
Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa
Capítulo 2
Khloe Tucker estaba furiosa. "¡Suelta a mi madre, Arabella! En aquel entonces, ella se ofreció a cuidar de ti y de Daisy por bondad, ¿y así le pagas? ¡¿Apareces después de desaparecer durante años, y actúas como si fueras una especie de heroína?! ¿Qué hiciste? ¿Te fugaste, te embarazaste y tuviste un hijo o algo por el estilo? ¡Qué vergüenza!".
Khloe miró a Arabella con odio, pero en el fondo esperaba que se quedara, porque tenerla de vuelta significaría más ayuda en casa.
Pero los ojos de la muchacha ya se habían vuelto fríos. Sin decir una palabra, entró en la casa y pateó la mesa con frustración. Los platos volaron por todas partes, estrellándose contra el suelo y rompiéndose en pedazos.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Arabella tomó dos jarrones y los lanzó directamente contra Khloe y su padre. Los pesados objetos golpearon sus rostros con un crujido sordo, y al instante la sangre brotó por sus mejillas, mientras ambos gritaban, conmocionados.
Entonces, la muchacha dijo con voz gélida: "Tienen un día. Fuera de mi casa". Sin esperar respuesta, salió furiosa con Daisy en brazos. Paró el primer taxi que vio y llevó a su hermana directo al hospital.
En la mansión, se desató el caos.
"¡Mamá! ¡Esa psicópata me atacó!", sollozó Khloe, mirando los arañazos en su rostro en el espejo. "¡¿Y si me quedan cicatrices?!".
Meagan estaba furiosa. "¡Se ha vuelto demasiado atrevida después de todos estos años! ¡Si vuelve a aparecer, no tendrá tanta suerte! ¡Ya no somos unos cualquiera! ¡Somos socios del Grupo Norman! ¡No hay forma de que pueda enfrentarse a nosotros!".
Le dio una palmadita reconfortante a Khloe. "No te preocupes, cariño. Te llevaré al hospital ahora mismo".
...
En el hospital, el médico examinó a Daisy y frunció el ceño. "Lleva un tiempo con la pierna rota y está cubierta de moretones. También le faltan algunos dientes. ¿Qué clase de hermana deja que algo así suceda?".
Arabella dijo en voz baja: "Es mi culpa".
El flequillo le caía sobre los ojos, ocultando lo que sentía en su interior.
El médico, al darse cuenta de su silencio, le habló con delicadeza. "Hice todo lo que pude por ahora, pero si alguien las ha estado maltratando, deben denunciarlo. Guardar silencio no solucionará nada".
Arabella asintió con la cabeza y se acercó a la cama de su hermana.
Daisy, que ahora tenía diecinueve años, parecía frágil y desgarradora. Su cuerpo delgado apenas se sostenía, y sus muñecas parecían más ramitas que extremidades.
Su pelo corto estaba desigual, seco y entrecortado, como si alguien se lo hubiera cortado con unas tijeras sin pensar.
Arabella levantó la manta con cuidado y se le encogió el corazón, porque la piel de Daisy contaba una historia horrible.
Sus piernas estaban cubiertas de marcas de latigazos antiguos, y sus brazos de quemaduras oscuras. Cada cicatriz era un grito de crueldad. Arabella contuvo el aliento y, sin poder evitarlo, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
"Bella...". La voz de Daisy era apenas un susurro.
La chica inmediatamente le tomó la mano. "Estoy aquí", dijo suavemente.
"Te... extrañé", murmuró Daisy con voz ronca.
Arabella le apretó la mano como si fuera un salvavidas. "Yo también te extrañé. Creí que, si trabajaba duro, podría darte una vida mejor, pero me equivoqué. No debí dejarte sola. Te lo juro, no volveré a irme".
La calidez de la voz de la muchacha pareció derretir la tensión de Daisy y, poco a poco, su expresión se suavizó.
Tras asegurarse de que su hermana estaba cómoda, Arabella fue a pagar.
"Sus gastos ya fueron pagados", dijo la enfermera con una sonrisa amable.
Arabella parpadeó. "¿Qué? ¿Quién pagó?".
Pensó en Joshua, pero rápidamente descartó la idea, pues era imposible que él supiera nada de esto todavía.
"¿Podría verificar quién hizo el pago?", preguntó.
La enfermera negó con la cabeza en señal de disculpa. "Lo siento, pero esa información es privada. ¿Quizás algún familiar ayudó?".
Al oír la palabra "familia", el rostro de Arabella se quedó petrificado. Asintió brevemente y se marchó sin decir nada más. Si alguien había ayudado, descubriría quién era.
Mientras tanto, al final del pasillo, Meagan caminaba junto a su hija, Khloe, que acababa de salir de urgencias con la cara vendada.
"No dejaré que Arabella se salga con la suya", gruñó la joven con voz amarga.
"Cálmate", dijo su madre con firmeza. "Si sigues enfadándote así, se te abrirán los puntos. Sé más como tu hermana, mantén la compostura en situaciones difíciles".
Eso pareció animar a Khloe, y una sonrisa satisfecha se dibujó en sus labios.
"Mientras mi hermana siga brillando, eso es lo único que importa. Ahora es la bailarina más joven de la Compañía de Danza Griridge. ¿De verdad pensaba Daisy que podía eclipsarla? Estaba delirando. Esa pierna rota fue el karma, si quieres mi opinión. Y si mi hermana se entera de cómo me trató Arabella... Oh, la hará pedazos".
"Tiene un gran espectáculo próximamente, así que no la distraigamos. Vamos poco a poco", le recordó Meagan.
Le dio un golpecito en la nariz a su hija, pero luego su expresión se endureció al ver a Arabella delante.
Khloe también la vio, y solo con eso volvió a sentir la humillación. Su ira se desbordó y, sin pensar, agarró su bolso y lo lanzó con todas sus fuerzas hacia la espalda de la muchacha.
Arabella reaccionó por instinto, pero, justo cuando se dio la vuelta, un hombre alto apareció en su campo de visión. Con reflejos rápidos y brazos firmes, atrapó el bolso por la correa en pleno aire, deteniéndolo con facilidad.
El tirón repentino hizo que Khloe perdiera el equilibrio y, con un grito de sorpresa, cayó al suelo.
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