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Portada de la novela Venganza de Amor.

Venganza de Amor.

Mariella huye de un destino nupcial vacío para no repetir el trágico final de su madre. En su lucha por ser libre, revela secretos turbios de su progenitor que provocan una catástrofe personal, arrebatándole a quienes más ama. Sumida en una espiral de agonía y engaños, deberá navegar entre las sombras del pasado familiar. Solo el descubrimiento de un afecto sincero podrá actuar como el bálsamo necesario para sanar sus heridas y rescatarla del abismo.
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Capítulo 1

CAPITULO 1:EL MARCHITE DE UNA ROSA

Clava tu daga en mi cuerpo si así he de ser libre yo.

Abrazame con las alas de la muerte, dejame sentir su calor.

Dejame pensar que esta será mi única salvación.

Clava tu daga en mi cuerpo si así he de ser libre yo.

Abreme las puertas para que pueda escapar del dolor.

(...)

Me dí la vuelta otra vez. Lo había hecho tantas veces, qué perdí la cuenta, la cama casi se deshizo. Aunque no me faltara el  sueño, yo me encontraba muy alterada como para dormir, había algo en el ambiente que no me permitía hacerlo o más bien un pensamiento .

Mi vista rondo de nuevo por toda la habitación, como si no lo hubiera hecho ya, como si estuviera buscando algo. Hasta que me detuve en el cuerpo tendido junto al mío.

Su pecho subía y bajaba en un movimiento lento puse mi mano encima de él y jugue un poco . Sus ojos no destilaban odio, su entrecejo no estaba fruncido, su boca no soltaba gritos ni groserías.

Suspiré aliviada.

Ahora que lo pensaba, Alessandro sólo era pacífico cuando dormía. Su expresión serena era todo lo contrario cuando estaba despierto. No entendía por qué siempre estaba tan enojado por que siempre usaba ese escudo innecesario.

Debido a esto últimamente verlo me provocaba sentimientos negativos; angustia, tristeza, incluso estrés. Mi matrimonio ya no era el mismo y no podía recordar cuándo fue que cambió tanto.

¿En qué momento todo se desmoronó?

Extrañaba tanto a mi familia. Mis padres me hacían mucha falta. Quería saber algo de ellos, pero aún no lo había conseguido. Me sentía tan sola sin su compañía, tan abandonada.

Alessandro llevaba mucho tiempo ya sin mirarme, sin tocarme, sin amarme. Estos días más que nunca él parecía esforzarse en hacer de cuenta que yo no existía. Lo único que nos unía entonces eran nuestras hermosas hijas: Olivia y Mariella, la luz de mis ojos. Me dolía tanto, pero no podía quedarme. Mi intención nunca fue abandonarlas, pero el dolor en mi pecho había crecido tanto hasta hacer de mi corazón una deprimente mancha negra que poco a poco me invadió por completo.

Con los nervios haciéndome temblar, me paré de la cama, intentando que mi marido no se diera cuenta. No me molesté en calzarme, pues quería poder sentir algo, aunque sólo fuera el frío suelo en la planta de mis pies.

No tenía un rumbo planeado, simplemente quise vagar mire los retratos del pasillo y sonreí en busca de un motivo que me devolviera a la cama pero no encontré ninguno . Al entrar a la cocina y repasar el cuarto con la mirada, me topé con algunas botellas. Una de ellas llamó mi atención y no lo pensé siquiera  cuando me acerqué a buscarla y me tomé una copa de ese exquisito vino. Para acompañarlo, degusté un par de frutas, observando el ambiente tan oscuro y carente de vida. Me sorprendió que no provocara ninguna emoción en mí, se suponía que era mi hogar, pero no se sentía de esa forma desde hacía muchos años.

Me quedé en silencio intentando procesar mis propios pensamientos al respecto. Invasivos, llegaban de manera abrupta,sin aviso, como un  golpe e iban atropellados y eran tantos que no pude comprenderlos a todos.

