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Tu Amor

In a world where shadows and magic collide, a forbidden passion ignites between two souls from rival factions. As the heir to a powerful crime syndicate, he never expected to lose his heart to a woman possessing mystical secrets that could destroy his empire. Amidst brutal power struggles and ancient enchantments, they must navigate a landscape of betrayal. Their survival depends on a bond that defies both mafia laws and supernatural fate.
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Chapter 8

Una semana había pasado, una semana en la cual León y nana, solo hablaban de Nammi, e incluso pudo ver de reojo como su hijo sonrió en más de una ocasión por solo recordar algo que esa mujer había hecho o dicho, y aunque sus custodios le consiguieron información de la joven, aun sentía que había algo raro en ella.

— ¿Sucede algo señor? — indago su custodio, luego de verlo leer la misma carpeta por decima vez.

— Solo llego a Paris, donde ya tenía un departamento esperándola, y estaba matriculada en la universidad, ¿y lo demás? De donde viene, ¿Quiénes son sus padres? ¿realmente no tiene familia? Dime Emanuel, ¿por qué nadie puede conseguir más información de ella? — estaba molesto, y lo más seguro era que al fin se había vuelto paranoico.

— Creo que esa mujer está escapando de algo o alguien, siempre la veo mirar a su alrededor, como esperando que alguien llegue por ella.

— Creo que es hora de que conozca a la amiga de mi hijo.

Nammi quito la tarjeta de memoria de su móvil, para luego dejarlo caer en la alcantarilla, sus manos aun temblaban de solo recordar la imagen que Amapola le envió.

— Mataron a Bairon. — susurro un segundo antes de escuchar a León llamarla, habían quedado de encontrarse en el parque, no podía permitirse ser débil, no frente a León, que más que un joven de 16 años se comportaba como un crio de 10 años. — Hola pequeño. — acaricio su melena roja, le gustaba, era como tocar los rayos del sol, estar con León le daba una paz, que hacía más de un mes no sentía.

— Mira Nammi, tengo una cometa nueva, y también hay una para ti.

— ¡Si! — grito con verdadero entusiasmo, su niñez no fue la mejor, aunque su padre siempre se ocupó de darle lo más indispensable, claro que los juguetes y cometas no entraban en la lista.

— Bien, mientras ustedes corretean yo descansare mi cuerpo viejo y maltratado. — Nammi sonrió por solo ver a la anciana caminar al mismo banco donde un hombre mayor estaba alimentando a las palomas.

— Siempre es el mismo hombre. — informo León, algo que no le gustaba.

— No seas celoso León, deja que Mimi se divierta.

— Pero si se enamoran, se va a casar y yo… quedare solo con mi padre. — el rostro pecoso del joven se veía abatido.

— Lo dices como si fuera algo malo. — intervino Nammi acariciando su espalda, necesitaba confortarlo, como alguna vez su padre lo hizo con ella.

— Es malo, mi papá no me quiere, yo… — León vio los verdosos ojos de su actual amiga, no podía decirle que estaba loco, no debía decirle a nadie que una vez escucho voces decirle que debía matar a quienes queria.

— Tu, nada, me oyes León, no conozco a tu padre, pero si se de personas que no… son la mejor compañía para los niños. — la joven no pudo evitar recordar a su madre, como tampoco pudo evitar sentir más empatía por León, era como si el destino los hubiera unido.

Sin decir más, Nammi lo alentó a despegar su cometa y ella se le unió, se estaban divirtiendo, corriendo de un lado a otro, tratando de aprovechar el poco viento que los envolvía, hasta que Nammi choco con un hombre, el cual se tambaleo igual que ella.

— Oh, disculpe. — se apresuró a decir mientras veía al pelinegro frente a ella.

— … — mientras Luc, solo pudo mover su boca, cual pez fuera del agua, sin que pudiera salir ni media palabra, era ella, la reconocería donde fuera, su rostro al igual que sus gritos lo atormentaban cada noche, hacia más de un mes.

— Papá. — lo llamo León y casi en simultaneo Mimi se les sumo.

— Por Dios Luc, preséntate con la amiga de tu hijo, no me hagas quedar mal niño. — medio le susurro la anciana a su jefe, aunque Nammi la escucho fuerte y claro, algo que la hizo sonreír.

— Bueno, creo que lo golpee más fuerte de lo debido, mi nombre es Nammi… — extendió la mano, borrando cualquier tipo de recelo que la conversación anterior con el pequeño pelirrojo le había producido, ya que Luc, como lo había llamado Mimi, no parecía ser un mal padre, al menos no se parecía a Marsella, la madre de Nammi.

