración corporativa, la pareja deberá descubrir si su vínculo forzado tiene el potencial de convertirse en un romance verdadero.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Pero cuando los labios de Henry finalmente rozaron los de Alexa, nada ocurrió como ella había imaginado.

No hubo rechazo.

No hubo asco.

No hubo huida.

En su lugar… algo se encendió.

Una chispa sutil, inesperada, que recorrió su interior como una advertencia tardía. Su cuerpo se tensó apenas un segundo, preparado para rechazarlo, para apartarse… pero esa reacción nunca llegó. Porque el contacto no era frío ni invasivo.

Era cálido.

Suave.

Peligrosamente correcto.

Y eso la desconcertó más que cualquier otra cosa.

Sin darse cuenta, su cuerpo dejó de obedecer a su razón.

Henry, percibiendo la mínima vacilación, aprovechó el instante. Sus manos descendieron con firmeza hacia la cintura de Alexa, atrayéndola con una seguridad que rozaba lo dominante. La cercanía la envolvió por completo, anulando cualquier pensamiento coherente.

Era demasiado.

Demasiado cerca.

Demasiado real.

Y, aun así… no se apartó.

El beso cambió.

Lento. Intencional.

Henry no se apresuró. La saboreó con paciencia, como si conociera exactamente el ritmo que debía imponer. La punta de su lengua rozó sus labios con una suavidad calculada, delineándolos, provocándola sin invadirla del todo… esperando.

Tentándola.

Y Alexa… respondió.

Sin pensarlo. Sin permiso.

Como si algo más fuerte que su orgullo tomara el control, sus labios cedieron, abriéndose apenas para él. El mundo desapareció en ese instante. No existían los invitados, ni las miradas, ni el peso del escándalo.

Solo ese beso.

Prohibido.

Intenso.

Inexplicable.

El maldito Carrington.

Su peor enemigo… era un gran besador.

La realización la golpeó en medio de la confusión, pero ya era demasiado tarde para retroceder. La sensación de él explorando su boca, de su cercanía, de su control… la arrastraba a un territorio desconocido.

No era odio.

No era rabia.

Era algo más oscuro. Más profundo.

Algo que no sabía nombrar.

Cuando finalmente se separaron, el aire pareció regresar de golpe.

Alexa parpadeó, aturdida, como si despertara de un trance. Su mente intentaba reconstruir lo que acababa de pasar… y fracasaba.

Henry la observaba.

Y esa sonrisa…

No era abierta, no era evidente. Pero estaba ahí, en la curva apenas perceptible de sus labios. Satisfacción. Sorpresa. Algo peligroso brillando en sus ojos, como si hubiera descubierto una grieta en ella… y pensara usarla.

Ninguno dijo una palabra.

No hacía falta.

El aplauso estalló a su alrededor, rompiendo el momento.

Pero algo ya había cambiado.

Invisible. Irreversible.

El beso, que debía ser una simple formalidad, había cruzado una línea que ninguno de los dos había previsto.

Y ahora… nada volvería a ser tan simple.

El bullicio creció, envolviéndolos en una marea de murmullos, risas y comentarios cargados de curiosidad. Alexa intentó apartarse, recuperar distancia, aire… control.

Pero Henry no lo permitió.

Su brazo la sostuvo con firmeza, pegándola a su cuerpo con una naturalidad que resultaba casi convincente.

—Recuerda que debemos mantener las apariencias —susurró contra su oído, su voz baja y firme—. Haz que todos se traguen esta farsa.

Alexa cerró los ojos un instante, conteniendo la respuesta que realmente quería darle.

Tenía razón.

Y eso la irritaba aún más.

La alta sociedad no perdonaba errores. Al día siguiente, su boda sería portada. Un movimiento en falso… y todo se derrumbaría. Sus familias, sus empresas, su apellido.

Todo dependía de esa mentira.

—Eres un imbécil… y voy a hacer que te arrepientas —murmuró ella, separándose apenas lo suficiente para mirarlo, con una sonrisa perfecta dibujada para el público.

Henry soltó una risa baja, arrogante.

—Claro… como si no hubieras disfrutado el beso.

La rabia le ardió en la sangre.

Y lo peor… fue no poder negarlo con la misma certeza de siempre.

Antes de que pudiera responder, los invitados comenzaron a rodearlos, llenándolos de felicitaciones, sonrisas y miradas inquisitivas.

