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Portada de la novela Viviendo con el enemigo.

Viviendo con el enemigo.

La vida de Trevor y Maxine tras graduarse parece perfecta, pero el estancamiento laboral de ella lo cambia todo. Como periodista sin rumbo, Maxine enfrenta una propuesta profesional decisiva que implica mudarse y alejarse de su novio. La crisis se intensifica con la llegada de Ian James, su hermanastro, cuya convivencia pone a prueba el vínculo de la pareja. En esta secuela, los protagonistas deberán decidir si su amor es capaz de resistir el peso del éxito.
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Capítulo 2

Maxine.

La azafata nos indica por donde salir, hace unos minutos que el avión aterrizó en suelo capitalino, ahora todos los pasajeros estamos descendiendo, la mayoría se dirige en busca de su maleta, pero yo no traje equipaje, únicamente un bolso de mano en el que tengo todo lo que necesito para pasar un fin de semana con mi madre y su nueva familia.

Quito el estado de “Modo Avión” de mi celular y enseguida me llegan un par de mensajes de Trevor.

– “Ya te extraño” – me escribió hace dos horas, cuando aún estaba en el aire.

Yo leo sus palabras y sonrío de forma involuntaria, ¡Joder! Amo a este hombre más de lo que amo nada en la vida, no sé de qué forma, pero Trevor se metió debajo de mi piel y ya no hay nada que pueda arrancármelo del corazón.

– “Yo tambien te extraño, desearía que estuvieras aquí” – le respondo.

Espero un poco más a ver si obtengo alguna respuesta de su parte, pero no hay mensaje de vuelta, debe estar ocupado, el papá de Rose, su jefe siempre lo tiene haciendo cosas, asignándole trabajo y pidiéndole su opinión con respecto a absolutamente todo, Trevor se ha convertido en la mano derecha del jefe, y yo no podría estar más orgullosa de él.

Salgo del aeropuerto y me topo con un cartel demasiado grande y extravagante para mi gusto.

“¡Esperando a la mejor periodista del mundo!” – dice la pancarta que sostiene mi madre.

Es irónico que una mujer que es diseñadora de interiores haya hecho una pancarta tan deficiente y de aspecto tan barato como ese, pienso mientras suelto una carcajada y niego con la cabeza.

–¡Max! – ella corre hacia mi como si no me hubiera visto en mil años.

–¡Hola mamá! – chillo emocionada, no quiero que ella crea que no le he extrañado.

–Pero mírate, estás preciosa – me echa una miradita rápida y vuelve a abrazarme.

Extrañaba los abrazos de Rachel Prior que siempre me dejan llena de perfume con olor a vainilla.

–¿Tan preciosa como este cartel? – la molesto.

–Solo tuve media hora para hacerlo y lo único que encontré en la oficina de Harvey es escarcha rosada, sabrá Dios porque el hombre tiene escharcha rosada en su escritorio – se burla y yo tambien suelto una carcajada – ¿Cómo has estado, mi pequeña periodista? – ella me pasa los brazos por los hombros y me guía hasta un auto negro que espera por nosotras.

–¿No vas a conducir tu? – le pregunto mientras ella abre la puertas traseras.

–Este auto trae un conductor incluido – susurra.

–¡Vaya! Ya ni siquiera conduces, no me digas que te vas a volver una esposa trofeo.

Ella hace una mueca y se mete dentro del auto – a casa, Cornell.

–Y se llama Cornell, eres toda una señora fresa, Rachel.

–Deja de molestarme y mejor dime como estás, como está Trevor y que tal le va en el trabajo.

–De maravilla – respondo – lo aman – ruedo los ojos – se ha vuelto algo asi como Superman, todo el tiempo lo están llamando y citándolo a reuniones.

Mi madre chasquea la lengua y se queda en silencio, hasta que abre la boca para decir algo que yo no había querido aceptar hasta el momento – y tu estás celosa.

–¿Que? ¡No, para nada!

–No tienes que mentirme, Maxine, puedo verlo en tus ojos, estás celosa de que él sea tan exitoso y que tu estes estancada intentando encontrar un empleo decente.

–¡Soy una persona horrible!

–No, solo eres un humano, el hecho de que estes celosa no quiere decir que no estes orgullosa de él, o que tengas envidia de sus logros, solo quiere decir que tu tambien quieres triunfar en tu profesión, eso no tiene nada de malo.

–Es tu culpa por haberme inculcado ideas tan ambiciosas desde que era una niña.

–Pues yo no me arrepiento – ella frunce los labios.

–No quiero arruinar todo lo que tenemos por no sentirme suficiente.

–¡Oh no, no mi pequeña Max! Tu eres suficiente, que nunca se te olvide eso, solo debes darle tiempo al tiempo.

–Sabes que odio que me digas eso.

–Pero es que es el mejor consejo que alguien podría darte nunca.

Yo respiro profundo y me recuesto en los cómodos asientos – espero que este fin de semana me ayude a aclararme la mente.

–Estoy segura de que si – ella sonríe emocionada.

–¿Cómo está Harvey?

–Ocupado, esto de ser el alcalde de la ciudad apesta.

–Eso te pasa por meterte con un político – le digo y ella me da un codazo inocente.

–Hablando de políticos, ¿Sabes quién regresa dentro de unos días?

–¡Déjame adivinar! La molestia de mi hermanastro.

–Estoy segura de que amará saber que le dices hermanastro – Rachel suelta una carcajada y yo ruedo los ojos.

