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Portada de la novela Vuelveme a encontrar

Vuelveme a encontrar

Kay Franklin escapa a través de un parque privado bajo una vigilancia oculta. Aturdida por el efecto de químicos, su vida depende de la velocidad con la que huya de quienes la acechan. Tras caer accidentalmente al lago, es salvada de una muerte segura en el último instante. Sin fuerzas y rodeada de incógnitas, la joven menciona a Amelia antes de perder el conocimiento. Su rescatista solicita auxilio inmediato para resguardarla del peligro inminente.
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Capítulo 2

Kay tiene las maletas en su mano, con todas las cosas que metí, alguno son recuerdos de gente que conocí en estas semanas, igualmente el terapeuta vendrá a verme muy frecuentemente, en eso hemos quedado.

—Kay —llamo. Él se pone a mi costado y me mira.

—Me puedo quedar una semana más en el hospital.

Kay me mira con el ceño fruncido y pone lo ojos en blanco como siempre lo hace desde que lo conocí.

—No es una opción, pospusimos tu salida porqué te pusiste como loca a gritar en la entrada.

—pero...

—No volverás a gritar ¿Verdad? —me pregunta.

Lo miro y pongo mi cabello corto detrás de mis orejas.

—No creo —respondo.

Cuando las puertas del hospital se abren y veo a la gente caminar, carros ir y venir y me asusta eso, me asusta. Miro a Kay quien me mira también.

—No valla a gritar.

Se que ve el miedo en mis ojos. Pone la maleta en su cuello y me toma de la mano.

—Has pasado muchas semanas aquí no puedes simplemente quedarte a vivir aquí, cuesta demasiado dinero.

Cuando escucho las palabras dinero y demasiado me asusto.

Las puertas se vuelven a abrir y pongo un pie fuera de mi lugar seguro, no es como lo pensé, la gente no me mira extraño, simplemente me ignoran y pasan por mi costado.

—Kay no es como pensé.

Le digo saltando de felicidad, él me sonríe y niega con la cabeza.

—Ven sube al auto vamos a casa.

¿Casa?

¿Qué me pasó? —siempre me pregunto eso cuando estoy sola, siempre me pregunto que era antes de llegar aquí, que hacía.

Según los doctores tengo entre veinte y veintitrés años, soy joven.

Kay toma mi mano y tira de ella para que lo siga. Caminamos los dos tomados de la mano y miro muestras manos juntas, mi estómago da pequeñas punzadas.

Cuando nos detenemos estamos frente aún auto grande y negro brillante, me gusta al verlo.

Mi cabeza me duele repentinamente que me tomo las sienes con fuerza.

—Amelia —susurra Kay, abre la puerta del auto, mete rápidamente las maletas.

Unas imágenes borrosas de una niña corriendo hacia alguien, solo logro verla sonreír, mientras lo único que logra ver es unos zapatos negros bien limpios y brillantes, un pantalón negro suelto. Autos negros estacionados frente...

Esa imagen es borrosa, se distorsiona de rato en rato, mis ojos están bien abiertos. Veo a la niña abrazar las piernas del hombre .

Unas lágrimas escapan de mis ojos y la imagen se desvanece. Kay me está sujetando de los hombros, alzó la mirada para encontrarme con los ojos grandes y verdes.

—¿Estás bien? —me pregunta con evidente preocupación, lo miro unos segundos y asiento con la cabeza.

Subo al auto con su ayuda, me quedo pensando en la imagen de esa niña con su vestido blanco, corría con una sonrisa en el rostro hacia ese hombre.

¿Quién son? —me pregunto.

—Amelia.

Me mira y yo a él.

—¿Recordaste algo? —me pregunta.

Tengo miedo de decirle, así que niego con la cabeza.

—Quiza fue por que salte mucho —pongo una excusa.

Él niega con la cabeza y se pone en marcha.

—Runaway Baby —dice.

—Buenos días Kay, ahora pongo la música.

Me muevo de un lado al otro sorprendida.

—¿Quién es ella? —pregunto.

