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Portada de la novela Amor, sin anestesia

Amor, sin anestesia

La periodista Karem ve cómo su realidad se transforma tras entablar contacto digital con el misterioso Diego. Lo que comenzó como una interacción casual en redes sociales pronto se convierte en un vínculo profundo que desafía sus miedos y deseos más íntimos. Esta historia de amor contemporáneo indaga en la complejidad de la cercanía virtual y los enigmas que ambos ocultan, obligándolos a enfrentar una verdad que cambiará sus vidas para siempre.
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Capítulo 1

Capítulo 1

“El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas.»

Marcel Duchamp

Ella se sienta frente al computador, digita su clave y abre su firebook. Algunos mensajes, notificaciones y una nueva solicitud de amistad. A diferencia de otras tantas veces, algo de esa solicitud, le llama la atención, por lo que sin pensarlo mucho, decide aceptar esta nueva amistad.

Él está conectado desde su iPhone; sentado en el pequeño restaurante, observa hacia la vidriera, mira la hora em su reloj, toma un café. Le llega una notificación: Solicitud aceptada.

Cuando revisa, es ella; la chica hermosa, a la que, minutos antes, se atrevió a enviarle ese mensaje:

–Gracias por aceptar mi solicitud; espero sea el inicio de una gran amistad.

–Hola, de nada. Realmente no soy muy dada a aceptar esas solicitudes. Pero, algo me condujo a aceptarte.

–Me alegra entonces, que me hayas permitido estar entre tus selectas amistades.

–👍

–¿De dónde eres Karem?

–Soy del norte ¿y tú?

–Que coincidencia, yo también. Disculpa la pregunta, pero

¿tienes novio?

–Nop y ¿tú, estás casado?

–Divorciado...

Ella sonríé y sigue revisando los post de sus amistades. Curiosa, decide entrar en el perfil de él; “pueda que sea alguien que ella conoce y quiera hacerle una jugada”. Busca información sobre aquella nueva amistad, mas, encuentra apenas, su nombre, sexo y fecha de cumpleaños.

La interrumpe en su búsqueda un nuevo mensaje. Se pone algo nerviosa. “Siempre que se revisa un perfil de otra persona, no sé por qué sentimos como si la otra persona estuviese viendo que la estalkeas” piensa, mientras sale rápidamente de allí para ver el mensaje nuevo.

–¿Ocupada?

–No, reviso algunas notificaciones.

–Eres, y disculpa mi franqueza, una exuberante mujer. Espero no te moleste mi comentario.

–Gracias por tu cumplido. La verdad, es que más que ser una mujer "bella" preferiría me viesen como una mujer inteligente y sensitiva.

–Wow, disculpa es que hasta ahora hemos conversado

poco. Y tu foto de perfil muestra tu singular belleza.

–Sí, tienes razón. Es algo que sólo se descubre cuando tienes más contacto con alguna persona.

–Tus palabras demuestran que eres una mujer muy segura de sí misma.

Ella prefiere no hablar de ello. Responde con un emoji:

–😉

–¿A qué te dedicas, Karem?

–Soy periodista ¿y tú?

–Realmente eres una mujer sorprendente. Yo, me dedico a crear a través de la imagen. Soy pintor.

–Muy interesante. De hecho, tengo una columna, donde el arte es el protagonista.

–Debes saber mucho sobre arte.

–Realmente lo necesario. Cuando veo un cuadro o leo algún poema y éste consigue atraparme, entonces busco información sobre quién lo creo.

–¿Y que opinas del arte?

Transcurren algunos minutos y no llega respuesta. El revisa su conexión.

Karem Smith (2min)

Una de los inconvenientes de las redes, es que no sabes si la otra persona, se ocupo en algo o si realmente se fastidió de la conversación. Eso suele irritar a quien sólo tiene como respuesta un (visto)

Vuelve a mirar su reloj, se levanta de su asiento, se dirige hacia la caja, paga la cuenta y sale.

Es casi mediodía, el sol está en su máximo punto. Camina algunas cuadras, saca y revisa su teléfono dos y tres veces para ver, si ella le ha respondido. Entra a la tienda de arte; revisa en uno de los estantes, toma algunas pinturas y trementina. Se acerca al mostrador. La mujer de facciones maduras, lo saluda:

–Hola, Diego. ¡Días que no venía por acá!. ¿Estaba de viaje?

