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Portada de la novela Café Amargo: Aroma de Mujer

Café Amargo: Aroma de Mujer

Con la sed de vengar a su padre, Emiliano Quintero orquesta un matrimonio por interés en una hacienda de café. Para ejecutar su plan, persuade a Kael García, un capataz idéntico a él, para que asuma su identidad durante un año. Camila Montoya, la pareja de Kael, queda atrapada en esta peligrosa farsa. No obstante, una violenta emboscada durante la boda arruina el pacto. Entre traiciones y sangre, el trío enfrentará un destino lleno de secretos y riesgos.
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Capítulo 2

El chofer tenía el auto encendido. Valentina Subió sin esperar a Emiliano que se quedó en establo en la encrucijada que parecía cambiarlo todo. Ella susurró con furor. -¡Esto no termina así! -el aliento parecía abandonarla.

-¡Púdrete Emiliano! -grito ella observando al frente-. ¡Vámonos de aquí! -gritó, el auto arranco con prisa.

El vehículo avanzó por el camino de piedra. Dentro del auto, Valentina respiraba rápido, con las manos temblando. -¿Qué te sucedió, amor? -preguntó el chofer, mirándola por el espejo.

Su pregunta se soltó como un golpe inesperado, un golpe bajo. Santiago Cortez. Veintiocho años. El chofer que su padre había contratado "por confianza". Pero era el que ella había escogido por placer más que por elección de su padre. Santiago se coló como el chofer de la señorita, era la excusa perfecta para su romance a oscuras. ¡A escondidas!

Valentina apretó los labios. -¡El maldito de Emiliano! -dijo-. Tenía a su amante escondida en el establo. ¿Puedes creerlo?

Santiago frunció el ceño. -¿Qué? ¿Creí que eso no te importaba?

-¡Una pueblerina! - ella escupió por la ventana-. Una cualquiera que trabaja entre animales. Aun no puedo creer lo que vi. ¡Eso es lo que me indigna! Pensar que tengo que besarlo y dejar que me acaricie con esas manos sucias.

Santiago mantuvo el volante firme, pero su mandíbula se tensó. -No olvides que yo también vengo de un lugar humilde -dijo con la mirada clavada en el camino.

Valentina lo miro y respondió con fastidio en su voz. -¡No compares, Santiago! Tú eres diferente. Tú estás conmigo. Eres educado, decente. No eres como esa mujer.

Santiago no dijo nada por unos segundos. El camino comenzaba a hacerse largo. -¿Y ahora qué vas a hacer? -preguntó finalmente-. Tienes que casarte con el ¿O esto cambia las cosas?

Valentina apoyó la frente en el vidrio. -No lo sé -admitió con frustración-. Mi padre me dejó claro que no puedo permitir que este matrimonio se caiga. Todo su futuro está puesto en esto. ¡No pienso quedarme en la calle por el capricho de un hombre que no sabe lo que quiere!

Santiago la miró de reojo. -¿Eso significa que seguirás con el plan? -preguntó-. ¿Qué te casarás con él?

Valentina cerró los ojos. -Sí -dijo rapidamente-. Me casaré con Emiliano.

Santiago apretó los dedos contra el volante. -¿Qué va a pasar con nosotros? Llevamos años juntos y hasta ahora todo camina bien.

Valentina giró hacia él. Su mirada era firme, ardiente. -Emiliano será mi esposo -dijo-. Pero no será mi hombre. No pienso quedar embarazada. No habrá luna de miel. Lo mantendré lejos, creyendo que tiene una esposa cuando en realidad solo tendrá una fachada.

Santiago no sonrió, pero tampoco se confiaba. -¿Lejos? ¿Cómo podrías estar lejos si él será tu esposo? ¡Te obligara! Seguramente ya no podría ser tu chofer. ¡Tú amante!

Valentina sonrió apenas. -Tú eres el único que quiero en mi cama -respondió-. Emiliano no será un estorbo. ¡Mucho menos ahora que descubrí su traición!

Cuando Emiliano quedó de frente, Kael se congeló. El golpe fue visual. El mismo rostro, los mismos rasgos, la misma altura. La misma expresión, solo con otra forma de pararse, otra ropa, otra seguridad.

-Pero... -Kael tragó saliva- ¿Cómo es que somos?

-¿Iguales? -lo interrumpió Emiliano con la misma expresión que Kael. -No sabría decirlo.

Camila se soltó del brazo de Emiliano de inmediato. Corrió hacia Kael y se aferró a él como si fuera un salvavidas. -En verdad eres tú... -dijo, con la voz quebrada-. En verdad es tu esencia, pero entonces... ¿No será que ustedes comparten la misma sangre?

-¡Eso es imposible! -se escuchó a dúo en el establo.

Los dos respondieron al unisonó y la voz no se mezcló con ninguna otra, sino que solo con el mismo timbre de voz. -¡Seria imposible! -dijo Emiliano con certeza.

Hizo una pausa breve, miró a Kael de arriba abajo. -Tienes un parecido más que idéntico conmigo. -negando con la cabeza-. ¡Esto es absurdo! Es como verme en un espejo, pero vestido de campo. Casi como un mal sueño.