—¿Kay quién es esa mujer? —pregunta la voz.

—Es Amelia...

—Entonces una nueva chica, por favor no te olvides apagarme si van hacer cositas.

Kay da un frenazo, me voy hacia adelante para luego regresar con fuerza hacia atrás.

—Por favor, esas son cosas privadas —dice él.

—Solo lo digo por mi comodidad.

—Puedes poner la música por favor.

—Como órdenes.

La música comienza a sonar y yo miro a Kay quien se pone nuevamente en marcha. Él comienza a cantar y yo con él. Se detiene unos segundos y y voltea la mirada.

—Amelia —me llama.

—Kay...

—Kay tu ritmo cardíaco a subido, estás nervioso. ¿Esta todo bien? —vuelve a decir la voz.

—¿Quién es?

—Mi papá ha desarrollado inteligencia artificial, no sé si sabes de Iron Man.

Niego con la cabeza.

—Bueno él es algo así, tienes un asistente virtual.

—Yo no soy solo un asistente virtual, yo soy la familia de estos niños.

Niños...

Kay no ha hablado sobre su familia en todo el tiempo en el hospital.

—Como tu digas.

Kay extiende la mano hacia el asiento del copiloto y me entrega una tablet.

—¿Quieres verla? —me pregunta.

Asiento con la cabeza y veo que en la pantalla aparece una mujer de cabello castaño claro, los ojos del mismo color de Kay, algo mayor y con una blusa blanca.

—Hola Amelia —dice dejándome sin palabras y con la boca abierta totalmente sorprendida.

—Mi padre es un genio.

—Ella parece una humana en una vitrina.

Escuchamos los claxonazos de los demás conductores y el se pone en marcha, veo la tablet con mucho asombro, no puedo dejar de ver de reojo a Kay por el espejo retrovisor, estoy sorprendida.

—Kay —dice ella.

—Dime —dice Kay con la voz seria.

—Ve por tus hermanos al colegio...

—¿Qué paso ahora? —le pregunto.

—Problemas.

Es lo único que puede decirle. Kay detiene el auto unos segundos y luego voltea a mirarme.

—Bueno iremos por mi hermano.

Asiento con la cabeza. La tablet se enciende sola y veo las letras pequeñas.

“Si Kay sale de control detenlo”

Logro leer antes que el mensaje desaparezca. Vamos en silencio hasta que se estaciona en un lugar hermoso. Mis ojos ven los inmensos árboles, veo un estanque de agua, veo autos muy bonitos.

Kay baja del auto y yo también bajo con él, su espalda está firme, se pone unos lentes negros y camina con seguridad, es como el matón de las películas que vimos hace poco.

—Kay...

—Sube al auto.

—Ire contigo —digo. Comienzo a correr rápido hacia él para agarrarle el ritmo.

En la entrada a ese lujoso colegio veo cámaras de seguridad y guardias, bien vestidos. Kay ingresa y yo detrás de él, me miran y luego desvían la mirada.

Kay avanza por los pasillos solitarios.

Veo a un niño con lente grandes y delgado sentado al final del pasillo, tiene el polo roto , nos vamos acercando más.

Kay ni lo saluda, pasa por su costado con indiferencia. Miro al niño en la banca, veo sus brazos morados y su mochila a un costado también algo rota, su mirada hacia abajo, veo su pómulo con una raya.

Avanzó pero Kay niega con la cabeza y cierra la puerta.

—Hola —saludo.

El no levanta la mirada, me siento a su costado y veo que su shorts están mojados.

—¿Estás bien? —le pregunto.

—Acaso no me ves...

Este debe ser el hermano e Kay, su manera de responder el igual a la de él.

—¿Quién te hizo esto? —le pregunto.

Él alza la mirada y se queda mirandome con los ojos abiertos sorprendido.

Que raro que me mire así, me siento algo avergonzada.

—¿Eres Amelia? —me pregunta.

Asiento con la cabeza y él se pone más rojito.

—Eres más hermosa de lo que ha descrito Kay —me dice mirando hacia otro lado.

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