Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela 0.1 Cerca del abismo

0.1 Cerca del abismo

Descubre los orígenes de Mason en esta precuela de Cerca de tu corazón, donde la lucha por la libertad se enfrenta a una realidad abrumadora. Atrapado en una espiral de sueños perturbadores y memorias que lo torturan, el joven decide refugiarse en la escritura. En las páginas de su cuaderno, intenta canalizar el dolor y las emociones que lo consumen. Su meta es apagar ese incendio emocional y hallar el consuelo que el destino parece negarle.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Falling In Reverse - I Don't Mind

La canción que escucho no tiene una letra que hable sobre algo asociado a mí, pero el ritmo es grandioso y de algún modo imagino que puedo escribir mientras siento que estoy cayendo por un precipicio y veo mi vida pasar ante mis ojos con ese ritmo bajo. Cuando descubrí a mi banda favorita hubo un antes y un después en mi vida, como todo el que de repente siente que una canción fue escrita para definirlo y la escucha hasta que la odia.

Puede que ahora me jacte de haber logrado salir del agujero en el que existía, pero eso no quita que durante cierto tiempo y sin darme cuenta o haciéndome el ciego, más bien, viví una vida de monstruo que hacía monstruosidades.

Todo más o menos pasó cuando tenía diez años. Ya era un experto en artes marciales, los monstruos me habían enseñado el negocio detrás del gimnasio, y ya tenía suficiente experiencia lidiando con la mierda en mi pocilga.

Me daba rabia, ya no tristeza, ver que otros niños eran felices yendo con sus papás a casa, que las niñas se les acercaban y sonreían; aunque esto último realmente era lo que menos me irritaba. En realidad, creo que me molestaba el hecho de que las niñas se les acercaran a determinados niños que yo consideraba interesantes. No lo sé, no es momento de averiguar qué significaba eso en particular.

En mis tiernos diez años vivía amargado. Rayaba los pupitres, golpeaba árboles, hacía añicos el saco de boxeo por demás desgastado en el gimnasio que manejaban los dos monstruos, ya tenía un muy profundo ceño fruncido, etcétera.

Todo lo que podía destrozar lo destrozaba. Un día tomé la mochila de una niña que estaba por confesarse a un niño de mi clase. La chica chillaba como loca porque no hallaba su mochila y no podía salir de la escuela sin ella, pero creo que le interesaba más llegar a tiempo para subir al autobús con el niño que lo otro. Me burlaba de ella mientras sus amiguitas me llamaban de todo menos buen niño, incluso el chico que ella quería se puso de mi lado: se rio porque era una broma muy bien ejecutada y ver que ella lo tomaba tan en serio solo le hizo pensar que era una tonta.

No me gustó que lo consideraran una broma. Fui hasta el escondite donde dejé esa cosa rosada y la rompí en mil pedazos. Cuando la niña la halló en un cesto de basura, destrozada desde las correas hasta la cabeza de unicornio afelpada, se largó a llorar y el niño perdió interés en ella.

Al día siguiente ese niño me buscó para que fuera su amigo y juntos hiciéramos ese tipo de bromas con finales inesperados. Le dije que sí y me dio la brillante idea —horrible ahora que lo pienso— de amenazar a los chicos con almuerzos que parecían de restaurante gourmet, con un compás para que nos den esa comida. Si se atrevían a protestar, serían carne picada. Así fue como hice un primer amigo, podría decirse. Juntos nos encargamos de hacer la vida imposible a todos en el aula.

Íbamos a ver al director a cada rato y siempre era Brody el que asistía cuando tenía mal comportamiento porque el viejo y el tonto nunca pondrían un pie en una escuela. Esa época fue la que más hice padecer a Brody.

Recuerdo que una vez él me sacudió en medio de la calle diciendo que siendo así no llegaría a ningún lado. Le di un pisotón y no me importó quebrarle el pie. Y ahora que lo pienso, tener a Brody conmigo significaba rescatar un poco de la humanidad que me quedaba. Al ver que esta vez sí me había pasado con él, me sentí algo mal, pero no debía pasar mucho para olvidarme de esa ráfaga de sentimiento; un poco de televisión y los gritos y golpes del viejo junto con los del tío y ya estaba de nuevo hundido en las aguas negras que me cobijaron desde que nací. También, por las muchas veces que la amenaza de muerte se posó en mi frente, no había demasiada humanidad que me quedara.

