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Portada de la novela Amor Robado, Legado Recuperado

Amor Robado, Legado Recuperado

La muerte de su abuela Isabel revela a Sofía una traición desgarradora: Carlos y Elena, sus padres adoptivos, la usaron para usurpar Eterea Studios. Mateo, su hermano cínico, presume haber robado la empresa de videojuegos, reduciendo el talento de Sofía como ingeniera a una simple herramienta de engaño. Ante esta injusticia, ella decide romper el silencio e inicia una lucha feroz para recuperar su legado y destruir a quienes la traicionaron.
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Capítulo 2

El aire en la habitación del hospital se sentía pesado, cargado con el olor a antiséptico y la certeza de un final inminente. Mi abuela Isabel, la única persona que me había mostrado un cariño genuino en toda mi vida, yacía en la cama, su respiración era un murmullo frágil. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora luchaban por enfocarme.

Me apretó la mano con una fuerza que me sorprendió.

"Sofía, mi niña," susurró, su voz un hilo apenas audible. "Hay algo que debes saber. Algo que te ocultaron."

Me incliné más, mi corazón latiendo con una mezcla de dolor y un presentimiento helado.

"Tus verdaderos padres… ellos te dejaron algo. Un legado. Una empresa de videojuegos. Se llama 'Eterea Studios' ."

Sentí como si el suelo desapareciera bajo mis pies. ¿Una empresa de videojuegos? Mi pasión secreta, la que mis padres adoptivos, Carlos y Elena, siempre habían despreciado como una pérdida de tiempo.

"Carlos y Elena… ellos lo sabían," continuó la abuela. "Por eso te adoptaron. No por amor, Sofía. Por tu mente. Para usar tu talento en su propia empresa, para que nunca descubrieras lo que te pertenecía por derecho."

Cada palabra era una pieza de un rompecabezas que finalmente encajaba, revelando una imagen monstruosa de mi vida. Mi existencia entera, una mentira. Mi talento como ingeniera de software, no una fuente de orgullo, sino una herramienta para ser explotada.

"Reclámalo, Sofía," dijo con su último aliento, sus ojos fijos en los míos. "Es tuyo. No dejes que te lo quiten."

Y entonces, se fue. La mano que sostenía la mía perdió su calor.

El funeral fue un espectáculo de hipocresía. Carlos y Elena recibieron condolencias con rostros compungidos, mientras Mateo, mi hermano adoptivo, se movía entre la gente, absorbiendo la atención como siempre. Él, el carismático influencer, el hijo perfecto. Yo, la sombra silenciosa y funcional.

Esa noche, en la enorme y fría casa de Polanco, los enfrenté.

"Sé lo de Eterea Studios," dije, mi voz temblando pero firme. "Sé que me pertenece."

Carlos se quitó las gafas, frotándose el puente de la nariz con un aire de fastidio. Elena suspiró dramáticamente, como si yo fuera una niña malcriada haciendo un berrinche.

Pero fue la reacción de Mateo la que me congeló.

Una sonrisa lenta y torcida se dibujó en su rostro. Una sonrisa de pura superioridad.

"Ah, ¿eso?" dijo, con un tono casual que me revolvió el estómago. "La abuela por fin soltó la sopa, ¿eh? Qué dramática hasta el final."

Se recargó en el marco de la puerta de la biblioteca, cruzado de brazos.

"Sí, sabíamos de esa empresita. Papá y mamá decidieron que era mejor que yo me hiciera cargo. Tú no tienes madera de líder, hermanita. Eres buena para escribir código en un sótano, no para dirigir un negocio."

Continuó, su voz goteando veneno.

"De hecho, ya transferimos todo a mi nombre. Es una de mis nuevas adquisiciones. La voy a convertir en parte de mi imperio mediático. Imagina las sinergias."

Cada palabra era un golpe. Él no solo sabía, había participado activamente. Había repetido el mismo patrón de siempre: ver algo que yo quería, algo que era mío, y tomarlo para él, con la bendición de nuestros padres.

"Ustedes me lo robaron," susurré, la magnitud de la traición ahogándome.

"Te dimos un hogar, Sofía," intervino Elena, su voz afilada. "Te dimos todo. Deberías estar agradecida, no haciendo acusaciones ridículas. Mateo sabrá qué hacer con ese… activo."

En ese momento, un recuerdo vívido me asaltó. No era un sueño, era mi vida. Tenía quince años y había ganado una competencia nacional de programación. El premio era una beca para estudiar en el MIT. Carlos y Elena me felicitaron, pero al día siguiente, me informaron que habían rechazado la beca en mi nombre.

"Tu lugar está aquí, con la familia," dijo Carlos en ese entonces. "Tenemos grandes planes para ti en nuestra empresa."

Me dijeron que era para mantenerme cerca, por amor. Ahora entendía la verdad. No querían que me fuera, que desarrollara mi propio camino. Querían mantenerme encadenada, explotando mis habilidades para su beneficio, asegurándose de que nunca descubriera mi verdadera herencia. Me habían cortado las alas sistemáticamente, toda mi vida.

La sensación de ahogo en mi pecho se hizo insoportable. Era como revivir cada humillación, cada sacrificio, cada vez que me hicieron sentir inferior a Mateo, pero ahora con la horrible claridad de la intención. No eran descuidos, no era favoritismo ciego. Era un plan calculado.

Me di la vuelta y subí a mi cuarto, el eco de la risa de Mateo siguiéndome por el pasillo. Me tiré en la cama, el mundo girando a mi alrededor. La revelación de mi abuela no era solo una noticia, era la confirmación de que mi vida entera había sido una prisión. Desperté de una pesadilla solo para darme cuenta de que estaba viviendo en ella.

A la mañana siguiente, me llamaron a la oficina de Carlos en la casa. El aire era tenso.

"Sofía," comenzó Carlos, sin mirarme, concentrado en unos papeles. "Dado tu… interés repentino en los negocios, hemos decidido darte una responsabilidad. Hay una división en la empresa que no está funcionando bien. Queremos que la supervises."

Mateo estaba ahí, con la misma sonrisa de superioridad.

"Es una gran oportunidad, hermanita," dijo. "Para que aprendas cómo funcionan las cosas en el mundo real. Es una división de hardware obsoleto. Poca presión. Justo a tu medida."

Era la misma táctica de siempre. Darme las migajas, un proyecto destinado al fracaso para demostrar mi incompetencia y justificar por qué Mateo merecía todo. La misma jugada que habían hecho docenas de veces.

Pero esta vez, algo era diferente. Miré a Mateo, a sus ojos brillantes de malicia, a la forma en que su boca se curvaba en esa sonrisa de victoria. No era solo la arrogancia de alguien que siempre ha ganado. Era la seguridad de alguien que cree conocer el resultado del juego antes de que empiece.

En ese instante, lo supe con una certeza escalofriante. Él no acababa de enterarse de mi herencia. Él había sabido de Eterea Studios desde mucho antes, quizás desde zawsze. Su vida entera, su carisma, su éxito, se habían construido sobre la base de mi desgracia oculta. Él no solo había aceptado el robo; había sido su cómplice activo, esperando el momento de reclamar el botín.

La revelación me golpeó con la fuerza de un rayo. Este no era un nuevo conflicto. Era la continuación de una guerra que yo ni siquiera sabía que estaba peleando. Y él, mi hermano, mi enemigo, creía que ya la tenía ganada.

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