Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Ahkn

Ahkn

Tras la muerte de sus padres, Elizabeth Twoys sobrelleva su soledad en compañía de su fiel amiga Carmen. Todo cambia cuando una llamada imprevista la conduce de regreso a Egipto, su país de origen. En este viaje, Elizabeth se verá inmersa en una red de misterios y antiguos secretos familiares que desafiarán su pasado. Ahora, deberá hallar la valentía para desentrañar la oscura realidad que se esconde tras el milenario símbolo del Ankh.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Miro la caja una vez más, quizás ellas estaban en lo cierto, y ya era el momento de que cambiará de página para siempre, después de todo, era por ello que había tomado la decisión de dejar su pueblo. Estaba a punto de abrir el cofre cuando el sonido que indicaba la entrada se una llamada en su celular robo su atención; lo saco del bolsillo de su sudadera.

Frunció el ceño al desbloquear la pantalla. No reconocía ese número, pero a pesar de todo atendió.

—¿Hola? —la respiración de quién sea que llamara era palpable del otro lado del teléfono.

—Buenas noches, disculpen la hora. ¿Se encuentra Elizabeth Twoys? —la voz masculina que le respondió le resultaba vagamente familiar, aunque en ese momento no podía recordar de dónde.

—¿Quién habla? —preguntó.

—Soy yo, Mark Vivanovik. —respondió.

—¡Mark, que alegría volver a saber de ti! ¡Han pasado meses desde que tuve noticias tuyas! —la alegría en la voz de Elizabeth era notoria.

Mark era un viejo amigo de sus padres y también había sido su profesor en su primer año en la universidad. Sin embargo, para ella era más que un simple maestro, era como un segundo padre.

—Lo mismo digo Liz, ¿Qué tal te ha ido? ¿Cómo estás?

—Estoy muy bien ¿Y tú? —preguntó divertida. Mark sólo llamaba cuando necesitaba algo, y como su curiosidad era más grande lo dejaría montar su show para reírse un rato.

—Con mucho trabajo aquí en las ruinas —respondió como quién no quiere la cosa. Liz bufó. Esa era otra de sus tácticas.

Todos en la facultad sabían qué hace unos meses había comenzado una importante investigación arqueológica. El mismo gobierno de Egipto lo había reclutado para que los ayudará a recuperar los tesoros del antiguo país, y sobre todo protegerlos de los cazadores que quisieran robarlos.

—Muy bien, me alegro mucho por ti, pero ya enserio ¿por qué llamas? Ve directo al grano. —Elizabeth decidió que si lo dejaba montar su teatro sería mucho peor. Una risa se escuchó de otro lado.

—Siempre tan perspectiva, igual a tu padre. —A pesar de no podía verlo, sabía que una sonrisa melancólica se había formado en los labios de Mark —Te llamo porque tengo una oportunidad de oro que ofrecerte. Mis jefes creen que necesito ayuda en el trabajo que estoy realizando, y pensé que quizás...

—No. —respondió inmediatamente, ya sabía por dónde vendría, y era mejor cortar si idea de una vez.

—¿No? —la confusión era palpable en su voz. —Pero si ni siquiera te he dicho...

—Ya sé lo que me dirás. —dijo interrumpiéndolo. —Me ofrecerás de nuevo un empleo en Egipto, y mi respuesta fue y sigue siendo. No. Mark suspiró, y Liz lo oyó murmurar algo parecido a "Terca como la madre. Dios me libre".

—Se que te asusta viajar allí, por lo ocurrido con tus padres, pero no puedes dejar que eso influya en tus decisiones, y mucho menos en tu vida. —el tono calmado y conciliador en que lo dijo hizo enfadar a Liz.

—Yo no... —comenzó a decir, pero no pudo terminar porque Mark la interrumpió.

—Piénsalo, solo te pido eso, tengo que dar una respuesta a final de semana, tienes mucho tiempo para tomar una decisión. Pero sólo te digo que a tu padre no le hubiese gustado que su hija se separar de sus raíces. —dijo y luego colgó dejando a Liz con una confusión muy grande.

Luego de la inesperada llamada de Mark, Liz decidió que lo mejor era irse a dormir y consultar todo eso la almohada. Tomó un vaso de agua, para después meterse en el calor de las sábanas de su cama.

Esa noche no pudo descansar, una vez más los sueños vinieron, y está vez con mayor fuerza que nunca.

El corazón le latía a mil por hora mientras corría, sus pies chocaban contra la arena caliente del desierto, mientras que el calor asfixiante le golpeaba el pecho dejándola sin respiración.

