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Portada de la novela A sus ordenes: La secretaria del CEO frio

A sus ordenes: La secretaria del CEO frio

Mariana, empleada en Vázquez Corporations, ve su vida cambiar drásticamente tras una noche de pasión con su jefe, Raúl Vázquez. Al descubrir su embarazo, decide ocultarlo, sin saber que el frío empresario la ha envuelto en una red de traiciones y ambición. Mientras escala posiciones, comprende que solo es un instrumento en los planes de Raúl. Atrapada entre el sometimiento y la rebelión, deberá luchar por su libertad y futuro frente a un hombre implacable.
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Capítulo 2

Mariana había tenido tiempo de adaptarse a la rutina en Vázquez Corporations. Había estado allí una semana y ya se sentía como un engranaje más en la gran máquina de la empresa. Sus tareas eran exigentes, pero controlables. Raúl no le había dado más que una mirada rápida el primer día, pero el peso de su presencia seguía acechándola en cada esquina de la oficina.

Era tarde un jueves cuando la invitación llegó por correo electrónico. Algo que, en principio, parecía una formalidad: "Cóctel empresarial, Vázquez Corporations, 8:00 p.m. - Aforo limitado, confirmar asistencia." Sin dudarlo demasiado, Mariana respondió afirmativamente. No solo era una oportunidad para ampliar su red de contactos, sino también una excusa para observar más de cerca a Raúl Vázquez, el hombre que gobernaba la empresa con mano de hierro.

Al llegar al elegante salón del evento, la atmosfera era completamente diferente a la de la oficina. La iluminación suave y la música tranquila contrastaban con el ambiente implacable y frío de los pasillos corporativos. Un grupo de empleados y socios se mezclaba entre copas de vino y conversaciones en tono bajo, creando un ambiente de distensión que, sin embargo, mantenía la misma sensación de control que Mariana había experimentado desde su llegada.

Mariana se ajustó la blusa y, con una copa de vino en mano, se dispuso a explorar la sala, buscando a los ejecutivos más importantes. A medida que avanzaba entre las conversaciones, su mirada se detuvo en él: Raúl Vázquez. Estaba parado en un rincón, su figura alta y recta como siempre, como si fuera el punto de atracción natural del lugar. Su traje oscuro y perfectamente ajustado hacía que pareciera una sombra en medio de las luces suaves del salón. Había algo en él, en su presencia, que hacía que todos los que lo rodeaban, sin importar su estatus, parecieran pequeños.

Mariana sintió un nudo en el estómago. Era imposible no sentirse atraída por él. La manera en que Raúl irradiaba poder, el control absoluto que parecía tener sobre todo lo que lo rodeaba, era tan palpable que casi se podía tocar. En ese momento, recordó lo que había oído de él: un hombre imparable, calculador, frío. Pero, a pesar de todo eso, había algo que la fascinaba. Era imposible no notarlo. ¿Cómo no sentir una atracción por alguien tan imponente? Pero Mariana sabía mejor que nadie que ese tipo de sentimientos solo traían problemas, especialmente con alguien como Raúl.

Decidió acercarse con cautela, tratando de disimular el revuelo que su corazón comenzaba a generar en su pecho. Al cruzar un par de pasos, él levantó la mirada y la vio. No fue un saludo amable, ni un gesto amistoso. Raúl la observó como un depredador observa a su presa, pero sin prisa. Fue un instante que pareció eterno.

"Sra. González," su voz, baja y grave, resonó en su oído como una orden disfrazada de saludo. "No esperaba verlo aquí."

Mariana se detuvo justo frente a él, sintiendo que la conversación ya comenzaba con una tensión que no había anticipado. Raúl no era el tipo de hombre que sonreía en una reunión social, y menos si su interés era algo tan fugaz como un saludo cordial. "No quería perder la oportunidad de conocer a algunos de los socios más importantes de la empresa, Sr. Vázquez," dijo ella con una sonrisa profesional, aunque sus palabras sonaban mucho más cautelosas de lo que ella pretendía.

Él asintió, pero no se movió ni un centímetro. Su postura, rígida y dominante, dejaba claro que, aunque el evento era social, él no estaba allí para socializar. "Lo que espera lograr aquí es claro, Sra. González," respondió con una voz que no dejaba lugar a dudas de que estaba evaluándola. "Pero recuerde, este es un entorno donde la imagen lo es todo. Las apariencias son tan poderosas como la habilidad."

Las palabras de Raúl fueron como un recordatorio brutal de la verdad que Mariana ya sabía: la empresa no era un lugar para debilidades ni para mostrar inseguridades. Raúl no tenía tiempo para conversaciones vacías. Cada palabra que decía tenía un peso que Mariana sentía, como si cada conversación con él fuera un examen.

"Lo tendré en cuenta," respondió Mariana, manteniendo el tono serio y profesional que él esperaba. Sin embargo, en su interior, su mente comenzaba a cuestionarse las implicaciones de sus palabras. ¿Estaba siendo evaluada ya? ¿En qué sentido?

Raúl tomó un sorbo de su copa y la miró de nuevo, esta vez con una intensidad que hizo que sus rodillas temblaran. "Veremos qué tan bien se adapta a este ambiente," dijo sin sonreír, pero sin necesidad de añadir más. Sus palabras fueron claras: la competencia era feroz, y nadie estaba a salvo, ni siquiera ella, a pesar de que acababa de llegar.

El comentario lo dejó flotando en el aire. Mariana no estaba segura de si quería seguir esta conversación o si preferiría huir a otro lugar. Pero su instinto profesional la hizo mantenerse firme. "Espero estar a la altura de las expectativas, Sr. Vázquez." Fue la respuesta que ofreció, consciente de que su carrera ya dependía de cada palabra que saliera de su boca.

Raúl la observó un momento más, como si estuviera buscando algo en su expresión. "Estoy seguro de que lo estará," dijo finalmente, aunque la frialdad en su tono sugería que no estaba completamente convencido. "Pero no olvide que en este entorno, lo que importa es el resultado. Y los resultados... se toman."

Mariana sintió como si un peso cayera sobre ella. Raúl no estaba interesado en las promesas ni en las buenas intenciones. Para él, las cosas eran simples: o tenías lo necesario para triunfar, o caías. No había espacio para grises. "Entendido," respondió ella, sin saber si realmente estaba preparada para lo que venía.

Raúl le dedicó una última mirada y, con un movimiento casi imperceptible, giró hacia otro grupo de personas con quienes continuó la conversación. Mariana, por su parte, se quedó allí, observándolo un momento más. Era fascinante, sí, pero también aterrador.

A medida que la noche avanzaba y las conversaciones se volvían más relajadas, Mariana se dio cuenta de que, a pesar de su atracción hacia él, debía mantener su distancia. Raúl no era solo un hombre de poder, era un hombre que jugaba según sus propias reglas, y no había espacio para distracciones personales en ese juego.

Mariana dejó escapar una respiración que ni siquiera sabía que había estado conteniendo. Estaba lista para dar lo mejor de sí, pero también sabía que tendría que ser más astuta y calculadora que nunca si quería sobrevivir en ese mundo donde la imagen, el poder y la ambición se entrelazaban con peligros invisibles.

Raúl Vázquez había marcado la pauta. Ahora, todo dependía de ella.

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