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Portada de la novela Vuélveme Loca

Vuélveme Loca

Una atracción arrolladora me domina cada vez que nuestras miradas se cruzan, encendiendo un ansia profunda de fundirme en su abrazo. Sueño con saborear la intensidad de sus besos y recorrer su cuerpo con mis manos, buscando que el calor de su piel me consuma por completo. Mi meta es desatar un incendio de caricias mutuas, provocando que él pierda la razón de la misma forma en que yo me vuelvo loca por su amor y su irresistible presencia.
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Capítulo 2

No sé por cuento tiempo me seguirás robando miradas, solo quisiera saber tus sentimientos y que dejes de pretender que no sabes nada, haces que se vuelva loco mi corazón, lo angustiante de todo es que cada vez que giro mi cabeza estas cerca mío, por varias noches apareces en mis pensamientos y sueños atormentándome.

Las veces que veía a Sebastián, este hombre soltaba una sonrisa ladina y movía la cabeza, acaso era muy evidente con las miradas come hombres que le daba, creo que no, pero la cuestión era que Sebastián despertó todo en mí, incluso aquellos sueños donde ambos nos entregábamos a la pasión, al deseo y a la codicia de cuerpos.

Mientras me encontraba en mis años de la universidad, supe cómo controlar aquellas hormonas alborotadas que me carcomían por dentro y aunque me propuse no hacer locuras hasta el momento lo estaba logrando pues practicaba Taekwondo lo cual me ayudaba en aquella frustraciones.

Aquel cuaderno donde escribía aquellas fantasías que tenia se volvieron en varios diarios, cada año había uno nuevo, ya parecían libros de biblioteca y lo peor fue cuando encontré a mi sobrino corriendo por la casa un fin de semana que fui de visita con uno de ellos.

Casi sufrí un ataque cardiaco, me sentía en ahogándome en un piscina, quería matar a ese mocoso, aunque era adorable lo quería matar, le arranche mi diario y le di un golpe en la cabeza con el cuaderno.

Cuando voltee para subir las escaleras, Sebastián me miraba con cara seria, me asuste, ¿será que habrá leído mis diarios? ¿Pensara que soy una pervertida? ¿Capaz me estoy imaginando cosas? y mientras las preguntas se desarrollaban grandes en mi cabeza apareció mi hermana, la cual había limpiado mi habitación en la mañana y pues se olvidó de echar seguro, así pude respirar aliviada, aunque la cara de seriedad a Sebastián no se le iba.

Ya que la universidad quedaba algo lejos de casa había decidido mudarme a los cuartos de la universidad, pero con la condición de que los fines de semana lo pasara en casa pues según mi hermana consideraba que eran las condiciones más adecuadas así no andaría por el mal camino, en fin, le daban por momentos reglas de madres.

Ya me incomodaba llegar a casa los fines de semana y no porque no quisiera ver a mi familia, sino que aquel hombre torturador estaba siempre en casa, mis diarios los había guardado en una caja con llave debajo de mi cama por seguridad y bueno el actual lo tenía conmigo.

Mi semana fue totalmente estresante pues tenía exámenes y estudiar medicina es algo de mucho estudio, me sentía agotada física como mentalmente y bueno rezaba por recibir una recompensa y una buena, pero jamás pensé que por primera vez me cumplieran el deseo, llegando a casa aquel viernes en la tarde después de una mañana ajetreada.

Estaba por ingresar a casa cuando un mensaje de mi hermana

- Hermanita salimos a pasear con mis dos amores de mi vida

- Ok, no hay problema

- No te vayas a asustar, creo que Sebastián está en casa

- ¿Que? ¿Porque? ¿Acaso no tiene casa?

- Si tiene, pero ya después te lo explico

- Uffff, está bien

Y bueno, mi ingreso a la casa estuvo tranquilo, pero mi tranquilidad acabo cuando después de todo mi recorrido ingrese a la cocina y vi a un chico solo en toalla al frente de la refrigeradora buscando quien sabe que, yo solo miraba aquel cuerpo tonificado hecho por el dios del gimnasio y unas nalgas redondas ocultas bajo aquella toalla y ni que decir de su cabello húmedo que daban ganas de enredar mis dedos y jalárselos.

Fue mala idea ver películas eróticas, ¡demonios!, disimule una tos a lo cual me dio una mirada de desaprobación algo que me incomodó, aunque por dentro estaba volviéndome loca, mis hormonas son feroces.

- Deberías decir tener un poco de descendía y no me mires así

- ¿Porque lo dices tu?

- Si porque lo digo yo, qué haces aquí, no tiene casa

- Si la tengo

- ¿Entonces?

- Eres muy niña para entender ciertas cosas

- Tengo diecinueve años

- Si tú lo dices, pareces una niña

Me sentí la persona más ofendida del mundo y aunque no nos tratábamos mucho y aunque no fui tan amable, pero tengo mis razones tampoco es para que me tratara como una niña.

Tengo todo en su lugar y mis medidas siempre han sido las adecuadas para no pasar desapercibidas y ni tan exageradas, todos en proporciones adecuadas.

Me la pase encerrada en la habitación, no quería salir para no verlo, pero moría de hambre y tampoco quería cocinar nada, la flojera me ganaba así que decidí pedir algo para comer y ya que me consideraba una niña, me compraré como una.

Baje las escaleras cuando sonó el timbre y sabía que era el delivery, caminaba con mi bolsa con dos hamburguesas y papas hacia mi habitación cuando aquel individuo que alborotaba mis hormonas aparece frente a mi sin polo completamente sudado y con una short algo pegado dejando mi imaginación volar y mis bragas por explotar.

- Ceo que pediste comida

- Mmmm

- Supongo que para ambos

- Supones mal

- No te comportes como una niña

- Si tú lo dices

Y ahí murió mi ilusión del día, sabía que era mejor verlo que hablarle ya que siempre estaba a la defensiva, según Samuel, su hermano era una abogados de armas tomar.

El fin de semana fue de una dura convivencia pues siempre se la pasaba vestido y ni que decir de su carácter educado y amoroso con el planeta tierra y sus seres humanos, conmigo era todo un caballero, pero a solas era un hombre amargado y sin corazón, pero aun así me traia babeando por él.

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