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Portada de la novela AMORES PELIGROSOS

AMORES PELIGROSOS

En el oscuro Manhattan, Daniel O'Donnell, gélido heredero mafioso, halla en la madre soltera Anabell Johnson una mezcla de redención y condena. Al mismo tiempo, la esclava Abigaíl Parker y Nicholas Silliman, un sicario sin memoria, luchan por escapar de un destino implacable. Estas crónicas independientes se entrelazan mediante el sufrimiento y la desesperación, demostrando que en este abismo criminal las segundas oportunidades son un lujo prohibido.
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Capítulo 2

Intrigado, y queriendo ver por segunda vez, los ojos que lo habían atrapado, no le dejaban tranquilo; llagada la noche y aprovechando la ausencia de su padre, Daniel aprovechó, y volvió a la casa de Anabell, sus hombres continuaban haciendo vigilancia.

—¿Joven, porque está aquí? —pregunto Alexander.

—Eso no te interesa, ¿Qué novedad me tienen?

—Toda ha estado en paz.

—Bien, pueden marcharse, yo me quedaré aquí —Daniel toco la puerta y para su sorpresa fue recibido por Amelia, la madre de Anabell—. Perdoné que llegue a esta hora y sin avisar, regrese para ver que este todo bien, después del incidente de esta mañana, ¿dónde está su hija?

—Ella está trabajando.

—¡¿A esta hora?! —cuestiono Daniel, un tanto sorprendido.

—Sí, su trabajo es algo complicado, ¿quieres pasar y esperarla? Como Liam está indispuesto, no creo que demore mucho.

Daniel entró, y por más que trataba de disimular, Amelia se percató de su intranquilidad.

—Dime muchacho, ¿qué quieres saber?, desde hace rato te veo moviendo tus piernas.

—No quiero verme como un entrometido, ¿pero cómo es que Anabell se convirtió en madre?, digo, a lo mucho tiene unos veintiún años.

—Cumplió veintidós el primero de este mes, y la maternidad de mi hija no fue algo deseado, quedó en embarazo a causa de los múltiples abusos a los que fue sometido.

—¿Su esposo la golpeaba?

—¡Ja, esposo! Anabell fue vendida por el hombre con el cual yo vivía.

—¿Cómo así, no comprendo?, ¿acaso su propio padre la hizo tal aberración?

—No fue así, yo me quedé en embarazo de ella por un hombre casado, el intento quedarse conmigo, pero tuve razones poderosas para alejarlo de mí, así que pase varios años sola, hasta que conocí un hombre que me manipulaba y hacía de mí lo que quisiera, el infeliz era adicto algo juego, y así que un día para saldar su deuda la vendió, yo intente protegerla, pero no pude, y la única opción fue infiltrarme en la casa donde mi hija fue apresada. No pongas esa cara de lástima, sí mi hija te viera, enseguida te pediría que te marcharas, a pesar de todas sus tinieblas ella tiene un gran carácter.

—No me malinterprete, no hice esos gestos por lástima, sino por tristeza, yo también perdí a mi madre, sé que significa ese dolor.

—Lo lamento.

—Pasó cuando tenía cinco años, ya lo superé.

—No cariño, ese tipo de ausencias jamás se olvidan.

—Cambiemos de tema, no me gusta hablar de mí, no hay nada bueno por decir, ¿dígame, cómo lograron escapar?

—Fue difícil, día a día era testigo de sus gritos; cuando llegaba a mi casa era atormentada, mi conciencia me gritaba qué yo también era cómplice, pero no tenía más opción que hacerme de la vista gorda, para fraguar mi plan.

—No imagino, lo torturante que fue para usted esa, situación.

—Claro que sí, hasta que me arme de valor y decidí sácala de ese lugar, pero en nuestra huida fuimos perseguidas y sufrimos un accidente debido a eso, termine en esta silla de ruedas; Anabell se enteró de su embrazo tres meses después, para ella no fue nada agradable, incluso al dar a luz sufrió depresión posparto, al mes de nacido de Liam intento ahogarlo y ella se cortó las venas.

