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Portada de la novela AMORES PELIGROSOS

AMORES PELIGROSOS

En el oscuro Manhattan, Daniel O'Donnell, gélido heredero mafioso, halla en la madre soltera Anabell Johnson una mezcla de redención y condena. Al mismo tiempo, la esclava Abigaíl Parker y Nicholas Silliman, un sicario sin memoria, luchan por escapar de un destino implacable. Estas crónicas independientes se entrelazan mediante el sufrimiento y la desesperación, demostrando que en este abismo criminal las segundas oportunidades son un lujo prohibido.
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Capítulo 3

Todo lo que tenga que ser, pasará en el momento justo y precioso. Llegada la noche del sábado Daniel no tuvo más opción, que cumplir el trato que había hecho con su padre

—Bien, papá, ya estoy listo.

—Excelente, me gusta que seas un hombre de palabra, no te arrepentirás la chica que te voy a presentar es maravillosa, por algo la pido solamente para mí cuando asisto al bar.

Al escuchar tal declaración Daniel quedo un poco pasmado, se preguntaba si esa chica y su padre tenían algo especial o solo era algo momentáneo; él tenía entendido que el lugar de su madre no sería reemplazado tan fácilmente.

Ambos salieron de casa con destino al bar, obviamente iban protegidos, no debían salir de su casa sin sus guardaespaldas y más si el clan enemigo estaba tras ellos.

—Papá, ¿era necesario, traer tantos hombres?

—Hijo, para ti no es un secreto que estoy en guerra con el clan enemigo, no puedo darles ventaja, dime ¿qué sería de mí si te pierdo?, te fallé dos veces, no lo haré una tercera.

Daniel no le respondió nada a su padre, en el camino estuvo callado. En el fondo estaba ansioso de conocer a aquella chica misteriosa; cuando llegaron al bar, fueron atendidos como reyes, Jackson, de inmediato pidió que llamaran a Christine, su chicha predilecta, no lo hicieron esperar y ahí estaba ella, con un vestido plateado con un gran escote en la espalda y con su cabello suelto hasta las caderas.

— Hola, preciosa, tú como siempre de impecable.

—Y usted tan halagador como siempre.

—Hoy quiero que atiendas a mi hijo, quiero que des tu mejor actuación y sabes a lo que me refiero.

—Lo comprendo perfectamente, ¿y dónde está él?

—Daniel, ven aquí hijo, déjame presentarte a Christine, ¿dime, no es fascinante?, su belleza es como un diamante.

—Mucho… ¡Anabell! ¿Eres tú? —él, no podía creer lo que veían sus ojos, era ella.

—¡Oh! Ya se conocía —Jackson, no alcanzaba a comprender, el porqué de la tensión que se creó—. ¡Respóndanme!, ¿esta no es, la primera vez que se ven, no es así?

—Claro que si —Daniel saco del bar a Anabell inmediatamente, estaba totalmente furioso, no entendía por qué su padre era tan especial con ella.

—¡Suéltame, que me estás lastimando!

—Así que eres, él juegue de mi padre. Vaya, no me sorprende, que resultaras, ser toda una zorr…

—A mí me respetas imbécil —llena de furia Anabell abofeteó a Daniel—, en primer lugar yo no soy la puta de nadie y segundo no sabía que él era tu padre.

—¡Ja! No me hagas reír, no eres más, que una sucia.

—Si lo soy, pero no por gusto propio, sino por circunstancias ajenas que tú conoces, yo misma te las conté, ¡qué estúpido de mi parte, haber pensado que eras diferente!

—¡Respeto!, eso díselo a un idiota, pero a mí no, ¿hace cuánto te acuestas con él?

—¿Por qué debería darte explicaciones?, y si ya terminaste tu show, debo ir a tender a mi cliente.

—No, de aquí no te vas hasta que me digas todo.

---Ya que insistes: tu padre nunca me ha tocado, ¡lo entiendes!, no lo hemos hecho.

—No quieras verme la cara, esta es tu profesión

—Sí, es cierto, pero a diferencia de los otros cerdos, tu padre solo habla conmigo; no hay un solo instante en el que no me diga que extraña a su esposa y que se siente miserable, que solo desea morirse

—No te creo.

—Eso es asunto tuyo, tu padre sigue al pie de los negocios, porque es su deber, y porque no quiere dejarte solo, eso es todo. Él no se atrevería a traicionar el recuerdo de tu madre, solo me considera como su confidente y amiga, y si ya, estás satisfecho, me voy, ah, y si no me crees, habla con él.

Daniel no pronuncio ni una sola palabra y la dejo ir, cuando entro al bar vio en la forma en que ambos hablaban y en efecto, no estaban coqueteando, es más, se veían como dos grandes amigos, Daniel fue hacia la mesa donde ellos estaban, apenas Anabell lo vio se paró de la mesa.

—Me puedes decir que paso entre ustedes, porque Christine, se fue tan furiosa.

—Papá, quiero preguntarte algo.

—Estás bien, que tanto hablaban ustedes dos, ¿ustedes se conocen? ¿Qué deseas saber?

—Sé que esto sonara raro, ¿alguna vez, te has acostado con ella?

—¿Con quién, con Christine?, no hijo, eso es imposible, ella podría ser mi hija. La considero como una amiga, a pesar de que es menor que yo, te sorprendería por lo que ha pasado, ¿sabías fue vendida, por el hombre que la crio?, no es su padre, el infeliz era un adicto que llego a la vida de su madre, y como ella estaba necesitada de afecto, pues soporto muchas situaciones; por fortuna su madre pudo infiltrarse en la casa de aquel pedazo de mierda y la rescató. Y como si no fuera poco, su hijo, nació con un extraño síndrome, esa pobre chica solo quiere ser feliz con su familia, y convertirse en una gran arquitecta, como tú.