Kael apretó la mandíbula. -Estoy tan sorprendido como usted -respondió-. Pero definitivamente no somos iguales. Usted presume de su riqueza, yo soy un trabajador. Y no necesito presumir ni demostrar nada.

Emiliano arqueó una ceja. -Yo tampoco necesito demostrar nada -dijo-. El dinero no se demuestra, se tiene. Pero lo que sí es un problema es tu apariencia. Esto puede causar una confusión grave en la finca y en mi vida. -miró a su alrededor-. Así que alguien de los dos va a tener que salir de aquí -añadió-. Y no voy a ser yo.

-¡Kael! -dijo Camila, tirando suavemente de su brazo-. Es mejor que nos vayamos de este lugar. Encontraremos una vida mejor lejos de esta finca.

Las palabras atravesaron a Emiliano como un puñal. No lo esperaba. No sabía por qué le dolía. Pero le dolió. Ese simple "vámonos" le dejó claro algo que no quería aceptar: Camila no lo veía como una opción. Lo aceptó como un error. Reforzando el flechazo que fue inmediato. No fue deseo. Fue algo más incómodo. Algo parecido a querer lo que no se puede comprar.

Emiliano reaccionó antes de que Kael pudiera siquiera dar un paso. -¡Esperen! -dijo, bajando el rostro-. Tengo algo interesante que proponerles.

Kael frunció el ceño con desconcierto. -Nada que venga de usted puede interesarnos.

El silencio reinó por unos segundos, mientras que en el auto la conversación continuaba con planes e intrigas. -¿Cuánto tiempo? -le preguntó Santiago-. ¿Cuánto piensas esperar para que esto termine? Para marcharte conmigo lejos de tu familia.

Valentina lo miró fijamente. -El tiempo necesario para que nadie sospeche -respondió con serenidad-. Por lo menos necesitamos un año, no podemos marcharnos con la manos vacías.

Santiago respiró profundo. -¿Un año para divorciarte? -preguntó desconcertado-. ¡Eso es mucho tiempo!

Valentina inclinó la cabeza, acercándose a él con sus peligrosos labios. -¡Un año para algo mejor! -susurró-. Un año para la viudez no es mucho tiempo.

Santiago sonrió y atrapó sus labios con los de él. -¡Que no pase de un año! -respondió con la mirada penetrante y sus manos tocando algo más que solo el volante.

Valentina pidió que se detuviera al costado de la carretera. Santiago frenó. Ella se lanzó hacia él, lo besó con rabia. No hubo delicadeza. Solo urgencia. Valentina buscaba borrar la imagen del establo, la humillación aparente y la sensación de haber sido desplazada.

Santiago correspondió al beso, respirando fuerte, atrapado entre deseo y algo mucho más oscuro. -Aquí no -dijo él, separándola de su cuerpo-. Vámonos al hotel. ¡Ahí te desquitas de todo esto!

Valentina sonrió, aún con la respiración agitada. -¡Vámonos de aquí! -exclamó ella con fastidio-. ¡No soporto el olor del campo!

Ellos se alejaron, pero en el establo Kael Intentó darse la vuelta con Camila, pero ella se resistió. No por ambición, sino por intuición. Algo le decía que ese momento iba a definir muchas cosas. -¿Qué podría ser tan interesante como para proponernos? -preguntó Camila.

Emiliano exhaló con alivio. El hecho de que ella hablara le dio margen. Se acomodó, bajó un poco la guardia. -Cambiar vidas -respondió, sin rodeos.

Kael dio un paso con fortaleza. -¿Cambiar vidas? -repitió-. ¿Eso qué significa exactamente? ¿Cómo se supone que usted va a cambiar mi vida? ¡Eso es absurdo!

Emiliano lo miró con seriedad. -Negociemos -murmuro-. ¿Si te interesa? Se hace. ¿Si no? Desapareces de esta finca. Pero te advierto algo. -bajó la voz con advertencia-. Mi futuro suegro no puede siquiera saber de tu existencia. Podrías representar un peligro para ti y especialmente para Camila.

El nombre de ella flotó muy pesado en el aire. -¿Peligro? -Kael dio un paso más hacia adelante-. ¿Me está amenazando?

-No -respondió Emiliano-. Te estoy siendo honesto. Hay gente que no entiende coincidencias como esta. ¡Mucho menos cuando hay dinero, poder y un apellido de por medio!

Camila miró a Kael. -Escuchemos -le susurró-. Solo escuchemos. ¿Qué podría ser tan grave?

Kael dudó, pero finalmente acepto. -Habla ¿Cuál es tu propuesta?

Emiliano no retrocedió. Al contrario, dio un paso más cerca de Kael, bajando la voz. -Me caso con Valentina en una semana -murmuró con cuidado-. Eso no va a cambiar.

Camila pareció destruirse por dentro. -Entonces no hay nada que hablar.

-¡Sí lo hay! -respondió Emiliano, sin mirarla-. Kael, quiero que tomes mi lugar. ¡Que seas Emiliano Quintero! Y yo me quedo aquí, con tu vida, en esta finca. Como ¡Kael! ¿Aceptas?

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