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Portada de la novela Cariño, vuelve a amarme.

Cariño, vuelve a amarme.

Después de tres años de indiferencia y soledad, Claire elige divorciarse de Jareth Mars, el poderoso director de una multinacional que jamás supo valorarla. Sin embargo, su partida oculta una verdad impactante: ella está esperando un hijo. El tiempo transcurre y un encuentro inesperado obliga al magnate a enfrentar las consecuencias de su pasado. Claire ha vuelto, pero no está sola; Jareth descubrirá que ahora es padre de dos niños que mantuvo en secreto.
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Capítulo 3

Jareth se encontró terminando la semana en la casa que evitó por más de tres años visitar, hasta la navidad pasada que estuvo por cinco días viviendo ahí.

— Robert lleva mis maletas al coche, por favor— pidió Claire recordando el pequeño desprendimiento placenta que había dicho el ginecólogo que tenía y por el cual debía intentar hacer reposo y no coger peso, según lo indicado, si cumplía con el reposo el desprendimiento se arreglaría solo.

Cuando llegó al salón se encontró con Jareth ahí, hubiera imaginado cualquier cosa, excepto ver a su esposo en la casa a la que no había acudido nunca, a excepción de las pasadas navidades.

— ¿Vienes a buscar las llaves personalmente?— preguntó ella, observando como los papeles que le había dado el ginecólogo estaban en la mesa, justo al lado de donde estaba él, desviando la mirada rápidamente para que no se diera cuenta de que algo le ocultaba.

Él tomó los papeles en sus manos, necesitaba entretenerse en algo que no fuera el dolor que le provocaba verla marchar.

—No, no es por eso que he venido— menciono dejando de ver los papeles y fija su mirada en la de su aun esposa. —Solo he venido a decirte que no tienes por qué irte tan rápido, todavía no se ha dado la resolución del divorcio y tú ya te estás marchando.

Sus ojos se abrieron muy grandes al verlo leer aquellos. Ella se acercó a él y se lo arrancó prácticamente de las manos.

— No puedes cotillear todo lo que encuentras por ahí.— le arrebató los papeles y se giró para que no viera su cara mientras se alejaba de él— tengo prisa por llegar a Londres, no hay nada que me retenga aquí.

—¿Qué es lo que me escondes?— le recrimino al verla quitarle los papeles de esa manera.

Esa mujer no paraba de alejarlo, de hacerlo sentir mal por su rechazo.

Aunque era consciente que la había, ignorado por tres años, ¿Acaso no le había sido fiel en esos tres años?

Camino tras ella quitándole los papeles, los cuales cayeron en el piso, dejando al descubierto, las fotos de una ecografía.

—¿Qué significa esto? ¡Respóndeme Claire! — le exigió tomando la foto de la ecografía —¿Estás embarazada?

Cuando la ecografía de su embarazo de tres meses cayó al suelo, ella no supo que decir, estaba paralizada por la situación, lo miró a los ojos ¿Qué iba a hacer, la había descubierto?

— Verás yo… ¿Qué pasaría si eso fuera cierto?

—No puedes irte si lo estás. ¿Dime lo estás?

La tomó por la muñeca, incapaz de contener su ira. Ahora todo parecía tener sentido. Por eso las prisas por irse, por separarse de él.

Lo que ella vio en sus ojos la asustó, de repente había visto derretirse el hielo para convertirse en furia, una furia que no podía permitirse encarar, no en ese momento ni en su estado, al menos eso le había dicho el ginecólogo, aquello era de todo menos la calma que debía tener.

—¡Contéstame, Claire!— le exigió. Ella era su mujer, no podía estar embarazada y si lo estaba, por supuesto que no la dejaría marchar. No, hasta saber de quién era ese hijo.

— ¡Suéltame, me haces daño!— gritó forcejeando con él para que le soltara la muñeca ¿Y si la obligaba a desprenderse de su bebé? No lo permitiría.

—No te dejaré ir, si no me contestas.

— Oh, sí me dejarás ir, casi prefería que me ignores a que me trates así — lo desafió con la mirada soltándose de su agarre, acariciando su muñeca lastimada para pasar el dolor de su agarre mientras las lágrimas caían por sus mejillas, odiaba ver esa expresión en su rostro. Sin duda había tomado una buena decisión alejándose de él.

—No, hasta que me digas la verdad— Jareth se dio cuenta de que odiaba herirla, ver sus ojos llenos de lágrimas y saber que él había provocado que ella llorara —Claire no puedes irte con un hijo mío en tu vientre.

Llevó su mano hasta el tabique de su nariz apretándolo. Tratando de controlarse y no decir algo de lo que se arrepintiera, más adelante de haber dicho. Pero la impaciencia y la falta de respuesta de ella lo superó.

— Jareth…— no podía seguir mintiéndole, debía contarle la verdad o eso estaba a punto de hacer cuando él la interrumpió sin dejar que terminara de hablar.

—Por qué es mi hijo, a menos que… — no se atrevió a decir la frase completa, pero su rostro y mirada lo decían todo.

— No… no te atrevas a decir lo que creo que vas a decir — Claire se acercó a él, desafiante, ya había dejado de llorar y ahora sus ojos solo reflejaban indignación y furia — Te di mi virginidad ese día en el barco y jamás estuve con nadie más que tú, así que en el hipotético caso de que estuviera embarazada solo podría ser tuyo.

Le arrancó la ecografía de las manos y la guardó con los demás papeles mientras empezaba a leer.

Su mirada se relajó al escucharla decir que era el único hombre con el que ella había estado, aunque eso era algo que sabía muy bien. Salvó el otro día que Robert no la siguió y fue a parar a su oficina, él siempre la había mantenido vigilada. No porque desconfiara de ella, más bien desconfiaba de los hombres que pudiera haber a su alrededor.

Claire era hermosa, muy hermosa y saber que ya no podría decir que era suya, lo tenía enfurecido.

— La paciente presenta una gestación de 12 semanas, vaya, justo coincide con los días que pasaste aquí o coincidiría si en los papeles no pusiera Chiara Strozzi, una de las asistentas que estaban a mi servicio en la casa, vino a presentarme su informe porque tienen un embarazo de riesgo y necesitaba un tiempo de baja.

Claire dejó caer los papeles sobre la mesa, resoplando y negando con la cabeza, para luego volver a observar a ese hombre que parecía no hartarse de romperle el corazón.

— Puedes estar tranquilo y ahora por favor déjame largarme tranquila.

—Me iré, pero deberías hacerme caso, deberías quedarte aquí, hasta que el juez emita el fallo del divorcio.

En el fondo se moría por decirle que la amaba, que era un tonto por haberla ignorado, pero no lo haría, tenía el orgullo herido ante la negativa de ella de quedarse a su lado y olvidarse del divorcio.

— Adiós Jareth — Fue la única respuesta que ella le dio mientras esperaba ver cómo abandonaba su salón para luego desmoronarse a solas.

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