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Portada de la novela Anomalia de amor

Anomalia de amor

Isaac ha construido una vida apacible y solitaria, refugiado en la música y el arte tras el alejamiento de su familia. Esta calma se rompe cuando Aurora Parker entra en escena como una fuerza incontrolable que altera todo a su paso. Ante el desorden emocional que ella provoca, el joven deberá navegar por un territorio inexplorado y complejo: el impacto del primer amor, una anomalía que amenaza con transformar su mundo para siempre.
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Capítulo 1

Aurora

—¡Aurora Parker! —gritó mi maestra desde su escritorio mientras el resto de la clase se reía por lo bajo y murmuraba cosas sobre mí mientras seguían caminando tranquilamente hacia la salida. Dejé un pie suspendido en al aire antes de llegar a cruzar la puerta y me incorporé. Aún con mi pie alzado, giré sobre mí misma lentamente y puse mi mejor sonrisa de perrito degollado.

—¡Le juro por lo que más quiera que yo no tuve la culpa!—. Hablé rápidamente, acercándome con una  expresión dramática a su escritorio. Junté mis manos en señal de ruego antes de seguir justificándome, lo último que quería era terminar en detención otra vez esta semana. —No quise hacerle nada al gato —aseguré. Sabía que la táctica de hacerme la víctima había dejado de funcionar hace muchos años, pero no tenía nada que perder con intentarlo, bueno si mi dignidad pero no es como si no la perdiera cada ridículo día.

La profesora me miró de manera extraña antes de suspirar con cansancio y comenzar a hablar: —Aurora, no sé de qué me está hablando, pero creo que prefiero no saberlo.  —Murmuró esto último con la intensión de que yo no la escuchara pero lo hice muy bien y no la culpa ni yo quiero acordarme de lo que le paso al pobre gato. —En todo caso, no la estaba llamando por eso.

Oh, vaya si que parecía una idiota en ese momento. Cambié mi expresión a una confundida y dejé caer mis brazos a mis costados levantándome de mi vergonzosa  posición, que bueno que nadie más estaba en el salón.

Y justo cuando dije eso una risa resonó en el salón para recordarme que era una imbécil.

—Quería hablar contigo para ofrecerte  un pequeño favor. — Carraspeó y se levantó de su escritorio con una hoja en la mano, la rodeó y se puso frente a mí. —He notado lo mal que se te da mi clase —me entregó la última ilustración que habíamos hecho de tarea y yo la tomé algo confundida.

La miré con una mueca, pues si era verdad que no sabía hacer bien ni un círculo, pero podría considerarse arte abstracto, así que no estaba tan mal después de todo. Merezco mi nota.

—Sí, bueno, el arte no es mi fuerte. ¿Qué con eso? —le devolví el trabajo y ella lo dejo de nuevo en su escritorio. Volvió a mirarme, esta vez algo divertida.

Y así fue como mi profesora de arte se sumó a las persona que se divertían con mi desgracia, ya era demasiada larga esa lista.

—¿Cómo que qué hay con eso? Señorita Parker, si me sigue entregando trabajos de este tipo, voy a tener que reprobarla. —Me aseguró. Yo abrí mi boca, indignada en ese momento porque si reprobaba mi padre me mataba y si moría ya no podría seguir viendo mi serie preferida. Tampoco debía tratar así a mis trabajos, quiero decir, yo los hacía con todo el amor del mundo. Mi padre hasta los ponía en el refrigerador con imanes.  —Si le pido que me exprese un sentimiento a través de un dibujo, me espero algo que tenga sentido, como un paisaje oscuro, lluvia, sol… Pero tú  dibujaste una carita feliz con color amarillo. Sus dibujos parecen de una niña de tercero de primaria —acusó. Intenté indignarme, pero tenía tanta razón que solo pude sentir un poco de vergüenza de mis terribles dibujos. —Sé que necesita ayuda para aprobar esta materia, así que me he tomado la libertad de buscarle algo de tarea extra que le ayude a ganar los puntos que le faltan para aprobar con una nota decente.

Le sonreí. Era cierto que todo alumno odiaba hacer tarea extra, pero mis dibujos valían una mierda y prefería eso a reprobar, al fin deje mi mala suerte atrás.

