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Portada de la novela Cariño, vuelve a amarme.

Cariño, vuelve a amarme.

Después de tres años de indiferencia y soledad, Claire elige divorciarse de Jareth Mars, el poderoso director de una multinacional que jamás supo valorarla. Sin embargo, su partida oculta una verdad impactante: ella está esperando un hijo. El tiempo transcurre y un encuentro inesperado obliga al magnate a enfrentar las consecuencias de su pasado. Claire ha vuelto, pero no está sola; Jareth descubrirá que ahora es padre de dos niños que mantuvo en secreto.
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Capítulo 2

— No sé de qué te extrañas, llevamos tres años casados y hemos estado juntos solo cinco días — explicó ella llena de sentimientos encontrados.

Por un lado, maldecía esos cinco días, por el otro se volvía loca de amor al pensar que dentro de ella había un pequeño bebé creciendo, uno que no crecería con la indiferencia total de su padre y tampoco con la culpa de ser lo que lo amarrara a ella.

Sabía que su esposa tenía razón, no era, ni había sido un buen esposo, todo lo contrario la había tratado como mucha frialdad e indiferencia. La única razón, era porque le costaba aceptar que si él era feliz era a causa de su padre, quien lo había obligado a unir su vida a esa mujer. Jareth creyó que se aburriría de su esposa, que tras firmar el divorcio encontraría motivos para alejarse de ella, pero tras conocerla y enamorarla, él también lo había hecho, pero no podía tolerar el hecho que había sido una imposición de su padre, una manera de salvar el negocio familiar y al mismo tiempo hacerlo crecer.

Así que la había evitado, la había hecho cargar con su molestia y al mismo tiempo le daba la excusa perfecta para mantenerse alejado de su esposa, y no aceptar sus sentimientos tanto propios como los de ella.

— Ya se hizo la fusión, así que no pierdes nada, solo un estorbo al que no tienes en cuenta, firma para que pueda arreglar mi vuelta a Londres y marcharme mañana mismo.

Tenía la excusa perfecta para divorciarse, para ser libre, en sus manos. Él había pensado desde un principio casarse y al año divorciarse, más se encontró buscando motivos esos tres años para no hacerlo. Ahora era ella quien quería el divorcio, ¿por qué? ¿Acaso había encontrado a alguien más?

Jareth no pudo permanecer más tiempo sentado tras el escritorio, se levantó con los papeles en las manos hasta quedar a un lado de ella, necesitaba las respuestas a las preguntas que rondaban en su cabeza.

—Dime, ¿acaso has encontrado a otro hombre? ¿Por eso es que quieres el divorcio?— le preguntó tomándola de su mentón y así obligarla a verlo.

Ella se sorprendió de la forma en que se acercó y maldijo internamente por el contacto de sus dedos que la hicieron estremecer por completo ¿Otro hombre? Maldito imbécil si no había podido dejar de amarlo a pesar de verlo para alguna presentación formal y poco más, a pesar de haberse acostado con él una única vez en tres años, a pesar de todo eso ella no dejaba de estar enamorada de ese hombre y le costaba creer la frialdad con la que la observaba.

— ¿Y si así fuera qué, sería lo más lógico, no crees?— preguntó sin aportar ni por un instante sus ojos de los de él, soportando estoicamente el desafío que veía en ese azul hielo que se clavaba en su mirada. — ¿Estuviste tres años ignorándome por eso, por qué había alguien más? 

Se apartó de él y giró el rostro intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir, le dolían mucho los ojos, aun así pudo contenerlas, pero no lo volvería a mirar, al menos no si quería que no notara como estaba.

— Yo me casé enamorada de ti, sabes, pero era solo un negocio para ti, así que por favor firma necesito volver a casa, a mi casa, no a ese lugar frío que se ha convertido en mi prisión.