Daniel tragó en seco, se sentía como el mayor de los estúpidos, así que fue en busca de ella, le pidió al mesero el número de la habitación y en seguida fue a buscarla.

—Anabell ¿Puedo entrar?

—¿Qué es lo que quieres? Lo que tenías que decir ya lo hiciste márchate, no estoy de humor para soportar tus humillaciones.

—Déjame pasar, solo quiero disculparme por mi actuación de hace un momento.

—Bien, habla.

—Una vez más, vengo como aquel perro, con el rabo entre las patas. Discúlpame lo de hace rato no debió pasar.

—Ya estoy acostumbrada, a tipos como tú, que creen que por ser lo que soy, debo revolcarme en la basura.

—Sé que me comporte como el peor de los estúpidos, pero entiende, pensé que te acostabas con mi padre.

—Ya te dije que estoy bien, es parte de mi trabajo, además estás aquí por un servicio y te lo voy a dar.

En ese instante Anabell se empezó a desnudar para Daniel, aunque al principio él trató de resistirse, no pudo contenerse y tuvo una notable erección que se asomaba bajo su pantalón.

—¿Con qué eres, muy fácil de calentar? —Anabell le abrió la cremallera a Daniel—. Es de buen tamaño, eso no puede negar, bien manos a la obra—. Deseosa de disfrutar, ese gran manjar que tenía enfrente; ella se arrodilló, lo observo por unos segundos, y sin más, mordió la punta un poco para excitarlo.

—¡Hmgp…! No hagas eso —para ese instante, él ya había sido arrastrado, su respiración entrecortada, era una notoria respuesta.

—Saliste muy delicado, en fin — Anabell comenzó a hacer maravillas con sus labios—. Deja de moverte, o no podré continuar.

—¡Hmgp…!, es que tus mamadas… están haciendo que yo… —la forma en que estaba siendo devorado, era más que fascinante para él.

Después de una función increíble, Daniel le dio como recompensa a Anabell un exquisito postre.

—Lo siento, no pude contenerme.

—Descuida, tiene un buen sabor, además, te dije que te iba a dar un buen servicio, y así lo hice.

Anabell se paró con el objetivo de vestirse, y salir de aquella habitación, pero Daniel, la detuvo agarrándola fuertemente del brazo.

—Espera, no te vayas, es tu turno —Daniel la arrincono contra la pared—. Voy por ti, créeme, yo también tengo mis trucos—. Acto seguido; la tumbo en la cama, y aprovechando la sensual desnudez, abrió las piernas de Anabell, para saborear su dulce timbre.

Las explosiones de placer que Anabell sentía en ese instante eran tan majestuosas que ella solo pedía más y más, esa petición hacía que Daniel se encendiera aún más, tanto que no lo pensó dos veces, para hacerla suya.

—¡Ey! Tú… —Anabell estaba hipnotizada—. Por lo cual pidió, que no se detuviera.

—Quien dijo, que te dejaría escapar —como buen amante a aumento la intensidad de sus movimientos.

Anabell era inundada por un torrente de pasión, las embestidas recibidas, la hicieron perder el control, por lo cual; apretaba fuertemente las sabanas con sus manos, mordía sus labios y se contraía hasta más no poder, hasta que por fin llego la gloria.

Daniel se recostó un rato para descansar, Anabell por su parte fue a la ducha para refrescarse. En lo que el agua corría, Daniel era un mar de sensaciones, si bien era cierto que durante su instancia en París, él tuvo diferentes acompañantes, todo había sido diferente en ese pequeño instante.

—Bueno, ya puedes irte, ya te di el servicio, págame y lo otro se lo das a mi jefe—. Ella salió de la ducha, ya no era la chica que se mostraba vulnerable, su mirada era fría.

—¿Cómo dices? —Dale, no salía de su trance, ¿acaso ella?..

—Lo que escuchaste, ya fuiste atendido. Salte, para que venga otro cliente, tú mismo lo dijiste, esto es lo que soy.

—No, espera por favor, sé que te lastime y te ofendí, pero no podemos quedar así, dime, ¿acaso lo de ahora rato fue fingido? Tus súplicas para que te diera más de mí.

—Todo eso fue por la excitación, por supuesto que lo disfrute, pero solo fue eso, placer y nada más.

—No fue placer, yo sentí algo diferente estando contigo, algo que jamás había experimentado.

—Despierta niño, hace un rato, me trataste de lo peor, ¿y ahora te enamoraste por un simple rato de euforia?, deja de ser tan ridículo. Si no quieres pagarme no lo hagas, iré con tu padre.

—No irás con él —Daniel tomo fuertemente a Anabell por su brazo derecho

—¡Suéltame, me estás lastimando!, ¿Qué quieres, no tuviste suficiente?

—Escúchame, estás molesta lo entiendo, confiaste en mí y lo que yo hice fue juzgarte, ¿qué puedo hacer para que me disculpes?

—¡Ja! Sácame de aquí

—Eso será pan comido, vamos.

—Déjate de estupideces, no caeré ante tus caprichos.

—No eres un juego, desde este momento, tú me pertenecerás.

Las decisiones que tomamos, motivados por la efervescencia de la lujuria, hacen que nos convirtamos en una marioneta.

Continuará

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