Portada de la novela Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa

Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa

8.6 / 10.0
En Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa, Arabella usa su entrenamiento para castigar a quienes dañaron a su gemela. Esta modern novel de acción y mystery story narra su ascenso y el interés de un magnate en las populares billionaire romance books.
Resumen de Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa
Tras siete años de riguroso entrenamiento estatal, Arabella regresa para rescatar a su gemela y recuperar su hogar, ahora en manos de su ambiciosa tía. Decidida a vengarse, arruina a su pariente y se infiltra en el colegio de su hermana para enfrentar a sus agresores. Pese al desprecio social, cuenta con el apoyo de la ciencia y una estirpe influyente. Mientras imparte justicia, el implacable magnate Asher queda cautivado y exige ganar su corazón.
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Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa Capítulo 1

"Has superado innumerables tormentas a lo largo de los años. Bienvenida a casa, Arabella".

En la cena de celebración, un joven con un traje perfectamente entallado no podía apartar la mirada de Arabella Stanley.

Poseía una belleza sobrenatural, con rasgos definidos y un aura de fría distancia. Sus ojos penetrantes no revelaban sus pensamientos, y cuando hablaba, su voz transmitía el mismo frío glacial. "Ya me voy".

El joven, Joshua Willis, aprovechó el momento sin dudarlo. "Déjame llevarte a casa".

Arabella no opuso resistencia.

El auto avanzaba en silencio por la noche, y las luces de la ciudad se veían borrosas mientras Joshua le robaba miradas de reojo. "¿Cuándo piensas volver a la empresa? Nuestro imperio sigue prosperando".

Su alianza comenzó años atrás gracias a un proyecto inesperado, y él fue testigo directo de la brillantez de Arabella. La convenció para que unieran fuerzas, y juntos forjaron una empresa que ahora dominaba todo el sector.

La muchacha mantuvo su tono mesurado cuando respondió: "Lo decidiré cuando sea el momento adecuado. Por ahora, solo quiero llegar a casa".

"Lo entiendo perfectamente. Debes de estar deseando reunirte con Daisy. Supongo que ella ha tenido una buena vida estos años. He estado entregando todos los proyectos importantes al esposo de tu tía durante todos estos años". La sonrisa de Joshua se amplió mientras esperaba un gesto de reconocimiento.

Arabella y su hermana gemela, Daisy Stanley, habían perdido a sus padres a la tierna edad de seis años, y su tía, Meagan Tucker, se hizo cargo de ellas.

La joven le respondió con un sutil movimiento de cabeza. "Te lo agradezco".

Sus delicados dedos encontraron el colgante de flor de cerezo que descansaba sobre su pecho, lo abrió y dejó al descubierto una preciada fotografía de ella y Daisy.

Arabella lucía impasible en la imagen, mientras la sonrisa de su hermana irradiaba alegría pura.

Al contemplar el rostro radiante de Daisy, la muchacha sintió que una cálida sensación desconocida le suavizaba los rasgos.

Tras la trágica muerte de sus padres, las dos chicas se convirtieron en todo el mundo la una para la otra. Daisy siempre fue el rayo de sol de la familia, iluminando con su presencia cada lugar.

A los doce, Arabella fue reclutada por el gobierno para una operación secreta que duró siete años, y ahora que esta había concluido, por fin podía volver con su hermana.

Había enviado casi todos los cheques del gobierno a su hermana, asegurándose de que viviera cómoda y segura.

Joshua se sorprendió al ver su sonrisa.

¿La legendaria reina de hielo estaba sonriendo?

Su curiosidad por la hermana de Arabella se intensificó dramáticamente.

El auto se acercó a una comunidad residencial de lujo, donde cada propiedad contaba con su propio jardín bien cuidado.

El vehículo se detuvo frente a una casa.

Era la herencia que los padres de Arabella les habían dejado, y que ahora compartían Meagan y Daisy.

La mansión brillaba con luz cálida y resonaba con risas alegres.

Daisy parecía tener una buena vida.

Con ese pensamiento en mente, Arabella mantuvo su suave sonrisa mientras cruzaba el jardín delantero.

En una esquina de la propiedad había una caseta para perros desgastada por el tiempo.

Alguien estaba arrodillado junto a ella, en las sombras.

Bajo la tenue luz del atardecer, la joven no podía distinguir los rasgos de la persona, pero lograba ver cómo sacaba comida de un cuenco puesto en el suelo.

¿Por qué alguien comería junto a la caseta del perro?

Preocupada, frunció el ceño y se acercó con cautela.

La figura pareció sobresaltarse y se metió rápidamente en la caseta, lo que intensificó su confusión.

Entonces, una voz suave y temblorosa llegó desde el interior del refugio. "Por favor, no me pegues otra vez… No volveré a cometer ningún error. Tendré mucho más cuidado…".

Esa voz era la de Daisy.

Arabella sintió que el corazón se le desgarraba. Se adelantó y sacó a la persona de la caseta. Incluso a la pálida luz de la luna, reconoció enseguida a su querida hermana.

Daisy la miró fijamente, con los ojos llenos de incredulidad. "Tú…", susurró, como si temiera que su mente le estuviera jugando una mala pasada.

