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Portada de la novela Yo no soy el villano

Yo no soy el villano

Con diecisiete años, Beatrix proyecta una vida de ensueño junto a su prometido perfecto y un estatus social envidiable. No obstante, la realidad tras esa máscara de privilegio es una amarga insatisfacción. El arribo de una nueva estudiante al colegio desata en ella una furia inesperada, llevándola a actuar de forma errática. En este camino de tensiones y arrebatos, Beatrix inicia un viaje interno para reclamar su lugar como la auténtica protagonista.
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Capítulo 3

Me agaché lentamente, apoyando mi trasero en la parte de Felipe y recogí los dos libros que estaban en el suelo, en cuanto los recogí volví a la posición en la que estaba unos minutos antes, su mirada cambió a incomodidad y antes de que pudiera volver a cogerlos dejé caer los libros a propósito sobre su pie, haciendo reír a mis amigos. 

- No sabes con quién te estás metiendo, chica. ¿Quieres que sea el villano? Bien, seré el villano, pero no me pidas que me detenga, porque realmente no lo haré", le hablé al oído y me fui al salón sin tomar el mío. 

Nuestros amigos me habían seguido, excepto él, lo que me entristeció. No sabía qué pretendía esta chica, pero lo averiguaría y le mostraría la verdadera persona que era. 

- ¡Estuviste genial, amigo mío! - Aline me abrazó en cuanto me senté en la última mesa del fondo.

- Ella misma tiró los libros y quiso hacerse la víctima -dije, apostando por lo roja de rabia que estaba. 

- Hizo lo mismo con Aline y se hizo la víctima conmigo, la diferencia es que yo estaba lejos y vi lo que realmente pasó. 

- Creo que se va a hacer la víctima de todos los chicos de este colegio, espero que todos se den cuenta de lo perra que es esta santa engreída -dijo Victoria, y a los pocos minutos entraron Felipe y Caroline, sus ojos parecían llorosos, pero a mí no me importaría, porque yo no soy la villana. 

Cuando Felipe se sentó a mi lado no dijo nada, era como si estuviera enfadado por lo que había pasado hace unos minutos, y en cuanto entró el primer profesor en clase se quedó totalmente inmóvil sólo pensando, y yo daría cualquier cosa por saber en qué. 

La clase pasó rápidamente, bueno, en realidad no fue una clase, sólo se presentaron los profesores y se entregaron los contenidos que iban a repasar. A veces pillaba a la nueva alumna mirando fijamente a Felipe, que no parecía darse cuenta, pero le daba un beso, lo que la hacía volver la cara rápidamente. ¿Cómo puede una persona ser como era?

Cuando nos soltaron, tanto el equipo de baile como el de baloncesto se habían quedado para el último entrenamiento antes del partido de mañana, ya que íbamos a bailar para la inauguración. Aline y yo éramos líderes del equipo de baile, no éramos tan cercanas, pero también era mi amiga.

- Así no chicas, la pierna derecha va primero" grité para que todos en la cancha pudieran escuchar y ajustar la coreografía. 

- ¿Y si hiciéramos un puente al final y todo el mundo saltara? - sugirió Clara.

- Sería una buena idea, podemos probarlo para la próxima. - Lo dejaré para otro momento, Clara. ¡Estás despedido! - gritó Aline y se dirigieron al baño de mujeres. 

- ¿Te vas a duchar aquí o en casa? - me preguntó, mientras se limpiaba la cara con una pequeña toalla.

- En casa, buscaré a Felipe para que me lleve de vuelta.

- Se fue antes, ¿no lo viste, amigo? - Me preguntó y me quedé confuso. 

- Sinceramente no, hace mucho tiempo que se fue...

- ¡Hace una hora! - Peter vino detrás de nosotros hablando.

- ¿Sabes a dónde fue?

- No, dijo que tenía algo que atender y nos dejó ir temprano.

