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Portada de la novela Vendida por Amor Roto

Vendida por Amor Roto

La luz cegadora me despertó de golpe, sintiendo el frío mármol bajo mis pies descalzos y un aire pesado cargado de susurros masculinos. Mi mente era una niebla hasta que lo vi: Alejandro, mi prometido, sentado en primera fila con una mirada fría, y a su lado, mi prima Isabella, sonriendo con dulzura venenosa. De repente, un hombre frente a mí anunció una subasta, y el martillo golpeó la madera: yo era la mercancía, y Alejandro me vendía sin inmutarse. Intenté gritar su nombre, pero mi voz se perdió mientras las ofertas volaban como buitres, sellando mi destino. Luego, todo se volvió oscuridad, frío y hambre, encerrada en un sótano donde los hombres me trataban como un objeto, perdiendo allí lo más preciado de mi vida: a nuestro hijo. La verdad me golpeó con la voz de un doctor: "Señor Alejandro, la pérdida fue completa. La chica sobrevivirá". La cruel ironía me trajo de vuelta a la mansión de mis padres biológicos, quienes me entregaron a Alejandro y ahora me recibían como una mascota indeseada. Pero la humillación no terminó ahí, Isabella, la traidora, apareció vestida como una novia, aferrada a su brazo, para destrozarme con una sonrisa: "Sofía, qué oportuna. Justo a tiempo para conocer a mi esposa". Mi mundo se desmoronó al ver la barriga de Isabella, anunciando el hijo que gestaba con el hombre que me quitó todo, el que me arrebató la posibilidad de ser madre. Reaccioné, y la respuesta fue brutal: Alejandro me empujó, me golpeó, me humilló, recordándome que yo era solo "su posesión". Caí de rodillas, el alma rota, mi pequeña chispa de esperanza consumida en la oscuridad de ese sótano. Pero las palabras de Isabella, el veneno puro que salió de su boca confesando que me había manipulado con mentiras y que ella había ordenado todo, incluyendo la paliza que me hizo perder a mi bebé, encendieron una furia volcánica dentro de mí. Una furia que se transformaría en el motor de mi venganza, una fuerza implacable que me guiaría más allá del dolor y la desesperación.
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Capítulo 3

Mi mente se desconectó del presente y se hundió en el abismo de los últimos tres años.

El recuerdo no era una película clara, sino fragmentos afilados, sensaciones que mi cuerpo no había olvidado.

El frío.

Un frío constante que se metía en los huesos, proveniente del piso de concreto de un sótano húmedo. No había ventanas, solo una bombilla desnuda que colgaba del techo, parpadeando a intervalos irregulares, marcando un tiempo que ya no tenía sentido.

El hambre.

A veces me daban pan duro y agua. Otras veces, nada durante días. Aprendí a celebrar el sabor del moho, a lamer la condensación de las tuberías. Mi cuerpo, antes sano y lleno de vida, se encogió, mis huesos se marcaron bajo la piel.

El dolor.

Hombres sin rostro entraban y salían. Sus manos eran ásperas, sus alientos olían a alcohol barato. Me trataban como a un objeto, un juguete roto que podían usar y desechar a su antojo. Al principio, gritaba y luchaba. Luego, aprendí que el silencio era una forma de armadura. Me disociaba, dejaba que mi mente flotara lejos, a un prado verde que recordaba de mi infancia con mis padres adoptivos, mientras mi cuerpo soportaba lo insoportable.

Pero el peor tormento no fue físico. Fue la pérdida.

Estaba embarazada de casi tres meses la noche de la subasta. Mi pequeño secreto, mi ancla de esperanza en medio de la confusión. En ese sótano, intenté proteger mi vientre con todas mis fuerzas. Me acurrucaba en una esquina, haciéndome un ovillo, susurrándole a mi bebé que todo estaría bien, que su papá vendría a rescatarnos.

Qué ingenua fui.

Una noche, después de una paliza particolarmente brutal por parte de uno de los guardias, sentí un calambre agudo, una ola de dolor que me dobló en dos. Luego, la sangre. Caliente y abundante.

Supe lo que estaba pasando.

Grité, no por el dolor físico, sino por la agonía de mi alma. Grité hasta que mi garganta se desgarró. Grité por mi hijo, por la pequeña vida que se escapaba de mí en la suciedad de ese piso helado.

Nadie vino.

Nadie me ayudó.

Yacía allí, sangrando y llorando en la oscuridad, hasta que la inconsciencia me reclamó.

Fue días después, cuando un "doctor" de aspecto sombrío vino a revisarme, que escuché la verdad. Estaba hablando por teléfono con alguien en el pasillo, su voz baja pero audible a través de la delgada puerta de metal.

"Sí, señor Alejandro. La pérdida fue completa. No hay más… 'problema' . La chica está débil, pero sobrevivirá."

Señor Alejandro.

El nombre resonó en mi cabeza vacía.

Alejandro.

No era un secuestro al azar. No era un error. Él era el arquitecto de mi miseria. Él había ordenado todo. La subasta, el sótano, la tortura. Él sabía que estaba embarazada. Y lo había permitido. O peor, lo había deseado.

El amor que una vez sentí por él se pudrió en mi interior, transformándose en un odio negro y denso.

El recuerdo se desvaneció, devolviéndome bruscamente a la sala de estar de los Vega.

El aire estaba cargado de tensión.

Isabella se aferraba al brazo de Alejandro, mirándome con una expresión de falsa compasión que me revolvió el estómago.

"Pobre Sofía" , dijo, su voz tan dulce como el cianuro. "Debes estar tan confundida. Pero no te preocupes, Ale y yo te cuidaremos."

Alejandro la miró con una adoración que una vez fue para mí.

"Isa tiene un gran corazón" , dijo él, su voz grave. "Fue su idea traerte de vuelta. Dijo que la familia debe permanecer unida."

La bilis subió por mi garganta. Familia. Esa palabra había perdido todo su significado.

"Gracias" , logré decir, mi voz un susurro ronco y sin vida.

Isabella sonrió, una sonrisa triunfante. Se acercó a mí, el perfume caro que llevaba invadiendo mi espacio personal.

"Sé que hemos tenido nuestras diferencias, primita" , dijo, usando ese apodo que ahora sonaba como un insulto. "Pero eso es agua pasada. Ahora soy la señora de la casa. Y espero que respetes eso."

Su mano, adornada con un enorme anillo de diamantes -mi anillo de compromiso, modificado- se posó sobre su vientre ligeramente abultado.

"Sobre todo ahora" , añadió, su mirada llena de malicia. "Que estamos esperando nuestro primer hijo."

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