"Daisy, ¿de verdad eres tú?". Su voz temblaba de incredulidad.

Cuando la chica asintió débilmente, una furia intensa estalló dentro de Arabella, y sus ojos se encendieron con una ira volcánica.

"Bella...", susurró Daisy, todavía atrapada en el shock. "¿De verdad volviste?".

El momento le resultó tan surrealista a ella que le pareció una visión provocada por un deseo desesperado.

Arabella, intuyendo que algo andaba muy mal, extendió la mano para tocar la frente de su hermana. Su piel ardía por la fiebre. Antes de que lograra reaccionar, Daisy se desplomó en sus brazos, inerte como un trapo.

Arabella acunó a su hermana, cuyo cuerpo se sentía desgarradoramente frágil y helado a pesar de la fiebre que la consumía. Con ese gesto, su corazón se endureció.

En ese momento, la puerta principal de la casa se abrió de golpe.

"¡Daisy, criatura inútil! ¡Han pasado varios minutos y aún no has terminado de comer! ¡Entra inmediatamente y lava los platos!". La voz de Meagan cortó el aire nocturno como una navaja.

Arabella se giró despacio y clavó su mirada depredadora en su objetivo.

Meagan había cambiado muchísimo con los años. Antes era una mujer demacrada y exhausta, pero ahora respiraba opulencia: un abrigo de alta costura y joyas que centelleaban bajo la luz del porche, convirtiéndola en la encarnación absoluta de la elegancia.

La sangre de Meagan se heló bajo la mirada letal de la joven. "Tú... ¿Arabella? ¿Cuándo llegaste?".

"¿Qué le hiciste?". La aludida avanzó con pasos calculados, bajando la voz hasta convertirla en un susurro amenazador.

Meagan retrocedió por instinto, inquieta por la intensidad depredadora que ardía en los ojos de la joven. Pero enseguida recuperó la confianza, recordándose a sí misma que Arabella solo era una chiquilla.

Curvó los labios en una sonrisa cruel y espetó: "Daisy rompió un plato, así que le di el castigo que se merecía. Has estado ausente durante años, ¿tienes idea de lo difícil que ha sido la vida aquí? Nunca le dejé pasar hambre ni dormir sin techo. Si no fueran hijas de mi hermano, no habría perdido el tiempo con ninguna de las dos".

Con un gesto fulminante, Arabella extendió la mano y agarró a Meagan por el cuello, mientras su rostro se petrificaba en una máscara glacial. Esta jadeó con desesperación, arañando el férreo agarre de la muchacha. "Suéltame…".

"Esta es mi casa", declaró la chica, con una voz que sonaba como una sentencia de muerte y los ojos radiando intenciones letales. "Obligaste a Daisy a realizar tareas domésticas. La hiciste dormir en esa caseta para perros como un animal… Eres muy audaz, Meagan".

A la cálida luz que salía de la casa, Arabella por fin vio lo que su hermana había estado comiendo. Eran las sobras de la comida.

Mientras sostenía a su hermana, que parecía tan ligera como un pájaro moribundo y estaba pálida como un fantasma, completamente agotada, sintió que su corazón se rompía en mil pedazos.

¡Su preciosa Daisy había soportado esta pesadilla!

"Meagan...", dijo Arabella, con la voz cargada de una amenaza mortal. "Cuando te mudaste a nuestra casa, juraste solemnemente que cuidarías de mi hermana".

La mujer se enfureció al oír que esa chica la llamara por su nombre de pila, una falta de respeto que le dolió muchísimo.

Pero retrocedió al ver el brillo asesino que ardía en los ojos de Arabella.

Esta chica siempre había sido fundamentalmente diferente de los demás niños. Era fría y audaz, sin miedo a nada. Cuando vivía allí, Meagan había desempeñado el papel de tía cumplidora, aunque apenas llegaba al nivel más básico.

Pero en cuanto Arabella se marchó, la mujer tomó el control absoluto y aplastó sistemáticamente a la dulce Daisy bajo su cruel autoridad.

Nunca pensó que esa chica volvería para ser testigo de sus crímenes.

"¡Yo cuidé de Daisy! ¡Cometió un error, así que la castigué como correspondía! ¿Qué hay de terrible en eso?". Las palabras de Meagan murieron en su garganta cuando el agarre de la joven se hizo más fuerte, haciéndola sentir como si la muerte misma estuviera alcanzando su alma.

"¿Arabella?". El violento alboroto finalmente llamó la atención de las personas que estaban dentro. El esposo y la hija de Meagan se percataron de la confrontación mortal que se desarrollaba en su entrada.

Desde la puerta abierta de par en par, Arabella los observó: allí estaban, disfrutando de los lujos de una mansión espaciosa y bien decorada, con una mesa repleta de exquisitos manjares. Las personas que estaban dentro vestían prendas costosas que reflejaban comodidad y abundancia.

Mientras tanto, Daisy había estado durmiendo en una caseta para perros, comiendo sobras. Los ojos de Arabella se llenaron de lágrimas mientras la devastadora verdad la golpeaba con una fuerza abrumadora.

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Tabla de contenidos de Brillantez desenmascarada: el frío magnate quiere a su reina vengativa

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