
Amor amargo
Capítulo 2
Mateo Vargas miró la pantalla de su celular.
Recursos Humanos de Viñas Rossi.
Confirmaban la aprobación de su renuncia.
Isabella Rossi la había firmado.
Ella ni siquiera sabía que era él quien se iba.
Mateo sonrió con tristeza.
Pidió que no se lo recordaran.
Estaba en el lujoso departamento de Isabella en Puerto Madero.
Su hogar durante tres años.
Recogía sus pocas cosas.
Una valija pequeña.
Ropa. Algunos libros.
Ocho años atrás.
Flashback.
Mateo, joven salteño, becado en la UBA.
Arquitectura.
Conoció a Santiago Rossi.
Se hicieron amigos rápido.
Santiago era diferente. Relajado. Genuino.
A través de Santiago, conoció a Isabella.
La hermana mayor.
Inteligente. Hermosa. Imponente.
Mateo se enamoró.
Un amor silencioso, profundo.
Mantuvo sus sentimientos ocultos.
Nadie debía saber.
Se graduó.
Consiguió trabajo como asistente personal de Isabella.
Solo para estar cerca de ella.
Era suficiente. O eso creía.
Una noche, todo cambió.
Crisis en la empresa.
Una discusión familiar muy fuerte.
Isabella estaba vulnerable.
Había bebido demasiado en una cata de vinos.
Malbec. Su favorito.
Buscó consuelo en Mateo.
Él siempre estaba ahí.
Callado. Eficiente. Leal.
Pasaron la noche juntos.
La primera vez.
A la mañana siguiente, Isabella era otra.
Fría. Distante. Como si nada.
Lo miró.
"¿Sientes algo por mí?" preguntó, la voz neutra.
Mateo se sonrojó.
Su dedicación era evidente.
Conocía sus gustos, sus alergias.
Sabía cómo prefería el mate, amargo, con yuyos serranos.
Isabella suspiró.
Le ofreció un trato.
Una tarjeta de crédito. Fondos ilimitados.
Apoyo económico para su familia en Salta.
A cambio de su discreción.
Debía olvidar lo ocurrido.
Ella esperaba a Ricardo Jiménez.
Su amor de juventud.
Mateo sintió un dolor agudo en el pecho.
Rechazó el dinero.
No quería su dinero. Quería su corazón.
Pero pidió una oportunidad.
"Si él no vuelve, o si vuelve y aún lo amas, me iré sin decir nada."
Una súplica.
Isabella lo miró, indiferente.
"Como quieras, Mateo."
Aceptó.
Así, Mateo se convirtió en su asistente de día.
Su amante clandestino de noche.
Un secreto bien guardado.
Momentos de pasión robada.
En bodegas mendocinas, entre barricas de roble.
En estancias pampeanas, bajo cielos estrellados.
En ese mismo departamento, con vistas al río.
Esperando. Siempre esperando.
También te puede gustar





