
Alma Vendida por Amor
Capítulo 2
El olor a tierra mojada y a sangre llenaba el sótano, un hedor que se me quedaría grabado para siempre. Estaba atada a una silla de madera, vieja y astillada, la cuerda áspera me cortaba la piel de las muñecas. Frente a mí, mi esposo, Mateo, el famoso chef cuyo rostro sonriente aparecía en las portadas de las revistas de cocina, me miraba con una frialdad que nunca antes había visto.
A su lado estaba Camila, su hermana y mi mejor amiga, la que me secaba las lágrimas cuando los médicos me dieron la noticia. La que me abrazó y me dijo que mi valor no residía en mi útero. Ahora, su rostro estaba torcido en una mueca de triunfo codicioso.
Y entre ellos, la llama. Alpaca. El regalo que Mateo me había hecho para "animarme". Sus ojos negros, normalmente opacos y estúpidos, brillaban con una inteligencia malévola, una inteligencia humana. El alma de Laura, el amor de juventud de Mateo, estaba atrapada en ese cuerpo peludo, mirándome con un odio que quemaba.
"Lo siento, Sofía" , dijo Camila, su voz goteando una falsa compasión. "Pero Mateo y Laura merecen estar juntos. Y su hijo necesita a su verdadera madre" .
El anillo de piedras preciosas en mi dedo, el regalo de nuestro tercer aniversario, comenzó a brillar con una luz enfermiza. Era la clave del ritual. Un ritual para intercambiar mi alma con la de Laura. Mi cuerpo para ella, y mi alma… al olvido.
"Eres estéril, Sofía. No puedes darle una familia" , susurró Mateo, sus palabras eran el golpe final. "Laura puede. Es un sacrificio necesario" .
La luz se intensificó, un dolor agudo me recorrió el cuerpo, sentí como si me estuvieran arrancando de mi propia piel. Grité, pero el sonido se ahogó en la oscuridad del sótano. Mi último pensamiento fue una rabia impotente, una furia que consumía todo lo que quedaba de mí.
Y entonces… nada.
Un rayo de sol me dio en la cara.
Parpadeé, desorientada. El olor no era a tierra y sangre, sino a café recién hecho y a las sábanas de lino que tanto me gustaban. Estaba en mi cama. En nuestra cama.
Me senté de golpe, el corazón me latía con una fuerza descomunal. Miré mis manos. No había marcas de cuerdas. Toqué mi cuello, mi cara. Estaba entera.
Busqué mi teléfono en la mesita de noche. La pantalla se iluminó.
28 de octubre.
Imposible.
Era el día en que Mateo me había regalado a Alpaca. El día en que mi pesadilla realmente comenzó, un año antes de mi muerte en ese sótano.
Había vuelto.
Había renacido.
Oí la puerta principal abrirse y la voz alegre de Mateo llenó la casa.
"¡Sofía, mi amor! ¡Tengo una sorpresa para ti!"
Mi sangre se heló. El terror y la rabia luchaban dentro de mí, una tormenta violenta. Pero esta vez, la impotencia no estaba. En su lugar, había una claridad helada, una determinación afilada como un cuchillo.
Bajé las escaleras lentamente, cada paso era deliberado. Mateo estaba en la entrada, su sonrisa era tan cálida y carismática como la recordaba. Detrás de él, atada a una cuerda, estaba la llama. Alpaca.
Me miró con sus estúpidos ojos de animal, pero yo sabía lo que había detrás. Podía sentir el alma podrida de Laura observándome.
"¿Te gusta? Se llama Alpaca. Para que no te sientas sola" , dijo Mateo, acercándose para abrazarme.
Me aparté instintivamente.
Su sonrisa vaciló por un segundo. "¿Qué pasa, cariño?"
Forcé una sonrisa temblorosa. "Nada, solo… me sorprendiste" .
La llama, sintiendo mi rechazo, se movió bruscamente y me mordió la mano. No fue una mordidita juguetona. Fue un ataque deliberado, sus dientes se clavaron en mi piel.
"¡Ay!" Grité, más por la sorpresa y el odio que por el dolor.
Retiré mi mano, sangraba un poco. Miré a Mateo, esperando que se preocupara, que regañara al animal.
Pero él solo se rio.
"¡Qué carácter! Parece que ya te tomó cariño" , dijo, acariciando el cuello del animal. "Tranquila, Alpaca, ella es tu nueva mamá" .
No me miró. Ni siquiera se fijó en la herida de mi mano. Toda su atención, todo su cariño, era para la bestia que contenía el alma de su amante muerta.
Camila entró justo en ese momento, con bolsas de compras en las manos.
"¡Cuñis! ¡Ya llegó tu nueva hija!"
Vio mi mano y frunció el ceño, pero no con preocupación por mí.
"Sofía, no seas tan brusca con ella. Solo está tratando de conocerte. Tienes que ser más paciente con los animales" .
Me quedé allí, de pie, mientras los dos adulaban a la llama, limpiándole la saliva de la boca y susurrándole palabras dulces. Yo, la esposa, la dueña de la casa, era invisible. La herida en mi mano era una pequeña mancha roja insignificante comparada con la enorme traición que se cernía sobre mí.
En mi vida pasada, había llorado. Me había sentido culpable, como si yo hubiera hecho algo mal. Me había esforzado por querer a ese animal, por complacer a mi esposo, por ser la buena esposa que todos esperaban.
Creí en su mentira del "DINK" , la pareja de doble ingreso sin hijos. Creí en su vasectomía, una mentira piadosa para que yo no me sintiera mal por mi "infertilidad" . Una infertilidad que, ahora lo sabía, probablemente también era una mentira, un diagnóstico manipulado por ellos.
Todo era una farsa. Mi matrimonio, la amistad de Camila, el amor de Mateo. Todo era un escenario cuidadosamente construido para mi sacrificio.
Pero el guion había cambiado.
La actriz principal ahora conocía el final de la obra.
Y no pensaba seguir sus líneas.
Esta vez, la sangre que se derramaría no sería la mía.
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