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Portada de la novela Volver a Empezar: Un Giro Inesperado

Volver a Empezar: Un Giro Inesperado

Elena fallece al proteger a Ricardo, pero despierta milagrosamente el día de su boda con memorias del futuro. Intentando cambiar su destino, rechaza a su prometido para perseguir a Mateo, quien resulta ser un narcisista. Tras el desprecio, un accidente transforma la bondad de Ricardo en rencor, forzando a Elena a un sacrificio físico insoportable. Ella escapa a España buscando paz, mientras él queda sumido en una traición que pronto saldrá a la luz.
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Capítulo 2

Elena abrió los ojos y el sol de la mañana se colaba por la ventana, iluminando el vestido de novia blanco y puro que colgaba en la puerta del armario. Por un momento, se sintió confundida, como si estuviera atrapada en un sueño extraño. El vestido… ese vestido pertenecía a un recuerdo de diez años atrás.

A su lado, Ricardo se movió. Se sentó en la cama, su prometido de entonces, el hombre con el que se había casado. La miró con preocupación, sus cejas ligeramente fruncidas.

"Elena, ¿estás bien? Te ves muy pálida. ¿Son los nervios de la boda?"

Su voz, exactamente como la recordaba de esa mañana, la golpeó con fuerza. No, no eran nervios. Era el shock absoluto de la realidad. Tomó su celular de la mesita de noche, y la pantalla confirmó su peor temor y su más increíble milagro. La fecha era la de su boda, diez años en el pasado.

Se había despertado en su cama, en la mañana del día que había marcado el comienzo de su infelicidad.

"No… no puede ser" , susurró, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

Un torbellino de imágenes asaltó su mente, vívidas y dolorosas. El recuerdo de su vida anterior, una década de un matrimonio sin amor con Ricardo, mientras su corazón anhelaba en secreto a otro hombre, Mateo, el carismático y famoso mariachi que le había robado el aliento. Recordó la última escena de esa vida: la lluvia torrencial, el rechinido de los neumáticos sobre el asfalto mojado, y un camión fuera de control dirigiéndose directamente hacia ellos.

Recordó el rostro aterrorizado de Ricardo, y su propio instinto, un impulso que no sabía que tenía, de empujarlo fuera del camino. Recordó el impacto brutal, el sonido del metal retorciéndose y el dolor agudo antes de que todo se volviera negro. Había muerto para salvarlo.

Ahora, con los ojos bien abiertos en su antigua habitación, sentía el peso de esa vida perdida y la incredulidad de una segunda oportunidad. Durante diez años, había culpado a Ricardo por su infelicidad, por la presión de sus familias, por la estabilidad que él representaba y que ella había aceptado a regañadientes. Se había convencido a sí misma de que él era un obstáculo para su verdadero amor con Mateo.

Pero el recuerdo de su sacrificio por él la confundía. ¿Por qué lo había hecho? En ese último momento, ¿qué había sentido realmente? La verdad, dolorosa y clara, comenzó a emerger en su mente resucitada. A pesar de su anhelo por Mateo, Ricardo siempre había estado ahí, paciente, amable, incondicional. Su amor no era apasionado y arrebatador como el que ella idealizaba, sino tranquilo y constante, un amor que ella había sido demasiado ciega para ver.

Respiró hondo, su corazón latiendo con una mezcla de pánico y determinación. Esta era su oportunidad de arreglarlo todo. No podía volver a cometer el mismo error. Miró a Ricardo, que todavía la observaba con una expresión de desconcierto.

"Ricardo" , dijo, su voz temblando pero firme. "No puedo. No puedo casarme contigo" .

La confusión en el rostro de Ricardo se transformó en shock y luego en un dolor profundo que le retorció a Elena las entrañas.

"Elena, ¿qué estás diciendo? Es el día de nuestra boda. Todo está listo. Nuestras familias están esperando" .

"Lo sé, y lo siento" , insistió ella, levantándose de la cama y alejándose del vestido de novia como si quemara. "Pero no puedo. Sería un error. Para los dos" .

Ricardo se levantó y se acercó a ella, su voz suplicante. "Si son nervios, podemos hablarlo. Podemos posponerlo si es necesario, pero… ¿cancelarlo? ¿Así nada más? Elena, te amo" .

Esas tres palabras, que en su vida anterior había escuchado sin sentirlas, ahora resonaban con un peso diferente. Pero su resolución era inquebrantable. Esta vez, no se dejaría llevar por la presión. Esta vez, elegiría su propio camino. Buscó en su teléfono la foto de Mateo, la que había guardado en secreto durante años. Su rostro sonriente le pareció una promesa de la felicidad que se había negado a sí misma.

Vio un mensaje de él en la pantalla, un simple "¡Mucha suerte hoy, Elena! Te veré brillar" de hace diez años. En ese momento, le pareció una señal.

"Tengo que irme" , dijo, ignorando las súplicas de Ricardo.

Agarró su bolso, se puso unos jeans y una camiseta, y sin mirar atrás, salió de la habitación, dejando atrás el vestido blanco, al hombre que la amaba de verdad, y la vida que ya había demostrado ser un callejón sin salida. Esta vez, iba a perseguir su sueño, sin importar el costo. Estaba decidida a encontrar a Mateo y finalmente vivir el amor que creía merecer.

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