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Portada de la novela Vacaciones en París

Vacaciones en París

Agatha Gallardo, la impecable líder de la firma de inversiones más prestigiosa del país, decide pausar su exigente rutina a los veintinueve años para disfrutar de un viaje a París. En la capital francesa, su estructurada realidad se tambalea tras conocer a un audaz y magnético magnate local. Este encuentro fortuito desatará una tormenta de sentimientos inesperados, obligando a Agatha a elegir entre dejarse llevar por la pasión o dominar la situación.
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Capítulo 2

Tenía mis maletas preparadas, la reunión sería en dos días, pero quise irme antes para poder conocer un poco el lugar, le había comentado a Roberta, ella estaba más emocionada que yo, y fue la que me convenció para irme antes.

—¿Ya te vienes? —me pregunta Roberta cuando le contesto el celular, yo río.

—Ahora voy para el aeropuerto —digo.

—Muy bien, cuando llegues no vas a descansar, nos iremos de fiesta, no hay nada mejor que una noche en París, además tengo a alguien para presentarte que estoy segura te va a gustar —dice ella, yo ruedo los ojos.

—¿Por qué estás tan empeñada en que tenga una cita allá? —

—Nena, cuando lo veas me hallarás toda la razón —dice, yo ruedo los ojos.

—Tú siempre —digo con sarcasmo.

—Hey, ese tonito de voz —dice.

—Bueno, te dejo, si no me deja el vuelo y no podré juntarme con mi cita a ciegas —digo.

—Está bien, llámame cuando llegues a París —

—Ten por seguro que lo haré —digo para luego cortar la llamada.

La verdad si estaba nerviosa y tal vez un poco emocionada, hace bastante no salía del país y París era uno de los lugares que deseaba conocer, además vería a mi mejor amiga después de mucho tiempo. El timbre suena, seguro es Julián que viene a despedirme.

—Hola hermanita, ¿ya te vas? —pregunta, me da un beso en la mejilla y entra.

—Pues sí —digo, le había dicho todo lo que tenía que hacer, y se notaba que estaba muy emocionado de que yo me fuera de viaje.

—Llego justo a tiempo entonces —dice riendo, yo ruedo los ojos.

—Muy feliz debes estar —digo, él se encoge de hombros.

—Veré que tal resulta, no sé si soy tan trabajador como tú —dice riendo, yo ruedo los ojos.

—No es tan difícil, además ya sabes todo —digo cerrando la maleta con el seguro que me había olvidado ponerle.

—Eso espero, te llevo al aeropuerto —dice, yo asiento.

—Encantada —

Julián me ayuda a bajar las maletas, me menciona por sobre todo que está nervioso, porque una cosa era ayudarme y otra dirigir la empresa por los días que me ausentara.

—Está bien, algún día tendré que retirarme y tú serás quién se haga cargo —digo.

—Van a ser tus hijos —

—No tengo hijos y no tengo planes de tenerlos —digo negando.

—Bueno, en ese caso no me queda más que prepararme —dice moviendo la cabeza.

—Tranquilo, lo harás bien —digo.

Lo entendía un poco, cuando tuve que hacerme cargo de la empresa sentí nervios más bien de cómo sería que los acreedores me recibirían, por ser mujer, aún no se puede superar esa brecha por completo pero tengo la esperanza de que así sea algún día.

—Bueno, que tengas buen viaje, cuando llegues me envias mensaje y a mamá igual, ya sabes como se pone —dice rodando los ojos, yo asiento.

—Lo sé, parece que ha pesar de todo este tiempo aún no asume que crecí —digo.

—Dímelo a mí —dice riendo. Le doy un beso en la mejilla y me bajo, bajo la maleta y camino hacía el lugar desde donde sale mi vuelo, sé que voy a cumplir con trabajo, pero eso no es realmente a lo que voy, necesito algo de aire, diferente del que sale del aparato en la pared de la oficina, más conocido como aire acondicionado.