A esas alturas ya pensaba que el arma con la que querían volarme los sesos era de juguete, aunque nunca me arriesgaba. Me veía como un perrito bien adiestrado ante los monstruos, pero cuando tenía oportunidad de pelear me defendía cuanto podía de sus miserias.

Entonces, seguía con mi vida de bully, pero evolucionaba, siempre buscaba más letalidad. Decidí que lograría sembrar terror en los niños tontos si los golpeaba. Es decir, si a mí me hacía fruncir el ceño y morder mis labios para no gritar, a ellos seguro los haría pedazos.

Así fue como una tarde me metí con niños de primero de secundaria. Peleamos y fui el ganador; ellos, en cambio, se fueron a sus casas con la sangre chorreando de su nariz y boca. Recuerdo inesperado: a uno le lancé una piedra por decir mierda al lado de mi nombre y me gustó el sentimiento de poder; como cuando herí a ese tipo en mi casa. Se sentía bien ejercer ese dolor. Por algo es por lo que los demonios en mi casa disfrutaban tanto golpearme.

Evolucioné a tal punto de sentir que molestar con pequeñeces estaba sobrevalorado. Comencé a acorralar chicos, a hacerles sentir el dolor que yo ya había dejado de sentir hacía tiempo, a querer salir golpeado a veces, pero siempre aprendiendo cómo ejercer el mayor daño posible. También aprendí de la manera en que los demás bullies de secundaria hacían sus cosas y llegué a comprender cómo emboscar gente, alejar sospechas y atemorizar a los tontos.

Les rompía la nariz, sus caras, sus huesos y luego presionaba esa área dolorosa y los miraba a los ojos, diciéndoles que, si me delataban, habría otra zona que dolería como la que estaba doliendo en sus cuerpos en ese momento. Eran niños, obviamente se meaban de miedo y sus padres exigían saber quién era el responsable.

Yo siempre me dejaba pegar por algún bullie superior a mí cuando consideraba que era tiempo de parecer víctima. Funcionaba tan bien el plan, que los padres de los niños que atormentaba me veían como si vieran a sus hijos cuando relataba el horrible suceso, con las manos de Brody en mis hombros.

Ningún niño se atrevía a revelar mi artimaña, al contrario, parecía que estaban dudando de si realmente yo había sido su agresor.

De vez en cuando molestaba con pequeñas cosas como cortar el cabello de las niñas o empujar niños, para mantener bajas las sospechas sobre mí, pero fuera de la escuela, los atormentaba y humillaba porque siempre necesitaba sentir más poder y saber que nadie sería capaz de vencerme.

Sé que los golpes de judo y demás artes marciales no se usan para herir, usaba lo que el viejo y el tonto me enseñaban, lo que hacían en mí y solo cuando estaba muy torcida mi psiquis utilizaba algo de lo otro. Ese combo de violencia me hacía sentir bien, poderoso, que podía controlar lo que yo quisiera.

Así me mantuve en mi papel de bully, mejorando mi técnica, dejando pasar el tiempo para que crean que pudieron controlarme las autoridades, siendo derrotado por otro niño para que no me consideraran una amenaza y descansar de las dudas hasta que el nuevo bully acababa echado de la escuela por no ser prudente y yo sonreía porque el verdadero demonio todavía caminaba entre ellos. Era un estratega, veía más allá de todo a pesar de tener diez malditos años, pero sufría como nadie y eso supongo era lo que me impulsaba a mejorar en algo.

En mis tiernos diez años ya no había tristeza, solo odio y ganas de quebrar este mundo injusto que me quebró a mí.

En mis tiernos diez años también pensaba que morirme iba a ser una buena solución, pero sabía que eso solo sería una victoria para los dos locos que tenía por familia. Resistir, en cambio, les mostraría que el niño que molestaban tenía pelotas de acero.

