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Portada de la novela Arder en libertad

Arder en libertad

Jessica Giovanna Blosson vive una crisis profunda tras una traición que desmorona su realidad. Rodeada de violencia y amenazas constantes, debe sobrevivir a un entorno despiadado mientras experimenta un despertar feminista. En su camino hacia la identidad y la autonomía, descubre un amor genuino que le permite sanar. Esta es una historia de crecimiento personal donde la protagonista arriesga todo para escapar de la hostilidad y alcanzar su libertad.
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Capítulo 3

La noche transcurrió entre risas y pláticas de madrugada, vimos películas y nos entretuvimos hasta que el sueño nos venció. A las 03:00am pudimos oír el sistema de seguridad de afuera y supimos que Pierce ya se había ido.

Cuando desperté a la mañana siguiente tomé mi celular y me entretuve unos minutos hasta que mamá entró sigilosa y abrió las cortinas. La luz de lleno golpeó mi rostro.

—Buen día… —Me sonrió ahora sí. —Vamos a desayunar, despiértala y bajen. —Ordenó antes de irse.

Poco tardé en ir al baño y alistarme. Cuando volví con mi amiga me arrojé sobre ella.

La escuché quejarse, pero no se preocupó en moverse.

—¡Ya despierta maldita sea! —Exclamé riendo.

—Quítate de encima, no respiro. —Chilló.

Finalmente sonreí complacida, dándole espacio para que pudiera reincorporarse.

Ambas bajamos distraídas platicando de un sinfín de cosas a la vez, como siempre. De pronto respiró abruptamente, ahogándose con su propia saliva.

—¿Qué diab…?

—Tu hermano le puso me gusta a mi foto. —Emitió, respirando agitada. Presioné mis labios.

—No tengo ningún hermano. —Respondí.

—¡No seas tonta! —Me gruñó, defendiéndolo. La miré horrorizada. —Bruno se sentiría muy mal si te oye decir algo así.

—¡¿Y a mi que diablos me importa si se siente mal?! ¡¿y por qué de pronto te preocupan sus sentimientos?!

—¡No seas así, Jessica, él...! —

Miré al frente y al hacerlo chocamos con Harry vistiendo increíblemente admirable de pies a cabeza. Me confundió verlo por la mañana y me aturdió saber cómo yo iba vestida.

Durante las mañanas los fines de semana siempre estábamos solas. Papá siempre trabaja.

Inconsciente me miré y di un respingo.

No subiría a vestirme nuevamente, sería vergonzoso.

—Buen día. —Dijo él con una hermosa sonrisa.

—Buen día. —Fue mi amiga quién respondió. Mamá mientras servía las tazas de té y café me lanzó una mirada llena de gritos, la desaprobación estaba en sus ojos. Si tan solo me lo hubiera dicho.

Manteniendo la calma de no explotar, en silencio caminé tranquila a las escaleras. Luego subí corriendo a mi habitación hasta al final del pasillo.

Me vestí completamente. Un jean y una blusa de tirantes negra, ésta iba a juego con mis botas altas.

Al mirar lo que acababa de quitarme sentí vergüenza, esos pedazos de tela no era ropa. Reí nerviosa bajando de nuevo.

Mamá hablaba con Tati.

—Sabes que Jessica es un desastre… —Le decía mamá. ¿Y ahora qué hice? Mi amiga sonrió.

—Un desastre increíble Lourdes. —Me defendió ella sin miedo. Mamá suspiró mirándola.

—Se me había olvidado hacer algo. —Me senté frente al café que esperaba por mí.

Tomé la taza entre mis manos y la llevé a mis labios.

—Vestirte. —Mencionó mamá, con una sonrisa cargada de reproche.

—¿Papá? —Ignoré su comentario.

—Trabaja. —Respondió ella, entonces miré a Harry, confundida.

—¿Qué haces aquí? —Solté sin cuidado.

—Me quedaré hasta que mis amigos dejen mi departamento. Estoy cargado de sobre turnos y necesito dormir. —Explicó con calma, tomando de su taza. Al bajarla me miró con interés.

Sonaba a días.

—¿Y dónde dormirás? —

—Deja las preguntas hija. —Me regaño mi madre.

—Anoche dormí en el cuarto de huéspedes. —Respondió. —Espero que no te moleste. —Lo miré unos instantes, sin saber que decir, no sabía si esto era bueno o malo, sin embargo, no debía importarme demasiado. —Si estás en descuerdo me iré, Jessica. Es tu hogar y no voy a invadirlo. Entiendo que aquí la mayoría son mujeres.

