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Portada de la novela AMANTES ©

AMANTES ©

Arthur Graham, un poderoso millonario acostumbrado a dominar cada aspecto de su vida, utiliza una lista de amantes para saciar sus instintos sin compromisos. Sin embargo, su esquema se tambalea tras conocer a Morgana Wilson. Ella es una mujer herida por un entorno familiar difícil que aún sueña con el romance verdadero. Lo que comienza como un vínculo casual se transforma en una atracción imparable, desafiando a Arthur a verla como algo más que un simple juego.
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Capítulo 2

Morgana se encontraba abriendo la puerta de su modesta oficina, le provocaba quitarse los zapatos de tacón aguja y caminar descalza por aquel suelo cómodo de madera, su escritorio moderno y liviano de aluminio pintado en negro y gris plomo, resaltaba en medio de las paredes de color blancas. A través del gran ventanal la luz del día se hacía presente para iluminar y darle la energía que necesitaba  para trabajar. Al mismo tiempo que activaba su creatividad, mientras que por las noches las luces de la ciudad le daban el toque mágico. Su sillón completamente moderno, y ergonómico, le daba comodidad para pasar horas enteras sin que le doliera la espalda. 

Dos sillones de dos puestos, con tapizado de rayas de colores cítricos, le daban vida y color a la oficina. Eso sin contar la calidez, por eso muchas de las presentaciones las hacía ahí mismo. Lograba que el cliente se relajara, y podía bombardearlo con su lluvia de ideas sin que se sintiera presionado. 

Dio una respiración profunda, y cerró los ojos al acomodarse en su asiento. Apena unos minutos atrás había terminado su presentación en la sala de juntas. Estaba conforme, pues todo salió mejor de lo planificado, aunque por un momento pensó que no lo lograría. Ya que no había podido dormir la noche anterior, las palabras ofensivas de Joe Carson continuaban resonando en su cabeza, acabando con su poca paz mental. 

Sin embargo; convirtió su ansiedad y desasosiego en algo productivo que le dejó buenos frutos. Como siempre estaba acostumbrada a hacer. El toque suave en la puerta la sacó de sus pensamientos. 

«¡¿Hasta cuando estaré en esta situación?!»

«¡No veo el día en que se aburra de mí y no me moleste más!»

-¡Por fin es viernes! -Lorena exclamó al entrar, y de manera inmediata se sentó en una de las sillas de visita que estaba frente a su escritorio- Pensé que nunca llegaría, esta semana fue muy larga para mí. 

-Sí, no voy a negar que estaba deseosa porque llegará el fin de semana -hizo gesto con la boca-. La verdad es que estoy un poco cansada, no sabes como anhelo llegar a casa, darme una ducha en la tina acompañada de una buena copa de vino. Luego pedir una pizza y ver una buena película desde la comodidad de mi cálido y esponjoso sofá. 

«Y tener satisfacción sexual por mí misma para drenar este jodido estrés»

Morgana pensó, pero no se lo comentó a Lorena. Aunque no tenía nada de malo, estaba segura de que le diría que tener sexo con una buena compañía, era uno de los placeres de la vida, y que no sabía de lo que se estaba perdiendo. No quería tener ese tipo de conversación en ese momento.  

-Estás bromeando, ¿cierto? ¿Ese es tu plan para hoy? -cuestionó la recién llegada y alzando una ceja le dijo: -Júrame que no te convertirás en la loca de los gatos. ¿Desde cuándo eres tan aburrida? Pensé que me acompañarías esta noche.

-¿A dónde? -Morgana frunció el ceño, por la cara de desilusión que había puesto su amiga, ya que pensaba que no era para tanto. 

-Hoy es el evento de la empresa del señor Aydin -entrecerró los ojos, y la señaló con el dedo- Prometiste que irías, Morgana -negó con la cabeza y con voz de fingida de ofendida agregó-: ¿Eres mi amiga? ¡No puedo creer que lo olvidaras!  