Él revisa su teléfono, sube la mirada y sonríe sin dar respuesta. Entrega la tarjeta a la mujer.

–Son 20 pesos–dice la mujer, al momento que le devuelve la tarjeta con el recibo.

–Gracias, doña María– responde mientras toma la tarjeta, guarda la facturas en la bolsa de compras. Y Sale de regreso a su apartamento.

Abre la puerta, coloca sobre la mesa la bolsa. Abre la nevera, toma un vaso con agua. Se dirige al pasillo y levanta la cortina de bambú. El cuarto, prolijamente arreglado, muestra que es un hombre comedido y cuidadoso. En la esquina de la habitación, próxima a la ventana, un caballete cubierto con una tela de chiffon roja, deja entrever un retrato. Se acerca. Levanta la tela. Observa el rostro de aquella mujer con detenimiento, acaricia con sus dedos las líneas de sus labios, los lleva hasta su boca, los besa y los lleva de nuevo al lienzo.

Da dos pasos hacia la ventana, saca por quinta vez su celular, revisa si ha llegado algún mensaje. Sigue sin recibir respuesta. Abre la foto del perfil de Karem y dice en voz alta:

–¡Eres increiblemente hermosa! Tienes que ser mía.

Guarda el teléfono en el bolsillo de su jeans, cubre el retrato como quien cubre su tesoro más preciado; enciende un cigarrillo, sale de la habitación, y camina hacia la pequeña sala, se asoma en el balcón.

Cavila en silencio las diferentes hipótesis por las cuales, debería o no volver a escribirle tan rápidamente. “Quisiera confesarle, el porqué de mi interés en conocerla”, “quisiera hablarle de lo que siento” y entre varios quereres piensa, que es algo presuroso hacerlo.

¿Es pronto para decirle lo que él siente? Para ella, quizás lo es; pero no para él. Su rostro lo persigue a cada instante, desde aquella tarde, en que vió la foto del perfil, y le pareció la mujer más genuina que antes hubiese visto. Por ello, decidió contactarla e intentar traspasar ese misterio, que envuelve su mirada y esa dulzura que esparce su sonrisa.

Saca su teléfono. Entra en su cuenta. Ella está en línea, aún así, no ha respondido, ni visto su mensaje.

El impulso de querer escribirle, es tan fuerte; como lo es ver un lienzo en blanco y no arriesgarse a crear lo imposible.

Si algo caracteriza a un artista, es su capacidad emotiva e irracional. No en vano, siempre se oye decir que todo artista es en sí, un retrato de locura.

"No parece estar interesada en mí", "si le escribo, me responderá" "Tal vez piense que soy fastidioso" "no puedo dejar que todo suceda por su cuenta" " arriesgarse es de valientes"

Uno tras otro pasan por su cabeza, cada uno de estos pensamientos.

–Hola... espero tengas buen provecho.

Digitando...

Sus palpitaciones son más aceleradas, al ver que le responderá:

–¡Gracias, idem!

–Me quedé esperando tu respuesta.

–Disculpa estaba un poco ocupada. Pero, creo que mi opinión sobre el arte puede ser diferente a la tuya. Yo admiro el arte en sí mismo como arte. Y tú, como tú creación.

–Ciertamente, el arte es mi creación. Mas, esa creación proviene de expresar mis emociones y a través de trazos y colores, es mucho lo que puedo expresar.

–Exactamente. Y es lo que debe percibir quien recibe tu mensaje. En verdad pienso, que el arte es un vínculo entre quien crea y quien observa la creación.

–Realmente eres una mujer capaz de descifrar el más grande misterio de un hombre.

–Bueno, no llegaría a ese extremo de certificar que puedo conocer a alguien sólo por sus obras; en este caso por tus pinturas.

–Yo sí lo creo. Muy pocas personas saben aproximarse a una obra e interpretar los sentimientos de quien la creó.

–Gracias por tu percepción sobre mí. ¡Me halagas!

–No es un halago. ¡Es la verdad!

–😊💗

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