Tati sonrió. La había comprado.

—Lou no cuenta, ella te ama. —Respondió mamá, y entonces buscó mi mirada, esperando una respuesta. Me sorprendió no encontrar presiones en ella.

—No, está bien. —Negué respondiendo al fin. Porque después de todo él jamás me había hecho sentir incómoda de una mala manera. De hecho, me costaba aceptarlo y jamás lo diría en voz alta pero muy muy en el fondo me gustaba el ambiente con su presencia.

El cuarto de huéspedes estaba al lado del mío, pero eso no sería conflicto alguno porque cuando cada uno entrara a su habitación estaríamos con nuestra privacidad. Incluso en mi propia habitación tenía un cuarto de baño.

Harry me sonrió y de mí surgió una igual. Negué inconsciente, sin poder creerlo.

Me impresionaba que fuera tan...

Correcto.

—¿No contestarás? —Me habló Tati luego de un desayuno silencioso, o quizás fui yo quien no prestó atención a los siguientes minutos. La miré y ella señaló mi celular que estaba sobre la mesa.

Fue entonces cuando lo oí sonar. Mi mamá, aunque no le gustaban los celulares sobre la mesa cedió a que atendiera. Luego tomó su taza y se encaminó hasta la cocina habiendo ya terminado.

—¿Hola? —Dije sin siquiera haber mirado quien era el dueño de la llamada.

—Buen día cielo… —La voz de William se escuchó en la línea. Tontamente alejé el celular y la pantalla se iluminó con su nombre.

—Buen Día. —Sonreí, mi amiga bufó sonoramente. Evité mirar a los que estaban conmigo en la mesa. —¿Cómo amaneciste hoy? ¿Ese dolor de cabeza ya se fue? —

—¡Tengo una genial propuesta que hacerte! —Sonaba ansioso. —Elton hará una fiesta esta noche en su casa. Quiero, necesito que me acompañes. Quiero que vayas conmigo —Su tono me hizo reír. —Sé que no te dejan salir, lo sé, pero no acepto un "no" como respuesta. —

—No, Will, yo no sé si... —

—Tengo todo fríamente calculado. Pasaré por ti cuando no haya amenaza y te dejaré en la puerta de vuelta antes del amanecer, te cuidaré como siempre y nadie se enterará. —Me interrumpió. Esbocé una mueca.

Ya había hecho eso antes, lo hacía casi siempre, pero no estaba segura de querer seguir haciéndolo. Una vez me descubrieron y pasó con mis padres todo lo que tuvo que pasar, no obstante, poniéndome en sus lugares, tampoco me gustaba el hecho de que no supieran donde estaba.

Harry me estudiaba con determinación, pero su ceño estaba notablemente fruncido. A menudo suelo verlo de esa forma, fuera de casa su imagen es así de seria con el alrededor, y aquí adentro con nosotros la encuentro cuando está muy concentrado en algo, o cuando está disgustado o molesto.

—Te confirmo luego ¿sí? —Murmuré sin estar muy convencida.

—Amor...

—En realidad, —Repuse, —No puedo hablar ahora. —Porque si aceptaba, Harry, fuera lo que fuera, es amigo de papá.

—Oh, entiendo. Está bien cielo. —Me dijo. —Espero tu mensaje con un sí. Te amo. —Y Cortó la llamada.

—Yo a ti. —Respondí a la nada. Me terminé mi último sorbo de café y miré a mi amiga como si nada pasara. Ella puso los ojos en blanco.

—¿Saldrás? —El tono que el Doctor Pierce había usado en su única y concisa palabra fue firme y autoritaria, como si le molestara. Sabía bien todas las reglas de esta casa. Y a mí me molestó demasiado que me haya descubierto todo el tema de conversación con solo mirarme como lo había hecho.

Mamá entró hablándole a Harry logrando que quitara los ojos de mí. Ella y él se pusieron a recoger todo de la mesa. Mi amiga aprovechó la distracción de aquellos dos, tomó de mi mano y me llevó al patio trasero.

—¡Jessica! ¡Mierda! ¡Él actuó como si...! —Mi amiga lucía emocionada a medida que emitía cada palabra. Cerré muy bien la puerta corrediza de vidrio. Ella tomó una gran bocanada de aire. —Tuvo celos. —Soltó al fin. Me senté en el césped negando segura.