Ella aguardó silencio, pues eso mismo había ocurrido. Lo olvidó por completo, con tantas cosas en su cabeza, perturbándola. En los últimos dos meses no tenía muchas ganas de salir, pero debía ir. Ya se lo había prometido desde hacía dos semanas antes. Ladeó la cabeza reflexionando un poco, tal vez no era tan mal plan después de todo, porque quizá pensó que asistir a ese evento le ayudaría a despejarse un poco. Al mismo tiempo que cumplía con la empresa y con su amiga. 

Últimamente, padecía de insomnio y de un fuerte dolor en el cuello producido por el estrés que mantenía. Entre el trabajo y sus discusiones con su ex a veces le daban ganas de salir corriendo. De hecho, en la oficina le habían llamado un par de veces la atención por no encender el aparato telefónico durante más de cuatro días seguidos. Desconectarse le hacía bien, y era lo que justamente lo necesitaba. 

-Está bien, iré contigo -dijo al final entornando los ojos-, ahora cambia esa cara. 

-Perfecto... -Lorena aplaudió como si fuera una chiquilla de cinco años emocionada y le guiñó un ojo antes de decir: -Recuerda, que es un evento en donde asistirán muchos empresarios. Me tomé la molestia de renovar la lista de invitados -le sonrió de oreja a oreja-. Invité a los representantes de los sectores empresariales más fuertes de todo el estado. 

-¡¿Así que es formal?! -inquirió abriendo mucho los ojos, estaba feliz por ella-. ¡Vas por todo!

Lorena respondió con un inocente asentimiento de cabeza, luego le guiñó un ojo. 

-Lo siento, pensé que era una presentación regular -Morgana, por estar sumergida en sus propios asuntos no se dio cuenta de todo el empeño de su amiga, solo sabía qué había pasado horas preparando el proyecto. 

-¡No! -exclamó-. Es la renovación completa de la marca, así que debes ir deslumbrante, no sabemos a qué podamos pescar por ahí -ella soltó una risita-. Tal vez un nuevo cliente, con un nuevo contrato que solucione el problema que tienes con tu ex o un novio que espante a ese indeseable de Joe. 

-No tienes idea de cómo me divierte lo que me acabas de decir -entornó los ojos-, pero creo que conseguirme un novio con todo esto que estoy viviendo... No está en mis planes.

-¡Por Dios, Morgana! Sé que no te gusta asistir a este tipo de eventos, porque no te gusta lidiar con gente que no está ubicada en tiempo real. Pero de vez en cuando hace crecer la autoestima. Además, esto es parte fundamental de tu trabajo. ¿Para qué fuiste a la universidad a estudiar esta carrera?

-¡Está bien! -alzó las manos en redición- Tienes un poder de convencimiento que asombra -terminó diciendo esbozando una sonrisa. 

-Así me gusta -se burló Lorena-, como dice el refrán: «Al mal tiempo, buena cara». 

Morgana le hizo un mohín, pues a veces el entusiasmo de su amiga la agobiaba un poco. 

-Siempre tienes que salirte con la tuya, ¿cierto? Ya no diré nada más -se levantó de y silla y recogió su bolso-, me iré ahora mismo a un centro comercial, a ver si encuentro un vestido acorde a ese dichoso evento. Para estar a la altura de tus invitados.

Pasó a un lado de su mejor amiga, y le dio un beso en la mejilla.

-Te llamaré media hora antes de pasar por ti -le dijo esta.

-De acuerdo... -salió prácticamente corriendo antes de que ella dijera algo más. 

Enseguida tomó el ascensor, para dirigirse al sótano de las instalaciones en donde se encontraba el estacionamiento, aceleró el paso al dirigirse a su auto cuando vio una escena que no esperaba, y que le hizo tener sentimientos encontrados como impotencia y rabia. Sin embargo; la usaría a su beneficio. Sacó su teléfono celular y tomó un par de fotos. 