—¡Dios!

—Ni yo misma sé, como ese angelito sobrevivió. Anabell tuvo que ser internada por tres meses.

—¿Pero ya está recuperada?

—Más o menos, ella continúa en terapia y medicación para calmar la ansiedad.

—¿Y el padre de su hijo, la ha buscado?

—No invoques eso. Ese hombre es un monstruo, además es el hermano de otro sanguinario. Ocultarnos aquí fue la mejor decisión.

—Tranquila le doy mi palabra, a partir de hoy yo seré su guardián.

—Te lo agradezco, pero déjame preguntarte, ¿te gusta mi hija?

—No, ella es… —Daniel no encontraba las palabras adecuadas para explicar por qué actuaba así—, creó que lo mejor es que me vaya, por lo que veo ella llegará tarde hoy—. Sintiéndose extrañado, Daniel regreso a su hogar.

No siempre la verdad es algo que queramos escuchar. A la maña siguiente, en lo que Daniel desayunaba para irse a sus clases, su padre llegó para hacerle una peculiar invitación.

—Hijo, espera un momento, quiero hablar contigo.

—No tengo tiempo, debo ir por una compañera, ella vive el Bronx, así que…

—¡Daniel por Dios!, no ignores mis peticiones, ese lugar es peligroso.

—No te hagas el buen padre, nunca has estado conmigo, cuando más te he necesitado.

—Tienes todo el derecho por estar enojado, anoche tu tío fue muy franco y caí en cuenta, deje que la angustia fulminara tu vida, tus sonrisas se convirtieron en desolación y desesperación.

—Despreocúpate, estoy vivo.

—No lo estás, no creas, que no me percato, que desde hace mucho, las sombras son las dueñas de tu vida, por favor dame una oportunidad.

—Has, lo que consideres conveniente, yo seguiré mi propio rumbo.

—Todo cambiará, eso te lo aseguro. Pronto renunciaré e iniciaremos una nueva vida.

—¿De verdad piensas, que la mafia, se deja así como así?

—Estoy preparando todo, no te preocupes.

—Como quieras, si ya terminaste me retiraré.

—Quiero hacerte una invitación, para que compartamos como padre e hijo. Mira aprovechando que mañana es sábado, en la noche quiero llevarte al Dark Night.

—¡Bueno, esto sí que es increíble!, ¿así que idea de compartir, es llevarme un bar?, te fajaste Jackson O’Donnell.

—Anímate hijo, ay una chica que te quiero presentar, es fantástica.

—Está bien, si voy contigo, ¿me dejarás en paz?

—Sí, así es.

—Trato hecho, iré.

Terminada la conversación con su padre, Daniel salió a toda prisa esperando encontrarse con Anabell, sin embargo, al llegar a su casa su madre le dijo que ella ya había salido con destino hacia al campus. Daniel subió a de nuevo su auto y condujo hasta llegar al campus, lo primero que hizo al llegar fue buscarla, hasta que la encontró y ahí estaba ella, pero lucia algo diferente.

—Anabell, ¿cómo sigue tu hijo?, ¿qué te ocurrió, porque traes lentes oscuros?

—Mi hijo está mejor, una vez más, te agradezco, ¿tú, cómo estás? Me quedé preocupada.

—Olvida lo de ayer, mi padre ya se encargó de eso. Hay otra cosa inquietante aquí, porque no me has respondido.

—Ah, sobre mi ojo no es nada, no te preocupes, anoche de tonta, no me fije y me golpee con la perrilla de la puerta.

—¿Segura que no me ocultas algo?

—¿Insinúas que soy una mentirosa?

—No te enojes, solo quiero acercarme más a ti.

—Mi compañía, no es algo que te convenga.

—¿Por qué hablas así?

—Yo me entiendo, ahora vayamos a clases.

—Bien, dame tu mano te ayudaré a levantarte —y de la nada, Zoe llegó para incomodar.

—¡Hola, mi amor!, ¿por qué no regresaste ayer? Tu ausencia me dejó angustiada.