Sobrevivir significaba joderles la vida a los monstruos y sin duda alguna hice de eso mi objetivo.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Cautiva por el mercenario
8.5
Elena se ve forzada a enfrentar una realidad aterradora: recuperar una carta robada por su hermano a la mafia para garantizar la vida de su madre. En esta travesía desesperada conoce a Iván, un antiguo mercenario que busca redención. Aunque él arriesga su propia seguridad y la de su equipo al protegerla, la astucia de Elena y la fuerza de Iván se vuelven vitales. Rodeados de secretos y peligros, ambos lucharán por sobrevivir a una misión que cambiará sus vidas.
Portada de la novela El Altar, Las Mentiras, Su Penitencia
9.7
Abandonada en su boda por Carlos y traicionada por sus parientes, una mujer se dedica a criar sola a su pequeño Leo. La calma se rompe cuando Carlos reaparece años después, obsesionado con reclamar su paternidad mediante pruebas de ADN. Tras romper con su familia y resistir los ataques de su hermana, los secretos del pasado salen a la luz. Mientras él busca redimirse, ella decide otorgar una oportunidad al hombre que la amó lealmente en las sombras.
Portada de la novela ¿El mejor sabor de helado? Tú (Trilogía TQST)
9.7
Matt se ve envuelto en un caos personal cuando su hermana publica un anuncio en la prensa de Triz para buscarle pareja. Aunque él está decidido a evitar cualquier relación formal, saboteando los encuentros de Ann con Kyle y buscando romances fugaces, el destino tiene otros planes. Pese a su resistencia y a las bromas de su círculo cercano, Matt descubrirá pronto que los sentimientos son imposibles de manipular y que el amor real no se puede evitarse.
Portada de la novela El Precio del Perdón Negado
8.4
La cena de gala anual de los Robles, un escaparate de poder y opulencia, era el último lugar donde quería estar. Pero mi madre, Doña Elena, siempre maestra de las apariencias, había insistido para demostrar la "unidad" familiar. Apenas entré, los susurros me persiguieron como sombras: "Ahí está Armando Robles... dicen que estuvo preso... no, en una clínica por drogas... qué terrible, parece un monstruo". Ignoré las miradas de lástima y desprecio, y me acerqué a la barra. Allí, mi hermanastro Diego apareció, con su sonrisa de mártir. Me ofreció champaña, insistiendo en un brindis "por el pasado". "No bebo", respondí secamente. Él sabía por qué. "¿Todavía me culpas por ese pequeño... accidente?", preguntó con falsa inocencia, refiriéndose a la noche en que Sofía, mi exesposa, me había desfigurado con ácido. En ese instante, Sofía se acercó, y para mi sorpresa, le dijo a Diego que me dejara en paz. Pero Diego, el eterno manipulador, se deshizo en lágrimas, atrayendo la atención de todos. Sofía, cayendo en su trampa habitual, se volvió hacia mí, con el rostro endurecido. "Armando, ¡ya basta! ¡Discúlpate con él y tómate esta copa! ¡Ahora!". Me aferró la nuca y me obligó a abrir la boca. El champaña helado quemó mi garganta dañada. Me doblé, tosiendo, y un chorro de sangre salpicó el impecable mármol. Un silencio sepulcral llenó el salón, solo roto por un parpadeo en la pantalla gigante. La imagen cambió de un niño sonriente a un video granulado. Era una celda oscura, y yo, atado a una silla, siendo torturado. El sonido del látigo, mis gritos ahogados, las risas crueles de los guardias... todo llenó el salón. Caí de rodillas, suplicando entre sollozos, reviviendo mi infierno ante cientos de miradas. Cuando mis ojos encontraron los de Sofía, le dije: "Quiero el divorcio ahora. Y no quiero nada de ti. Quiero ser libre de todos ustedes. Me han quitado todo". Mi madre, en su pánico, intentó negar lo que se veía en pantalla. Diego, el vil, me acusó de haber filtrado el video para dar lástima. Y Sofía, tan predeciblemente, dudó de mí. "Armando... ¿tú... tú hiciste esto?". Esa pregunta. Fue el golpe final. Esa noche, encerrado en mi antigua habitación, supe que mi única salida, mi verdadera libertad, no era vivir. Era escapar.
Portada de la novela El secreto de la guarida: La furia de la novia
9.8
Siete días antes de mi enlace, un video anónimo en 'La Guarida' reveló la traición de Damián, mi prometido, con Catalina, mi mejor amiga. Tras descubrir que él solo codiciaba la fortuna familiar, un incidente provocado me arrebató cruelmente a mi hijo. Damián jamás me amó; su plan fue pura ambición. Pensaron que me habían derrotado, pero su engaño solo encendió mi deseo de destruirlos. Ahora, mi venganza los reducirá a cenizas. El juego ha cambiado.
Portada de la novela Errores imperdonables, deudas impagas
9.7
Tras impulsar la carrera de Kael Valdés hasta la cima, creí que su afecto era real. Sin embargo, el regreso de su antigua novia reveló su desprecio; me humilló y abandonó cuando más lo necesitaba. Herida tras un accidente, Kael priorizó a Sofía y negó el permiso para mi operación vital. Ante su traición, firmé mi propio consentimiento médico al borde de la muerte y busqué a Eduardo, aceptando la propuesta de matrimonio que cambiaría mi destino para siempre.