Sabía que tenía que buscar algo, era más que eso, necesitaba encontrar algo desesperadamente; sin embargo, aún no tenía idea de lo que me lo era. Sus piernas estaban a punto de ceder, sentía que pronto se desmayarse su no tomaba un poco de agua. Llegó a la cima de la una duna, y ahí encontró un objeto que sobresalía de la arena, corrió hacia él y escarbó con sus manos. Presentía que lo que anhelaba estaba allí.

Lo que descubrió la dejo más confundida que antes. Era un collar, de esa no hacía duda, aunque no uno que reconociera. Era una cruz, una muy particular. En la parte superior tenía forma de ansa, y viéndolo enteró, poseía la forma de una llave.

"Ankh"

No supo cómo, pero algo le decía que ese era el nombre de la joya. Observaba detenidamente el collar, cuando sin darle tiempo para reaccionar, y de manera inesperada, un remolino de arena la cubrió totalmente. El desierto parecía hablarle.

—Este es el collar de Ankh, tú herencia y la de tú familia. Es tú deber restaurarlo en Egipto.

Sus piernas flaquearon, y su pulso se aceleró. No era el desierto quien le hablaba, era su padre. Los ojos se le llenaron se lágrimas al verlo, y en cuanto a él, solo le sonrisa para luego desaparecer con el viento.

—¡No! —las palabras brotaron de su garganta. Todo a su alrededor empezó a tirarse borroso, sin embargo, ella se acercaba con fuerza al sueño. Aunque no fue suficiente.

Elizabeth despertó con el pulso agitado, el cabello lo tenía pegado al rostro a causa del sudor que desprendía su cuerpo. Se llevó una mano a la frente, para descubrir que se encontraba ardiendo en fiebre. Sus manos estaban heladas. Y a pesar de que se encontraba cubierta de sudor, su cuerpo tiritaba por el frío intenso que tenía. Tomó su bata y calzando en sus pies unas pantuflas se levantó de la cama, se dirigió hacia la ventana y la abrió. El cálido viento veraniego le azotó en el rostro relajándola.

Posó su vista en el cielo, las estrellas brillarán en él. La luna, alta y majestuosa, se alzaba iluminado todo el lugar, era pasada la medianoche.

"Nuestros demonios internos regresan en los momentos menos esperados”.

Cerró la ventana, y volvió a la cama, esta vez muy intranquila.

* * * *

La noche era tensa y espesa, la oscuridad gobernaba todo creando sombras en las paredes, imágenes difusas que rondaban las calles. Una silueta corría entre los desolados callejones, llevaba puesta una capa negra, y la capucha de esta cubría su rostro, haciendo imposible vislumbrar su identidad. La figura se detuvo al llegar aún deposito aparentemente abandonado, pronunció unas palabras en un idioma indescifrable, y las puertas de este se abrieron.

Dentro un hombre sentado en una silla lo esperaba. Era alto y robusto, sus ojos eran marrones como el chocolate. Portaba una barba y un corte de cabello que estuvieron de moda en otra época. Su piel aceitunada, cubierta por un traje imponente, evocaba el atardecer donde el sol ardía fogosamente en el desierto.

—Llegas tarde. —pronunció, su voz, áspera y exótica, se asemejaba al siseo de una serpiente que se prepara para atacar a su presa.

La persona detrás de la capucha hizo una reverencia, y por un segundo pudo observarse un mechón de cabello rubio que salía de su capa; sin embargo, desapareció de inmediato cuando la figura recuperó su postura.

—Pido disculpas mi señor, pero el traslado en esta ciudad no es como en nuestra amada patria. —El hombre hizo un gesto de indiferencia con su mano, restándole importancia a lo que decía.

—No me interesan tus escusas, menos palabras y más acción. —respondió arrastrando las palabras.

El encapuchado retrocedió por si su maestro perdía los estribos.

—Señor, tengo noticias de la chica. —dijo, y como esperaba la tensión desapareció de sus hombros.

—¿Y bien? ¿Qué has descubierto?

—Ella se encuentra en esta ciudad. —respondió, se alegró de que su voz no titubeara, revelando el miedo que sentía.

—¿Estás seguro de es ella? —preguntó con cierto recelo.

—Si mi señor, la he seguido por días, y he descubierto que...

—¿Qué cosa? ¿Qué has descubierto? ¡Habla de una vez!

El tono de voz del desconocido era amenazante, pero un matiz de miedo y ansiedad se vislumbraba en él.