—Genial, entonces. ¿Cuál será mi tarea? —una sonrisa algo maligna se situó en su rostro como si algo muy divertido para ella y desgraciado para mi estuviera apunto de pasar, y justo en ese momento, una silla resonó en el fondo de la clase y Isaac recogiendo su cosas fue lo siguiente que mis ojos capturaron.

Una vez la jirafa humana llegó junto a nosotras, la profesora le puso una mano en el hombro y me dijo:

—Iras a una convención de arte con Isacc Brown. —Señaló al chico con una sonrisa. La jirafa sólo entorno los ojos con fastidio y asintió.

Bien se que no le agrado a muchas personas, pero al menos disimula jirafa que tú tampoco eres santo de la devoción de nadie.

—¿Qué?  —le pregunté a la maestra con incredulidad cuando logre procesar toda la absurda situación —¿Por qué mejor no me pide que me suicide? Enviarme a una convención con él —señalé a la torre con rulos. —Significa acabar con dos pinceles clavados en mi pecho. ¡Es un psicópata!

Bien, puede que ahora me escuche como toda una mujer dura y fuerte, pero la realidad era que muy dentro de mi estaba muerta de miedo, ya que lo que decía no era mentira, Isaac era un poquito famoso por sus amigos, quienes se la pasan molestando a las persona por solo el hecho de respirar, así que no podría ni imaginarme que me harían a mi que lo insulte y acuse de psicópata. En ese preciso instante no sabía si correr, mudarme o cambiarme el nombre por haber metido la pata de una forma tan estúpida.

—Yo le dije lo mismo a la profesora. No voy a aguantar a una niña chillona he insoportable todo el fin de semana, acabaré suicidándome antes del domingo —me reprocho él con la ironía invadiendo cada una de sus sílabas.

Tal vez debería empezar a hablar de estupideces para intentar distraerlo y poder huir. ¿Cómo mierda iba a hacer para librarme de eso? Necesitaba salir viva, había muchos libros que aún no había leído y no quería quedarme con la duda, pero seguramente hoy sería mi último día viva gracias a mi bocota. Allá te voy abuelita.

—No me importan los problemas que tengan si quieren aprobar deben soportarse —aseguró la profesora, los dos nos quedamos perplejos mientras ella iba a recoger sus cosas. Luego de colgarse su bolso, nos observó con una expresión de irritación  —y si piensan suicidarse, háganlo, no estoy para tonterías de adolescentes, ahora  tengo que acompañar a mi mejor amiga a espiar a su esposo. —Y luego se fue del salón como si nada.

Ahora sí morí, me habían abandonado con el psicópata y sabía que acabaría reencontrándome con mi abuelita en el cielo, si es que voy allá después de burlarme de yisus.

—Mira, loca. —Espetó el moreno llamando mi atención nuevamente —Si me arruinas la convención y repruebo por tu culpa  yo mismo me  encargaré de arruinarte a ti. —amenazó mirándome fijamente a los ojos con la intensión de intimidarme.

Ay, sí. Mira como tiemblo del miedo, por favor tal vez su reputación y sus amigos den miedo pero su cara parece ser la de   un gato bebé no podía inducirle miedo a nadie con ese rostro, además ¿Quién se cree para hablarme así? Nadie va a intimidarme de esa manera, yo soy el diablo, en versión enano y despeinado, pero el diablo al final de día.

—Ajá. —Rodé los ojos, ocultando mi sutil carcajada que se escucharía hasta en la esquina.  —Vete a la mierda, Isaac.

Él me sonrió. Tenía esa sonrisa de película que resultaba terrorífica de lo bien estructurada que estaba, parecía angelical y demoníaca a la vez. Como si eso fuera posible, bueno ahora sabía que si lo era.

—A la mierda ¿en serio?  Supongo que puedes enseñarme el camino, has estado ahí muchas veces —comentó con arrogancia, seguro pensado que había ganado el muy desgraciado y era así. Luego empezó a caminar hacia la salida con porte triunfante la desgraciada jirafa. —Prefiero irme a otro sitio antes de estar con una anomalía como tú.  —Masculló quedándose con la última palabra.

Maldito imbécil, Pero esto no se iba a quedar así, me daba igual si tenía amigos que eran unos  psicópata asesino, nadie podría contra mi.

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