–Ese hombre es la definición de amargado.

–Últimamente no es tan malo.

–Pues sería imposible que siguiera comportándose como un niñato, ya está bastante mayorcito, ¿No crees?

–Ian es una persona complicada, es completamente diferente a su padre.

–¡Agh! De eso estoy segura, porque si Harvey fuera igual que Ian estoy segura de que tu jamás te habrías fijado en él – chasqueo la lengua – es decir, ¿Quién podría fijarse en alguien tan ensimismado y arrogante, sin mencionar infantil?

–Tu.

–¿Que? – miro a mi madre, sintiéndome completamente confundida.

–Tú te fijaste en alguien asi, en Trevor – lo dice como si nada.

–Es diferente.

–¿Por qué?

Yo intento buscar razones dentro de mi cabeza, pero me quedo sin ninguna, en realidad ahora que lo pienso bien Ian y Trevor tienen mucho en común, pero, aunque no tenga argumentos para validar mi opinión, sigo pensando que son diferentes, Ian es insoportable en otro nivel, en cambio mi Trevor bajó la guardia y eso nos ha traído hasta este punto.

–Llegamos Max – yo miro por la ventana y abro la boca al ver la casa gigantesca que tenemos enfrente, tiene ventanas blancas, una puerta de madera, el patio delantero es precioso, incluso hay una fuente. Todos los detalles me aturden y tengo que reaccionar para caer en cuenta de que es normal que mi madre viva aquí ya que es la esposa del alcalde de Washington.

–Este lugar parece sacado de una película antigua – digo como tonta.

–Es muy lindo, lo habrías podido conocer antes si visitaras a tu madre más a menudo – me reprocha.

La ultima vez que vine a Washington fue hace un año con Trevor, estuvimos en la posesión de Harvey, pero aún no se habían mudado, y nosotros nos regresamos antes de que pudieran enseñarnos la casa.

–Aprovéchame que ahora estoy aquí – le digo y ella rueda los ojos con desdén.

Rachel y yo nos metemos dentro de la casa y ella me guía hasta la que será mi habitación, es enorme, el tamaño de la habitación es casi el mismo que el del departamento que comparto con Trevor, y ya eso es mucho decir teniendo en cuenta que el departamento de Trevor es enorme.

–Te dejaré descansar un poco, te veo más tarde para cenar.

–¿Iremos a algún sitio?

–Por supuesto que sí, solo estarás aquí un fin de semana, no quiero perder oportunidad para mostrarte los mejores sitios de Washington.

Yo sonrío, me encanta verla tan feliz.

–Nos vemos a las siete.

–¡Mamá! – la llamo antes de que se vaya – ¿De quién es esa habitación? – señalo la habitación de enfrente.

–De Ian – responde y cierra la puerta corriendo.

¿Por qué demonios tenía que ubicarme en una habitación frente a él? Aunque quiza yo no debería preocuparme tanto por él, es decir, el hombre todavía no esta en Estados Unidos, y yo me voy en solo un par de días, no creo que vayamos a encontrarnos.

Con la mente un poco mas despejada miro a mi alrededor y me tiro sobre la cama, es suave, cómoda y huele a fresco. Agarro el celular y le envío una foto a Trevor donde se me ve acostada sobre la cama triple.

Él me responde enseguida.

– “Desearía poder estrenar la cama contigo” – su mensaje hace que me sonroje.

–“¿Estrenarla cómo?” – pregunto haciéndome la tonta.

–“Follándote.”

–“¿En la casa de mi madre? ¡Eres un descarado, Scott!”

–“No me digas que no te encantaría tenerme encima de ti, tapándote la boca para evitar que tu madre te escuche gemir.”

¡Dios! Este hombre me prende incluso estando a kilómetros de distancia.

–“No lo sé, depende de lo que me harías.”

–“Te desnudaría, besaría tu cuello, me detendría en tus pechos, los lamería y apreciaría como se merecen, después descendería hasta llegar…” – veo que Trevor sigue escribiendo mientras se me sube la calentura al rostro.

–¡Max! Se me había olvidado decirte que – yo salto asustada de la cama, y mi madre que acaba de entrar como una loca en mi habitación me mira con el ceño fruncido – ¿Qué estabas haciendo?

–Nada, solo revisando mis solicitudes de empleo.

–¡Aja! – dice mirándome con desconfianza.

–¿Qué me ibas a decir?

–Que te deje un vestido en el closet para que lo uses esta noche.

–Gracias – digo rápidamente.

–Creo que te dejaré sola – ella mira a la cama, me mira a los ojos y después se detiene en el celular que está encendido sobre la almohada – nos vemos esta noche.

–Claro, genial – sonrío.

Ella sale de la habitación, yo agarro el celular, me meto dentro del baño y pongo seguro a la puerta, no me detengo a pensar o a ver lo lindo que es el baño, simplemente vuelvo a mi candente conversación con Trevor, que me acaba de enviar una imagen.

Yo me quito la blusa y le envío una foto medio desnuda. Esto es lo que me gusta de nosotros, la confianza que nos tenemos el uno al otro, Trevor y yo nos amamos como pocas personas en el mundo, y sabemos que ninguno de los dos seria capaz de lastimar al otro.

Nosotros somo la pareja que puede hablar del futuro, pero tambien puede tener una conversación hot por chat, somos los que nos abrazamos con ternura, pero tambien nos devoramos como un par de animales salvajes.

Trevor es mi todo. Tan sencillo como eso. Le pertenezco en cuerpo y alma.

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