Algunos murmuraban sobre un posible embarazo.

Otros fingían creer en un romance repentino.

Y unos pocos… los más peligrosos… observaban en silencio, atando cabos.

Porque en ese mundo, nada era tan perfecto como parecía.

Y todos sabían que una boda apresurada… casi nunca era por amor.

Henry Carrington se movía por el gran salón como si le perteneciera.

Seguro. Impecable. Intocable.

Las felicitaciones llegaban una tras otra, acompañadas de miradas de admiración… y envidia. No era para menos. Alexa Kingsley brillaba esa noche con una intensidad difícil de ignorar, y más de uno no podía evitar preguntarse cómo Henry había conseguido algo así.

Si tan solo supieran…

Henry observó a su esposa a la distancia, rodeada por un grupo de mujeres perfectamente arregladas y peligrosamente sonrientes. Las conocía bien. Detrás de cada cumplido había veneno, detrás de cada risa, una pregunta disfrazada.

Las “viperinas” de la alta sociedad.

Alexa, sin embargo, jugaba su papel a la perfección. Sonreía, elegante, radiante, levantando sutilmente la mano para dejar que el anillo captara la luz. Una joya Carrington. Oro puro, diamantes impecables, historia familiar grabada en cada detalle.

Encajaba en ella como si siempre le hubiera pertenecido.

—Vaya, vaya… Henry Carrington —la voz de Linzy White cortó sus pensamientos—. Nunca creí verte casado con una Kingsley.

Henry alzó una ceja, divertido.

—La vida da giros interesantes.

—Interesantes no es la palabra —replicó ella—. Ustedes se odiaban.

—Dicen que la línea entre el odio y el amor es bastante delgada.

Linzy lo observó con escepticismo.

—Siguen siendo completamente opuestos.

—Y eso es precisamente lo que lo hace funcionar.

—No siempre —intervino otra voz masculina.

Víctor apareció con su habitual sonrisa encantadora, esos hoyuelos que parecían desarmar a cualquiera.

—Míranos a Linzy y a mí. Demasiado parecidos… y un desastre. En cambio, Nadia y yo… somos como agua y aceite.

Linzy se tensó apenas.

Henry lo notó.

—¡Víctor! —lo saludó con un abrazo firme—. Siempre tan oportuno.

—Tenía que venir a comprobarlo con mis propios ojos —bromeó—. El soltero más codiciado finalmente cayó.

—Cuida lo que dices —murmuró Linzy—. Estás en su boda.

—Él sabe que tengo razón.

El ambiente se tensó lo justo para volverse incómodo.

—¿Cómo has estado, Linzy? —preguntó Henry, desviando la conversación.

—Bien… aunque podrías dejar de recordarme ciertas cosas —respondió ella con una sonrisa forzada—. Me alegra que tú y Nadia estén bien, Víctor. De verdad.

El arrepentimiento cruzó el rostro de su amigo, apenas un instante.

Henry intervino antes de que el silencio se volviera incómodo.

—¿Alguien ha visto a Diana?

—Henry, ya estás casado —replicó Linzy, dándole un ligero golpe en el brazo—. Deja de pensar en tu ex.

—Y empieza a valorar lo que tienes —añadió Nadia al llegar, con una sonrisa firme—. Alexa es una joya.

Henry soltó una risa baja.

—Modo protector activado, Nadia.

—No es broma —insistió ella, inclinándose apenas hacia él—. Mientras tú estás aquí… hay alguien más muy entretenido con tu esposa.

Eso fue suficiente.

Henry siguió la dirección de su mirada… y lo vio.

Aron.

Demasiado cerca. Demasiado cómodo. Demasiado interesado.

Algo oscuro se tensó en su interior.

Maldito imbécil…

Su mandíbula se endureció, pero su expresión no cambió. No podía armar una escena. No ahí.

Pero tampoco iba a permitirlo.

En cuestión de segundos, cruzó el salón.

—Cariño, te estaba buscando —dijo al llegar, deslizando el brazo alrededor de la cintura de Alexa con una naturalidad posesiva.

Alexa giró hacia él, manteniendo su sonrisa impecable… aunque el leve golpe que le dio en el hombro decía otra cosa.

—Qué coincidencia. Yo también.

El mensaje era claro: no me dejes sola otra vez.

Henry casi sonrió.

—Estaba ocupado con los invitados —respondió con calma antes de girarse—. Oh… Aron. No te había visto.