— Nos vamos nana, León a la camioneta, ahora. — Nammi dio un paso atrás de la impresión, no solo por la voz ronca del mayor, sino por la forma en que la vio, como si fuera el mismo diablo.

— No quiero, no voy a dejar a mi amiga. — se quejó su hijo y Luc lo tomo del brazo.

— Dije que nos vamos. — advirtió viéndolo a los ojos, no queria a esa joven cerca de León, mucho menos cerca de él.

Nammi permaneció en su lugar, no sería la primera vez que alguien actuaba a si por solo verla, claro que no, vivir en una casa rodante y tener una madre alcohólica, fue la peor carta de presentación que tuvo en su juventud, pero creyó que esos días habían quedado atrás, al igual que su madre.

— Mire señor, no sé qué bicho le pico, pero no es motivo para que le hable así a León, por más de una semana hemos sido amigos y de usted ni sus luces y ahora viene a hacer el papel de padre ejemplar… — no tenía derecho a interferir, no debía hacerlo, solo era un joven que conocía de días, pero como le hubiera gustado a ella que alguien la defendiera cuando su madre la avergonzaba en su adolescencia.

— Es que no me quiere, ¡mi papá no me quiere! — León lloraba, al fin luego de más de seis años León lloraba y Luc no sabía cómo actuar.

— Hijo…

— No fue mi culpa que mamá muriera, ¡yo no la mate!

Nammi sabía que estaba en medio de algo grande, demasiado familiar para su gusto, ¿acaso el dolor la seguiría por siempre?

— ¡León! — Luc grito al tiempo que le hacía señas a sus hombres de mantenerse en su lugar, era su hijo, era por él por quien había hecho todo, y parecía que estaba funcionando, León estaba demostrando sus sentimientos de una manera que no lastimaba a nadie o eso creyó, hasta que el joven corrió por medio de la avenida, y Luc lo siguió.

— ¡Dios mío! — gritaron a la vez las mujeres, mientras Mimi se desmallaba, Nammi se preguntó si acaso estaba maldita.

La castaña corrió junto a los custodios al medio de la avenida, mientras los hombres se ocupaban de su jefe, ella solo se dedicó a abrazar a León, quien veía el cuerpo de su padre tendido sobre el asfalto y su cuerpo se estremecía con el sollozo creciente en él.

— Mate a mi papá, yo mate a mi padre. — repetía con apenas un susurro viendo como parte del cuerpo de Luc estaba de un modo poco normal tendido en la fría calle y como de su boca salía un hilo de sangre.

— Fue un accidente León, no fue tu culpa. — aseguro, Nammi tratando de mover al delgaducho.

Fueron solo minutos, en los cuales sus vidas cambiaron para siempre, Nammi estaba sola, y aunque sentía que aquella noche había perdido lo más valioso que ella pudiera poseer, aun perseguía su sueño, dudando en que Greco De Luca fuera por ella, no se daría por vencida en tratar de encontrar su lugar en el mundo, y Luc, solo queria alejarse de esa joven que lo atormentaba cada noche, pero el destino tenía otras cosas preparados para ellos.

La joven supo que la familia de León era importante o adinerada en el momento que un helicóptero aterrizo en el parque solo para asistir y llevarse a Luc al hospital, y ella… fue arrastrada no solo por Mimi, también por León, quien no se separó de ella, era como si solo la joven pudiera contenerlo.

— Yo creo… — dijo aun con los nervios de punta mientras esperaban en el pasillo del hospital.

— No puedes irte Nammi, por favor, León te necesita, yo solo soy una anciana y la verdad es que ninguno de los guardias sabrá lidiar con León si algo pasa. — Nammi no queria saber que era lo que esperaba Mimi que sucediera, si, fue un gran accidente lo que paso, aun la imagen se mantenía fresca en su mente, como el vehículo azul golpeo primero las piernas del mayor, para luego impactarlo contra el parabrisa y finalmente verlo volar sobre el techo del automóvil, pero, quizás no era tan grave o eso queria pensar.

— Tranquila Mimi, soy enfermera y sé muy bien que a veces las cosas pueden parecer peores de lo que son, lo he visto muchas veces, sé que… Luc ¿verdad? — la anciana asintió con la cabeza. — Bien, sé que parecía estar mal, pero creo que no es el caso.

— ¡Lo arrollo un automóvil! — rebatió a grito y temblando una vez más, aquella mujer que había criado al mayor.

— Lo sé, lo vi, pero también noté que estaba recobrando el conocimiento cuando lo subieron al helicóptero y…

— ¿Familiares del señor Ambiorix? — Nammi suspiro con tranquilidad, en el tiempo que trabajo en el hospital de Chicago aprendió a diferenciar cada mirada de los doctores, sabía que ese hombre no estaba muerto, solo herido.

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