—No. No fue eso. Cree que tiene el poder de prohibirme algo solo porque es amigo de papá. Su tono de... autoridad fue obvio. ¿Quién se cree?

—Jessica, se le borró la maldita sonrisa. Y él siempre te mira como su fueras algo bellísimo y jodidamente interesante. Pero ahora... —Ella me miró como si no pudiera creerlo. —Dios, es verdad, no fueron celos, Jessica, es decir, ESE tipo de celos… Él… Yo no creo que él sea del tipo posesivo y estúpido. Creo que él estaba preocupado también.

—¡¿Preocupado?! ¿de qué? Eso es ridículo. —Pero mi voz casi no salió, y justamente por todo lo que acababa de decirme. Pero era tonto pensarlo, él no me miraba de esa forma, de ninguna forma en realidad.

—Los dos dedujimos que William te invitó a una fiesta. Pero tú dudaste, dudaste porque no querías y maldita sea, él te interrumpió cuando quisiste responder.

—Tati. —Esta vez reí. —Las personas suelen interrumpir a otras cuando están emocionadas.

—Y luego te insistió. Vimos que ya no sonreías, Jessica. Tu no lo quieres, sal de ahí.

—No tengo motivos para cortar con William, Tati. No comiences.

—Ya comencé. ¿Estás segura que no tienes motivos? —Replicó.

—Por supuesto que sí.

—Entonces dime todos los motivos del por cual sigues con él, enumérame motivos del por qué lo quieres. Dime todos los motivos que te alientan a ser su novia un día más de tu preciada vida. —Exasperó. Di un respingo.

—Porque... —Miré mis manos —Es bueno. Y lo quiero. —

Ella soltó un quejido.

—¡Fue lo más nefasto que oí de ti! "Porque es bueno y lo quiero" —Me imitó. Abrí la boca, escandalizada. —Jessica ese tipo de ahí afuera te hace sentir más que ese imbécil. Y todo lo que te produce Pierce siempre es bueno.

Le aparté la mirada, harta.

—¿Cuál es tu manía de compararlo con Pierce? Son completamente diferentes porque son diferentes y ni siquiera tiene sentido hacer la comparación. Pierce es solo… Pierce. ¡La idea de algo con él es realmente… graciosa e imposible! Y William es mi novio y no dejará de serlo. — Ella intentó replicar, pero la detuve. —Tati, es suficiente. Tú eres la racional entre nosotras siempre, recuérdalo.

Luego de un rato de silencio ella pareció calmar, pero luego suspiró escandalosamente.

—No te dejarán ir. —Murmuró.

—Exacto, por eso no dejaré que nadie me vea. —Dije con confianza. Ella abrió la boca.

—¡¿Entonces irás, aunque no quieras?!

—Si quiero.

—Jessica, me cae muy mal William, exactamente como una patada al estómago. —Emitió, muy seria. —No entiendo por qué diablos cedes a hacer lo que no quieres solo porque es él.

—No es para tanto, es una fiesta, siempre quiero ir a fiestas. —Sonreí. —Nadie tiene que enterarse. —Ella me miró cansada, sabiendo que no me haría cambiar de opinión.

—Cuidado con Harry, no quiero que te acuse con tu padre y vuelvan a castigarte, y en consecuencia no pueda verte en semanas. —Gruñó. —Y apenas llegas me mandas ubicación, no me fío de ninguno de esos tipos. Recuerda que son universitarios. No son más maduros, solo más grandes.

—Lo haré. —Asentí. —Gracias.

—No estoy de acuerdo.

—Lo sé. —Solté una risa.

Cuando mis decisiones arriesgadas y “peligrosas” no son junto a ella las desaprueba, lo que es entendible al tenerle desconfianza al mundo sin ella a mi lado, protegiéndome. A Tati la conocí hace años y de pronto se convirtió en la más increíble mejor amiga que pude tener en toda mi vida. Si algún día me faltara sería mi fin también.

—¿Estás mirándome con amor para que ya no esté enfadada contigo no es cierto? —Inquirió.

Solté una carcajada, negando.

—Si te miro con amor es porque te amo. —Le dije riendo.

—Bueno, eso ya lo sabía. Pero no me gusta que escapes con él.

La abracé, riendo.

—Voy a estar bien. —Le aseguré. Ella llorisqueó escandalosamente exagerada.

