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Portada de la novela Vuelves a mi vida

Vuelves a mi vida

Tras hallar a su novio con su hermanastra, la doctora Aida Bell huye del país embarazada tras una noche con un desconocido. Años después, regresa para rescatar a su padre y a su hijo. Su única salida es suplantar a su hermanastra en un matrimonio arreglado con un hombre supuestamente enfermo. Entre sacrificios y secretos, Aida deberá navegar un camino lleno de desafíos y antiguas heridas mientras intenta reconstruir su destino en medio del dolor.
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Capítulo 2

La cara de su madrastra fue de completa impresión, sin embargo, no dijo absolutamente nada. Guardo silencio de principio a fin y se limitó a seguir escuchando hasta que pudiese intervenir.

—¿Qué tanto estas murmurando, Aida?

—Estoy hablando de tu maravillosa escena en mi casa con mi ex novio, Marie. —Aida respondió tratando de respirar profundamente—. ¿Necesitas que te recuerde los gemidos que hiciste en mi propia cama?

Marie frunció los labios y aunque arrugó la cara, lo único que salió de su boca fue: "ya terminaron, supéralo". Seguido de una risa traviesa. Entonces ella no dijo una palabra más, sino que fue su madrastra y su padre quienes interrumpieron el incómodo momento.

—Escucha, Aida. Lamentablemente, la empresa no va bien y se necesita urgentemente una gran cantidad de dinero. Sólo la familia de ese hombre está dispuesta a darnos el dinero con la condición de que se casen con él.

Aida se pensó por un instante las muchas opciones en las que podía salir beneficiada, volteo a ver a su padre y asintió ligeramente antes de poner su condición.

—Tengo una condición… Si voy a aceptar, pero quiero que me prometas ayudarme con mi hijo. Tiene leucemia y mi prioridad es ayudarlo, que me ayudes a encontrarle una médula ósea. Por lo tanto, quiero que me prometas que me apoyarás con su cura.

—Haré todo lo posible por encontrar la médula ósea compatible para tu hijo y que le proporcionaré la medicina más importante de la empresa.

Aida quedó satisfecha con la aceptación de los dos seres que tenía delante. Sin embargo, no pudo mostrar felicidad por dos personas que desde un principio traicionaron la confianza de su madre y además dañaron su vida.

Pero eso quedó atrás y ahora su hijo era quien más le importaba. Ese horrible recuerdo ahora estaba en el pasado y ahora lo importante era el siguiente paso una vez acertar el matrimonio. Mientras tanto, en su mente había decidido en secreto que, en cuanto su hijo se curara, se divorciaría.

Poco después la estaban enviando a la casa de su futuro esposo en donde la cuidadora de su futuro marido la llevo al salón de banquetes, allí se encontraba toda su familia y en donde uno en particular llamo su atención.

El hermano de su futuro esposo era su ex novio y no solo eso, nunca le dijo que la empresa de su familia era grande y se dedicaba principalmente a la fabricación de equipos médicos y medicamentos especiales.

Aida hizo una mueca, pero antes de que pudiera expresar su molestia, la cuidadora volvió a buscarla y la condujo a la habitación del hombre que yacía postrado en la cama.

Este es el señor Caiser Jones, su marido. —Dijo la señora que amablemente la había guiado de principio a fin y luego se retiró, dejándola sola con él—. Con su permiso, tengo que retirarme. Cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarme.

Aida le dio las gracias y asintió con una sonrisa. Por un momento lo miró fijamente y pensó que desde donde estaba el hombre se veía guapo, pero quería acercarse para verlo más de cerca y verificar algunas dudas y sentimientos que tenía. Sin embargo, Alex, su ex novio y hermano de su esposo, irrumpió en la habitación antes de que pudiera avanzar.

—¡Aida! Escúchame un momento, no te cases con mi hermano, por favor. Todavía te amo, terminar fue un error.

La mujer lo miró atónita, casi con un gesto de fastidio que trató de disimular.

—¿De qué estás hablando? Eso no fue un error...

—¡Dios mío Aida, mi hermano está en estado vegetativo! Si tanto deseas casarte con él, está bien, pero tan pronto como mi hermano muera podremos casarnos.

La mujer abrió los ojos severamente, sintió que alguien escuchaba escondido en las sombras y pronto fijó su mirada en un cuchillo para fruta que rápidamente tomó y lo puso en el cuello del descarado hombre.

—Escucha con atención, Alex. Me casaré con este hombre por mi propia voluntad y, lo que es más importante, porque lo amo y, créeme, estoy profundamente enamorada de él. Así que si no te importa, déjanos en paz.

El hombre apretó los labios con fuerza, frunció el ceño e intento quitarle el cuchillo de la mano. Entre ambos se desato una riña y una pelea que alarmo a los demás familiares que esperaban pacientemente fuera de la habitación, todos corriendo en dirección al alboroto y al abrir la puerta vieron a Aida llorando mientras Alex la sujetaba con fuerza.

Sin embargo, esto no fue lo más alarmante para todos, sino ver el cuchillo ensangrentado que yacía en el suelo.

Estaban espantados, preocupados, alterados y conmocionados con tal escena. Sobre todo porque conocían al hombre que sujetaba a Aida, y claramente una mujer no era motivo de aquel arrebato.

Y entre todo el alboroto, nadie se percató de los leves movimientos que Caiser hacía con los dedos en un intento por despertar.

—¡Aléjate de ella, Alex!

—Sí, muévete, ¿no sabes que eso te daría serios problemas?

—¡Dios! Este chico solo trae problemas.

Todos comenzaron a murmurar y rápidamente lo obligaron a alejarse de ella. Aparentemente, el único que no estaba seguro de lo que estaba haciendo era él.

—¡Discúlpate de inmediato! —Gritó uno de ellos al final de la sala y seguido de varios comenzaron a apoyarlo.

Después de tanta insistencia por parte de su familia, el hombre finalmente se disculpó a regañadientes y luego los separaron: se alejó de Aida por órdenes de su familia y a ella se la llevaron para curar su herida.

—Lo lamento mucho Aida, no queríamos que tuvieras aquel espectáculo recién conociendo tu prometido y peor aún, conociéndonos a todos.

—No se preocupe señor, es normal estos dramas familiares, ¿no cree usted?

El hombre se rio dejando ver sus dientes blancos, pareció hacerle gracia el comentario de la mujer que apenas estaba entrando a la familia. Cualquier otra en su lugar hubiera salido corriendo.

—En eso te doy toda la razón. Me alegra que seas diferente a las mujeres de hoy en día, es fácil saber cuándo las mujeres saldrán corriendo.

—Mi hermanastra seguramente saldría corriendo… —murmuró Aida para sí misma mientras asentía.

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