Mentira.

—Aún no me has felicitado.

—Felicidades, Carrington —dijo Aron, sin apartar los ojos de Alexa—. Te llevaste el mejor premio de la noche.

Su mirada descendió sin disimulo.

—Inglaterra definitivamente le sentó bien… Estás impresionante, Alexa.

El aire se tensó.

Henry no apartó la sonrisa, pero algo en sus ojos se volvió peligrosamente frío.

Podría romperte aquí mismo…

Pero no lo hizo.

En lugar de eso, acercó un poco más a Alexa, marcando territorio sin necesidad de palabras.

—Lo sé —respondió con suavidad calculada—. Por eso me casé con ella.

Una pausa.

—Y ahora, si nos disculpas… tenemos asuntos más importantes que atender.

La mirada que le lanzó fue suficiente.

Aron entendió.

Retrocedió.

Alexa giró, dándole la espalda sin dudarlo, y Henry aprovechó el movimiento para mantenerla cerca. Su mano descendió lentamente por su espalda, en un gesto que, desde fuera, parecía íntimo…

Demasiado íntimo para ser fingido.

Y quizá… eso era lo más peligroso de todo.

También te puede gustar

Portada de la novela ¿Amor? No. ¿Sexo? ¡Sí!
9.0
Tras vivir un matrimonio sin pasión, descubro que la supuesta impotencia de mi marido era una mentira: me engañaba con mi propia madre. Al borde del abismo, un misterioso hombre evita mi suicidio y terminamos compartiendo una noche de entrega absoluta. Convencida de que jamás volvería a cruzarme con él, el destino me reserva un giro perverso: el extraño que me devolvió el deseo es el prometido de mi tía y se convertirá en mi nuevo tío político.
Portada de la novela CEO Maverick
9.5
Remi, una hábil hacker apodada Rogue Angel, se ve forzada a infiltrarse en Rivera Tech para financiar la operación de su madre adoptiva. Bajo el chantaje de un sombrío enemigo, su misión es sabotear al implacable CEO Maverick Rivera. Sin embargo, el espionaje digital pronto deriva en una pasión irrefrenable. Mientras ella lucha por ocultar la verdad y protegerlo, el magnate se obsesiona con ella, negándose a permitir que se aleje de su vida.
Portada de la novela Cincuenta Mil Razones para Vengarme
9.1
Al intentar salir del restaurante de su hermano, una joven inversionista es retenida por una nueva gerente que le exige pagar una ridícula cuenta de cincuenta mil dólares, llena de cargos absurdos. Pese a identificarse como la hermana del dueño, solo recibe burlas y desprecio. Determinada a no dejarse humillar en este drama de romance multimillonario y alta sociedad, ella decide lanzar un ultimátum a su asistente para que su hermano despida a la empleada o perderá todo su respaldo financiero.
Portada de la novela Conquistando a la Mujer del Mafioso.
9.1
Kloe sufre los constantes maltratos del criminal George Harper hasta que su camino se cruza con Tom Blondet, un agente del FBI y magnate. Mientras Tom investiga al mafioso, surge entre ellos un amor profundo. No obstante, la joven enfrenta la peligrosa obsesión de sus hijastros; Oliver incluso lo arriesga todo, aunque ella lo rechaza. Ante este entorno hostil y violento, Tom diseña una estrategia final para liberarla y consolidar su futuro juntos.
Portada de la novela De Esposa Ignorada a Reina del Vino
8.8
Sofía Martín ha sido el pilar invisible de la bodega Vega Torres, pero su lealtad es pagada con una traición cruel. Su tía Carmen y su marido, Javier, planean un heredero con su prima Isabel. Todo cambia cuando Javier agrede a su hija Valentina por proteger a Sofía. Este ultraje transforma a la esposa abnegada en una mujer calculadora y feroz, decidida a desmantelar el patrimonio de quienes la humillaron y ejecutar una venganza absoluta.
Portada de la novela Destino del mi CEO
7.9
Con doce años, ella fue rescatada por un joven tras la amarga traición de su progenitor. Él se convirtió en su héroe, pero el destino los separó al abandonar la ciudad. Una década después, un incidente en un club nocturno provoca su arresto y un inesperado reencuentro: el oficial a cargo es su antiguo salvador, aunque él no logra reconocerla. Entre la búsqueda de la verdad y el dolor del abandono, ella enfrentará un pasado que resurge con fuerza.