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Portada de la novela Vino el Amor

Vino el Amor

El magnate Emiliano Donovan, dueño de la fórmula vinícola más exitosa de España, decide entregar su legado a su hija Amara antes de morir. Ella ha vivido alejada de los lujos, manteniendo un vínculo secreto con su padre pese a su origen humilde. El misterio surge cuando el millonario viaja para revelarle su verdadera identidad y confiarle la receta familiar. Ahora, la joven debe asumir el control de un imperio comercial que nunca imaginó heredar.
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Capítulo 3

Capítulo 2

Luciano salió de la sala de emergencias bastante agotado, su mente aún agitada por la conversación que tuvo en el auto con su madre lo hacía enfurecer. La angustia por la salud de Emiliano se mezclaba con la frustración por la actitud de Lucrecia y no sabía de qué manera pararla.

No podía permitir que hablara de su padre de esa manera, especialmente en un momento tan crítico como ese cunado él lo único que hizo fue complacerla en todo. Así que con determinación se dirigió a la sala de espera, donde su madre lo esperaba con una expresión que oscilaba entre la preocupación y la impaciencia. A leguas se veía que solo estaba actuando, ya que su única y verdadera preocupación era la receta secreta.

– ¿Qué está pasando Luciano? ¿Por qué no me dijiste que ese viejo estaba tan mal? – preguntó Lucrecia con un tono más defensivo que conciliador.

– ¿De verdad me preguntas eso? Lo hice porque no quería que te pusieras a pensar en tus malditos planes de quedarte con todo – respondió Luciano con su voz un poco elevada – ¿De verdad crees que es el momento de hablar de la receta? Te llamé para decirte que papá está luchando por su vida y tú solo te preocupas por lo que puedas ganar de esto.

– No vuelvas a decir eso y mucho menos lo llames padre. Ese tipo no es tu papá y lo sabes – dijo haciendo que Luciano frunciera el ceño y su mirada se volviera fría – No estoy hablando de ganar solo yo hijo mío. Estoy hablando de asegurar el futuro de nuestra familia y el tuyo propio. Emiliano no puede morirse antes de que le pase la receta a su único heredero y ese eres tú. No puedes ser tan ingenuo como para pensar que esto no es importante porque sabes que vinos Donovan dependen de ella.

– ¡Ahora lo más importante es que esté vivo, madre! – gritó Luciano sintiendo como la rabia se apoderaba de él – Emiliano no es solo un medio para un fin. Él me ha criado como si fuera su propio hijo, y no voy a permitir que hables de él como si fuera un simple objeto que puedes usar y desechar. Toda mi vida he estado bajo su cuidado y me ha enseñado todo lo que sé; así que creo que es más que obvio que me dejara todo a mí y sin necesidad de desearle algún mal.

Lucrecia lo miró con desdén al escuchar como este le hablaba, pero en su interior, Luciano sabía que había tocado un punto sensible al gritarle a su madre. La relación entre su madre y Emiliano siempre había sido una fachada al menos para ella, ese era un matrimonio basado en conveniencias y ambiciones, pero para Luciano, Emiliano era más que un socio comercial. Él era un padre que nunca tuvo, un mentor, un hombre que había dedicado su vida a construir algo significativo y le había enseñado valores.

– Debes entender que esto es un negocio, Luciano y te guste o no, yo pienso así – dijo Lucrecia intentando mantener su tono autoritario – No puedo permitir que la debilidad de Emiliano nos arrastre a todos. Necesitamos esa receta y si tú no haces algo para obtenerlo lo antes posible, entonces lo haré yo.

– ¡Basta! – interrumpió Luciano, sintiendo que su paciencia se agotaba – No voy a seguir discutiendo contigo por esto. Si no puedes mostrar un poco de respeto por el hombre que nos ha dado tanto en esta vida, entonces no sé qué más decirte madre. Sin embargo, ni creas que te vas a acercar a él mientras yo esté aquí.

Con esas palabras Luciano se dio la vuelta dejándola ahí y se alejó buscando un lugar donde pudiera calmarse. Se sentó en una de las sillas de la sala de espera con su mente llena de pensamientos oscuros. La angustia por la salud de Emiliano lo consumía y la actitud de su madre solo lo hacía sentir más impotente. Ahora se sentía dividido en dos partes porque antes no recordaba que su madre fuera de esta manera tan cruel y calculadora.

Pasaron unos minutos que parecieron eternos antes de que el médico de la familia se acercara a dar noticias. Luciano se levantó de inmediato al escuchar como preguntaban por sus familiares y de inmediato su corazón se encontró latiendo con fuerza.

– ¿Cómo está mi padre doctor? – preguntó con su voz temblando de ansiedad.

El médico con una expresión seria tomó un respiro profundo antes de hablar, ya que la situación del señor Emiliano Donovan no era para nada favorable. Ya anteriormente lo había atendido y sabía que su condición era crítica para su edad.

– No le voy a mentir Luciano, la situación del señor Emiliano es bastante delicada. Ha sufrido otro infarto aunque este fue más leve que los anteriores y su salud es crítica. Los próximos días serán cruciales para él por lo que necesitamos mantenerlo en reposo absoluto y en un ambiente tranquilo. Cualquier estrés adicional podría ser fatal para él.

Luciano sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor al escuchar eso. Sabía que la condición de saludo de su padre era crítica, pero no tanto. Sin embargo, sería un problema para él obligarlo a hacer reposo, ya que conocía el carácter del viejo y no sería para nada fácil.

– ¿Hay algo que podamos hacer doctor? ¿Algún tratamiento que sea efectivo? – preguntó con su voz apenas un susurro.

– Lamentablemente no, Luciano. Lo más importante es que esté rodeado de personas que lo apoyen y que le brinden tranquilidad hasta que su corazón deje de funcionar. Evitar cualquier tipo de conflicto es esencial como ya lo he mencionado y sabes por qué lo digo – respondió el médico antes de dar una palmadita en el hombro de Luciano y alejarse.

Con el corazón pesado Luciano regresó a la sala de espera, donde Lucrecia lo esperaba ansiosa como siempre. Sabía que tendrían que encontrar una manera de trabajar juntos, al menos por el bien de Emiliano. Sin embargo, la idea de compartir esa responsabilidad con ella no le gustaba, más sabiendo lo que ella pensaba y lo que deseaba. Eso lo llenaba de inquietud y más dolores de cabeza.

– ¿Qué te dijo el médico? – preguntó Lucrecia con su tono de voz más falso que preocupado y había un destello de ambición en sus ojos.

– Dijo que debemos mantenerlo tranquilo en todo momento. No podemos permitir que haya más conflictos ni disgustos porque su corazón está débil – respondió Luciano sintiendo que cada palabra era un desafío a la naturaleza competitiva de su madre.

– Muy bien, entonces hagamos lo que sea necesario para asegurarnos de que Emiliano se recupere. No podemos olvidar todo lo que está en juego – dijo Lucrecia, aunque si hija podía ver que su mente ya estaba maquinando planes.

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