Entrego mi pasaporte y paso la maleta para que la revisen, cuando todo está listo subo al avión, elegí primera clase, así que me acomode en el cómodo y amplio asiento, saco mi IPad para revisar algunos correos y responderlos, además se darle acceso a Julián a las cuentas bancarias en caso de cualquier imprevisto, siempre estoy preparada para todo pero ahora no estaré yo.

—Buen día señorita, ¿Se va a servir algo? —me pregunta la azafata sonriendo, yo asiento.

—Una botella de agua, gracias —

—Se la traeré enseguida, también le recuerdo que en unos minutos comenzaremos el vuelo y los aparatos tecnológicos deben ser apagados —dice, yo asiento.

Apago el IPad, saco mi celular rápidamente y le envío un mensaje a Roberta.

“Ya estoy en el avión”

No espero respuesta y apago el celular, si bien no le tengo miedo a las alturas, creo que muchas películas donde ocurren tragedias aéreas han influido en mi pensamiento.

—Señorita, ya hemos llegado —siento que alguien me habla, abro los ojos y me encuentro con la azafata, le doy una mirada de disculpa.

—Entiendo, muchas gracias —

Miro por la ventana, el avión está bajando de altitud, un claro llamado de que ya hemos llegado, la noche ya está cayendo, aunque quisiera haber llegado de día, imagino que se verá igual de hermoso.

Cuando bajo del avión, enciendo mi celular para revisar si tengo algún mensaje de Roberta, camino hacia la salida.

—¡Agatha! —escucho que gritan, veo a Roberta con un cartel que dice.

“Vengo a buscar a la perra más bonita”

Río al verlo y camino hacia ella, esta delgada, se ve bellisima, tiene un brillo especial. Me la quedo mirando.

—¿Estás embarazada? —le pregunto, ella me mira sorprendida.

—¡Mierda Agatha!, ¿Eres bruja? —pregunta, ahora soy yo la que abre los ojos sorprendida pero luego sonrío y la abrazo.

—Es porque soy tu mejor amiga —digo riendo, ella me devuelve el abrazo, Roberta era mucho más baja que yo, me llegaba un poco por debajo de los hombros.

—¡Me alegro mucho de que estés aquí! —dice—. Te íbamos a dar la noticia en la noche, pero bueno, ya lo descubriste —dice, yo río, ambas comenzamos a caminar.

—¿Cuánto tienes? —le pregunto, porque aún no se le nota nada, teniendo en cuenta que está con una blusa apretada.

—Cuatro semanas —dice, yo asiento.

—¿Y porqué no me habías contado? —le pregunto levantando una ceja.

—Aún no estábamos seguros, tuve que hacerme un examen porque me había venido —dice, yo me sorprendo, que miedo saber que aún embarazada puede llegarte la menstruación—. Bueno, y como me dijiste que ibas a venir, pensé que sería mejor decírtelo aquí —

—Asumo que seré la madrina —

—Por supuesto nena —

Llegamos a lo que asumo es su auto, con abre la puerta me encuentro con Antoine.

—Hola Agatha —saluda con su acento francés, yo asiento.

—Hola Antoine —

—Ha pasado bastante tiempo —dice, yo asiento.

—Ella ya sabe que estoy embarazada —le dice Roberta, él se baja para subir mi maleta al maletero del auto.

—¿Le dijiste?, pensé que se lo ibas a decir en la noche —dice riendo, ella se acerca a él.

—No se lo dije, ella me miro y me dijo, sin siquiera un hola, “estás embarazada” —dice riendo, yo me encojo de hombros.

—La conozco desde siempre —digo.

Antoine cierra la puerta del maletero y nos subimos al auto, uno lujoso, con asientos de cuero, definitivamente estaban llevando una buena vida.

—Llegarás, te bañarás y debes ponerte más linda aún porque saldremos en la noche a comer —dice Roberta, yo ruedo los ojos.

—¿Con la cita a ciegas? —le pregunto, Antoine ríe.

—Después me lo agradecerás —dice, yo niego.

—No lo creo —

Me sentía como cuando era adolecente y Roberta me buscaba pareja para salir con ella, esperaba que no fuera un fracaso como todas aquellas veces.

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