Las palabras de ella fueron como una losa que cayó sin ningún tipo de piedad sobre su cabeza y su corazón, ahora que ella se iba es que se daba cuenta de lo que la quería. Se acercó nuevamente a ella, incapaz de esta vez negarse el estar cerca de ella como otras veces, acunando su rostro con su mano izquierda

—Por favor quédate— le pidió viéndola a los ojos— si lo haces todo será diferente— susurro eliminando la distancia entre su rostro y el de ella— prometo cambiar, déjame romper esos papeles.

— Yo…— su aliento la mortificaba,

su boca tan cerca la enloquecía, esa forma de latir que tenía su propio corazón tejía unos hilos invisibles que la mantenían sin querer alejarse de él — ¿Por qué ahora?— susurró contra su boca — En navidad yo creí que tú… — negó alejándose de él — pero solo fue un espejismo, no quiero volver a pasar por eso.

—Sé que te he herido — Murmuró cerrando sus ojos al sentir su aliento, si ella supiera lo que provocaba en él haciendo eso— lo sé, sé lo que creíste, porque yo también lo sentí — estuvo a punto de eliminar la distancia entre ellos antes de sentir que ella se alejaba

No podía permitir que lo hiciera, la detuvo en el acto, tomándola del talle de su cintura, aferrándose a ella, incapaz de resistirse más a no besarla.

—Lo volveré a pedir una vez más… quédate Claire…— pidió rozando sus labios, los cuales temblaron ante el roce entre los de su esposa, obligándose a abrir los ojos y poder ver cómo ella los cerraba antes de corresponder a su beso 

Era incapaz de resistirse a él, pasó los brazos tras su cuello y se pegó más a él mientras correspondía ese beso con todas esas ganas contenidas de no haberlo tocado en esos tres últimos meses, con el deseo que tenía de estar con él, jadeante contra su boca, temblorosa contra su cuerpo.

— ¿Por qué te marchaste de nuevo entonces?— ni siquiera se atrevió a abrir los ojos después de aquello para no encontrarse con su mirada y darse cuenta de que no era cierto.

—Tenía que hacerlo— murmuró sin ser capaz de darle una respuesta que lo hiciera parecer vulnerable.

Todavía le estaba costando aceptar que estaba enamorado de ella.

—Dime que no te irás…

Parecía tan real que Claire casi lo cree de nuevo, como el día en que le pidió que se casara con él en ese barco y también tres meses atrás cuando concibieron a…

— No, lo siento, debo irme— no sabía de dónde salía esa fuerza de voluntad, pero lo que sí hizo fue poner las manos sobre su pecho y apartarlo para marcharse — Firma, por favor.

Si ella deseaba el divorcio se lo daría, pero le haría pagar su decisión. No sería bueno que ella le demostraría de lo que él era capaz. Jamás se había considerado una persona capaz de sentir rencor por nadie, pero no podía dejar de sentir rencor por ella.

—¿Así que solo has venido hasta aquí por qué quieres mi firma?— Jareth sonrió de manera sarcástica y arrogante, tomando su pluma fuente favorita, agachándose sobre su escritorio para estampar su rúbrica y darle los papeles en sus manos.—Ya está hecho, ahora puedes irte. Solo espero que no te arrepientas después de tu decisión. 

Lo vio estampar su firma con tanta impasibilidad que sus ojos se humedecieron, pero era mejor así, se tocó el vientre todavía plano y negó. No podía quedarse ¿Ni siquiera era realmente su esposa, no ganaba nada estando ahí?

Dudo si por un instante debería contárselo, pero luego pensó que no, que en realidad solo eran sus ganas de que él la retuviera y sabía que lo haría, le daría muy mala prensa al CEO divorciarse de su mujer embarazada, pero no lo quería así, ella quería que la amara, pero en el corazón humano no se puede mandar.

— Adiós Jareth— dijo convencida caminando hasta la puerta, debía salir rápidamente de ahí antes de que él se diera cuenta de esas lágrimas que empezaban a resbalar por sus mejillas.

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