Portada de la novela Vendida al Ceo despiadado

Vendida al Ceo despiadado

8.2 / 10.0
En Vendida al Ceo despiadado, Yia es subastada tras ser raptada por una red criminal. En esta mafia novel, un hombre enigmático la reclama, obligándola a decidir si él es su salvación o un peligro mayor. Lee esta romance novel y descubre su destino en esta mystery story.
Resumen de Vendida al Ceo despiadado
Yia, una joven huérfana que se esfuerza por pagar sus estudios, ve su vida destruida tras ser secuestrada por la organización criminal de Madame de la Crow. Arrojada a una oscura subasta de personas, su futuro se decide entre pujas hasta que un enigmático hombre oculto tras una máscara fija sus ojos en ella. En medio de este entorno peligroso, Yia enfrenta una encrucijada: descubrir si este sujeto será su salvación o un verdugo más en su lucha por escapar.
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Vendida al Ceo despiadado Capítulo 1

El último giro de la llave resonó en el silencio de la noche. Yia exhaló despacio, intentando espantar el cansancio acumulado en su cuerpo. Se acomodó el bolso al hombro y echó un vistazo a la hora en la pantalla de su celular: pasadas las 12:00 a.m. Su jefa, Ana, le había pedido que cerrara el café esa noche, alegando que tenía un compromiso urgente. A Yia no le quedó más opción que aceptar, a pesar de que necesitaba estudiar para el examen del día siguiente.

"Todo sea por mantener el trabajo", pensó, soltando un suspiro.

Las calles estaban desiertas, sumergidas en una oscuridad silenciosa que solo era interrumpida por el tenue resplandor de las farolas. No era la primera vez que caminaba sola a esas horas, pero eso no lo hacía menos aterrador. Instintivamente, apresuró el paso, abrazándose a sí misma para combatir el frío que erizaba su piel.

"Por no llevarme un suéter..." se reprochó en voz baja, mientras sentía el viento colarse por las mangas cortas de su blusa.

De repente, el sonido agudo de su celular rompió la calma. Yia lo sacó rápidamente del bolsillo y miró la pantalla: era Jenny, su mejor amiga. Un atisbo de alivio se asomó en su expresión. Deslizó el dedo por la pantalla para contestar, pero antes de que pudiera llevarse el teléfono a la oreja, algo la sujetó bruscamente por la cintura.

Unos brazos fuertes la envolvieron como grilletes de hierro y, antes de que pudiera gritar, una mano callosa cubrió su boca. Su celular resbaló de sus dedos y cayó al pavimento, donde su pantalla seguía iluminada, mostrando el nombre de Jenny.

Yia forcejeó con desesperación. Pateó, arañó y trató de morder la mano que sellaba sus labios, pero los hombres que la atacaban eran más fuertes. La arrastraron hacia un auto negro estacionado a unos metros, sus voces roncas mezclándose con el caos en su mente.

-¡Deja de moverte, maldita perra!-gruñó uno de ellos, frustrado.

-No la golpees -protestó el otro, intentando contener a su compañero-. Madame se va a enojar si la entregamos así. Sabes que no le gusta que toquen la mercancía.

"¿La mercancía?"

Yia sintió que el corazón se le encogía en el pecho. Su mente bullía con pensamientos caóticos. No entendía quiénes eran esos hombres ni qué querían, pero la palabra "mercancía" resonó en su cabeza con un eco aterrador. Luchó con más fuerza, negándose a rendirse.

"No... no así..." pensó.

Era una guerrera por naturaleza y no iba a dejar de luchar hasta el último aliento. Sin embargo, un puñetazo seco en la sien hizo que sus fuerzas se esfumaran. El dolor explotó en su cabeza y su visión comenzó a nublarse. Apenas pudo escuchar el sonido de la cajuela abriéndose antes de sentir que su cuerpo era arrojado dentro.

-Arranca -ordenó uno de ellos.

El motor rugió y el auto comenzó a moverse. Yia yacía en la oscuridad de la cajuela, con la cara cubierta y el cuerpo temblando. Las voces se hicieron distantes y todo a su alrededor parecía desmoronarse.

Su único pensamiento claro era el miedo. No sabía a dónde la llevaban ni qué le harían, pero estaba segura de que nada volvería a ser igual.

El celular de Yia seguía en la acera, la pantalla iluminada titilando hasta apagarse por completo.

El auto se detuvo bruscamente, y Yia sintió que su cuerpo temblaba mientras trataba de prepararse para lo que fuera que le esperaba. La cajuela se abrió y los mismos dos hombres volvieron a hablar entre ellos. Aún desorientada por el dolor del golpe, trató de enfocar sus sentidos mientras la bajaban del vehículo.

No iba a rendirse. En cuanto sintió el suelo bajo sus pies, intentó huir de nuevo, lanzando patadas y forcejeando con todas sus fuerzas. Pero su lucha fue en vano. La sujetaron con la misma brutalidad de antes, inmovilizándola rápidamente.

-¿Qué tiene esta? Nadie había luchado tanto como ella -gruñó uno de los hombres, molesto-. Es demasiado molesta.

-Ya cállate y llévala adentro. Yo voy a aparcar el auto -respondió el otro con frialdad.

El hombre que la sostenía comenzó a arrastrarla hacia un viejo edificio que se alzaba como una sombra en la oscuridad. No había ninguna fachada distinguible, solo paredes desgastadas que parecían estar al borde del colapso. Un escalofrío recorrió la espalda de Yia mientras cruzaban la puerta. El aire dentro era pesado, cargado de humedad y un olor a moho que le revolvió el estómago.

La condujeron por un pasillo estrecho y oscuro hasta que llegaron a una habitación. Con un empujón, el hombre la soltó y Yia cayó sobre un desvencijado sofá. La joven respiraba agitadamente, sus ojos recorrían rápidamente el lugar, buscando alguna salida, alguna esperanza.

Cuando volvió la mirada al hombre, lo vio sonriendo de una manera que le heló la sangre. Sus pasos lentos y calculados llenaron la habitación mientras se acercaba a ella.

-Eres realmente molesta, pero... -dijo el hombre con una voz baja y cargada de intención-. También eres demasiado hermosa. Tu cuerpo... es un desperdicio para estos idiotas. Podrías ser más útil conmigo.

Yia abrió los ojos de par en par al escuchar esas palabras. El hombre comenzó a desabrocharse el pantalón mientras la miraba con una sonrisa perversa.

-Va a ser nuestro pequeño secreto -continuó-. Prometo no ser tan brusco.

Yia retrocedió en el sofá todo lo que pudo, sus manos temblorosas intentando cubrirse mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

-Por favor... no lo hagas -suplicó con la voz rota. Cerró los ojos con fuerza, gritando internamente por ayuda, deseando que algo o alguien la salvara.

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Tabla de contenidos de Vendida al Ceo despiadado

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