Rápidamente cambiamos de tema. Estábamos riendo cuando de pronto la puerta corrediza de vidrio traslúcido a metros se abrió, dejándonos ver a un castaño que nos miró curioso, y conocer esa mirada en él me produjo cosquillas. Inclinó su cabeza. Ambas, recostadas en el suelo le prestamos atención.

—¿Las interrumpo? —Preguntó, cuidadoso, pero entonces esbozó una sonrisa, asegurándose de que, aunque interrumpiera, respondiéramos que no, encantadas.

Solté una risa negando.

—Sal. —Le indiqué. —¿Qué sucede? —Me senté en el césped para mirarlo con más claridad. Acepté por primera vez que es condenadamente atractivo, y noté que el que tuviera actitudes o solo acciones de chico y no de adulto aburrido elegantemente correcto me producía una curiosidad rara también.

—Tu madre se fue a comprar para preparar el almuerzo o a comprar el almuerzo. —Una sonrisa de diversión brotó de su boca. —Y me sentí muy aburrido y solo ahí adentro. Estar en una casa tan grande solo se vuelve... más grande.

Estuve temporadas enteras sola con mi hermana pequeña cuando mamá y papá viajaban por trabajo, sabía lo que se sentía.

—Ven. —Le dije. Lancé una rápida mirada a mi amiga, la vi sonriente como el mismísimo gato de Alicia. Al percatarse de su emoción disimuló comenzando a teclear en su celular.

Me recosté con calma y Harry lo hizo junto a mí, lo que me sorprendió al siempre tener una postura tan… perfecta.

Cuando a menos de un metro, ambos en el suelo, me miró, encontré a una persona completamente diferente, es decir, no me miró lascivo como cualquier otro tipo, tampoco quiso seducirme con su mirada, no había intenciones de conquistarme mirándome como mira un tipo a alguien que sabe que se derrite si lo intenta. Aun así, sentí cosquillas, porque su mirada seria fue tan profunda que temí que leyera mis verdaderos pensamientos. Y de pronto quise apartar mis ojos de él porque me sentí indefensa, como si estuviera expuesta, desnuda frente a él, pero entendí que no podía.

Porque sus ojos parecían demostrarme que en él no había más que una persona increíble y eso me mantuvo ahí, sosteniéndole la mirada, como si no pudiera alejarla, y me costó aceptar que la persona frente a mí era a quien yo más deseaba.

Odiaba que fuera así.

—¿No irás a trabajar? —Me dispuse a decir, apartando la mirada por fin y dejándola en el cielo.

Él carraspeó, imitándome, antes de hablar.

—Tengo que ir como a las tres. Vuelvo a las nueve, pero si vengo con tu padre lo haré más tarde. —Cuando terminó volvió su mirada a mí y aunque no quise mirarlo también terminé haciéndolo. Mi interior se revolvió con furia.

Harry es diferente, y podría ser chiché decirlo, pero es verdad. Y considero que lo es porque es interesante, e inteligente, elegante y correcto. Es atento, a veces dulce y otras veces divertido. Cuando quiere seductor, un seductor que te hacer cortar la maldita respiración en un segundo. Pero, eso es todo, el que sea “diferente” no significa más. Quizás me atraía la incertidumbre de lo que podía encontrar en él, pero mi certeza me hacía estar consciente de que nuestra relación solo era a veces un juego que nos divertía a ambos cuando intentaba sin vergüenza que me derritiera por él. Además, el día anterior me había dejado claro que no permitiría nada más, y yo tampoco.

Además, quiero a William.

—¿Duermes bien aquí? —Le pregunté entonces, para platicar, pero luego recordé que yo no solía ser tan amable con él, de hecho, solía ser muy dura para que no me viera nunca como una chica más que está muerta por él. Lo vi sonreír. Aparté la mirada.

—Muy bien, gracias.

Asentí.

—Tampoco podrías quejarte… —Respondí. Lo noté sonreír aún más, divertido. —Y tus modales no te lo permitirían. —Entonces soltó una risa.

—Es cierto, pero verdaderamente estoy muy cómodo aquí, con TU familia. —Noté su énfasis y esta vez fui yo quien lo miró divertido.

—No volverás a oír de mí que mi familia es tuya Pierce. —Respondí, riendo. Él sonrió, humedeciendo sus labios con su lengua como un gesto propio de él, pero terminó riendo también.

—Lo intenté, no me culpes.

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