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Portada de la novela • AMOR Y VENGANZA •

• AMOR Y VENGANZA •

Tras sufrir la traición de su marido, Oliver James, y perder trágicamente a su hijo, Sheila Myers queda sumida en la desesperación. En su momento más oscuro, aparece Axel Morgan, el indómito heredero de un emporio de fragancias, quien la rescata para proponerle un pacto inesperado. Presionado por su progenitor para contraer nupcias, Axel ofrece a Sheila una alianza estratégica. Ahora, ella deberá decidir si busca justicia o se deja consumir por su pasado.
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Capítulo 3

—Esto debe de ser una broma —se dijo a sí misma comenzando a jugar con sus manos.

¿Qué se suponía debía hacer? Su esposo incluso le había ocultado qué clase de empleo tenía.

Se había hecho pasar por un recepcionista de hotel ¡Qué hombre tan desvergonzado! Sheila estaba segura que él lo había hecho para «proteger su patrimonio», ahora no le sonaba tan extraña a la idea de que hubieran hecho una separación de bienes antes de casarse.

Todos los trabajos que Sheila pasó por ayudar a levantar un hogar, habían sido arrojados a la basura, junto con toda la confianza que tenía por su esposo.

—¿A qué se refiere con eso? —indagó Axel esperando a que la mujer diera más información al respecto.

—Mi esposo es un recepcionista de hotel ¿Cómo es posible que trabaje en un lugar como esos? —contestó Sheila comenzando a arañar sus manos. —¿Desde cuándo trabaja en la compañía Morgan?

Algo muy profundo en su interior le decía que todo eso se trataba de un error, que su amado esposo solo estaba pasando por un mal momento y por eso estaba tomando las decisiones que estaba tomando en ese instante.

La otra parte, estaba golpeando a aquella que ingenuamente creía en la honestidad y amor de ese hombre.

—Desde hace un año y medio.

Con aquella respuesta sus dudas se estaban esfumando mucho más rápido, el golpe de realidad le dio duro en el instante en que vio la fotografía de su esposo en el dispositivo de Axel, el cual le estaba mostrando la evidencia de que hablaban del mismo sujeto.

—Es él —susurró llevando sus manos a la cabeza. —Es verdad… él… él.

Las palabras simplemente no podían salir de los labios de Sheila, se sentía como una completa estúpida, su esposo le había ofrecido un plato de mentiras y ella se las había tragado enteras.

Axel la observaba en silencio, él aún no le había mencionado nada de la relación que existía entre Oliver y el señor Morgan, su padre; tampoco le había mencionado que él había presentado como su esposa a otra mujer que no tenía nada que ver con Sheila, y, siendo honestos, él lo estaba dudando.

«Ella estaba dispuesta a saltar de un puente con lo que pasó hoy, ¿Qué no hará cuando se entere del resto de cosas que ese hombre había hecho?»

Por esa misma razón, Axel decidió esperar un poco para contarle acerca de las reuniones de su esposo con el señor Morgan.

Ahora, más que nunca, Axel estaba más que convencido que ese hombre no tenía las capacidades para encabezar la nueva sucursal de la compañía; era un desperdicio de ser humano.

—Dime una cosa, por favor —susurró la mujer dirigiendo su mirada, por primera vez a Axel.

El joven se asombró debido a los ojos color zafiro de Sheila, se limitó a asentir ante la suplicante mirada de ella.

—¿Qué es lo que sabe de mi marido? —cuestionó sintiendo miedo de la respuesta que le esperaba.

Ese día en definitiva no había sido nada bueno para la mujer, ella no se encontraba en el mejor de sus momentos, su fuerza la había abandonado casi por completo; había perdido su única esperanza de ser feliz, su hijo.

Su hijo había sido arrancado de sus entrañas de la manera más vil que jamás se imaginaría. Es más, la persona que lo hizo, fue su propio esposo.

Axel continuaba dudando acerca de si decirlo era lo mejor o no; aun así, debido a la insistencia de la mujer, terminó descubriendo cada una de las cosas que sabía de ese mal llamado hombre en el mismo instante en que llegaron a la cabaña.

Sheila escuchaba con atención, su rostro se había vuelto inexpresivo y no decía nada. Sus manos inconscientemente acariciaban su vientre, aquel que de un momento a otro dejó de contener vida.

—Lo siento, sé que no es una noticia fácil de sobrellevar, pero, no se encuentra sola —afirmó Axel con una radiante sonrisa, sus ojos se habían achicado un poco. —Estoy a su disposición para cualquier cosa que desee —dijo con solemnidad poniéndose de pie.

—Deseo que ese hombre pague por cada una de las cosas que hizo —sentenció Sheila en un tono muy bajo de voz con la intención de no ser escuchada por Axel.

Él logró escucharla con claridad.

—La llevaré a la habitación, para que pueda descansar.

A pesar de que Axel no demostrara haberle puesto atención a la joven, su mente comenzó a trabajar en un plan para hacer cómo ella quería. Al final de cuentas, un hombre como Oliver, solo serviría como basura.

Toda aquella noche Axel se dedicó a trazar uno de los más grandes planes que su cerebro jamás había llegado a idear.

«Soy un completo genio»

Se decía con satisfacción, ahora, lo que más necesitaba era convencer a Sheila de casarse de manera ficticia, de manera que, él obtuviera la herencia de su padre, ella, en cambio, su deseada y merecida venganza.

Los ojos de Sheila se abrieron con dificultad. Había llorado la noche entera hasta que de sus ojos no brotaba ni una sola lágrima más, ella acabó en esa misma noche con todo lo que lloraría por un largo tiempo.

No solo se lamentó por la muerte del hijo que jamás tuvo ni tendría en brazos, sino por todo el tiempo que había desperdiciado en esa relación, los años que arrojó a la basura intentando ser la mejor esposa que Oliver hubiese imaginado.

«Es el día en el que una nueva Sheila nace»

Eso pensaba ella, llegó a esa conclusión al notar que no importaba qué intentara, no podría morir.

Axel había asegurado las ventanas, de manera que ella no saltara por ellas; había escondido todos los objetos con los que ella podría intentar algo en contra de sí misma, incluso, había retirado las almohadas de su habitación.

Luego de un largo baño para eliminar los rastros de «la Sheila anterior» fue en busca de Axel.

No sabía de qué manera hablar con él, pero, debía agradecerle por la ayuda que recibió la noche anterior, por lo que, ya no sería una carga para él.

Regresaría a la casa de sus padres para rogarles que le permitieran volver a su lado, hasta que ella encontrara un poco de estabilidad.

—Buenos días, señor Morgan —saludó la pelirroja con una avergonzada sonrisa.

En definitiva, había sido una carga para «el señor Morgan», el cual se encontraba cocinando algo para comer antes de regresar a sus labores.

Por otro lado, los médicos dijeron que Sheila debía mantener el reposo.

—Axel, dígame Axel, por favor —sonrió ocultando su semblante de preocupación ante el estado de Sheila.

No sabía de qué manera debería decir lo que diría, de manera que, cuando estaban sentados a la mesa dejó que de sus labios saliera lo que debía salir

—Quiero que te cases conmigo, Sheila, no solo seré tu escudo, sino también tu verdugo.

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