La pareja, que estaba a pocos metros de ella, estaba tan sumergida en aquel beso tan apasionado, que no se dieron cuenta de su presencia y de lo que había hecho. Mucho menos de quién era la persona que había subido al auto. Por tal motivo, Morgana trató de ser todo lo más discreta que pudo. No quería bajo ningún concepto que la pillaran. 

Arrancó su Mazda3, y miró por el espejo retrovisor con curiosidad. Pero afortunadamente todo salió bien. Por alguna razón extraña su humor había cambiado, se mezcló en el tráfico de la ciudad, esa vez no le importaba si era hora pico o no. Se dirigió al centro comercial más cerca de donde vivía. Comenzó a tararear una canción antes de encender la radio.   

Una hora y media después observaba las vidrieras de las boutiques, con tres bolsas en la mano. Agradeció que minutos antes de la compra, Lorena le llamó, para recordarle de que el evento se realizaría en uno de los sitios nocturnos de moda de la ciudad. Hasta ella misma estaba sorprendida de lo rápido que fue su elección, porque cuando giró la cabeza tenía el vestido perfecto en frente. Se preguntó si la ocasión ameritaba, que excediera el límite de su tarjeta de crédito. 

«No me queda de otra de gastar el bono que gané hoy con el cierre del proyecto por adelantado», pensó y se encogió de hombros.   

Dio un largo suspiro, mientras caminaba hasta el vehículo. Estaba meditando en como la vida cambiaba en solo segundos, ya que estaba sorprendida, que a pesar de que su día anterior había sido completamente una mierda. Todo había sido perfecto desde que abrió los ojos en la mañana. Durante tan solo unos minutos la duda se hizo presente, porque algo le decía que todo estaba a punto de cambiar. Lo que no sabía era que sí era para bien o para mal, con tal que sacara a Joe definitivamente de su vida.  

Sacudió la cabeza, mientras encendía su automóvil, y se fue directamente a su casa. Estaba a unos escasos siete minutos. Morgana vivía en un ático en una muy buena zona de la ciudad, cortesía del hermano de su madre. Quien había muerto hacía tres años en un accidente laboral, se sorprendió cuando fue llamada por la empresa aseguradora y le dijo que el hombre le había dejado como beneficiaria del seguro de vida. Pero que por cuestiones de papeleo e impuestos, solo le había quedado el cincuenta y cinco porciento del monto total de la póliza, el cual administró sabiamente. 

Con ese dinero, le había comprado una casa a sus padres y a su hermano pequeño, de nueve años, llamado Xavier en honor a su tío. También había solicitado un préstamo para la compra de su vivienda actual, y por su puesto adquirió su amado Mazda3. En realidad, económicamente todo le había ido muy bien. Hasta que su padre enfermó y sus reservas se las había llevado la intervención quirúrgica que le habían hecho. Pero la situación lo ameritaba, ya que era dejarlo morir o ponerle un marcapasos. Por supuesto que tomó la última opción.  

En cuanto a las cosas del amor, Morgana pensaba que no las entendería nunca. Quizá era que tampoco se había enamorado, y el ejemplo que tenía acerca de relaciones amorosas era el matrimonio de sus padres. Puesto que habían tenido un divorcio traumático, cuando apenas tenía diez años. La situación fue tan desastrosa que los primeros meses del proceso que su tío Xavier tuvo que intervenir, y ayudar a su madre, llevándolas a vivir con él. Cambiando de golpe todo su entorno, y teniendo que empezar de cero por haberse mudado a otro condado. 

Pero aquel idilio de amor no quedó ahí. Luego, después de muchos años, específicamente el día en que Morgana cumplió diecinueve años después de su fiesta, que coincidió con la de su graduación. Se encontró con que sus progenitores habían tenido una noche de pasión, tragos y sexo como si fueran universitarios. De ese desliz el resultado fue su hermano, que en realidad era lo único bueno de aquel desastre entre dos personas que se supone eran adultas.

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