Un poco más tarde, cuando ya llevaba al menos media botella, me sentí más relajada, y no tan reflexiva, pero aquello seguía rondando por mi mente. Emprendí un pequeño recorrido  para despejarme, tarareando una canción y simulando que tocaba el piano, tan maravilloso instrumento , el recuerdo de las notas se paseaban por mis dedos. Al pasar por el despacho esa idea intensa que había estado revoloteando por mi mente, se intensificó

Me decía: Hazlo, busca.

Pero no estaba segura.

Y volvía a insistir. Entonces, sentía en mi pecho algo punzante. Ya no me quedaba nada.

Tragué saliva con dificultad. Era una decisión simple, pero al mismo tiempo, un asunto complejo. Pensarlo demasiado me hacía dar círculos sin fin, hasta descubrí que podía llegar a tener opiniones contradictorias sobre esto ...

Había apretado tanto mis puño que mis uñas estaban empezando a lastimarme las palmas. La impotencia me provocó algunas lágrimas y el coraje me impulsó a soltarme y hacerlo.

Tomé algunas hojas. Las llevé conmigo, también a la copa, y me escabullí hasta el baño de la alcoba. Mientras la tina se llenaba mi mente daba vueltas...

Ojalá nuestra vida juntos hubiera sido diferente...

Ojalá que estén bien.

Algunas imágenes fugaces se cruzaron por ahí.

Pude ver la imagen clara de Olivia dando sus primeros pasos. Pude sentir el abrazo cálido de Mariella. Pude oírme tocando en el piano mi canción favorita para ellas.

La duda quiso influír, pero el dolor no se lo permitió. Si ésta era la única forma de ser libre, así debía ser.

Y entonces empecé a escribir:

"Amado esposo, mi alma se llena de sufrimiento al tener que decirtelo de esta forma, pero al fin logré tomar una decisión. Espero que lo entiendas y sepas que a pesar de todo el daño que me has hecho, te perdono y realmente te amo. Aunque por momentos no quería hacerlo ni mucho menos reconocerlo.

Por favor cuida a las niñas, no cometas el error que cometiste conmigo. Encárgate de que ellas sí se sientan amadas a diario, así como yo intenté que tú te sintieras. Has de ellas buenas personas, enseñales tus antiguos ideales, recuerda que el dinero no lo es todo, y saboreen cada gota de felicidad que les quede, por más mínima que sea, disfrutenlo.

Nosotros fracasamos al dejar que este cruel mundo nos consumiera, te ruego que no permitas que ellas hagan lo mismo.

Hasta luego, mi amor".

Doblé el papel y lo dejé en el suelo de aquel baño que evocaba tanto dolor. Eran incontables las veces que había llorado allí tirada; las veces que, arrodillada le supliqué al mundo que nos salvara. Ocasiones en las que me encerraba para que su furia no dejara más marcas en mi cuerpo.

Las lágrimas salían por sí solas, no podía controlarlas así como no podía controlar mi maldita vida.

Acabé el vino y me quedé observando la copa vacía. Giré una, dos y la copa de repente yacía en el piso. Los trozos me tenían hipnotizada, igual de rota estaba mi alma.

Un pequeño plic plic y en el suelo blanco destacaron dos gotas carmesí. Elevé la vista y descubrí un corte en mi dedo. Ni siquiera lo sentía, pero la herida estaba ahí, como muchas más.

Ni siquiera me molesté en limpiarlo, sólo agarré un fragmento de vidrio y me introduje a la tina.

ㅡHasta mañana mis niñas, las amo.

Desgarré mi piel con aquel objeto filoso. Al terminar, todo estaba teñido de rojo y por un instante el dolor físico opacó el daño emocional.

Clavé los ojos en el techo.

Ale...

Olivia.

Mariella.

Espero que mañana despierten y no noten que me fuí.

Espero que cuando se den cuenta, puedan perdonarme por esto.

Espero que cuando me recuerden, no piensen en lo mal que estuve. Mejor piensen en que ahora soy libre y me siento de maravilla.

Ojalá sean felices.

Ojalá...

Siento como me voy de este mundo, no tengo ningún dolor, todo se desvaneció mi mente por fin dejo de pensar y siento que por dentro he sonreído, mi alma ha dejado mi cuerpo y este mundo materialista al fin.

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