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Portada de la novela • AMOR Y VENGANZA •

• AMOR Y VENGANZA •

Tras sufrir la traición de su marido, Oliver James, y perder trágicamente a su hijo, Sheila Myers queda sumida en la desesperación. En su momento más oscuro, aparece Axel Morgan, el indómito heredero de un emporio de fragancias, quien la rescata para proponerle un pacto inesperado. Presionado por su progenitor para contraer nupcias, Axel ofrece a Sheila una alianza estratégica. Ahora, ella deberá decidir si busca justicia o se deja consumir por su pasado.
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Capítulo 2

Axel conducía a gran velocidad, lejos de la casa de sus padres.

Él se desquitaba en ese momento con el acelerador, todo debido a la discusión que se presentó en su hogar minutos atrás.

Su padre le había dado un estúpido ultimátum. Y era que, a sus veintitantos años de edad él no había legado a formalizar ninguna clase de relación con una mujer, y esto, era una gran ofensa para su familia paterna.

En los planes de Axel no había llegado a estar ni remotamente contemplada la idea de formar una familia.

Él era conocido por ser un alma libre que ninguna mujer podría llegar a dominar. Esa era una gran ventaja para él, en su percepción de las cosas, pero para su padre, una gran preocupación.

Axel necesitaba a alguien que fuera su polo a tierra, por esa razón su padre decidió ser mucho más radical con la manera de tratar con su hijo.

«Si no te casas en el siguiente mes, le daré la compañía a tu tío George»

Eso fue lo único que su padre objetó en el momento en que le dio la cara a su único hijo.

—¡¿Quién va a casarse en menos de un mes?! Soltó de un grito.

Estaba completamente enfurecido con su padre, y no le parecía nada sensata la decisión que este había tomado.

—El tío George es un derrochador ¡la compañía no soportaría ni un fin de semana a su cargo! —continuaba quejándose, reconociendo que su padre había perdido la poca cordura que le quedaba.

La atención de Axel fue capturada por una figura femenina, a uno de los costados del puente, un lugar en el que las personas se detenían a admirar el paisaje, la mujer se encontraba en un estado deplorable.

En el instante en que notó cómo ella escalaba el pasamanos de la reja de seguridad, notó que algo no estaba bien.

Frenó el auto en seco y corrió en dirección a la chica, la cual aún estaba con su ropa de hospital.

—¿Está bien? —preguntó con un hilo de voz. —¡No lo haga! ¡No lo haga, por favor! —el desespero en la voz de Axel era mucho mayor, considerando que su madre se había suicidado cuando él era un bebé recién nacido.

El rostro de Sheila estaba hinchado y rojizo de tanto llorar, su mirada era vacía.

—Déjeme, por favor —balbuceó ella con dificultad.

—No lo haga, piense en su familia —dijo con suavidad esperando a que la joven regresara a sus sentidos.

—¿Familia? —una dolida y burlona sonrisa apareció en su rostro. —No tengo familia.

Axel enmudeció.

—Mis padres no me reconocen como hija, mi esposo me engañó y acabo de perder a mi hijo ¿Acaso me quedan más motivos para vivir? —su mirada impotente se posó sobre Axel.

—Respire, por favor, piénselo bien —insistió tratando de llevarla lejos del puente.

—Ya he muerto ¿no lo ve? No tengo motivos para continuar aquí.

Los sollozos y el llanto de Sheila eran incontrolables. Era tanta su angustia que deseaba terminar con todo, pero ese hombre, ¡era culpa de ese hombre que no le permitía morir!

La vista de la chica se nubló, todo pareció tambalearse y terminó inconsciente entre los brazos de Axel, quien no dudó en llevarla al hospital más cercano.

En el momento en que la enfermera la vio, se dio cuenta de que se trataba de la paciente desaparecida, aquella que se había escapado hace un par de horas y llevaban buscando durante todo ese tiempo.

Sheila había perdido a su bebé hace poco, por lo que su estado aún era bastante delicado, la hemorragia podría regresar en cualquier momento si no se cuidaba de guardar el suficiente reposo.

—¿Es usted su acompañante? —cuestionó la enfermera.

Axel, al ver la lamentable condición de la mujer, asintió.

—El hombre que vino con ella hace unas horas, se marchó luego de discutir con la paciente, al parecer se fue con otra mujer —dijo ella cubriendo su boca de repente, había hablado de más.

«¿Ese hombre, era su esposo?»

Se preguntaba Axel lanzando un suspiro.

Las palabras de la mujer no dejaban de resonar en su cabeza, y algo dentro de él le decía que no era tan sencillo como parecía.

La imagen de su madre saltó a su vista de un momento a otro.

«¿Es una señal de mi madre para ayudar?»

Cuestionó mentalmente mientras descubría qué hacer.

—¿Me puede dar la descripción de ese hombre, por favor?

—No debo dar información personal, señor —sentenció la mujer con seguridad.