—En primer lugar, no soy nada tuyo, y en segundo lugar; quitarme tus manos de encima.

—¡Qué agresivo eres! —Zoe no se rendiría tan fácil.

—Déjame en paz, Anabell, vamos.

—Sé contar, y aquí salgo sobrando, me iré.

—No te vayas —Daniel dejo plantada a Zoe para ir detrás de Anabell, la explicación que recibió por parte de ella no la convenció.

A medida que las clases avanzaron, Daniel se percató de la incomodidad de Anabell, por más que ella tratase de acomodarse no lo lograba.

—¡Anabell!, ¿estás bien? —preguntó él, en voz baja.

—Más o menos, aparte de mi ojo, me lastimé el pie, eso es lo que me está molestando, ya, pongamos atención o nos sacarán de clases.

Daniel seguía sin creerle a Anabell, esos moretones no eran producto de una caída, había algo más y él lo descubriría, así que terminada la clase decidió seguirla meticulosamente, primero vio que entro a una droguería por lo cual pensó que estaría comprando algún medicamento para su hijo, después vio que retiro cierta cantidad de dinero de un cajero automático de la zona central y por último la siguió hasta su casa, todo le pareció normal, pero la duda seguía latente, así que no se aguantó las ganas y decidió abordarla antes de que ella entrara a su casa.

—¡Anabell, espera por favor!

—¿Se puede saber qué haces aquí?

—Te seguí

—¡Que! ¿Y puedo saber por qué?

—Sé que no estuvo bien, pero necesitaba saber por qué estuviste tan extraño hoy en clases, parecías sufriendo.

—Daniel, te agradezco lo que hiciste el día de ayer por mí y mi hijo, pero es mejor que conserves distancia conmigo, no soy una mujer adecuada para ti.

—¿Por qué lo dices?

—Bien, no sé cómo tomarás esto —Anabell tomo aire, aunque no sabía qué reacción esperar, ella estaba consciente de que la verdad, tarde o temprano, saldría a flotes. ¡Soy una prostituta!

Ante tal confesión, Daniel quedo totalmente conmocionado, no se explicaba como eso era posible, pero eso no importo, él debía saber más de ella, así que siguió insistiendo para que ella se abriera.

—No me importa, quiero ser tu amigo, permítemelo por favor.

—Amigos dices, date cuenta, somos de mundos diferentes.

—¿Y cuál es el problema?

—Bien, has lo que te plazca, ¿quieres entrar conmigo?

—Sí.

Anabell y Daniel fueron recibidos, por Emily, quien se encargaba, de Amelia y Liam, mientras ella estaba por fuera.

—Bienvenidos.

—Gracias, Emily, ¿y dónde está mi madre?

—Ella está descansando en su habitación y el pequeño Liam está junto con ella.

—Bien, él es mi compañero de clases, Daniel O´Donnell.

—Mucho gusto.

—Igualmente joven, un placer conocerlo.

—Emily, por hoy ya te puedes ir, yo me encargaré.

—Sí, señorita, nos vemos mañana —en efecto, ella se marchó.

—¿Quieres algo de tomar?

—Lo que me des está bien, este… disculpa si soy “chismoso”, pero porque la enfermera no estuvo ayer.

—Sobre eso, ella tuvo un percance familiar, por lo general, ella es muy diligente.

—Entiendo.

—¿Te parece, si hago limonada?

—Perfecto.

—Entonces espera aquí, preparé un poco de limonada y algunos pasa bocas —Daniel esperaba en la sala, mientras Anabell preparaba todo.

—Listo, toma.

—Muchas gracias… Anabell yo…

—¿Quieres saber por qué hago, lo que hago?

—Olvídalo.

—Es mejor así, entre menos te involucres conmigo, mucho mejor

—Qué terca eres, dije que seré tu amigo y así lo haré.

—Después no digas que no te lo advertí.

El reloj empezaba su cuenta regresiva, el acercamiento entre Daniel y Anabell seria marcado, por…

Continuará

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