—Ella posee la marca...

Silencio, por un momento sólo hubo un tétrico y agonizante silencio.

Un silencio lleno de misterios y secretos.

Un silencio que ocultaba la negrura de un al

Un sonido lo quebró.

¿Una risa?

No, una carcajada, pero no una amistosa; sino una helada y sin gracia, de esas que se deslizan dentro de tus sueños convirtiéndolos en pesadillas.

El hombre paro de reír, se levantó de su asiento con dificultad, su pierna izquierda cojeaba un poco. El encapuchado retrocedió, pero al momento que lo hizo dos hombres que desconocía lo sujetaron de los brazos impidiéndole moverse. El individuo avanzó hasta él y posicionó sus manos, largas y huesudas sobre sus hombros.

—Me has sido de gran ayuda, viejo amigo... Es una pena. Porque ya no te necesito.

De pronto y sin darle tiempo de reaccionar, le clavó un puñal en el pecho, robándose su vida. El encapuchado cayó al piso. Sangre cubría todo su cuerpo. Él sabía que moriría, pues el dolor era cada vez más intenso. Sus ojos se cerraban, pero antes de dejar este mundo, vio unos ojos marrones, y una sonrisa pérfida que acompañaba a un rostro arrugado como el papiro.

—Voy por ti princesa. —fueron las últimas palabras que escucho, pues luego la muerte, fría y despiadada, se lo llevó...

También te puede gustar

Portada de la novela Almas Predestinadas
9.0
En un paisaje apocalíptico colmado de seres místicos, Ryuji y Rain se ven ligados por un destino que conecta sus almas irremediablemente. Aunque existe un lazo espiritual profundo entre ellos, la diferencia en sus sentimientos provoca una fricción constante que complica su relación. Juntos iniciarán una aventura de autodescubrimiento para descifrar su conexión, mientras intentan sobrevivir a los peligros de un mundo hostil y lleno de magia.
Portada de la novela Amalia reina de las brujas
9.6
Tras despertar en una realidad donde la magia es auténtica, Amalia descubre que los monstruos y las pesadillas acechan en la oscuridad. En este mundo, los relatos clásicos como Caperucita Roja ocultan verdades siniestras y giros aterradores, lejos de ser simples cuentos infantiles. Ante tal peligro, ella deberá elegir entre ocultarse por temor o desentrañar el misterio. Únete a Amalia en una travesía repleta de enigmas y amenazas mortales.
Portada de la novela AMOR IMPLACABLE
8.1
El Edén agoniza bajo el yugo de seres celestiales que siembran el caos. En Grecia, valientes cazadores resisten la opresión apoyados en su linaje y coraje. En este escenario, una guerrera aguarda con su hijo el retorno de sus soldados, pero su espera se torna en una cruda batalla por la supervivencia. Su meta es reunirse con Alfenón, quien tras un lustro de ausencia y añoranza, lucha por volver y conocer finalmente al pequeño que nunca ha visto.
Portada de la novela Asfixia
9.6
El 1 de septiembre de 2019, la humanidad sucumbió ante una asfixia letal que silenció al planeta. Tras despertar en un mundo cubierto de cadáveres, compartí mi soledad con otros siete supervivientes. No obstante, aquellos que intentaron investigar el origen de la extinción murieron en situaciones extrañas, y el tiempo terminó por consumir al resto. Cuando creía ser la última persona sobre la faz de la Tierra, un hallazgo inesperado lo cambia todo.
Portada de la novela El Alfa es mi mascota
7.9
El temible alfa Lord encuentra a una pequeña en el bosque y descubre que es su pareja predestinada. Decide criarla, pero un rapto los separa por años. Selena crece como veterinaria, olvidando su pasado, hasta que rescata a un lobo lastimado sin saber que es el líder que nunca dejó de buscarla. El destino vuelve a entrelazar sus vidas de forma insólita: ahora el poderoso guerrero es su mascota, mientras el amor y la verdad aguardan ser revelados.
Portada de la novela La otra cara del príncipe
8.5
Tras trece años de exilio y el trauma de ver morir a su madre, el príncipe Tuva Eke regresa marcado por el desprecio familiar y sus limitaciones físicas. Aunque muchos lo tachan de demente, él busca justicia en un mundo en plena transformación. Su destino se une al de una mujer llena de prejuicios tras un matrimonio impuesto. Juntos, superarán el rechazo inicial para formar un vínculo capaz de desafiar el poder de los grandes líderes de las estepas.