Sin embargo, Axel no era el tipo de persona que se rendiría con facilidad, deseaba saber qué había sucedido con esa extraña mujer y lo lograría.

Sus pasos se dirigieron a la dirección del hospital, en el que amenazaría al director con volver trizas a la edificación si no se le permitía el acceso a las cámaras de seguridad.

Los minutos pasaron y Axel obtuvo lo que quería, ante sus ojos se reproducía la escena de la habitación de Sheila.

Ver cómo el gesto del hombre cambió de manera repentina en el instante mismo en que la médico salió del lugar, era completamente repugnante para el joven, más aún, cuando las palabras que le decía a Sheila eran hirientes, y Axel no podía distinguir entre ellas.

El estómago de Axel se sintió extraño, cómo si un nudo se formara en este, produciéndole nauseas.

Sheila, por su parte, había sido sedada, cuando abrió sus ojos lo primero que hizo fue intentar escapar una vez más, estaba claro que su mente estaba jugando en su contra, y dejarla sola no era opción.

Axel regresó a la habitación de Sheila, a sus ojos ella parecía un pequeño e indefenso ser, tenía ganas de preguntarle acerca de lo que esa escoria se había atrevido a decirle, pero no era lo más recomendado considerando que ella estuvo a punto de saltar de un puente hace tan solo un par de minutos.

—Ese rostro, lo he visto antes —se dijo a sí mismo refiriéndose al esposo de Sheila.

Y no estaba mal, Oliver era uno de sus trabajadores.

No exactamente de él, sino que se había ganado el aprecio de su padre, y este le había otrogado un puesto bastante alto en la compañía.

Axel se apoyó en una de las paredes, se encontraba pensando en sí Sheila era realmente su esposa o no.

«Cuando cenó con mi padre, llevaba a otra acompañante»

Una vez más, el estómago de Axel se revolvió, él no podía digerir bien lo que estaba sucediendo.

Uno de los hombres de confianza de su padre estaba engañando, no solo a su esposa sino también a su progenitor.

—Harry, investiga a Oliver James —sentenció a través de su celular.

«¿Qué cosas esconderá ese hombre?»

—No es necesario que haga esto por mí —susurró Sheila lanzando un pequeño suspiro.

En ese momento ambos se encontraban en el interior del auto de Axel. Él la estaba llevando en dirección de una de las cabañas familiares, las cuales eran poco usadas por la familia.

—No puedo dejarla sola en una situación cómo esas, usted aún se encuentra en un estado delicado, señora James.

Las palabras de Axel eran firmes, no cambiaría de opinión tan fácilmente, no cuando el hombre que posiblemente había engañado a su padre, era el marido de esa mujer. Y no solo lo había engañado a él, sino también a su esposa.

—Me llamo Sheila —masculló desviando su mirada en dirección a la ventana.

Su cuerpo se encontraba extremadamente agotado, no solamente su cuerpo, sino su alma, su mente estaba tan cansada que desearía poder hacer que todas las cosas terminaran para ella, estaba decidida a hacerlo, pero el hombre que estaba a su lado, él no dejaría que Sheila acabara con su vida.

Lo había estado estorbando desde el primer instante en que se vieron.

«Si sigo cerca de él, no me dejará morir»

Pensaba Sheila constantemente.

Llegaron a la cabaña de los Morgan, el silencio estaba reinando en el ambiente ¿Qué podría decir alguno de ellos si apenas conocían sus nombres?

La información que había solicitado Axel, llegó a sus manos. En efecto se trataba del mismo hombre, él había llevado a una mujer diferente a la reunión con su padre, y no solo eso, la había hecho pasar como su legítima esposa.

Esa mujer había sido vista al lado de Oliver en más de una ocasión, extrañamente, no era la misma con la que Sheila los había encontrado ese día en su cama.

¿Axel debería preguntar acerca del esposo de Sheila? ¿Ese era el momento oportuno?

—Siento ser una carga para usted, señor Morgan.

A pesar de que Sheila se dirigiera a Axel, su mirada nunca se posaba en él.

Estaba molesta, completamente enfurecida de que él no la hubiera dejado saltar de ese puente, porque si lo hubiera hecho, ella no tendría más preocupaciones hasta ese momento. Ella ya habría olvidado la imagen de su esposo revolcándose en su cama con otra mujer, quién sabe con cuántas más ese hombre se atrevió a engañarla.

—Es lo menos que puedo hacer por la esposa de uno de los trabajadores de mi padre.

Aquellas palabras cayeron como un balde de agua fría sobre Sheila, pues su esposo no trabajaba en la compañía Morgan, sino como recepcionista en un hotel.

—¿De su padre? Por un momento pensé que la compañía Morgan solo se especializaba en la fabricación de perfumes, y no que también tuviera cadenas hoteleras.

—Y tiene razón, solo nos especializamos en perfumería.

Fue entonces cuando Sheila comprendió que Oliver le había mentido todo ese tiempo.

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