- Tal vez sea algo en su casa". Me quedé pensativa cuando lo dije, él no era de los que se iban antes de tiempo, y más cuando no hacía ejercicio, por no decir que también me lo decía. Es raro. 

- Te llevaré a casa si quieres", sugirió Peter. 

- Muchas gracias y me apunto a tu viaje, me ayudará mucho a que no me asalten de camino a casa. 

- Pensé", dije, "Estoy seguro de que encontrarás que es una buena idea esperarme fuera de la puerta. 

- Espérame fuera y traeré el coche - pidió Felipe 

Íbamos caminando hacia las afueras de la escuela y yo estaba muy aprensiva por qué Felipe no me había avisado que se iría antes y no me llevaría, me preocupaba su salud y también la de su familia que tanto quería, pero si éramos novios, debíamos compartir todo con el otro para no caer en la rutina y terminar desgastándonos. 

- Relájate, puede que haya sido algo relacionado con uno de sus parientes", dijo Aline como si leyera mis pensamientos. 

- Sí, tal vez lo fue y sólo estoy exagerando pensando en cosas que no existen.

- Él te ama, estoy seguro de que nunca te haría daño. 

- A veces tengo miedo y reconozco que me siento amenazada por la llegada de la nueva alumna, siento que no es una buena persona.

- Me di cuenta de que en la fiesta de ayer, de todos modos, también tendremos que tener cuidado con ella - me dijo Aline y me pregunté de qué era capaz cuando llegó Pedro llamándonos. 

El trayecto hasta mi casa duró unos veinte minutos, cuando me despedí de mis amigos y entré en la casa, escuché fuertes ruidos que provenían de la habitación de mi padre, siempre era así cuando llegaba, nos acusaba a mí y a mi madre, algo que hacíamos sin que él siquiera lo pidiera, mi madre vivía en un matrimonio infeliz, todo por culpa de mi difunto abuelo, un matrimonio concertado siempre terminaba así, ninguno de los dos sentía amor por el otro, al menos por parte de mi padre, ya que yo sentía lo mucho que le quería mi madre. 

Cuando llegué a mi habitación, cerré la puerta con llave y me puse a llorar, era como si volvieran mis problemas y me derrumbara sin tener nada que hacer al menos. Se oían fuertes sollozos, hasta que para evitar que mi madre viniera a preguntar qué pasaba, decidí ir al baño para estar sola y que nadie me interrumpiera y no tuviera que dar respuestas. 

No sé cuánto tiempo estuve en el baño ahogando mis lágrimas en el agua, pero cuando salí me di cuenta de que el ruido había cesado y, al llegar a la ventana, el coche de mi padre ya no estaba allí. Por supuesto, nunca estaba en casa, como si tuviera otra familia. Aunque nos da todo, lo único que no nos da es amor. 

Me puse una sudadera y unos pantalones cortos y bajé al comedor, tenía hambre y no había comido desde que había llegado del colegio. Cuando miré el reloj me llevé un susto, ya indicaba casi las seis de la tarde, pero ¿a qué hora había llegado del colegio? Necesitaba hacer algo antes de bajar, cogí mi móvil y marqué el número de Felipe, pero fue en vano, no obtuve respuesta, pero más tarde lo volvería a intentar. 

Encontré a mi madre llorando nada más llegar al comedor, era una de las cosas que más odiaba ver, sentía que todo lo que le pasaba era culpa mía, aún sabiendo que la verdad no era esa.

- Mamá, ¿ha pasado algo? - Le toqué suavemente la espalda y se sobresaltó, pero luego sonrió tranquilizadoramente. 

- No, querida, sólo lo mismo de siempre, no tienes que preocuparte por eso", dijo mientras se secaba las lágrimas.

- No me gusta verte así, mamá.

- Al igual que no me gusta verte triste, pero así es la vida adulta querida, pronto estarás comprometida y sabrás lo que es. 

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